Cultura

Recorrido por las enseñanzas del awá  

Un texto del profesor y académico Alí García Segura ahonda en la cultura bribri, de la que extrae y cuenta cómo se concibe desde adentro a partir de su lengua y su ubicación en el mundo.  

En el libro Somos arte: las enseñanzas del awá, el profesor Alí García Segura continúa sus indagaciones de muchos años sobre la cultura bribri (su idioma, naturaleza y otros aspectos).

En el volumen aparecen textos en bribri, castellano e inglés; y hace un recorrido por elementos trascendentales que García perfila para comunicar a quienes por primera vez tienen un contacto con la cultura de la que se siente orgulloso.

Como profesor e investigador en la Universidad de Costa Rica (UCR), García se ha destacado por acercar el mundo bribri con todas sus riquezas y sus particularidades, y nadie mejor que él para comprender en toda su dimensión las raíces de esta cultura que se vio, como el resto de América, violentada por la llegada de los españoles.

En Somos arte, Alí García Segura expone distintos elementos de la cultura ancestral bribri.

Se’ dör stë̀, título original del libro, es un texto publicado con el respaldo de la Fundación Internacional del Árbol y tiene una interesante dedicatoria que reza de la siguiente manera: “Este libro está dedicado a la memoria de las personas mayores por ser las enciclopedias para el futuro de sus pueblos”.

Para una cultura occidental, en la que el mal llamado adulto mayor es un estorbo para la sociedad, este comienzo del texto alerta que se está en presencia de una visión distinta.

Desde este arranque el lector sabrá, entonces, que está ante la visión de un autor que busca darle una mirada integral a las gentes, a las cosas y a las culturas que analiza o cuenta, en este caso a la bribri, de la que García es un amplio conocedor, por pertenecer a ella.

Uno de los aspectos más llamativos del texto es el apartado, amplio, referido al awá, que en la cosmología bribri se relaciona con médico o curandero.

Para los awá “no hay una sola sabiduría”, sino que las “sabidurías son diversas”. Por eso la siguiente reflexión empieza a perfilar esa visión de un todo con la que se han movido a lo largo de los siglos los bribris.

“La sabiduría bribri nos educa de la siguiente manera: usted puede estar haciendo algo y no importa dónde ni cuándo, pero si camina de acuerdo con lo que le enseñaron, en algún momento el mismo ser de la Tierra le cerrará el camino o le abrirá el paso. Todo depende de la regla de conducta (bitsé) que usted aplique. Algunas de las enseñanzas con las cuales nos moldeaban nuestras raíces (këkëpa) fueron las que le dieron vida a este material. Es decir, cuando hablamos de nuestra identidad o de nuestra sabiduría, las palabras deben estar de acuerdo con lo que la cultura transmite. Nuestras palabras salen del hígado, no del corazón. Entendamos que son de orígenes diferentes, por ende, el mundo y el tiempo son distintos”.

García, quien tiene en ella sus raíces, no solo se ha ocupado de la cultura bribri, sino que ha seguido muy de cerca la evolución de otras culturas indígenas del país y en la introducción del libro deja caer una verdad enorme que se pasa por alto en la mayoría de los casos.

“Motivado por conocer de primera mano las situaciones que enfrentan mis compañeros indígenas ante el Estado, compartimos criterios sobre acciones de cualquier ente con y para los pueblos milenarios, visto desde las perspectivas tradicionales indígenas y la no tradicional. Acciones que solo responden al ‘sí’ de los indígenas y no a una realidad de ellos. Debo aclarar que esta diferencia es notoria cuando estamos frente a pueblos que aún mantienen su lengua materna y su cultura”.

Esa realidad se percibe, de igual manera, en los lugares en que los indígenas ya no conservan su lengua nativa, aunque sí mantienen relación con elementos esenciales de su cultura.

“Aunque me aventuraría a decir que en los pueblos que ya no tienen su lengua, pero que mantienen algún recurso de su cultura, en sus discursos se palpa la necesidad de entenderse correctamente cuando se refieren a una relación indígenas y Estado. El divorcio existente, desde cualquier punto de vista entre los planes del Estado con los indígenas y la necesidad de ellos, es abismal”.

