Cuerpo y lugar común

Cuerpo a cuerpo. Radiografía del cine contemporáneo es sin duda producto de la pasión

Cuerpo a cuerpo. Radiografía del cine contemporáneo

Doménec Font

Ensayo

Galaxia Gutenberg

2012

625 pgs.

Cuerpo a cuerpo. Radiografía del cine contemporáneo es sin duda producto de la pasión, tanto la que ha impulsado a lo largo de su vida el interés de Doménec Font por el cine, como la lucha contra el tiempo habida cuenta de la sentencia fatal de un cáncer que se le diagnosticó cuando apenas empezaba a escribir el libro y con el que luchó durante los dos años siguientes y mientras intentaba terminar la redacción.

La propuesta de considerar el cuerpo en el cine abre múltiples expectativas.

El cine, más que representación, es creación de imágenes basadas en representaciones. Si se puede decir que la fotografía fija el tiempo, el cine crea una brecha, un nuevo tiempo dentro del tiempo. El movimiento de las imágenes en el cine está dado por el lugar desde el que la cámara capta la imagen, por la luz, la velocidad de reproducción y principalmente por la edición o montaje. El cine es un lenguaje.

Más allá de si el cine es una industria o no, la pieza cinematográfica, como objeto, podría decirse que el cine tiene, al menos, dos versiones identificables: como arte y como espectáculo.

El espectáculo, en palabras del estratega situacionista Guy Debord, es una relación social mediada por imágenes, por representaciones.

Los cuerpos en el cine, entonces, son los cuerpos creados en el cine. Ahora bien, al analizarlo como obra de arte, es decir por sus materiales, el creador cinematográfico trabaja con imágenes, con representaciones, esa es su materia prima, la disposición de esa materia constituye la creación.

Esas imágenes pueden ser representaciones de cuerpos. El actor utiliza su cuerpo para conformar un personaje que es representado en la imagen.

Valga esta digresión para situar mi lectura del texto de Doménec Font.

Este libro, como el mismo autor lo apunta en el prólogo, es una especie de testamento de sus lecciones de cine, ya que cuando había iniciado su escritura es diagnosticado con cáncer, de manera que los últimos dos años los dedica a luchar por su vida mientras termina el escrito. La idea del cuerpo en el cine, como punto de reflexión y lectura del texto cinematográfico, adquiere entonces una profundidad mayor ya que el libro está permeado constantemente por las cavilaciones del autor en diálogo con su propio cuerpo.

Font propone una lectura intertextual cargada de referencias literarias, filosóficas, políticas e históricas. Lecturas a partir del cine mismo, provocadas por la visión de la película en una propuesta que va más allá de la crítica cinematográfica, la exégesis o el catálogo.

El libro está dividido en cinco partes, cuatro capítulos y una coda. Los capítulos titulados de acuerdo con el tema que en ellos se desarrolla, a saber: Humano, Demasiado humano; Fenomenología del mal; Estética de la desaparición; Figuras del invisible (fantología); y Coda: cuerpo sin órganos.

El prólogo, con el subtítulo Corpus delicti, se divide en cinco partes, al igual que los capítulos siguientes del libro, las cuales funcionan como pequeños ensayos o introducciones a cada uno de los capítulos que se verán más adelante, pero, a la vez, funcionan perfectamente como textos independientes.

Quizás lo más interesante de este libro sea primero el prólogo, donde ofrece relaciones con otros textos de la filosofía, el arte, la literatura, la historia la sociología y la política, es decir, el abordaje transdisciplinario que propone de la lectura del cine. Luego la coda o capítulo cinco donde el autor lanza una sarta de sentencias que definen con mayor claridad su posición a la vez que abre algunos espacios para la reflexión y discusión.

El problema frecuente con este tipo de investigación sobre cine es que más que un análisis resulta en un catálogo de películas vistas por el autor. Una de las cosas que dificulta su lectura es la gran cantidad de referencias que presumiblemente el lector conoce o ha visto. Es decir, se supone una especie de cultura cinematográfica, particularmente hollywoodeana y de algunos realizadores “independientes” o alternativos profusamente conocidos.

Doménec Font (1950-2011), según se lee en la solapa del libro, fue catedrático de Teoría e Historia del Cine Moderno en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, así como decano de los Estudios de Comunicación Audiovisual. Como pensador interdisciplinar aborda el cine desde diversas corrientes de pensamiento y posibles lecturas. Su ensayo La última mirada. Testamentos fílmicos (2000) recibió el premio de ensayo de la Asociación de Historiadores del Cine. Este libro es, en buena medida, el resultado de sus lecciones universitarias y del interés en proponer una lectura del cine que lo rescate de su condena a ser una pieza más del engranaje de la industria del espectáculo.

Luego, en los cuatro capítulos en que se dedica a profundizar en las obras de algunos autores, sustenta su análisis en aspectos argumentales, anecdóticos, más que propiamente del lenguaje cinematográfico.

Ahora bien, es cierto que basa sus propuestas en las representaciones del cuerpo que se hacen en las películas citadas y las distintas visiones que sus autores tienen, sean “independientes”, del circuito espectacular hollywoodense o de corrientes emergentes como Irán, Corea del Sur, China y escasamente Latinoamérica (posiblemente los catalanes siguen teniendo problemas con el castellano). Pero el cuerpo aquí es más una excusa para una lectura narrativa.

Creo que a lo largo de más de 600 páginas, las expectativas que Doménec Font propone en su prólogo y coda quedan abiertas a otras posibles lecturas.

El único riesgo lo corre el lector.

 

 


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