Joaquín García Monge

Compromiso, virtud y palabra

Las similitudes entre Joaquín García Monge y el poeta español Antonio Machado pueden ser muchas, ambos fueron educadores, ambos hombres de letras, ambos profundos humanistas, ambos hombres sencillos

Las similitudes entre Joaquín García Monge y el poeta español Antonio Machado pueden ser muchas, ambos fueron educadores, ambos hombres de letras, ambos profundos humanistas, ambos hombres sencillos.

Quizás la definición que en un momento da Machado de sí mismo, sea la que me mejor se ajusta a don Joaquín: “Soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.”

Grande como pocos, humilde, como muchos, Joaquín García Monge es una de las figuras más ilustres que ha tenido Costa Rica. Su nombre relumbró en el continente y más allá, donde algunos de los intelectuales más lúcidos de su época lo llamaban maestro.

Pero como de profetas y profecías, parece que este pueblo se niega a reconocer, vivió siempre en la humildad de hombre probo y en la lucidez del sabio.

Nació en Desamparados, el 21 de enero de 1881, hijo de don Joaquín García Calderón y doña Luisa Monge Guerrero.

Su padre murió cuando él apenas contaba con seis años de edad. Doña Luisa quiso sacar a su hijo adelante y lo envió al internado del recientemente creado Liceo de Costa Rica, que por entonces incluía primaria y secundaria.

Allí se conformaron tres aspectos determinantes en su vida: su vocación por la enseñanza, su amor a los libros, y su tendencia a ser retraído.

Las jornadas de vida en el internado eran estrictas, muchos horas de estudio y lectura, bajo la disciplina firme de profesores suizos, dirigidos por don Luis Schönau.

Luego de las horas de estudio se les daba a los alumnos tiempo para lecturas y, al final de la tarde, después de cenar, el profesor Shönau los reunía para contarles historias.

Los niños escuchaban atentos durante más de una hora la voz pausada y penetrante del director.

De esa experiencia recordaba don Joaquín muchos años después, que lo conmovió mucho la historia de un niño huérfano y explotado en las calles de Londres. Se trataba de la novela de Charles Dickens, Oliver Twist.

Profundamente impactado y con su imaginación de niño, su cabeza se llenaba de imágenes terribles y su corazón se estrujaba de indignación. Así despertó en él la conciencia social que con los años maduró y dio paso a un compromiso inquebrantable con los más necesitados, pero especialmente con los niños.

Al finalizar el Bachillerato, ya tenía su destino definido. Entró a dar clases en la escuela Buenaventura Corrales, en el edificio metálico.

Era el año 1899, se avecinaba un cambio de siglo y mientras la ciudad empezaba a agitarse con los brotes de modernidad, don Joaquín escribía sus primeros artículos para los periódicos, para lo cual utilizaba el seudónimo de El lugareño.

Tenía apenas 18 años, pero en su cabeza se fraguaba el ímpetu de escritor.

En esos años escribió su primera novela, la cual daría mucho que hablar y aún hoy se estudia en colegios y universidades, por considerársela fundadora de la novela costumbrista en el país.

Es una historia breve de una desilusión amorosa vivida por un muchacho humilde que se enamora, de manera correspondida, de la hija del gamonal. Por la condición de huérfano del protagonista, llamó a la novela El moto, que es la forma popular en que algunos señalaban esa condición.

Su autor reconocía en esta obra la influencia del español José María Peneda, que por entonces hacía sentir su sombra en buena parte de los autores en lengua castellana.

Sin embargo, casi inmediatamente escribió Hijas del campo, su segunda novela y en la que aborda el tema de las mujeres que migran del campo a la ciudad. En este caso la influencia era del escritor naturalista francés Emile Zolá. El tema femenino es otra de las preocupaciones en las cuales la literatura de García Monge es pionera. La literatura con mensaje y con compromiso social era claramente su tendencia.

CHILE

Reconocido su talento, en 1900 el poeta y educador Justo A. Facio le consigue una beca para que viaje a Chile a estudiar en el Instituto de Pedagogía.

El joven Joaquín García Monge prepara sus maletas y deja corregidos para llevar a imprenta su libro Hijas del Campo y su tercera novela Abnegación en la cual reconoce, esta vez, la influencia del ruso León Tolstoy.

Es decir, que con 19 años ya había escrito las únicas tres novelas que publicó en toda su vida, cada una con orientación distinta, pero en las tres está su preocupación por el tema social, particularmente los problemas de su época. Por ellas se considera a García Monge el iniciador de la novela realista y costumbrista costarricense.

Llega a Santiago de Chile en 1901 y encuentra un mundo intelectual más amplio, donde se discuten ideas sociales, políticas y literarias que influyen decididamente en su pensamiento.

Escribe ensayos, lee de manera insaciable, estudia, también desarrolla una agradable vida social de la que cuenta en cartas que escribe a amigos y familiares; elogia los vinos chilenos, la gracia de sus mujeres y la intensa actividad cultural. Pero siempre sostuvo su claro compromiso de que debía volver a Costa Rica, en particular, para cuidar de su madre.