A las puertas de celebrarse el bicentenario de la independencia de España y con millones de inversión en cultura, que, de acuerdo con la ministra del ramo, Silvie Durán, en declaraciones a la prensa, se invertirán ¢2400 millones, conviene escuchar la voz de García cuando afirma en la introducción de su libro: “Mis padres y hermanos mayores cuentan que, desde su infancia, ya se hablaba de desarrollo para los pueblos indígenas, y siempre hemos visto el modelo para alcanzar ese tal desarrollo como algo totalmente externo. Siempre se trata de conseguir cosas que no garantizan una vida adecuada en la comunidad, sino de crear necesidad para salir de su pueblo y divagar en una sociedad a la cual no estamos adaptados. En este momento no podemos decir que ha tenido éxito; al contrario, en lo que sí ha tenido un efecto palpable es en la destrucción del modo de vida de los indígenas y en el despojo de su identidad y lengua”.

Aunque la denuncia no es nueva, ratificarla hoy con todos sus puntos es una muestra inequívoca del fracaso del Estado costarricense para atender a una población que merece el respeto y la comprensión de su cultura, que por extensión entronca con la heredada por los españoles.

“Los indígenas creemos que si el tal desarrollo es algo bueno para la vida de uno, no debe significar el despojo de su forma de vida o su lengua, sino complementarlas”.

Entender la cultura de los pueblos indígenas, tal y como es, con sus particularidades y visiones, es una tarea en la que —de nuevo— se ha fallado, de acuerdo con el autor del libro.

“Pueblos como los bribripa, cabécares, ngäbe y malekus tenían sus especialistas, personas que se encargan de interpretar las palabras de sus ‘dioses’. En caso de los bribripa y cabécares, tiene uniwák, los especialistas en el arte de las vasijas; stë̀bla, los especialistas en hacer artes como las chácaras, hamacas, arcos, flechas, canastas y todas esas cosas que se elaboran con los materiales sacados de bejucos, cortezas, semillas, hojas y maderas”.

SENDEROS

 Se’ dör stë̀ (Somos arte) recorre luego varios senderos para ir mostrando diferentes aspectos de la cultura bribri, en este caso el del awá, quien para llegar a serlo debe pasar por una amplia preparación y debe, además, enriquecerse en diferentes campos para ejercer su arte de médico o curandero.

“… Tiene que aprender las reglas de la vida en relación con todas las cosas que nos rodean. Se deben conocer las relaciones entre el alma y el mundo de los seres de la enfermedad, así como las partes vulnerables de esos seres y las dietas adecuadas a cada enfermedad”.

El señor Sibö̀ considera, refiere el autor, que no todos los clanes son propicios para preparar a los awá.

El awá, por ende, tiene que aprender las enseñanzas de Sibö̀ para transmitirlas a su pueblo. Incluso aquellas que van más allá del arte médico.

“Otros de los temas que nos enseñan es aquel relacionado con las reglas que Sibö̀ nos dejó para convivir con nuestra gente. Una de ellas es vivir con nuestras parejas, saber quién podría ser nuestra potencial pareja, cuál es su clan y cuál es el nombre de ese clan, entre otras cosas”.

El texto luego discurre por otros temas que enlazan con la cosmogonía bribri, por ejemplo, cómo era la vida de esta comunidad antes del arribo de los españoles: la forma en que preparaban la tierra y cuál era su vestimenta.

García ahonda en cómo la visión bribri concibe al ser humano como un arte, hecho con barro y agua.

“En el mundo de la lengua bribri, la palabra stë̀ (arte) también describe un ente que tiene y produce vida. Adquiere esta cualidad de objeto (cosa) o de sujeto ( persona o ente animado) artístico cuando se le incorpora agua, barro, plantas y aire. Esos elementos forman el arte humano, es decir, las personas; y por esta razón somos arte”.

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