Para hacerle frente al COVID-19

Distanciamiento social es la única medida efectiva ante ausencia de vacuna

La ciencia trabaja a toda máquina en vacunas, pero estas estarán listas en aproximadamente un año. A la fecha, el distanciamiento social es la única medida para evitar el contagio. Relajar las restricciones puede disparar los casos, advierte OMS.

Para volver a hacer vida “normal”, como la que se acostumbraba antes del 6 de marzo cuando se registró el primer caso de COVID-19 en Costa Rica, se requiere que la mayoría de la población sea inmune al virus SARS-CoV-2, ya sea porque haya desarrollado inmunidad por selección natural (con el respectivo costo en muertes que conlleva este proceso) o porque se cuente con una vacuna, la cual aún no existe. 

Eso sí, la ciencia trabaja a toda máquina para conseguirla. A la fecha, 10 de los 119 proyectos de vacuna se encuentran en fase de ensayo clínico en seres humanos. De estos, seis están en fase I; se están probando en un pequeño número de personas sanas. Tres están entre la fase I y II, mientras que solo uno está en fase II; es decir, se está probando en un grupo más grande de voluntarios (entre 100 y 1.000 individuos). Ninguno está en fase III, el último paso necesario previo a autorizar su comercialización y aplicación masiva.

Lo cierto es que, aunque se está trabajando a gran velocidad, la vacuna podría estar lista en un período de 12 a 18 meses como mínimo.

En este sentido, y con el fin de contener la pandemia, la única medida disponible frente al COVID-19 es el distanciamiento social.

“En última instancia, el comportamiento de cada uno de nosotros determinará el comportamiento del virus. Esto requerirá perseverancia y paciencia, no hay una vía rápida para volver a la normalidad”, dijo Hans Henri P. Kluge, director regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para Europa, en conferencia de prensa.

Lo que se sabe

Para nadie es un secreto que SARS-CoV-2 es altamente contagioso. Lo que se sabe hasta el momento es que se transmite de persona a persona a través de gotículas respiratorias, las cuales aprovechan los ojos, la nariz y la boca como vías de entrada al cuerpo. También puede propagarse a través de fomites o superficies contaminadas con gotículas provenientes de una persona enferma.

A inicios de abril, la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos (NAS, por sus siglas en inglés) sugirió que el virus también se propaga a través de las pequeñas gotas o aerosoles que se exhalan al respirar o hablar. Sin embargo, los estudios realizados a la fecha no son concluyentes y se requiere más investigación.

De hecho, en uno de sus informes científicos, la OMS si bien admite que “puede ser posible en circunstancias y entornos específicos que generan aerosoles”, como cuando el personal sanitario intuba a un paciente gravemente enfermo, el análisis de 75.000 casos en China no reveló ninguna transmisión por aire. Es decir, el tema sigue siendo una incógnita.

Lo que sí se sabe es que una persona infectada puede o no desarrollar síntomas, e independientemente de ellos, sí puede contagiar a otros.

“A partir de la exposición, hay un período compuesto por dos partes: el período de latencia seguido inmediatamente por el período infeccioso. Por ejemplo: yo me expongo y me infecto hoy con el virus y tengo un tiempito en que el virus empieza a replicarse en mis células, pero no soy infeccioso. Puedo estornudar y no contagio a nadie, porque todavía no tengo suficiente virus para infectar. En el caso del nuevo coronavirus aún no conocemos cuánto dura ese período de latencia”, explicó Óscar Mujica, asesor regional de epidemiología de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en un seminario web con periodistas.

Se calcula que la vacuna contra COVID-19 estará lista dentro de 12-18 meses como mínimo.

Asimismo, Mujica agregó: “ya cuando la persona está suficientemente cargada de virus, entonces se hace infecciosa y puede pasar dos cosas: puede ser que todavía no tenga síntomas pero tiene el potencial de contagiar a otros o ese potencial se desarrolla cuando aparecen los síntomas. Si fuera el segundo caso, pues sabríamos que la persona enferma es la que contagia y entonces podemos aislarla. Pero, si empieza a ser infeccioso antes de desarrollar los síntomas (si es que los desarrolla) es mucho más peligroso y ese es el caso de algunas personas con COVID-19”.

Según un estudio de caso publicado en Nature, el cual aún está en fase de revisión por pares, se detectó el virus activo en los tejidos del tracto respiratorio superior, incluso en pacientes con síntomas leves. “La seroconversión (aparición de anticuerpos) ocurrió después de siete días en el 50% de los pacientes (y en el día 14 en todos los pacientes), pero no fue seguida por una rápida disminución de la carga viral. La confirmación de la replicación activa del virus en el tracto respiratorio superior tiene implicaciones para la contención de COVID-19”, alertaron los investigadores.

Otro estudio de caso, esta vez publicado en The New England Journal of Medicine, evidenció que las muestras tomadas a personas presintomáticas contenían virus viable de uno a seis días antes del desarrollo de los síntomas.

El otro hallazgo realizado por este estudio de caso es que más de la mitad de las personas estudiadas que dieron positivo a las pruebas fueron asintomáticas.

Entonces, la transmisión del virus puede darse previo a la aparición de síntomas y también por personas asintomáticas. En ambos casos, el agravante está en que las personas ignoran que son infecciosas y esto ayuda a propagar el brote.

Para tenerlo claro: el virus sobrevive solo si encuentra un nuevo huésped. Por esa razón, los epidemiólogos de la OMS y OPS insisten en el distanciamiento social y la cuarentena con orden sanitaria o voluntaria como medidas de contención.

