Gustave Courbet o el desafío realista

El año próximo se celebrará el bicentenario del pintor francés Gustave Courbet, considerado el padre del realismo en Francia,

El año próximo se celebrará el bicentenario del pintor francés Gustave Courbet, considerado el padre del realismo en Francia, artista de talento excepcional y un provocador, cuyo desafío a los convencionalismos sociales y artísticos alcanza hasta nuestros días.

El entierro en Ornans

Courbet nació en una familia de terratenientes en Ornans, Doubs, Francia. Aunque desde joven empezó a estudiar algo de pintura y dibujo, el designio familiar era que estudiara Derecho. Con ese propósito se trasladó a París en 1839, donde su espíritu inquieto y rebelde encontró el ambiente propicio para expandirse a sus anchas. Dejó las leyes de lado y se dedicó a estudiar arte.

Estudió en la Academia Suisse donde se interesó particularmente por las escuelas veneciana, flamenca y holandesa del siglo XVI y XVII, pero a la vez ahí despierta su actitud rebelde hacia el academicismo y el romanticismo.

Realiza una serie de autorretratos entre los cuales El desesperado (1841) expresa su insatisfacción y temperamento. También logra exponer un cuadro paisajístico, con motivo de su natal Ornans el cual se reitera en su obra a lo largo de su vida.

Luego viaja a Holanda y Bélgica donde se impresiona con las obras de los maestros Rembrandt y Frans Hals.

La vida bohemia, agitada e intelectualmente productiva del París de esos años lo lleva a establecer importantes amistades que definen su pensamiento social, político y artístico. Proudhon, Delacroix, Baudelarie y el crítico Champfleury son amistades con las que comparte y discute y quienes expresan la admiración por su obra.

Su primer cuadro de gran formato, El entierro en Ornans, constituye un desafío a Romanticismo que consideraba que las obras en esas dimensiones estaban destinadas a temas históricos. Courbet sostiene que el arte debe hacer referencia a la vida cotidiana, a personajes comunes, a lo que natural y lo que ocurre en las calles.

Aunque esas posturas escandalizan, su talento se impone. En el extranjero reclaman su obra y su amigo y mecenas Alfred Bruyas le permite vivir y pintar con libertad.

En 1855, con una carrera ya reconocida y estable, el Salón de París accede a exhibir algunas de sus obras en la exposición anual, pero rechaza El taller del pintor, otra pieza de gran formato cargada de alegorías y que representa una especie de declaración de principios. Entonces decide exponerla aparte en una galería cercana al salón que denomina “Pabellón del realismo”.

Ya con el éxito asegurado, no se aparta de su postura provocadora y revolucionaria. Hace encargos con temas diversos, como paisajismo y motivos rurales y de caza, que es una de sus aficiones, pero además sus estudios sobre el cuerpo son cada vez más profundos.

Al establecerse la Comuna de París, Courbet fue nombrado presidente de la Federación de Artistas. A la caída de la Comuna, el pintor fue detenido en Versalles en junio de 1871, acusado injustamente de haber destruido la simbólica Columna de Vendome y condenado a seis meses de cárcel y apagar la astronómica suma de 300 mil francos. Cumple la cárcel y luego huye a Suiza.

Esos años de exilio marcarán su triste final.

En la novela biográfica La fuente clara, el joven escritor francés David Bosc cuenta la vida del pintor cuya personalidad e intensidad lo hacen ser un inconforme que finalmente sucumbe por sus excesos y muere de cirrosis a finales de 1877. Con 58 años de edad, deja un mundo al que, sin duda, contribuyó a cambiar profundamente.



El polémico origen del mundo

Ya Courbet se había instalado en la polémica hasta el punto de que se hicieran desaparecer algunos de sus cuadros como El regreso de la conferencia, donde aparecen unos eclesiásticos ebrios en un camino rural o Venus y Psique, que es una escena elocuentemente erótica, pero cuando el diplomático otomano Khalid Bey le encomienda una obra que escandaliza e inquieta aun a sus más adeptos seguidores y que él titula El origen del mundo.

La explicitud y punta de vista del cuerpo femenino, que además pinta sin rostro, tiene una historia de escándalo y clandestinidad que llega hasta el presente siglo.

El crítico Thierry Savatier escribió la historia del lienzo maldito en El origen del mundo. En Historia de un cuadro de Gustave Courbet sigue las peripecias de la famosa pintura.

Primero, su propietario Bey la mantenía oculta tras una cortina verde en su casa y solo lo mostraba a cercanas amistades. Finalmente en la quiebra, producto de su vida licenciosa, el diplomático debió venderlo, pero su destino no quedó claro, hasta que un cronista logra saber de él en el salón de un anticuario, donde está oculto tras otro cuadro de Courbet.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el cuadro es despojado por los nazis, quienes luego lo pierden incautado por el vencedor ejército rojo. La obra vuelve a su dueño, un coleccionista húngaro, quien más adelante lo vende.

El cuadro fue propiedad del célebre psicoanalista Jacques Lacan, quien lo adquirió en 1954 y luego fue donado en 1995 al estado francés, por los derechos sucesorios. Hoy es un secreto a voces en el Museo de Orsay de París, en cuyas paredes reposa.

La torpeza del algún algoritmo moralista que hizo que Facebook en 2011 cerrara la cuenta de un profesor por reproducir el cuadro y cinco años después este los llevó ante los tribunales franceses que acogieron la demanda.



 


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