Opinión

Agua limpia y saneamiento: de la abundancia a la escasez

Aún cuando el ser humano vive en la superficie de la Tierra, sigue siendo una especie acuática. Nuestros cuerpos están compuestos en su mayoría de agua, el corazón y el cerebro son 73% de agua. Este líquido esencial nos acompaña desde los principios de la vida y permite nuestro estilo de vida. Por estas y … Continued

Aún cuando el ser humano vive en la superficie de la Tierra, sigue siendo una especie acuática. Nuestros cuerpos están compuestos en su mayoría de agua, el corazón y el cerebro son 73% de agua. Este líquido esencial nos acompaña desde los principios de la vida y permite nuestro estilo de vida. Por estas y muchas más razones, el garantizar la disponibilidad, la gestión sostenible del agua y el saneamiento, para todos, son Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030; ya que los cambios climáticos, la contaminación y sus efectos como las  sequías afectan a muchos de los países más pobres del mundo, lo cual recrudece el hambre y la desnutrición. Por eso resulta importante manejar el recurso hídrico responsablemente considerando los cambios y factores que nos afectan.

Quizá la abundancia de agua en nuestro país, que hemos disfrutado, nos ha hecho ignorar que el agua es un recurso vulnerable. El racionamiento, que hemos estado viviendo en los últimos días, nos alerta sobre esto y resalta la importancia de manejar el recurso hídrico responsablemente, de anticipar los periodos de abundancia y los de escasez, así como actuar concretamente en preparación para los cambios que se avecinan.

Las sequías muestran cómo sería vivir sin agua. ¿Cómo sería revertir ese avance y acceso que nuestro país ha garantizado a tantas personas? Según un informe del Instituto Meteorológico Nacional IMN, la sequía del período del 2014-2015 fue la peor desde 1930, con un déficit de un 25% en las lluvias a nivel nacional (IMN, 2017).

Costa Rica es uno de los pocos países de Latinoamérica donde es seguro beber el agua del sistema de agua potable público, pero nuestro desarrollo económico pone en peligro las fuentes de agua natural, así lo Indica el Informe Estado de la Nación 2017, el crecimiento de las ciudades intermedias y emergentes se ha desarrollado cometiendo los mismos errores ocurridos en  la GAM: con poco tratamiento de las aguas residuales, lo que ha incrementado la vulnerabilidad del recurso hídrico del país (Estado de la Nación, 2017).

Hoy, por ejemplo, tenemos el río más contaminado de Centroamérica: el Grande de Tárcoles, el cual acumula altos niveles de contaminación provenientes de la GAM.

La escasez de agua puede causar desastres en la salud y la producción agrícola, por ejemplo en La Zona de Los Santos, donde crecí entre cafetales y quebradas, la vida cotidiana gira alrededor del los ciclos hidrológicos que afectan la agricultura y las poblaciones de las montañas. Una falta de agua puede retrasar la floración del café que se ha adaptado al clima montañoso y húmedo, lo que puede provocar un retraso en la producción del grano de oro, del cual dependen tantas personas para subsistir y prosperar. El café como nosotros se ha acostumbrado a esa abundancia y seguridad del agua, así que cambios en los ciclos naturales tienen un efecto directo en la producción y la economía local.

En mi comunidad ubicada en San Gabriel de Aserrí, los esfuerzos realizados por el país para tener agua potable, limpia y saludable, se han visto afectados por el impacto del evidente crecimiento  poblacional de los últimos diez años. Las quebradas, arroyos y bosques donde cuando niños jugábamos, ahora se han  contaminado con los residuos residenciales, agravado por la poca cobertura boscosa, la demanda del agua y el cambio de patrones de cultivo. Una evidencia más de la falta de diálogo con la naturaleza; la armonía ya no está ni las risas y los chapoteos de los niños en las pozas y quebradas.

Sin duda la pandemia actual del COVID-19 resalta la urgencia de manejar un recurso hídrico limpio y sano, ya que en estos momentos es una de las principales herramientas para combatir el virus, al ser usada para mantener la limpieza y proteger la salud.

Tener agua limpia y saludable va más allá de tener agua potable. Se debe tener un acceso y abastecimiento constante, para que esta brinde sus beneficios, y también agua en estado natural,  lo cual requiere la protección de las fuentes de agua, los acuíferos y pozos, pero en especial, las fuentes  de agua más vulnerables, como son los ríos y quebradas que atraviesan las ciudades de nuestro país.

En las últimas décadas hemos sido testigos de los avances realizados para denunciar con fuerza la amenaza del cambio climático, a partir de la información científica sobre el recrudecimiento de la contaminación del agua y la sequía. Esta abundancia de agua en Costa Rica no es para desperdiciarla y menospreciarla, sino para aprender a manejarla de forma responsable y  consecuente con las necesidades del ser humano y, por supuesto, del país. Ojalá ya estemos aprendiendo  grandes lecciones para la gestión sostenible de  este recurso vital.

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