El libro esencial que nadie lee en Costa Rica

¿Debería crearse un Día Nacional de la Constitución? ¿Existe para la cultura del costarricense ese texto fundamental o la mayoría lo cita de oídas?

Ignacio Bosque, estudioso del castellano, aseguraba en el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española, que la “gramática es la arquitectura del pensamiento”, de ahí la relevancia de estudiarla para entender los cauces por donde discurre el pensar en el idioma de Miguel de Cervantes.

A no todo el mundo, sin embargo, le interesa conocer las estructuras gramaticales que le permiten expresarse con corrección y precisión: lo mismo sucede con la Constitución Política de Costa Rica. Ese libro esencial que pasa, por lo general, desapercibido a pesar de la función fundamental que desempeña en la vida diaria del país, dado que cuando se pregunta por él la primera asociación con la que se le vincula es que simplemente es “letra muerta”.

En Costa Rica existe el “Día Nacional de la Biblia”, creado el 27 de septiembre del año 2000 mediante la ley 8030 y en él se establece que la celebración debe realizarse el primer sábado de septiembre de cada año.

Ante esta situación, Vladimir De la Cruz, historiador y excatedrático de la Universidad de Costa Rica (UCR), lanzó en su columna de La República del martes 27 de marzo de 2019, la idea de que en Costa Rica debería de instaurarse el “Día Nacional de la Constitución”, para que sirva como un espacio de reflexión en torno a lo que debería de ser “el libro sagrado de los costarricenses”.

De la Constitución de 1949 existen numerosas ediciones, algunas de ellas anotadas. (Foto Internet).

Hoy la Constitución apenas si se repasa en escuelas y colegios y es, por lo tanto, uno de los libros que menos se leen y estudian en el país, lo que conlleva a una serie de situaciones culturales de primer orden que tendrían que empezar a revisarse.

En primer lugar, porque si se desconocen los aspectos más relevantes que incluye la Constitución, se tienen ciudadanos más dóciles a las artimañas de una clase política que, como bien detallan los intelectuales consultados, no están para nada interesados en promover un mayor conocimiento de lo que representa la Carta Magna.

“La Constitución Política es el libro más importante de los costarricenses porque en él se establece toda la base constitucional de lo que es el Estado y de lo que representa la ciudadanía con sus derechos y deberes”, explicó De la Cruz.

“En la Constitución se establecen los límites del país, el régimen político, los derechos, los deberes, el ejercicio de las leyes y se define en quién reside la soberanía nacional”.

En ese sentido, De la Cruz expresó que es determinante para que un pueblo pueda ejercer sus derechos y deberes el que primero conozca el marco normativo en que ambos se desenvuelven y todo ello está contemplado en la Constitución.

“En la Constitución se establecen, por ejemplo, los límites de los gobernantes, por lo que permite tener un control sobre las autoridades, quienes en esto difieren de los ciudadanos, los que no tienen límites dentro del territorio nacional, siempre y cuando sus actuaciones no perjudiquen a otros”.

Para De la Cruz es determinante que desde la escuela y luego en el colegio los jóvenes empiecen a tener conciencia de lo que representa ese gran marco normativo.

“La Constitución Política es la que exalta nuestra esencia, nuestra forma de vida y convivencia, la que promueve los derechos y libertades de todos los costarricenses, entre ellos la libertad de conciencia, la libertad y práctica de todos los cultos y religiones. ¿Por qué no exaltar conmemorativamente un día que permita discutir, reflexionar, analizar sobre el significado de la Constitución Política que nos protege, sobre su contenido y alcances?”

Desde el punto de vista cultural, el que haya ciudadanos con una formación rigurosa en qué dice, cómo lo dice y qué representa lo que establece la Carta Magna, haría que se estuviera ante una sociedad más crítica.

“En el proceso de educación general, debería propiciarse un estudio más riguroso, como parte de la formación del ciudadano”. Lo anterior en el plano ideal, porque en la realidad es notorio cómo muchas veces los propios diputados y gobernantes desconocen aspectos esenciales de la Constitución, con lo cual sus proposiciones terminan sin encontrar asideros y fundamentos.“Hay que admitir que la Constitución no es un documento que se estudie con rigurosidad en el país”, enfatizó.

La responsabilidad de organizar las elecciones recayó después de 1949 en el Tribunal Supremo de Elecciones. (Kattya Alvarado).

No interesa

Gerardo Contreras, excatedrático de Historia de la UCR, consideró que no hay ningún interés por las clase gobernante en que la ciudadanía profundice en un libro en el que están contemplados con tanta claridad sus derechos.

Para Contreras lejos de que surja un interés en divulgar, profundizar y conocer con detalle los distintos capítulos que componen la Constitución, entre menos se conozca mejor para aquellos que ostentan el poder:

 “Nadie conoce la Constitución, todo el mundo dice que sí sabe de ella, pero en realidad no la conocen. Eso es lo que yo llamo un saludo a la bandera, es decir, se aparenta el conocerla, pero nada más. Desde el más importante al más humilde funcionario, cuando admiten lo que dice el juramento, lo hacen sin conocer las raíces de ese texto”.

Para el exprofesor de Estudios Generales de la UCR, quien ha publicado varios libros en torno a la historia de los sindicatos, se debiera crear una cultura en torno a la Constitución por ser esta un documento jurídico de primer orden:

“La Constitución es la columna vertebral del sistema político costarricense. Entiéndase bien: es la columna vertebral, no es un nervio, el cuello o cualquier otra parte de ese cuerpo llamado Estado”.

