Literatas insumisas

A lo largo de la historia las mujeres que escriben han recurrido a diversas, atrevidas e ingeniosas estrategias para producir y transmitir sus creaciones.

A lo largo de la historia las mujeres que escriben han recurrido a diversas, atrevidas e ingeniosas estrategias para producir y transmitir sus creaciones.

Hay que plantearse, sin prejuicios pero con curiosidad, echarle una mirada a la literatura que han escrito y publicado las mujeres para encontrar en sí mismo todo un universo de peripecias.

Aun en condiciones de marginalidad o sojuzgamiento, o a veces por eso mismo, algunas escritoras han buscado en la palabra una forma de reivindicación, afirmación y comprensión o denuncia de la realidad que las oprime.

Contar historias, imaginar realidades distintas a las inmediatas, jugar con la sorpresa y con lo que se anticipa, condensar emociones humanas en personajes inventados, gozar con la palabra, crear el encantamiento de una narración, son vocaciones presentes en las mujeres desde siempre.

Pero mientras los hombres escribían sus grandes cantos a gestas épicas y terribles dramas de poder, las mujeres tejían pequeñas historias útiles, de consuelo, divertidas, que no salían del ámbito íntimo y doméstico. Más adelante esos cuentos servirían para entretener a los señores.

Mientras tanto, la literatura se iba abriendo paso inexorable, nutrida por una y otra fuente.

El interés de los hombres por contar sus hazañas en las que las mujeres participaban de forma tangencial, no fue suficiente.

Era necesaria no solo la mujer como personaje, sino como punto de vista. Y ese punto de vista solo lo podían conocer y explicar otras mujeres.

Las narraciones femeninas se fueron incorporando poco a poco en la literatura, pero para las autoras no fue tan fácil.

La sociedad no consideraba importante el mundo doméstico, que era al que estaban recluidas las mujeres; por lo tanto, nadie quería saber qué tenía que contar una mujer.

Sin embargo, la voz femenina era mucho más que historias domésticas, era toda una visión del mundo distinta. El poder lo detentaban los hombres y la función de las mujeres en el ámbito familiar y social era perpetuar ese poder.

Que las mujeres pensaran y expresaran sus propios puntos de vista era considerado, cuando menos, subversivo. Así, a lo largo de los siglos y hasta que lograron organizarse y reivindicar sus derechos, las escritoras debieron recurrir a verdaderas estratagemas para dar a conocer sus textos.

A la exigencia creativa, que implicaba además crear historias acerca de un mundo que les estaba vedado en su mayoría, debían sumar la habilidad de gestionar la divulgación de los textos.

La literatura escrita por mujeres nace entonces de esa historia, de ese trance que quizás, ningún escritor, jamás en la historia tuvo que enfrentar.

Veamos lo que algunas de ellas han dicho y hecho al respecto.

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