Nuevo jerarca de Seguridad: ‘Bajar los índices de criminalidad no se hace necesariamente con presencia policial’

Michael Soto Rojas, quien ha sido agente judicial por 26 años, impulsará un abordaje “integral” y “social” contra la delincuencia

El próximo ministro de Seguridad, Michael Soto Rojas, de 44 años, es un policía judicial con 26 años de experiencia. Llegó a las filas del presidente electo, Carlos Alvarado, porque varias personas -cuyas identidades ignora- lo recomendaron.

Soto conoce a la criminalidad de cerca y cree que se necesita mucho más que tener policías para combatir la delincuencia.

Esta es una conversación que tuvo Soto la noche del jueves con UNIVERSIDAD, tras darse a conocer su nombre para liderar el Ministerio de Seguridad Pública.

Usted tiene una trayectoria en el Poder Judicial que es en el área represiva del delito y ahora estará en el área preventiva. ¿Cómo trasladará esa experiencia a este otro ámbito?
-La prevención no me es extraña porque, por las funciones del OIJ, en algunos momentos hemos tenido que hacer prevención pensando en la flagrancia. Yo trabajé en delitos contra la propiedad, asaltos, robo de vehículos y eso es una de las muchas líneas de prevención, esa es una prevención reactiva, una prevención policial.
Desde el punto de vista de prevención social, prevención primaria, es una área que conozco poco pero que tampoco me es tan extraña y que tengo que asimilar con rapidez y eso tiene una función asignada a un viceministro.
Yo creo mucho en la prevención primaria por mi formación de criminólogo. Sé y he estudiado que bajar los índices de criminalidad no se hace necesariamente con presencia policial, se trabaja con un abordaje social, un abordaje integral.

¿Ese abordaje integral se puede hacer desde el Ministerio de Seguridad?
-Se puede hacer desde el Gobierno y yo coincidí con el señor presidente en ese tema cuando nos entrevistamos, por la formación de él que viene del área social y de trabajo, e hicimos una comparación de los mapas de calor (de criminalidad) con los de pobreza y coinciden en gran medida. Muchas de las zonas urbano-marginales donde hay pobreza extrema, o pobreza en alguna medida importante, también son zonas donde está asentado el crimen organizado como el microtráfico o donde salen personas a cometer delitos contra la propiedad en otros lados.
Entonces, él me planteaba abordar esas zonas integralmente, desde el punto de vista del Ministerio de Cultura, que yo creo mucho en eso, en el deporte, la cultura, el teatro, la música, trabajar desde el punto de vista del Ministerio de Educación, tener escuelas mejores; desde el punto de vista de las municipalidades, tener carreteras mejores. Creo que eso ayudaría en gran medida.

En esa articulación, ¿cuál es la parte que le toca al Ministerio de Seguridad?
-Yo creo que el Ministerio tiene que ser el líder en ese tema. Yo lo veo desde dos áreas. La primera es desde el punto de vista de la inteligencia criminal, es decir, involucrar al área de inteligencia del OIJ, al área de inteligencia de Fuerza Pública y a la Dirección de Inteligencia y Seguridad (DIS), y articular objetivos específicos para lograr captar información valiosa, útil y necesaria, focalizarse en objetivos y eso puede lograr control de criminalidad.
La otra área es la presencia o coordinación policial como tal. Es decir, que si tenemos una incidencia criminal en el casco central de San José, en equis punto, a equis hora, equis día de la semana, debemos generar y disponer los recursos, ya sea discretos o recurso con presencia policial.

¿Cree que eso se ha dejado de hacer en la administración que termina?
-Sí se ha dejado de hacer. Le voy a hablar muy sinceramente, no pretendo criticar a nadie. Me parece que en los últimos meses hubo algún tipo de dificultad para tener esa coordinación que teníamos más estrechamente, y no le digo que se dejó del todo, sino que fue débil.

¿Se refiere a la coordinación entre OIJ y Seguridad?
-Sí, con Fuerza Pública, desde mi experiencia. Puede que el Ministerio actual haya tenido alguna coordinación con la Policía Municipal, pero con OIJ, débil, no inexistente, pero sí débil. Entonces, yo creo que los que tenemos que ver con seguridad, tenemos que estarnos conversando, los jerarcas, los mandos medios, la tropa, la gente tiene que estar coordinando, tiene que estar conversando. Y se lo digo con conocimiento de causa por una razón sencilla: yo hice eso muchos años, yo fui líder de grupo que andábamos caminando en el casco, cuando estuve en Robo de vehículos salíamos a las horas donde más robaban carros, en las zonas en que más robaban carros, y deteníamos a gente con carros recién robados. Yo creo que eso va a funcionar, pero no solo eso, yo también creo en la otra parte de prevención que le decía.