De aquellos tres años en Chile debe buena parte de su primera formación como intelectual. Le interesan las figuras latinoamericanistas como el cubano José Martí, el venezolano Simón Bolívar y el argentino Domingo Faustino Sarmiento.

Asimismo, le interesan los planteamientos del uruguayo José Enrique Rodó, respecto de la identidad latinoamericana frente a los extranjerismos y el gusto por imitar la cultura europea.

Pero no solo coincide con ellos en es sentimiento independentista, sino en la necesidad de la unidad de los países de Latinoamérica, con una historia común, una lengua común y una cultura común.

Una figura que estudia y será determinante en su vida es el gran intelectual chileno Andrés Bello, quien un siglo atrás había intentado la integración del pensamiento latinoamericano con la publicación en Londres de una revista llamada Repertorio Americano. Este aspecto será determinante para don Joaquín el resto de su vida.

Con la mente abierta, ansias de libertad, lucha por la justicia y unidad latinoamericana, regresa a Costa Rica en 1904.

PENSAMIENTO Y COMPROMISO

Rápidamente es nombrado profesor en el Liceo de Costa Rica, pero en el puesto no dura ni seis meses. Se dio el caso de que se presentó una protesta estudiantil impulsada por un profesor chileno. Don Joaquín comprendió los reclamos del grupo y se solidarizó con su causa. El resultado fue que lo expulsaran de su puesto.

Este hecho, sin embargo, daría un cambio de rumbo que fue también clave en su vida.

Pese a que no pudo dar clases en la institución donde él mismo se había formado, pasó a ser profesor de Literatura y Pedagogía en el Colegio Superior de Señoritas, donde permaneció 13 años.

La relación con las mujeres fue una característica principal en García Monge. Como ya vimos desde su novela Hijas del campo, ya tenía particular preocupación por los problemas de las mujeres en la sociedad, ahora comprobaba el interés que ellas tenían por el estudio y el conocimiento.

“Hallo más interesadas en Costa Rica a las mujeres por la Filosofía y las Letras que a los hombres.”, escribió años después, cuando en forma permanente recibía estudiantes, escritoras, jóvenes y mayores, que buscaban en él un consejo, una orientación, una opinión o simplemente un rato de buena charla llena de sabiduría.

Durante aquellos años de profesor en el Colegio de Señoritas desarrolló sus primeros proyectos editoriales, siempre interesado por difundir y estimular el pensamiento, la reflexión y la creación literaria.

Aunque él mismo apenas si tenía tiempo para su propia creación. No será sino hasta 1917 cuando aparece su único volumen de cuentos titulado La mala sombra y otros sucesos. Una vez más se nota su gran talento como narrador, pero ahí pone fin a su producción de obras de ficción.

Lo que no abandonó nunca fue su interés editorial. Inició una publicación en que reproducía materiales de intelectuales de España y Latinoamérica, bajo el nombre de colección Ariel, en honor al libro del uruguayo Rodó, cuyo lema era: “Hagamos reflexionar a las gentes”.

Influido por ideas anarquistas, se reúne con otro gran intelectual, maestro y escritor nacional, don Roberto Brenes Mesén, con quien edita dos publicaciones: Vida y Verdad, y La Aurora. Fiel a la propuesta anarquista firma con diversos seudónimos. En ambas tocan temas de su época, señalan problemas de la sociedad y ante todo, reconocen un nuevo peligro para los pueblos latinoamericanos, el afán de expansión y dominio de los Estados Unidos sobre los otros países del continente.

Con otros intelectuales como Isabel Carvajal (Carmen Lyra) quien también había estudiado en Chile y Omar Dengo fundaron el grupo Germinal, nombre que tomaron de la novela del francés Emile Zolá, en el cual discutían con otros jóvenes las condiciones sociales, políticas y económicas del país y el continente.

En 1913 proponen que se celebre por primera vez en Costa Rica el 1 de mayo como Día del Trabajo. En esa ocasión, don Joaquín da un discurso sobre la necesidad de unión de obreros, campesinos e intelectuales, con una gran claridad política y a favor de respuestas a las dificultades de la sociedad.

Siempre consideró la educación como la herramienta principal para sacar a los pueblos de la pobreza.

Con Brenes Mesén trabajó en la recién fundada Escuela Normal en Heredia, de la cual don Joaquín llegó a ser director, pero el golpe de Estado de los hermanos Tinoco, lo obligó a abandonar su cargo e incluso a dejar el país.

Así, viajó a Nueva York donde estuvo unos meses e intentó emular al chileno Andrés Bello con la edición de un nuevo Repertorio Americano. Pero no encontró el respaldo e interés para echarlo adelante.

