País Fonatel falló en llevar Internet a estudiantes de zona Norte

Desconectados del presente

Investigación de UNIVERSIDAD revela fallo de Fonatel para dar internet en escuelas y colegios públicos de la zona norte

Kenneth García González tiene 10 años y vive en Delta Colorado, un poblado en Llanuras del Gaspar, en el cantón de Sarapiquí; estudia en una escuela situada a la vera del río Colorado, a pocos kilómetros de la frontera con Nicaragua. Un sitio donde casi nunca pasa nada: no pasa el transporte público, ni una carretera, ni la luz eléctrica ni el servicio de agua potable.

Y, a pesar de las ilusiones creadas, tampoco –ni por lejos- pasa por su escuela el prometido servicio de Internet de banda ancha.

Pasan, eso sí, fuertes aguaceros, montones de barro que se acumulan en las entradas de las casas y chiquillos en botas de hule que navegan en pangas por el río con la misma destreza que a esas edades, otros niños -en zonas más favorecidas- aprenden a manejar sus smartphones.

Pasan, también, algunas horas de luz eléctrica, gracias a paneles solares, y llega una señal de telefonía celular con Internet para los particulares, provista por el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y que usan siempre que no llueva mucho y que los vecinos tengan dinero para pagar el consumo.

La maestra de kínder, Yeilyn Salas Castro, usa su computadora personal para que sus alumnos tengan un poco de acceso a la tecnología. Miriet Abrego

Llanuras del Gaspar ocupa el penoso tercer lugar como el distrito del país con mayor porcentaje de carencias críticas y Sarapiquí es el décimo cantón con menor índice de desarrollo humano.

Para acortar la brecha digital en comunidades como esta, en el 2013, el Fondo Nacional de las Telecomunicaciones (Fonatel) organizó cinco licitaciones con el fin de llevar Internet de banda ancha a 485 centros educativos en Guatuso, Los Chiles, Upala, San Carlos y Sarapiquí. Para esto se creó un fideicomiso en el Banco Nacional, cuya Unidad Gestora es la empresa Ernest & Young.

Los contratos se firmaron hace más de tres años con las empresas Telefónica (Los Chiles y Guatuso) y Claro (Upala, San Carlos y Sarapiquí). Fonatel destinó $14 millones al proyecto y ya entregó a las empresas la mitad de ese dinero.

Sin embargo, una investigación de UNIVERSIDAD reveló que, actualmente, el 45% de esos centros educativos siguen desconectados de la red. Los hallazgos surgieron tras contactar, durante cinco meses, a 396 escuelas y colegios.

Los resultados muestran que, actualmente, Telefónica tiene un nivel de cumplimiento del 90%, aunque presentó retrasos y fallas en el servicio. Claro tiene un cumplimiento 43%. De quienes sí cuentan con el servicio, el 37%reporta problemas como inestabilidad del servicio, baja velocidad y poco alcance.

El director de Fonatel, Humberto Pineda, justificó el incumplimiento de las empresas y descargó la responsabilidad en fallas del Estado, alegando que por esta razón no se han aplicado las cláusulas de penalidad establecidas en los contratos.

“Nadie está obligado a lo imposible”, dijo Pineda, para quien el principal problema es la dificultad para obtener permisos de la Secretaría Técnica Nacional Ambiental (Setena). Vea entrevista aparte.

A pedido de UNIVERSIDAD, el jerarca entregó un listado que muestra que son 24 terrenos necesarios para la infraestructura los que están en esa condición y otros dos están en trámites de expropiación.

Lourdes Fernández, de la Dirección de Fideicomisos del Banco Nacional, también justificó los incumplimientos en “juicios posesorios y permisos de construcción ante las autoridades competentes”. Argumentó que, cuando se trata de razones no atribuibles al contratista, el contrato permite alargar el plazo y añadió que, en este modelo de concurso, no se pueden hacer verificaciones previas sobre la factibilidad de instalar la infraestructura.

Carolina Sánchez, vocera de la empresa Claro, denegó brindar una entrevista personal y solo respondió por medio de un correo electrónico en donde alegó que: “En la actualidad hemos conectado exitosamente las escuelas y colegios de las áreas que cuentan con la infraestructura y permisos al día”.

José Pablo Rivera, gerente de Regulación y Relaciones Institucionales de Telefónica, reconoció que la implementación del servicio en algunos centros presentó problemas en los primeros años, pero aseguró que la compañía los solventó y que, por ello, no cobró el Internet dado a los centros educativos hasta marzo de este año.

“Ni Claro ni oscuro”

A Minor Cascante Gutiérrez, el director de la escuela Delta, a la que asiste Kenneth, lo llamaron un día de la empresa Claro y le indicaron que no podrían ir hasta el centro educativo por el difícil acceso.

“Hace como dos años nos llamaron para que la junta (de Educación) firmara un contrato con la empresa Claro para dotar de Internet a las escuelas, pero resulta que aquí nunca vinieron. Me llamaron y me dijeron que como el acceso era muy difícil no iban a venir a hacer la inspección para poner la antena”, recuerda Cascante Gutiérrez.

