Manuel Mora Valverde

Dilucidando su pensamiento y acción política

Este año se cumplen 25 años de la muerte del político comunista costarricense Manuel Mora Valverde y 110 de su natalicio, el cual se conmemoró el 27 de agosto recién pasado.

Manuel Mora Valverde

Pensamiento y práctica política

German Chacón

Ensayo

Prolitsa

2019

Este año se cumplen 25 años de la muerte del político comunista costarricense Manuel Mora Valverde y 110 de su natalicio, el cual se conmemoró el 27 de agosto recién pasado. En tal ocasión, el doctor German Chacón presentó en el Centro Cultural de México su libro Manuel Mora Valverde, pensamiento y práctica política, el cual presenta un estudio analítico de la vida y obra de este prominente y singular personaje de la historia política nacional.

El libro de Chacón aporta una buena base documental, tanto de registros impresos como de grabaciones que revelan algunas facetas poco conocidas de Mora Valverde, como su visión de la lucha social en Costa Rica, así como algunas acciones y gestiones que evidencian su compromiso y preocupación profunda por la paz social del país y de la región.

Como el mismo autor lo advierte, se trata de una figura trascendental en la historia costarricense del siglo XX y con una práctica política de características particulares por su interpretación y ejercicio ideológico.

Chacón inicia con un recorrido biográfico que ubica a Mora Valverde desde sus primeras inquietudes políticas cuando era un adolescente en el Liceo de Costa Rica. Más adelante se encuentra con otros compañeros con los que comparte intereses y preocupaciones por la vida social del país, lo que los lleva a conformar el Bloque de Obreros y Campesinos,  primer partido político de la clase trabajadora que luego se denominará Partido Comunista de Costa Rica.

El comunismo tico

Un partido de la clase trabajadora, que se diferencia claramente de otros partidos de sectores capitalistas o empresariales con sentido social, tiene una visión y una propuesta muy distinta de lo que conviene al gobierno de una sociedad.
El comunismo, surgido en Europa de las organizaciones de obreros de fábricas en el proceso de industrialización, entiende un proceso histórico en el cual se enfrentan dos poderes: el de una clase que tiene el capital y el gobierno y otra cuyo único capital es su fuerza de trabajo, la cual es explotada para generar riqueza. Esa idea de una lucha de clases como motor de una dinámica política histórica, que algunos teóricos, principalmente el alemán Karl Marx, formulan en la primera mitad del siglo XIX, será la base ideológica del desarrollo de los partidos de clase a partir de una frase del Manifiesto del Partido Comunista, publicado por Marx y Federico Engels: “proletarios de todos los países, únanse”.

La propuesta del comunismo es que el centro de la acción política gubernamental de las sociedades debe ser la clase trabajadora, hasta evolucionar a una sociedad sin clases.

En las primeras décadas del siglo XX la proliferación y consolidación de partidos de clase trabajadora crece considerablemente en Occidente, en especial por el estímulo que sienten por el triunfo de la revolución rusa en 1917.

En Costa Rica, en junio de 1931, distintos representantes de obreros, artesanos, campesinos, así como intelectuales, educadores y estudiantes deciden fundar un partido de la clase trabajadora: un partido comunista.

En 1933 Manuel Mora fue elegido como diputado por ese partido. Desde sus discursos, su acción parlamentaria y su liderazgo partidario definieron una posición política que se consolidó con la participación en la gran huelga bananera de 1934.

Como partido de clase, el comunista tenía muchos enemigos tanto nacionales como internacionales; en Europa, el fascismo y luego el nazismo; en América, la expansión del capitalismo extractivo de compañías las transnacionales; en Costa Rica la iglesia católica intentaba disputar la base popular a una organización filosóficamente no creyente, a la que además señalaba como satélite de Moscú, donde ya se había creado la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) que propugnaba la expansión del comunismo.

Sin embargo, como líder del partido, Manuel Mora define desde un discurso de 1936 las características nacionalistas de lo que denominó “comunismo tico”.

Aun cuando define su sustento marxista como un partido de clase y su vocación revolucionaria que busca transformar la sociedad, establece la necesidad de adaptar esas luchas a las condiciones sociales, históricas y políticas de Costa Rica.