Regresó a Costa Rica y se dedicó a ayudar a su madre en la producción de flores y a cultivar una huerta. Tras la caída de los Tinoco, el gobierno de transición de don Francisco Aguilar Barquero lo nombró Secretario de Educación, cargo en el que estuvo apenas ocho meses, corto periodo en que logró impulsar políticas importantes y algunas ideas que tomaron años en cuajar y aún hoy dan cualidades importantes a la educación nacional.

Aunque tuvo un gran interés y labor en política, don Joaquín no asumió muchas veces cargos públicos, pese al reconocimiento social que tenía por sus artículos en periódicos y revistas y por su fama como hombre culto y brillante.

EL REPERTORIO AMERICANO

Finalmente su sueño de realizar un publicación que convocara pensamiento e intelectuales de todo el continente se cristalizó el 1 de septiembre de 1919 cuando aparece la primera edición del Repertorio Americano.

Don Joaquín García Monge envía su revista a amigos en distintas partes del continente. Otras veces busca o pide direcciones para enviarlo. Reproduce de algunas publicaciones extranjeras y da a conocer sobre la producción intelectual costarricense.

El buen tino con que realiza la publicación, sus ideas preclaras, su honestidad intelectual y su talento, hacen que rápidamente el Repertorio sea reconocido internacionalmente.

Algunos de los intelectuales más destacados de Latinoamérica y España le envían artículos, incluso algunos dan a conocer sus primeros escritos en las páginas que edita el costarricense.

En 1920, don Joaquín asume como director de la Biblioteca Nacional. Desde ahí logra mayores contactos internacionales y su casa se convierte en visita obligada de muchos intelectuales que pasan por el país.

Con los años el Repertorio Americano crece y se consolida. Allí publica don Joaquín buena parte de sus ensayos, que lo convierten en una de las figuras más respetadas del continente.

Pero, como siempre, es en su propio país donde ese reconocimiento es mezquino.

En 1936 debe abandonar su cargo en la Biblioteca, cuando asume el gobierno León Cortés Castro, quien lo acusa por sus ideas democráticas, por lo cual don Joaquín se dedica completamente a su publicación. El Repertorio Americano tenía más de 800 lectores fuera del país, y cerca de 400 en Costa Rica.

Aunque tenía muchos colaboradores que le enviaban artículos, la labor de edición y envío la hizo solo durante 40 años.

En 1944 la Universidad de Columbia lo distingue con el premio internacional María Moors Cabot, uno de los más importantes, por su labor periodística.

El Repertorio lo hacía en su propia casa, ubicada en el centro de San José, por lo que ese era un sitio de reunión donde coincidían artistas, estudiantes, intelectuales, escritores y figuras políticas de toda índole que llegaban a buscar consejo del maestro. Don Joaquín recibía a sus visitantes en un salón cargado de libros, revistas y publicaciones diversas de múltiples direcciones. Allí se sentaba en su silla mecedora y compartía con generosidad su amena charla y sus inquietudes.

LA POLÍTICA COMO ACTITUD

Su militancia política no fue exactamente partidaria pero sí activa. Adhirió con cualquiera que buscara la justicia social y la libertad.

Con la influencia de las propuestas del peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, se integró a la Alianza de Obreros y Campesinos, organización que participó en las elecciones legislativas con candidatos como Otilio Ulate, Ricardo Moreno Cañas y el mismo García Monge. Pero la Alianza se disolvió en 1938 con el asesinato de Moreno Cañas.

Luego, en 1953 encabezó la papeleta diputadil del Partido Progresista Independiente, pero este fue proscrito antes de las elecciones por considerarse que en él había comunistas. Fue su último intento, que más bien respondió al ruego de algunos amigos de participar activamente en un proyecto político electoral.

Sus últimos años no son de pasividad, sino de actividad constante. El Repertorio es una publicación reconocida y con gran prestigio internacional. Lo aplauden grandes figuras de la cultura de todo el continente: Vasconcelos, Neruda, Mistral, León Felipe, son nombres que convoca la publicación junto a algunos de los más importantes autores nacionales.

El sueño de aquel intelectual latinoamericanista se había realizado a fuerza de su propio trabajo tesonero. El muchacho de Desamparados que firmaba sus artículos como El Lugareño, había proyectado a su Costa Rica en toda Latinoamérica y Europa, a la vez que había traído a su país de lo más connotado del pensamiento internacional.

Maestro, escritor, intelectual, el hombre del Repertorio Americano es un baluarte para el país. El 25 de octubre de 1958 la Asamblea Legislativa le concedió el título de Benemérito de la Patria.

Hombre de una labor constante, sin pretensiones de destacar, ni de reconocimientos públicos, sino con la satisfacción de un trabajo bien hecho. Una verdadera luminaria cuya obra vale buscar y leer.

El 31 de octubre de 1958  murió Joaquín García Monge, el más ilustre hijo de un pequeño pueblo llamado Desamparados.

* Publicado por el autor en el periódico EL JORNAL, en la edición de julio-agosto de 2004.


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