“Yo, para poder hacer los trabajos en Internet, que me piden en la jefatura, hasta que llego a mi casa (en Horquetas de Sarapiquí) puedo verificar los correos y ver qué es lo que hay que enviar, qué documentos. Incluso a veces me atraso un poco porque hasta el viernes puedo ponerme al día”.

Él incluso ha tenido dificultades para solicitar becas para los estudiantes, porque el trámite se hace en un sitio web o mediante una línea telefónica saturada.

Escuela El Gaspar, en Sarapiquí. Miriet Abrego

En la escuela Río Negro de Aguas Claras de Upala, la directora, Sonia Ulloa Ulloa, apela al humor para combatir la decepción y ante la pregunta de si ya cuentan con Internet de banda ancha, responde:“Aquí ni Claro, ni oscuro”.

“Aquí tenemos 87 estudiantes y algunos ni siquiera conocen una computadora. Con lo que nos dio el ICE medio la jugamos pero es difícil. Yo a veces no me entero de cosas del MEP por no tener acceso”, se lamentó la docente.

Ella dirige uno de los 396 centros educativos que UNIVERSIDAD contactó vía telefónica y en visitas en los meses de diciembre del 2016 y entre marzo y mayo del 2017.

Para localizar a muchos de estos centros educativos fue necesario utilizar diferentes bases de datos provistas por el MEP y, además, contactar a oficinas regionales, pues en las zonas no hay señal de teléfono y la ausencia de Internet los deja virtualmente desconectados.

Es lo que ocurre, por ejemplo, en Chimurria, otra de las escuelas de Llanuras del Gaspar, ubicada en medio de una zona dominada por lomas de un barro color ocre rojizo, a la que los estudiantes llegan tras caminar hasta seis kilómetros.

“En una (escuela) unidocente tenemos que hacer los trabajos de director, llenar documentos constantemente, y para poder hacerlo, tenemos que salir hasta Puerto Viejo de Sarapiquí porque aquí no hay cobertura de nada”, narra la directora Mauren Brenes Mora.

“Yo siento que ellos (sus estudiantes), al estar en una zona tan alejada y no tener acceso a Internet, se les va a complicar el día de mañana sacar una profesión. Llegan a los colegios sin haber recibido ni siquiera inglés y es un fracaso, casi todos repiten el primer año de colegio. El MEP le pide a uno que los chicos aprendan por sí solos, que investiguen. Aquí no se puede, porque ¿con qué van a investigar ellos?”, cuestionó Brenes.

La empresa Claro fue la que se comprometió, por medio de contrato, a brindarles Internet a estas dos escuelas.

Según el Banco Mundial, la brecha digital es la distancia en el acceso, uso y apropiación de las tecnologías tanto a nivel geográfico como socioeconómico. Este organismo multilateralimpulsa como uno de los principales ejes para cumplir la promesa de desarrollo en la nueva era digital que Internet sea una red “universal, accesible, abierta y segura”.

En la escuela Delta Colorado, en la zona fronteriza, hay solo cuatro estudiantes.

“En esta zona, yo les digo a ellos: necesitan aprender”, dice Sandra Araya Madrigal, directora de la escuela San Antonio, también en Llanuras del Gaspar.

“Usan la mía (la computadora), que es la que tengo para todo. Para mí es muy importante porque en esta población una chiquita de 12 años ya quiere casarse o juntarse porque no hay otra cosa. Si ellos tienen herramientas diferentes, donde ven cosas diferentes, donde dicen: sí, quiero salir adelante, ir al colegio prepararme…”

“El año pasado, por ejemplo, una chiquita en primero del colegio se juntó porque ‘¿para qué iba a estudiar?’ O un muchachito que este año se salió de primero porque ‘el mundo se va a terminar’. Yo digo, ¡no puede ser posible! Donde hay un montón de cosas, de tecnología que usted puede averiguar y no solo enmarcado a una sociedad tan pequeñita… Siento yo”, reprocha la maestra.

Además de una velocidad de 4 Mbps, a los centros educativos les prometieron que la señal abarcaría a todo el edificio e incluso les dijeron que podría ser utilizado por los padres de familia durante los fines de semana, según recuerda Max Rojas Mora, director de la escuela de El Recreo, en Upala.

Ahí, después de firmar el contrato, la empresa Claro llegó en mayo del año pasado a hacer la instalaciónpero los técnicos indicaron que “no había señal”, algo que la comunidad ya conocía sobradamente pues precisamente para eso el Fonatel había contratado a la empresa de telefonía.

Mientras, en La Tigra de Venado, San Carlos, donde estudian 16 niños, los representantes de Claro ni siquiera llegaron a intentar hacer la instalación. “Eso fue un proyecto que nació muerto, nunca llegó nadie”, expresó el director, YazirMatarrita.

