¿Por qué algunas personas con COVID-19 pierden el sentido del olfato?

Diversos países reportaron la pérdida de olfato y gusto en pacientes confirmados con COVID-19. El virus, al acoplar su espiga de proteína con la enzima receptora de la célula, pudiera causar un daño temporal a los nervios del olfato.

Este viernes, el ministro de Salud -Daniel Salas- informó que Costa Rica incluirá la pérdida o disminución del olfato así como del gusto como síntomas de COVID-19.

En la última semana, diversas agrupaciones de médicos especialistas alrededor del mundo vienen advirtiendo de la presencia de anosmia (pérdida de olfato) y ageusia (pérdida del gusto) en pacientes confirmados con la enfermedad pandémica.

De hecho, la Academia Americana de Otorrinolaringólogos recomendó incluir estos síntomas como parte del cuestionario de diagnóstico para la enfermedad, mientras que la Sociedad Británica de Rinología y ENT UK -que agrupa a cirujanos especialistas en oído,  nariz y garganta- recomendaron que las personas que presenten estos síntomas se auto-aíslen por 14 días como medida preventiva, ya que podrían estar infectados con el virus SARS-Cov2 y ser fuente potencial de contagio.

Las advertencias se derivaron de una serie de casos ocurridos en países de Europa y Asia. En Alemania, por ejemplo, dos de cada tres casos presentan anosmia. En Corea del Sur, el 30% de los pacientes confirmados como casos leves han visto su olfato disminuido. En Italia, en un estudio próximo a publicarse, 20 de 59 pacientes entrevistados -cuyas edades van desde los 50 hasta los 74 años- reportaron pérdida de olfato o gusto.

En algunos casos, la pérdida de olfato ha sido el único síntoma de COVID-19 y el sentido se recupera en un lapso de siete a 14 días. Asimismo, algunos pacientes informaron también haber perdido el sentido del gusto.

Generalmente, la ageusia viene asociada a la anosmia, explicaron Steve Munger -director del Centro para el Olfato y el Gusto- y Jeb Justice -jefe de la División de Rinología y Cirugía de la Base del Cráneo-, ambas instituciones pertenecen a la Universidad de Florida (Estados Unidos).

“Cuando comemos o bebemos, el cerebro combina nuestras percepciones del sabor de la boca con lo que se conoce como olfato retronasal, es decir, la percepción del olor que proviene de los olores que salen de la boca y entran en la nariz a través del pasaje conector en la garganta, en lo que se llama específicamente sabor. Los pacientes que han experimentado anosmia o hiposmia severa pueden describir una pérdida del gusto pero aún así son capaces de detectar azúcar, sal o ácido en la lengua. Lo que han perdido es la contribución del olfato a su percepción del sabor. Podríamos predecir que en la mayoría de los casos, la pérdida del gusto reportada por los pacientes de COVID-19 se debe probablemente a una reducción o ausencia de la capacidad olfativa”, destacaron Munger y Justicie en un artículo de su autoría publicado en The Conversation.

Virus ataca a células en nariz

Según Munger y Justice, aproximadamente el 13% de las personas mayores de 40 años suelen presentar una pérdida significativa del sentido del olfato. En contraste, la pérdida del gusto es menos prevalente y suele estar relacionada a un daño en los nervios gustativos.

Asimismo, la anosmia post-viral es una de las principales causas de la pérdida de olfato en adultos (40%). “Se sabe que los virus que dan lugar al resfriado común causan pérdidas posteriores a la infección, y que más de 200 virus diferentes causan infecciones de las vías respiratorias superiores. Se cree que los coronavirus representan entre el 10 y el 15% de los casos. Por lo tanto, tal vez no sea una sorpresa que el nuevo virus causante de COVID-19 también cause anosmia en pacientes infectados”, indicaron Claire Hopkins -presidenta de la Sociedad Británica de Rinología- y Nirmal Kumar -presidente de ENT UK- en el manifiesto que firmaron juntos a nombre de sus organizaciones.

Los virus pueden afectar la función olfativa de varias maneras. “Podrían atacar varias células en el tejido nasal, induciendo una inflamación local e interrumpiendo la detección de olores. El virus podría desactivar o dañar directamente las células sensoriales de la nariz que detectan los olores. Otra posibilidad es que los virus puedan seguir la ruta del nervio olfativo a través del cráneo y hasta el cerebro, donde podrían causar daños adicionales. Aún se desconoce si este coronavirus causa estragos en nuestro sentido del olfato al matar las neuronas sensoriales olfativas, al interrumpir su función o al impactar de alguna otra manera en los tejidos olfativos nasales, pero ciertamente será un área importante de investigación”, resaltaron Munger y Justice.

Los coronavirus se llaman así por unas proteínas en forma de espiga que le sobresalen y esto hace que parezca una corona. Esa proteína les sirve para acoplarse a la membrana de las células presentes en las vías respiratorias gracias a la activación de determinadas enzimas.

Para que se dé la infección, el virus debe reconocer los receptores. En el caso de las espigas de SARS-Cov2, el virus causante de COVID-19, estas utilizan la enzima ACE2 como receptor de entrada a la célula humana, la cual utilizan para multiplicarse.

“Se cree que el virus causante de COVID-19 entra en los tejidos nasales a través del receptor de la enzima ACE2, aunque se necesitan más investigaciones para confirmar si es así. Esta proteína es abundante en la nariz, aunque su función no está clara. Al entrar en la nariz a través de esta proteína, puede causar un daño temporal a los nervios del olfato”, explicó Carl Philpott -profesor de Rinología y Olfatología de la Universidad de Anglia del Este (Reino Unido)- en un artículo suyo también publicado en The Conversation.

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