El aumento en los homicidios, y sobre todo los homicidios relacionados al crimen organizado, parece que se nos está saliendo de las manos (en el 2017 se llegó a tasa récord de 12,1 por 100.000 habitantes). ¿La estrategia integral de la que usted habla es también la solución para combatir al narcotráfico?
-Claro. Las estructuras que venden droga deben abordarse desde un punto de vista policial, pero si usted aborda al adicto, al enfermo, desde el punto de vista médico y social, va a lograr disminuir esa incidencia. No lo digo yo, lo dicen las experiencias de otros países que han logrado resultados efectivos. Sin dejar de lado los derechos humanos. Uno debe entender que los adictos son personas enfermas que requieren atención médica, atención del Estado.

De hecho, en el Gobierno anterior a este (el de Laura Chinchilla), se logró reducir la tasa de homicidios. ¿Se aplicaba esa estrategia?
-Sí, claro. Yo logré ver algunos ejemplos muy positivos en esa línea, incluso en este gobierno actual, lo que pasa es que fueron esfuerzos pequeños. Ahorita el viceministerio de Paz tiene algunos proyectos muy interesantes, pero pequeños. Habría que ver el tema de los recursos disponibles para esas áreas, eso lo desconozco.
Pero imagínese usted cualquier zona urbano marginal de este país, la peor. El lugar probablemente es feo, probablemente nadie quiere ser maestro en ese lugar, probablemente nadie que tenga que ver con deporte quiere ir, la Policía va porque no le queda de otra. Y si llega el Gobierno, cambia la escuela, cambia las carreteras, arregla hasta los bombillos de la luz, mete deporte, hace parques, mete empresas para actividad laboral. ¿No cree que funcionaría? Yo creo en eso, pero sí hay una inversión fuerte que hacer.

Yo conozco los centros penitenciarios y realmente las condiciones eran infrahumanas, donde había un camarote de tres estantes y todavía en el piso dormía una persona más, y usted entraba al baño y dormía otra persona más. Yo creo que ninguna persona merece eso, ninguna.

Usted mencionó ahorita la importancia de los derechos humanos. En este Gobierno nos tocó ver dentro choques entre Ministerios de Justicia y Seguridad. ¿Usted va a criticar políticas de Justicia enfocadas en bajar el hacinamiento carcelario como las reubicaciones de régimen u otros beneficios carcelarios?
-Le voy a decir que también traté de entender ese fenómeno desde mi cancha y entendí que muchas de esas personas que quedaron en libertad, no era por decisiones del Ministerio de Justicia sino por jueces de Ejecución de la Pena. Yo por poco tiempo fui juez y cuando usted se tiene que sentar a resolver, solo usted que sabe el expediente y las pruebas tiene que resolver. Entonces, criticar desde afuera es muy fácil y yo sé que voy a estar muy expuesto a la crítica, ya uno está acostumbrado, las recibiré con sabiduría, pero solo la persona que tiene en sus manos eso y que conoce las circunstancias, tiene que resolver.
Yo ya me presenté con la señora Marcia González (próxima ministra de Justicia), le dije: ‘nosotros vamos a tener que conversar mucho. Si nos tenemos que enojar nos enojamos usted y yo, en privado. Yo le aconsejaré lo que yo pueda; usted me aconsejará lo que usted pueda. Y nos hablamos primero para tratar de que la situación funcione bien’. Creo que como somos un equipo de trabajo, no solo ella y yo, sino todos, para que el equipo funcione debe ser sincero, pero también respetuoso. Entonces creo que ahí va a estar la fortaleza de nosotros. Yo voy a tratar de tener una cercanía con ella y con los demás compañeros.

¿Pero usted sí cree que en política penitenciaria debe haber un enfoque de derechos humanos?
-Sí, yo creo en los derechos humanos. Yo durante mucho tiempo también funcioné como enlace OIJ-Policía penitenciaria. Yo conozco los centros penitenciarios y realmente las condiciones eran infrahumanas, donde había un camarote de tres estantes y todavía en el piso dormía una persona más, y usted entraba al baño y dormía otra persona más. Yo creo que ninguna persona merece eso, ninguna. En eso el Estado tiene que invertir -y creo que así se está haciendo-, en tener una infraestructura para que una persona cumpla su pena pero que la cumpla en las condiciones mínimas básicas humanas.