Sus objetivos principales son mejorar las condiciones de vida de clase trabajadora, garantizar esa mejoría defendiendo la soberanía desde una visión antiimperialista y educar a esa clase trabajadora para que se organice, tome conciencia de su lugar como clase en la sociedad y decida su transformación definitiva.

En este último aspecto, el libro de Chacón destaca la importancia que siempre tuvo para Manuel Mora la existencia de un medio de comunicación del partido que permitiera informar, explicar y educar a la clase trabajadora.

La reforma social

Como diputado, Manuel Mora se mantuvo en sucesivas reelecciones desde 1933 hasta 1948. Esta gestión parlamentaria la integró con un activismo constante como líder de su partido en relación con distintos grupos sociales y políticos.

Su pragmatismo político, basado en salvaguardar siempre los intereses de la clase trabajadora y en el debate parlamentario, así como su visión del comunismo tico, le permitieron apartarse de la rigidez dogmática y buscar negociaciones que condujeran a la obtención de objetivos concretos. Esto sin abandonar el propósito marxista de largo plazo, cual es la transformación revolucionaria de la sociedad.

Así, en 1942 su partido alcanza un acuerdo con la Iglesia católica, que tanto lo había atacado, representada por el monseñor Víctor Manuel Sanabria, y con el gobierno del derechista Partido Republicano Nacional, representado por el presidente Rafael Ángel Calderón Guardia. Resultado de ese acuerdo es la reforma social, uno de los más grandes logros de la clase trabajadora. También permite que cese la persecución anticomunista, que se venía dando desde la fundación del partido, y que se permita mayor capacidad de organización de la clase trabajadora.

La guerra civil y su fin

Para 1948, el Partido Vanguardia Popular, que era el nombre que había adquirido el partido comunista desde los acuerdos anteriores, se mantenía como aliado del gobierno, aunque cada vez más distante. El feroz discurso anticomunista del candidato de oposición Otilio Ulate, desde sus periódicos, había polarizado la sociedad. Tras las elecciones, Ulate se proclama ganador, pero también lo hace el oficialista Calderón, quien volvía tras cuatro años. Ambos se acusan de fraude.

El descontento y la confusión le sirven de escenario al levantamiento militar que inicia José Figueres Ferrer, con lo que se produce una guerra civil.

Los comunistas ven amenazados los logros de la reforma social y defienden en las armas al gobierno. El Comité Central del partido, decide no reconocer el resultado electoral que define a Ulate como presidente, decisión a la que se opone Manuel Mora, pero que acata.

La guerra civil fue corta y cruenta. La capitulación del presidente saliente, Teodoro Picado, ante los alzados, para un gobierno de transición, dejaba a los comunistas fuera sin garantías de que sus logros políticos se mantuvieran, pese a que habían sido la principal fuerza militar en la lucha por sostener el gobierno.

Decididos a no ceder, la guerra amenazaba con prolongarse, mientras Figueres planeaba avanzar desde Cartago a San José. En un acto de decisión y valentía casi temeraria, Manuel Mora Valverde le propuso a Figueres que se encontraran en Ochomogo, cita a la que él llegaría solo.

En ese encuentro, al que lo acompañó Carlos Luis Fallas, Mora buscó un acuerdo con Figueres para desarmar a los comunistas y poner fin a la guerra, pues, además de peligrar las conquistas sociales, ya se sabía de una invasión del ejército de Nicaragua dirigida por Anastasio Somoza.

De ese pacto, este libro de Germán Chacón reproduce una carta firmada por el presbítero Benjamín Núñez, testigo de la negociación y amanuense de Figueres, quien se compromete, para que los comunistas entreguen las armas, a respetar las conquistas sociales y ampliarlas, así como la legalidad y libertad de los comunistas y su partido.

Este último aspecto nunca se cumplió y no solo se proscribió al partido y las actividades de los comunistas, sino que se les persiguió con ensañamiento.

Desde la clandestinidad, el comunismo tico mantuvo su accionar en condiciones de persecución permanente en un discurso reforzado por los escenarios internacionales de la guerra fría.

En 1970, Manuel Mora vuelve a ser elegido diputado, por el Partido Acción Socialista (PASO). José Figueres es electo presidente por el Partido Liberación Nacional (PLN).