En la escuela Arcoiris, en El Amparo de Guatuso, el niño Ángel narró que en su casa no tiene electricidad.

En la escuela El Cruce, en Santa Fe de Los Chiles, la empresa Telefónica sí puso un internet, pero no sirve. Tanto así, que su director, José Carrillo Castillo, asegura que ha llamado a la compañía en dos ocasiones para que “se lo lleven o hagan algo, porque si no sirve, me está estorbando”.

En otros centros, Telefónica instaló el servicio pero por casi un año no sirvió.

“Lo instalaron en abril del año pasado. Estaba malísimo pero ayer vinieron y cambiaron el router y ahora está bien”, contó Alba Mena Quesada, directora de la escuela Arco Iris, en El Amparo de Los Chiles, el 5 de mayo anterior.

Según el estudio Dividendos Digitales, preparado por el Banco Mundial en el 2016, el total de usuarios de Internet en el mundo se ha triplicado en la última década, alcanzando casi al 60% de la población, pero aún quedan aproximadamente 4.000 millones de personas sin conexión a Internet.

La economista Deepak Mishra, codirectora del informe, puntualizó que “las personas que no tengan acceso a las tecnologías digitales ni a la educación para aprovechar estas tecnologías se verán cada vez más rezagadas a medida que el mundo avance”.

El presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, instó a los países a “asegurar que los beneficios de las nuevas tecnologías se distribuyan ampliamente en particular entre los pobres”.

¿Cuál era el plan?

En el 2013, cuando se dieron a conocer estos proyectos, Fonatel publicó en su sitio web un titular que decía: “57.709 estudiantes de Escuelas y Colegios de la Zona Norte tendrán muy pronto acceso a Internet de banda ancha gracias a los proyectos del Fondo Nacional de Telecomunicaciones (Fonatel)”.

Fonatel se creó en el 2011 con el propósito de promover el acceso y servicio universal de Internet, particularmente, en las zonas de menor desarrollo económico, en donde no era atractivo comercialmente llevar este tipo de infraestructura.

Para los proyectos de escuelas públicas en la zona Norte, el Fondo contrató un fideicomiso en el Banco Nacional (BN), el cual tiene la responsabilidad de monitorear el avance de las obras y el cumplimiento de los objetivos.

El fideicomiso en el BN es administrado por la empresa Ernest & Young, que funciona como Unidad Gestora. Por esos y otros servicios, la consultora percibe honorarios por $51.956 por mes, más recursos adicionales,

De acuerdo con los documentos de ese fideicomiso, para motivar a las compañías a llevar Internet a las zonas que no eran rentables, se les pagaría una subvención costeada con dinero del Fonatel.

El maestro Daube Espinoza, de la escuela El Gaspar, en Sarapiquí, cree que cada vez es más importante el internet para la educación de sus alumnos. Él debe ir a otra escuela para poder enviar correos electrónicos. Miriet Abrego

El estímulo total sería de $9,4 millones para Claro y $4,5 millones para Telefónica. La primera mitad del dinero ($6,95 millones) se les entregó en el arranque de los proyectos.

Las empresas tenían un año, a partir de mayo del 2014, para instalar la infraestructura necesaria. Luego, firmarían contratos con cada centro educativo y tendrían 15 días –máximo 30- para proveerles el Internet.

De acuerdo con la investigación de UNIVERSIDAD, la mayoría de los centros educativos firmaron esos acuerdos entre mayo del 2015 y mediados del 2016.

También, los contratos establecían que, una vez instalada la infraestructura, las operadoras podrían vender sus servicios a todos los pobladores de la zona y si a partir de ese ingreso lograban hacer rentable su negocio se eliminaría la subvención restante.

Hasta ahora, solo Telefónica logró hacer el proyecto financieramente sostenible en los cantones de Los Chiles y Guatuso, por lo que no recibirá la segunda mitad de la subvención.

Además, Fonatel se comprometió a pagar a los operadores mensualmente el Internet que consumieran los centros de educación pública por un plazo de cinco años.

Por las dificultades iniciales en concretar el servicio, la firma Telefónica empezó los cobros por las escuelas y colegios recién en marzo de este año y ha recibido ¢3 millones.

Hasta ahora, Claro no ha recibido pagos por servicios a las escuelas y colegios.

El año pasado, el Fonatel cerró con una reserva patrimonial de ¢164.911 millones (unos $287 millones).

En setiembre del 2016, la Contraloría General de la República cuestionó que ese Fondo solo ejecuta solo el 3% de su presupuesto.

Créditos


Investigación: Hulda Miranda Picado
Reporteo: Hulda Miranda Picado y Rita Valverde Villalobos
Colaboradores: Erika Barrantes, Jafeth Mora, Sara Quesada y Daniel Salas
Edición: Ernesto Rivera
Fotografía: Katya Alvarado, Miriet Abrego, Laura Rodríguez y Beto Evans
Edición de video: Carolina Rodríguez
Visualización: Fernanda Aguilar
Diseño: Luis Arias

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