La RAE busca inmunizarse ante el coronavirus lingüístico  

El Diccionario de la Lengua Española (DLE) alcanzó a mediados de abril y mayo los 100 millones de visitas, lo que significó un récord absoluto, en el que predominaron las consultas en_torno a la pandemia, confinamiento y cuarentena, mientras_nuevas expresiones_lingüísticas_cambian_el_idioma_en_el_que_se_escribió_Don_Quijote.

El jueves 14 de mayo de 2020, la Real Academia Española de la Lengua (RAE) se ufanaba en su boletín de haber alcanzado 100 millones de consultas en el último mes registrado, al tiempo que destacaba que las palabras más buscadas eran cuarentena, confinamiento y pandemia.

Los datos referidos respecto al Diccionario de la Lengua Española (DLE) se presentaban como demoledores, incluso si la RAE comparaba dichos números con los obtenidos en febrero, cuando aún la pandemia giraba en torno a un mar de dudas e incertidumbres, dado que el cómputo anterior indicaba un 30% menos de consultas.

El lenguaje es algo más que ornamento, por lo tanto tratarlo a la ligera es un despropósito, sostiene el académico de la Universidad de Barcelona y autor del libro Periodismo y Literatura, una tradición de relaciones promiscuas. (Foto: José Eduardo Mora).

“Tres de las palabras más buscadas a lo largo del mes de abril en el diccionario están directamente relacionadas con la crisis provocada por el coronavirus: ‘cuarentena’,confinamiento’ y ‘pandemia’. Pero junto a ellas ocupan los primeros puestos entradas como ‘robot’, ‘resiliencia’, ‘unir’, ‘echar’, ‘data’, ‘hallar’, ‘raer’, ‘rallar’, ‘bizarro’ o ‘significar’”.

El optimismo que emanaba del boletín de los académicos de la lengua es entendible, debido a que con el surgimiento de Internet la humanidad ha tenido que recurrir como

nunca antes a la escritura para comunicarse, pese a que se vive en la era del predominio de los medios audiovisuales.

Al proliferar los mensajes escritos en las distintas plataformas, también se da el hecho de que el castellano sufra a diario arremetidas desde los más diversos puntos del planeta, y tal situación surge en el seno de instituciones y de comportamientos particulares.

Es así como los distintos actores optan por inventarse su propia gramática, su propio sistema de puntuación, su propia sintaxis y terminan por escribir en un lenguaje propio que no siempre se entiende.

Para confirmar tal situación, bástele a quien lo quiera confirmar el hecho de que haga un recorrido por periódicos digitales y redes sociales. Un lector atento regresa de ese viaje cibernético cargado de joyas inimaginables.

De ahí que la RAE celebrara el que los hispanohablantes del mundo se hayan volcado en su diccionario en busca de consuelo, al tratar de confirmar qué significan “cuarentena”, “confinamiento” y “pandemia”.

De esa forma, los desastres humanos causados por el virus en un país como España y en varias naciones de América Latina le podrían servir a los académicos para que su diccionario se inmunizase contra esa otra epidemia que desde hace décadas azota al lenguaje de Cervantes: la pandemia del coronavirus lingüístico.

Al haber alcanzado el DLE un “récord absoluto” de consultas al llegar a los 100 millones, el camino para combatir ese otro virus de los descuidos idiomáticos y los atropellos lingüísticos estaba trazado. Así lo destacaba la RAE al resaltar las búsquedas.

“Por tendencia, son mayoritarias las búsquedas relacionadas con la situación excepcional actual, como ‘estado’, ‘virus’, ‘epidemia’, ‘confinar’, ‘velar’, ‘contingencia’, ‘diezmar’, ‘cuidar’, ‘concienciar’, ‘barbijo’, ‘casa’, ‘sesgar’, ‘confinado’, ‘escalar’, ‘mediar’, ‘paro’, ‘tapaboca’ o ‘inocuo’. Además, son numerosos los verbos en las consultas del último mes. Destacan, por una cuestión de número, ‘errar’, ‘callar’, ‘prever’, ‘casar’, ‘rebelar’, ‘querer’, ‘procrastinar’, ‘pasar’, ‘hartar’, ‘huir’, ‘partir’, ‘ajar’, ‘deber’, ‘corregir’, ‘andar’, ‘jugar’, ‘asir’, ‘amar’, ‘abrir’, ‘salir’, ‘escalar’, ‘mediar’, ‘enajenar’, ‘exacerbar’, ‘sentir’, ‘trabajar’, ‘redimir’ o ‘quedar’”.

RÉCORD CON ESPINAS

Aunque la labor de la RAE, en conjunto con las academias en el continente americano, es encomiable, la batalla que libra el idioma en estos tiempos convulsos del COVID-19, cuyos síntomas eran evidentes, incluso años antes de que se desatara la pandemia de salud, apenas ha comenzado.