Sin duda, del pacto de Ochomogo quienes salieron perdiendo fueron los comunistas, pues no se cumplió lo correspondiente al respeto de su libertad y legalidad. Pero también ganó la clase trabajadora, pues sus garantías sociales no se abolieron sino que se ampliaron.

Manuel Mora siempre consideró que no se debió haber ido a esa guerra, la cual puso en riesgo no solo los logros sociales obtenidos sino la soberanía misma del país.

La paz y la división del partido

Para finales de la década de 1970, Centroamérica entra en una agitada combustión política donde se queman los últimos cartuchos del a guerra fría. El triunfo de la insurrección popular en Nicaragua contra la dictadura de Somoza alentó los movimientos guerrilleros en El Salvador y Guatemala. Los años de represión de los gobiernos militares en la región provocaron una respuesta revolucionaria cada vez mayor.

La amenaza de que una solución abrupta por parte de Estados Unidos con una invasión armada a la región evidenció la necesidad de que el partido, dado que Costa Rica no tiene ejército, estuviera capacitado logísticamente para responder.

Manuel Mora Valverde considera la preparación militar de algunos miembros del partido, no con miras a una posible acción armada para acceder al poder político en Costa Rica, sino para proteger eventualmente su soberanía. De esta manera, según lo explica con detalle el libro de German Chacón, se organiza un grupo que eventualmente constituyó la brigada Carlos Luis Falas, que se sumó al Frente Sandinista en la lucha para derrocar la dictadura.

Luego del triunfo sandinista la brigada se disolvió y los miembros del partido regresaron al país y a sus funciones normales. Pero la guerra de la contra en Nicaragua, dirigida, armada y financiada por el gobierno de los Estados Unidos, nuevamente amenazó la soberanía de la región. Mientras una nueva brigada internacionalista del partido se sumaba a la lucha del gobierno sandinista ante la agresión de “la contra”, Manuel Mora Valverde se enfrasca en una intensa gestión de negociaciones para intentar establecer la paz en Centroamérica. En esas negociaciones se reúne con Figueres Ferrer y con Fidel Castro, mientras negociaciones con los grupos revolucionarios de El Salvador y Guatemala, así como el panameño Omar Torrijos.

La efervescencia de la lucha armada en la región hace que algunos miembros de la dirigencia del partido consideren que en Costa Rica existen condiciones para buscar un cambio de la sociedad por la vía armada. Manuel Mora se opone rotundamente a esa tesis y sostiene que, por el contrario, se debe intentar sacar a la región de la conflagración que vive.

Las diferencias históricas sobre la forma de llevar adelante la labor política del partido se sumaron a críticas de veteranía en su líder principal, a quien algunos pedían que se hiciera a un lado. Dos posiciones antagónicas y los ánimos exacerbados provocaron la división de un partido que había soportado muy adversas circunstancias durante más de medio siglo.

Algunos de sus antiguos compañeros toman la dirigencia del Partido Vanguardia Popular y atacan ferozmente a Manuel Mora Valverde a quien acusan de revisionista, reformista, de hacerle el juego a la clase dominante, y hasta de traidor.

Con algunos de sus seguidores, escindido del partido se funda el Partido del Pueblo Costarricense que intenta mantener un tejido organizativo de clase, pero las condiciones históricas son otras. La caída de la URSS y de los gobiernos comunistas de Europa hace ver al comunismo como un proyecto fallido sin posibilidad histórica, lo cual debilita sensiblemente las opciones de los partidos de clase en todo el mundo.

En 1993 la Universidad de Costa Rica le otorga el premio Rodrigo Facio, en 1994, la UNED lo declara Doctor Honoris Causa. Ese mismo año, el 29 de diciembre fallece a la edad de 85 años. En 1998 se le concede el título de Benemérito de la Patria en 2018 se devela un busto suyo en la Plaza de las Garantías Sociales, en San José.

Manuel Mora Valverde como figura política en la historia costarricense es un referente que permite comprender la posibilidad de una lucha de reivindicación de la clase trabajadora de principios firmes, de visión programática, de respeto por la soberanía y de ejercicio estratégico.

Este libro es un esfuerzo para dilucidar algunos de esos aspectos y, a la vez, es una puerta que se abre a muchas otras inquietudes y posibilidades de investigación.


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