¿Ha considerado hacer movimientos de jefaturas de las Policías que conforman el Ministerio?
-El señor presidente me dio la posibilidad de escoger al equipo de trabajo. Incluso viceministros. Él me dijo que me iba a hacer una o dos sugerencias, pero que era mi decisión, porque también se pretende formar a personas para el futuro, pero en general sobre los mandos medios voy a tener la discrecionalidad de hacerlo, tengo que trabajar en eso. Tengo que esperar a la lunes, y probablemente cuando me conformen el permiso tendré que trabajar en eso (la Corte decidirá el lunes si otorga a Soto un permiso para ejercer en el Poder Ejecutivo por cuatro años. Soto afirma que el tema se conversó con el presidente del Poder Judicial, Carlos Chinchilla).
Tengo que conversar con don Gustavo Mata (actual ministro de Seguridad y ex subdirector del OIJ), a quien aprecio y respeto mucho; con doña María Fullmen, también funcionaria del Ministerio (quien ahora será ministra de Desarrollo Humano e Inclusión Social y presidenta del IMAS). Por cierto es parte de la estrategia del presidente que ella esté en esa áreas (sector social). Y entonces tengo que hablar con los mandos medios, para ver qué cambios vamos a hacer, aunque tengo ideas y candidatos, estoy esperando el permiso del Poder Judicial para ya poderme salir, reunirme con personas, visitar a jerarcas y todos los puestos de confianza que hay ahí. Espero tener un equipo de confianza, leal, sólido y con experiencia.

Con respecto a la delincuencia común, han aumentado tasas de asaltos y otros delitos. ¿Veremos más policías en la calle?
-Tengo que decirle con sinceridad, cuando uno trabaja en logística tiene que saber con qué cuenta y con base en eso hacer su plan de acción. Yo creo en direccionar adecuadamente el recurso, no es ponerlo para que lo vean, es ponerlo donde está el problema.
Hay una cosa que es la resiliencia criminal y la otra desplazamiento criminal. La resiliencia es que la criminalidad cambia, si yo genero una estrategia y ellos la perciben, van a cambiar su estrategia, eso la capacidad de adaptación. Y el desplazamiento es que si pongo recurso policial visible en un punto, ellos se van a mover, porque víctimas van a haber en todo lado. Entonces, ¿cómo se puede abordar eso? Bueno, en coordinación con el OIJ, como lo hacíamos antes, policías vestidos de civil y demás.
Creo tener una ventaja, y esa fue una de las conversaciones que tuve con don Wálter Espinoza (director del OIJ), que es tener acceso con muchísima facilidad a la información del OIJ.

Porque usted es de la casa…
-Yo era el que me encargaba de eso. Aunque me sé la información, sé que cambia. Entonces le dije a don Wálter y él me dijo: ‘lo que necesite’.
Si usted me pregunta qué veo de positivo de todo esto, si todo sale bien, es la cercanía que tengo con los colegas y creo que tengo una buena relación y entiendo el fenómeno de la calle y entiendo al policía, porque yo anduve corriendo calle, yo soy policía, eso está en mi ADN.

¿Cómo llegó Michael Soto al cargo de ministro y por qué dejar la estabilidad y mejores condiciones salariales del Poder Judicial para entrar en el Poder Ejecutivo?
-Cuando me llamó el señor presidente después de la elección, a mí me sorprendió mucho. No soy político y sinceramente de política electoral no sé mucho. Él me dijo que varias personas le dieron mi nombre, cosa que me hizo sentir muy halagado. La diferencia salarial es poca, pero sí hay diferencia. Puede que suene romántico, quizás no me lo crean, pero yo soy un patriota, creo realmente en mi país y esta es mi vida, yo no he hecho otra cosa que ser policía y creo que puedo hacer algo, no solo, creo que en conjunto, y estoy. Además es como llegar al top de mi carrera, he trabajado mucho y muy duro, creo que los que me conocen saben que yo me he esforzado y que soy un estudioso del fenómeno y entonces me hace sentir bien el poder llegar a esta instancia. Y espero que si es así, que sean los cuatro años, pero al final que Dios me ayude y nos ayude a todos porque si a mí me va bien, nos va bien a todos.

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