Así lo plantea el uso del término “nueva normalidad”, el cual se utiliza de forma constante  en el ámbito internacional.

“La nueva normalidad en México no debe de ser precipitada”. “¿Cómo serán las bodas en la nueva normalidad?”, “¿cómo será la nueva normalidad en la era poscovid?”, “¿la nueva normalidad era esto?”, “¿en qué consiste la nueva normalidad laboral?”.

La “nueva normalidad”, término que no deja de desatar controversias, se impone en barrios como los de Salamanca, España. (Foto: Salamanca 24 horas).

Los títulos de los periódicos digitales relacionados con la “nueva normalidad” pululan por doquier en cada esquina del ciberespacio, pero acaso aquí no empieza a perder la RAE ese pulso con el buen e inteligente uso del idioma.

El sustantivo“normalidad” se deriva del adjetivo “normal” y del sufijo “idad”, que alude a cualidad en este caso.

De manera tal, que “normalidad” se refiere en el DLE a “normal” y este a su vez registra varias acepciones como: 1. adj.Dicho de una cosa: Que se halla en su estado natural. 2. adj. Habitual u ordinario. 3. adj. Que sirve de norma o regla. 4. adj. Dicho de una cosa: Que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano.

Al indagar sobre la fórmula “nueva normalidad”, el director general de la Fundación del Español Urgente (Fundéu), Javier Lascuráin expresaba: “Para algunos es una expresión contradictoria en sí misma y para otros un invento salido de las maléficas cocinas de la neolengua para enmascarar la realidad”.

Acto seguido, Lascuráin aclaraba los nublados en torno a este término compuesto, que parece arrastrar partículas contaminadas del coronavirus lingüístico del que procede.

“Lo cierto es que, al margen de que guste más o menos –eso siempre será una cuestión opinable– o de que se ajuste mejor o peor a la situación que estamos viviendo (más bien

a la que nos dirigimos en las próximas semanas), esa combinación de palabras que forman la expresión ‘nueva normalidad’ no tiene nada de malo desde el punto de vista de la lengua”.

El director de la Fundéu, que fue creada en 2005 por el periodista y escritor Álex Grijelmo y que desde entonces cuenta con el respaldo del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA), zanja la cuestión como corresponde de un solo latigazo, pero por lo corrosivo que es el término se vio obligado a ahondar en su justificación.

“La normalidad es la condición de normal y, entre las acepciones de este adjetivo, están la de ‘habitual u ordinario’. Al hablar de ‘nueva normalidad’ parece hacerse referencia a una situación en la que lo habitual u ordinario no será lo mismo que en la situación previa. Es decir, una normalidad diferente a la que conocíamos (…) De modo que se trata de una expresión bien formada y su significado es transparente”.

No obtante lo anterior, hay una aclaración de Lascuráin que bien podría traerse abajo todo el entusiasmo que expresó la RAE en su referido boletín y ello porque, cómo no, en la composición del término parecen advertirse partículas contaminantes del inglés para abordar lo sucedido en 2008 con el desplome inmobiliario, que fue otra especie de pandemia, cuyas consecuencias todavía padecen millones de personas en el mundo.

“Su uso como una construcción referida a una situación concreta parece popularizarse en inglés (new normal) en relación con el escenario económico surgido tras la crisis del 2008 para expresar que a partir de ese momento empezarían a ser normales cosas que hasta entonces no lo eran”.

La rigurosidad sanitaria con que el Gobierno ha tratado la emergencia del coronavirus dista mucho de la liviandad con que ha asumido el hecho lingüístico para contar la epidemia. (Foto: Casa Presidencial).

SOMOS LENGUAJE

A partir de la epifanía de Guillermo de Humboldt, para quien “conocimiento y expresión son una y la misma cosa”, como lo citaba Albert Chillón, profesor de la Universidad de Barcelona, en su libro Literatura y periodismo, una tradición de relaciones promiscuas, se impulsó la corriente del “giro lingüístico”, que apela al lenguaje como elemento esencial de la comunicación y el entendimiento humanos.

En ese sentido, la percepción de la RAE de que aumentaron las visitas a partir de términos relacionados con la crisis sanitaria que afecta a buena parte del mundo por el coronavirus –aparte de darle un posicionamiento al DLE y de abrir un portillo para que el ciudadano común sepa que en línea tiene una herramienta de un invaluable valor–, el asunto exige una mayor profundidad y al menos una mirada a las posibilidades que ofrece la filosofía del lenguaje.

“La intuición de Humboldt sobre el lenguaje ha sido desarrollada por la ‘tradición relegada’ (o ‘giro lingüístico’ ) para la cual no hay pensamiento sin lenguaje, sino pensamiento en el lenguaje, y que, a fin de cuentas, la experiencia es siempre pensada y sentida lingüísticamente”, sostiene Chillón en la página 24  del citado volumen.

