Las surrealistas

Los sueños de materia coloidal, el polvo de estrellas, las luces que prenden a lo lejos, los personajes inverosímiles

Los sueños de materia coloidal, el polvo de estrellas, las luces que prenden a lo lejos, los personajes inverosímiles y, sin embargo, tan familiares, el humor sutil con que se ven algunas normas de urbanidad, los personajes que llegan cuando el mundo está adormecido, el mundo imaginario en las obras de las pintoras surrealistas mexicanas Remedios Varo y Leonora Carrington cautiva como la magia.

Sus cuadros aparecen con cada vez más frecuencias en las galerías y subastas de artes donde el incremento de los precios indica el interés de los coleccionistas.

En una sociedad de sobreinformación e hiperrealidad digital, la atención parece volverse en este caso, por otras formas de la conciencia.


Papilla estelar, Remedios Varo. Entonces vimos a la hija de Minotauro, Leonora Carrington.


A veces, en un afán de proximidad, de intimidad, al estudiar a algunas artistas o mujeres cuya obra es un aporte importante para la humanidad, se suele dar énfasis a aspectos personales, biográficos y, lamentablemente, muchas veces centrados en aspectos emotivos, pasionales, sensibles. Lo lamentable es porque contribuye, de manera sutil, pero profunda, a reiterar un estereotipo de lo femenino sustentado en lo emocional, sin pasar a valorar y estudiar la obra o el aporte en su debida dimensión.

El creciente interés que ha despertado en el mundo del arte contemporáneo la obra de las dos grandes creadoras del surrealismo mexicano, Remedios Varo y Leonora Carrington, ha sido uno de esos casos.

Mientras la primera murió apenas con 55 años, la segunda, que era nueve años menor, sobrevivió más de medio siglo y produjo una obra voluminosa.

De sus vidas personales destacan algunas coincidencias, pero que posiblemente poco tienen que ver con su obra. Estudiaron en colegios regidos por monjas católicas, tras lo cual ingresaron a academias de arte. Nueve años mayor, Varo se había casado y divorciado de un compañero de la academia Gerardo Lizágarra, y se había fascinado y juntado con el poeta francés surrealista Benjamin Peret, a quien conoció en la Guerra Civil española y con quien se marchó a vivir a París, tras la caída de la república.

Carrington, por su parte, de una familia adinerada, había conocido al artista surrealista Max Ernst y con él, siendo apenas una veinteañera, 27 años menor, se había ido a vivir a ese París surrealista de los finales de los años 1930. Allí coincidieron las dos artistas, que, por entonces, aunque ya había producido obras que mostraban su talento, apenas se estaban empapando de la bohemia reflexiva y las estrategias surrealistas.

La invasión nazi las obligaría a huir a México. Ahí, retoma una relación que, pese a la semejanza que existe en el abordaje y temas de algunos de sus trabajos, no existió rivalidad entre ellas, como sí se dio entre otros artistas en el siglo XX, sino que sostuvieron una complicidad que, de alguna manera, también comunica sus obras.

La producción artística de ambas se negó a ser complaciente y mantuvo la coherencia con sus principios estéticos surrealistas.

Varo murió en 1963, jamás vivió de su obra, hizo trabajos como ilustradora, creadora de escenografías y vestuarios para teatro y cine, aunque realizó algunas exposiciones.

La escritora cubana Zoé Valdés publicó en 2007, cercano al centenario de Varo, la novela La cazadora de astros, donde intenta reproducir aspectos de la vida y obra de la artista.

Carrington murió en 2017, a los 94 años. Se mantuvo coherente y trabajando en su obra hasta sus últimos años. La escritora mexicana escribió la novela biográfica Leonora en 2011.

La misma Carrington escribió en 1943 Memorias de abajo, donde cuenta momentos de su vida cuando estuvo internada en un hospital psiquiátrico, tras ser encerrado en un campo de concentración su compañero Max Ernst.

Remedios para Leonora

La escritora mexicana Estela Leñero escribió y estrenó en 2017, en México, la obra Remedios para Leonora, que era a la vez un homenaje en el centenario de la pintora mexicana surrealista, pero que también rescataba a su compañera Remedios Varo.

Inspirada en las coincidencias de la vida y obra de estas dos artistas, la dramaturga construye escenas de realismo, esoterismo, fantasía, surrealismo, alquimia y amistad.

Estudiar la obra de estas dos grandes artistas siempre resulta una provocación y un estímulo.


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