Jeison Álvarez Campos, microbiólogo egresado de la Universidad de Costa Rica

Protocolo para la recolección del plasma convaleciente “es un proyecto país, con el sello UCR”

Este tratamiento contra el COVID-19 ya es una realidad gracias al aporte de un grupo de profesionales graduados de la institución.

Fue en marzo cuando un grupo de microbiólogos, especialistas en inmunohematología clínica y Banco de Sangre, egresados de la Universidad de Costa Rica (UCR), se unieron para investigar y dar su aporte en la lucha contra el COVID-19.

Estos profesionales, quienes actualmente trabajan en la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), en el hospital CIMA, el hospital Metropolitano y Diagnostika, son parte de los colaboradores que hicieron posible que el país cuente hoy con un protocolo para recolectar el plasma convaleciente de pacientes recuperados de la enfermedad, para usarlo en aquellas personas que aún están enfermas.

El doctor Jeison Álvarez Campos, parte del equipo de microbiólogos que trabajaron en el proyecto, asegura que es un trabajo al que dedicaron mucho esfuerzo y que lleva impreso el sello UCR.

¿Cómo fue el proceso una vez que decidieron crear el protocolo para el plasma convaleciente?

—Sabíamos que el plasma convaleciente se había utilizado en otras pandemias, como en el 2003 con el SARS-CoV-1; en 2009, con H1N1; en 2012, con el MERS; y en el 2015, con el ébola, entonces revisamos lo que se había hecho.

Empezamos a trabajar en esta guía, que es la parte de la selección del donante, y el 3 de abril mandamos la propuesta por escrito al ministro de Salud, Daniel Salas, y a Román Macaya. Ya teníamos trabajado el protocolo y en el momento que el Dr. Macaya nos responde, en ese mismo momento el rector de la UCR, Henning Jensen, hace el comunicado de que también estaban interesados en trabajarlo.

“Para esta primera propuesta había que asegurar que sea un producto seguro para quien lo va a recibir; lo que no podemos garantizar es que sea eficaz”.

El documento tuvo que ir al comité de bioética de la CCSS porque tiene que llevar un consentimiento informado, tanto de quien dona como de quien recibe el tratamiento. Además, hay que garantizar que quien vaya a donar no pueda ser identificado, por un tema de señalamientos.

Entregamos este proyecto el 8 de abril al Comité de Bioética y Farmacoepidemiología de la Caja, y desde el 8 de mayo ya se oficializó.

¿Quiénes podrán donar, según el protocolo que ustedes diseñaron?

—Los que van a ser candidatos de donación son hombres que no hayan recibido transfusiones previas y mujeres que no hayan tenido un embarazo previo o un aborto.

Estos donadores tienen que estar negativos para todas las enfermedades infecciosas de rigor, por ejemplo VIH y sífilis. Además, durante el proceso se gestionó que ese producto iba a llevar una inactivación de patógenos, lo que le daba aún más seguridad.

También tuvimos que tomar en cuenta cuándo se podía donar. Lo que queremos es que vayan anticuerpos neutralizantes bastante altos. Lo ideal sería poderlos cuantificar, pero todavía no tenemos cómo hacerlo, entonces nos basamos en la OMS (Organización Mundial de la Salud) y en la FDA (siglas en inglés de la Agencia de Medicamentos y Alimentación), y vamos a utilizar como criterio cualquier paciente que en los 14 días previos a la donación ya no tenga síntomas, pero que además tenga dos pruebas negativas, para que el comportamiento de los anticuerpos sea muy alto.

¿Cómo se va a obtener este plasma?

—Hay dos maneras: por medio de una donación normal, como para sangre normal, con células, glóbulos rojos, plasma… De esta forma el rendimiento que se tiene es de 200 mililitros de plasma.

La otra manera, que es la que da mayor rendimiento, es por aféresis, que es conectar a un paciente a un equipo, que ya lo tienen los bancos de sangre y los hospitales. De esta forma, se puede extraer solo el plasma y ahí la donación es mayor. Se pueden obtener hasta 600 mililitros, incluso hasta 750 mililitros según la reposición de fluidos.

La guía terapéutica lo que recomienda es que cada paciente reciba dos unidades  de 200 mililitros; es decir, con un solo donante podríamos obtener plasma para 2 o 3 pacientes.

¿Qué tan eficiente es el plasma convaleciente en el tratamiento contra el COVID-19?

—No hay evidencia fiel de que esto realmente funcione, más que evidencia anecdótica de que parece que todos los pacientes han mejorado después del uso del plasma convaleciente.

Para esta primera propuesta había que asegurar que sea un producto seguro para quien lo va a recibir; lo que no podemos garantizar es que sea eficaz. Parece que sí y en la marcha nos daremos cuenta, cuando ya salgan estudios de las clínicas en Estados Unidos. Ellos son los que están haciendo un estudio grande y aleatorio, para que sea representativo estadísticamente. Están utilizando pacientes con placebo, pacientes con plasma, pacientes con otros tratamientos… Ahora que salga este estudio nos vamos a dar cuenta de qué tan eficiente es.

¿Qué sentimiento les deja haber hecho posible esta guía para la recolección en nuestro país del plasma convaleciente y su uso como tratamiento?

—Es un proyecto país, con el sello UCR. Realmente es un trabajo que le hemos dedicado mucho esfuerzo, mucho corazón. Esperamos obtener muy buenos resultados y causar un impacto positivo a nivel país.

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