José María Valverde, autor de Guillermo de Humboldt y la Filosofía del Lenguaje y de Nietzsche, de filólogo a Anticristo, pone, en este segundo texto, los puntos sobre las íes en cuanto a la relevancia del lenguaje para conectar y entender el mundo:

“Toda nuestra actividad mental es lenguaje, es decir, ha de estar en palabras o en busca de palabras. Dicho de otro modo: el lenguaje es la realidad y la realización de nuestra vida mental, a la cual estructura según sus formas –sus sustantivos, adjetivos, verbos, etc.–; su sintaxis tan diversa en cada lengua, sus melodías de fraseo… La realidad, entonces, no es que –como se suele suponer entre muchas personas cultas– haya primero un mundo de conceptos fijos, claros, universales, unívocos, y luego tomemos algunos de ellos para comunicarlos encajándolos en sus correspondientes nombres; por el contrario, obtenemos nuestros conceptos a partir del uso del lenguaje. Ciertamente, casi nadie suele ocuparse de  ello, porque solemos dar el lenguaje por supuesto, como si fuera natural, lo mismo que el respirar”.

Valverde, Chillón y los seguidores de la escuela del giro lingüístico entienden que el lenguaje no es un mero instrumento del pensamiento, sino que el pensamiento surge, crece y se desarrolla en el lenguaje, lo cual plantea una perspectiva totalmente distinta de abordar dicho fenómeno. Por tal motivo, la ligereza en el uso del idioma no es un mal menor como parece a simple vista.

Las palabras, los conceptos, las composiciones y las maneras de nombrar al mundo deben asumirse con la responsabilidad que demandan las circunstancias, y aunque la Fundéu bendijo a la “nueva normalidad”, la propia RAE optó por pasar de largo y marcar, aunque fuera de manera silenciosa, el derrotero que ella cree más conveniente al hablar de una “nueva realidad” en su boletín del 7 de abril de 2020.

“Durante el último mes, en el que se han recibido más de 84 millones de visitas (casi 3 millones diarios). Los términos relacionados con la crisis del COVID-19 que generan más visitas al DLE indican una tendencia informativa clara: la gente quiere saber los significados que acompañan a esta nueva realidad”, especificó la RAE en su boletín de marzo.

BONOS EN CUARENTENA

Si a la RAE, que constantemente coordina con sus academias esparcidas por Hispanoamérica, le llegase el eco de que en Costa Rica, a falta de la riqueza del lenguaje, se denominó al programa de ayudas a afectados por el coronavirus como “bono proteger”, probablemente la moral al tope que le generaron al DLE los 100 millones de visitas durante el último mes, se le vendría al suelo.

¿Por qué los asesores de comunicación del presidente de la República, Carlos Alvarado, los filólogos que han de andar silenciosos entre pasillos gubernamentales y una parafernalia de publicistas le aconsejaron al mandatario que escogiera “bonos proteger”?

¿No existía una expresión más amigable con el castellano y más acorde con la profundidad que exige el lenguaje que el enajenante término acuñado?

Aunque no hay explicaciones oficiales al respecto, la unión del sustantivo “bono” con el verbo “proteger” quizá fue diseñada con el afán de atraer a los más jóvenes, para que la fórmula sonara más cool y apelara más a estilo del English spoken, pero con esa ecuación lo que consiguen es pegarle una solemne paliza al idioma que tanto engrandeció Miguel de Cervantes, entre otros, con su caballero andante y desfacedor de entuertos.

Si las autoridades lingüísticas tuvieran que actuar con la rigurosidad con que proceden los responsables de llevar la estrategia de salud, la RAE y la Academia Costarricense de la Lengua (ACL) estarían en la obligación ética de enviar al “bono proteger” a una extensa cuarentena, mientras los investigadores del idioma determinan quiénes exactamente fueron los responsables del atropello.

En esa tarea de atrapar a los autores intelectuales del “bono proteger”, quizá se la pueda encargar la RAE y la ACL a Eulogio Pulido, el personaje principal de la novela El cazador de estilemas, con la que Álex Grijelmo debutó en el género de la novela policíaca y en la que el profesor se especializa en descubrir tramas a partir de las huellas lingüísticas que van dejando los protagonistas de la historia.

En el próximo boletín de la RAE, los académico de la lengua española quizá no solo anuncien y confirmen que “confinamiento”, “cuarentena” y “pandemia” siguen siendo los términos más buscados y que durante mayo y junio se mantuvieron los millones de consultas en el DLE, sino que también podrían difundir al mundo entero que en la lejana Costa Rica surgió, como efecto del coronavirus lingüístico, el “bono proteger”, cuya “composición genética” todavía desconocen los especialistas del ramo, motivo por el cual el término entrará en cuarentena hasta nuevo aviso.

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