“Las medidas de distanciamiento social siguen siendo nuestra mejor apuesta para reducir la transmisión y frenar la propagación del virus en nuestras comunidades», manifestó Carissa Faustina Etienne, directora de la OPS.

Etapas del desarrollo de la vacuna

  • Fase preclínica: se aboca al descubrimiento de antígenos y a desarrollar la formulación de la vacuna. Pruebas de dosis, seguridad, inmunogenicidad y eficacia en modelos animales.
  • Fase I: se prueba la candidata a vacuna en un pequeño número de voluntarios sanos (10-100 personas). Se busca averiguar si la candidata es segura, si induce una fuerte respuesta inmunológica y cuál sería la dosis óptima.
  • Fase II: se prueba la candidata en un número intermedio de voluntarios sanos (entre 100 y 1.000). Además de ver si es segura, también es necesario saber si induce una fuerte respuesta inmunológica.
  • Fase III: se prueba la candidata en un gran número de voluntarios sanos (1.000 a 10.000 personas). Se busca averiguar la eficacia para prevenir la enfermedad y la seguridad en una población más grande y variada.
  • Fase IV: este proceso conlleva la licencia, la fabricación a gran escala, la vigilancia de la seguridad y la eficacia después de la licencia.

Ciencia respalda medida

Un reciente estudio, publicado en la revista Science, respalda lo dicho por la jerarca de la OPS. Los investigadores recopilaron datos en las ciudades de Wuhan y Shanghai, en China, antes y durante el brote por COVID-19; también hicieron un rastreo de contactos en la provincia de Hunan. De esta forma, observaron que los contactos diarios se redujeron entre siete y ocho veces durante el distanciamiento social. Solo en Wuhan, epicentro inicial de la pandemia, se pasó de 14,6 contactos diarios por persona a 2 contactos diarios durante el brote.

“Nuestro estudio proporciona evidencia de que las intervenciones puestas en marcha en Wuhan y Shanghai, y los cambios resultantes en el comportamiento humano, disminuyeron drásticamente los contactos diarios, reduciéndolos esencialmente a interacciones domésticas. Esto lleva a una drástica reducción de la transmisión del SARS-CoV-2”, se lee en el estudio.

Asimismo, basados en esos datos, los investigadores elaboraron un modelo de transmisión para estudiar el impacto del distanciamiento social. “Encontramos que el distanciamiento social por sí solo, tal como se implementó en China durante el brote, es suficiente para controlar el COVID-19”, destacaron en sus conclusiones.

No solo eso, cuanto más temprano un país adopte medidas de distanciamiento social y cuanto más restrictivas estas sean, incide en la propagación del virus; así lo dio a conocer un estudio, precisamente publicado este 5 de mayo en Frontiers of Medicine, tras comparar los brotes en la provincia china de Hunan e Italia, las cuales tienen poblaciones similares en tamaño (alrededor de 60-50 millones de personas cada sitio).

Los investigadores utilizaron la base de datos de la Universidad John Hopkins de Estados Unidos hasta el 2 de abril para trazar las tendencias de la infección. Modificaron un modelo matemático estándar conocido como susceptible-infectado-removido o SIR, para así ver los efectos de las diferentes medidas de prevención en diferentes períodos de tiempo.

De esta forma, el modelo SIR ampliado (eSIR) mostró que Hunan llegaría al final de su brote alrededor del 3 de marzo, mientras que esa fecha en Italia se calcula para el 6 de agosto. Las diferencias, según los autores, se cree que se deban a que Italia no aplicó medidas preventivas con suficiente antelación, mientras que las medidas anticipadas tomadas por Hunan redujeron drásticamente las tasas de infección.

“A partir de la experiencia de China, diversas medidas de control, entre ellas la detección temprana y el aislamiento de las personas con síntomas, las restricciones de tráfico, el seguimiento médico y la detección de entrada o salida, pueden muy bien prevenir una mayor propagación de COVID-19”, se lee en el estudio.

Ahora bien, el estudio tiene sus limitaciones, por ejemplo, es probable que el número de personas infectadas en Italia sea mayor que el conteo oficial. Además, el modelo eSIR no incorpora el período de incubación de la enfermedad, lo que podría hacerlo menos preciso.

Aún así, los autores consideran que el punto medular se sigue defendiendo: la toma de medidas preventivas disminuye el número de casos y advierten que una flexibilización de las restricciones, cuando aún no se ha llegado al final del brote, puede provocar una segunda ola.

Al respecto, Italia anunció una flexibilización de las medidas sanitarias a partir del 4 de mayo. Otros países también están contemplando esta posibilidad, incluidos algunos en América Latina.

Una interrupción abrupta del distanciamiento social podría provocar una segunda ola de casos. 

No bajar la guardia

Para la jerarca de la OPS, el interrumpir muy pronto el distanciamiento social podría tener un efecto inverso y, más bien, provocar una segunda oleada de casos. 

“Tras un período de distanciamiento social, todo intento de pasar a medidas más flexibles debe adoptarse con extrema cautela. Esas decisiones deben basarse siempre en las pautas de transmisión de enfermedades, las pruebas de COVID-19 y la capacidad de localización de contactos, la disponibilidad de camas de hospital y otros criterios objetivos”, advirtió Etienne en conferencia de prensa.

Kluge compartió un criterio similar: “al considerar la transición, debemos reconocer que no hay ‘victorias rápidas’. La complejidad y la incertidumbre están por delante, lo que significa que estamos entrando en un período en el que tal vez tengamos que ajustar rápidamente las medidas, introducir y eliminar restricciones, y suavizar las restricciones de forma gradual, mientras vigilamos constantemente la eficacia de estas acciones y la respuesta del público”.

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