La situación en torno a este texto fundamental es tan crítico, que para Contreras ni siquiera un organismo como la Sala Constitucional, creada expresamente para resguardar los principios constitucionales, la respeta:

“La Constitución muchas veces es letra muerta porque no hay interés en el ciudadano ni en los gobernantes en conocer a profundidad lo que propone y contempla. La misma Sala Constitucional la irrespeta. Les doy un ejemplo: cuando la Sala le dio el aval al Plan Fiscal, recientemente, le dio cabida a un plan que va contra las más caras tradiciones democráticas de nuestro pueblo”.

La propia declaratoria por parte de jueces de la huelga que suscitó dicho plan, es otra manifestación de que el texto constitucional muchas veces es pisoteado, según Contreras. “Los jueces, siguiendo directrices del Gobierno, hicieron declaratorias de ilegalidad que no procedían”.

Para este historiador, entre menos conozcan los costarricenses los alcances que contiene su Carta Magna, habrá mayor ventaja para los que están en el poder. Hay, desde ese punto de vista, un interés ideológico en que no se promueva su estudio, dijo.

“Es necesario, imprescindible, no solo leer la Constitución, porque leerla sería insuficiente, lo que corresponde es estudiarla y poner en contexto sus orígenes y sus referencias. Al día de hoy, Costa Rica ha tenido 16 constituciones en su historia desde 1821. Todos esos elementos tienen que conocerse. Insisto, no es simplemente leerla, lo que procede es estudiarla con rigurosidad”.

En relación con la actual, Contreras dijo que la Constitución vigente es “un híbrido entre concepciones socialdemócratas y liberales (…) Entre los constituyentes de 1949 estaban, entre otros, don Carlos Monge Alfaro y don Rodrigo Facio, que eran socialdemócratas”.

La Carta Magna de 1871 de Tomás Guardia sirvió de base a la de 1949. (Foto Biblioteca Nacional de España).

Mirada a la historia

Tanto De la Cruz como Contreras coincidieron en que la actual Constitución, promulgada el 7 de noviembre de 1949 por la Asamblea Constituyente que se creó tras la guerra de 1948, tiene una gran influencia de la que se estableció en 1871 cuando estaba en el poder Tomás Guardia.

De ahí surge, entre otros elementos, el que Costa Rica todavía sea un Estado confesional, es decir, que tiene a la religión católica como la religión oficial.

Así quedó establecido en el Capítulo VI, artículo 75, el cual dice: “La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la del Estado, el cual contribuye a su mantenimiento, sin impedir el libre ejercicio en la República de otros cultos que no se opongan a la moral universal ni a las buenas costumbres”. Este artículo originalmente era el 76, pero tras la reforma mediante la ley 5703 del 6 de junio de 1975, la numeración cambió.

El citado artículo, y otros que se consideran superados por la realidad nacional, ha sido motivo de controversia en los últimos años, en los que se ha lanzado la idea de que el país requiere una nueva Carta Magna. Las iniciativas son variadas y proceden de diferentes frentes como el de Walter Coto, excandidato presidencial del Partido Liberación Nacional (PLN) y Alex Solís, excontralor general de la República.

El hecho de que fuera una Constitución que surgió tras el conflicto del 48, no iba a pasar inadvertido, puesto que en dicho texto se estableció en el artículo 98, párrafo segundo, una vía para que el Partido Comunista no pudiera concurrir a los comicios nacionales. Este y otros elementos del contexto de entonces deben tenerse en cuenta a la hora de estudiarla.

En relación con el punto preciso sobre los comunistas, la reforma de 1975 permitió que luego ese movimiento pudiera de nuevo presentar sus candidatos por la vía del sufragio.

“Se fortaleció la Constitución de 1949 con base en la de 1871 y no con base en el proyecto de la Junta de Gobierno que fue rechazado. En realidad, no hubo un retroceso, excepto en lo planteado sobre el comunismo, porque se fortalecieron las garantías sociales”, recalcó De la Cruz.

En la actualidad, aunque no hay muchos textos que comenten la Constitución, las versiones que el lector puede encontrar traen las referencias a las reformas que se han dado en casi 70 años.

Lo ideal, consideran De la Cruz y Contreras, es que haya un texto con un espíritu de divulgación que explique con un lenguaje al alcance de todos los costarricenses, los alcances de su texto fundamental.

Sin muchas esperanzas

Si se parte de que la Carta Magna está en una de destierro ideológico y cultural para la gran masa y de que no hay programas que profundicen en ella, excepto las menciones que se pueden hacer en cursos de cívica, hay pocas esperanzas de que la situación cambie si no se establecen otros parámetros, incluido el que propone De la Cruz de que mediante una ley se cree el “Día Nacional de la Constitución”.

Para Arnoldo Mora, exministro de Cultura (1990-1994), existe un afán por no respetar la Constitución como se ha demostrado en diferentes pasajes de la vida política nacional. Y tal situación se agravó cuando la Sala Constitucional, en abril de 2003, avaló la reelección presidencial, puntualizó Mora.

Para el filósofo, en la actualidad no se está haciendo una hermenéutica de lo que dice la Constitución, sino que la Sala Cuarta “quiere que diga lo que ella dice” y entrar en ese campo es de suma preocupación para un libro que debe atenderse con gran rigurosidad a la hora de interpretarlo. Si la institución que debe guardar fidelidad al texto no lo hace, cómo pedirle a los costarricenses que empiecen a tener mayor conciencia de lo que es y representa su Constitución: esa es la tarea que tiene la cultura nacional.

“Hay que luchar porque de la Constitución se practique una exégesis y que se haga con la rigurosidad como si fuera una crítica literaria, que haya un espíritu de respetar el sentido y la significación del texto. Costa Rica debe mantener y profundizar el estado social de derecho, es lo único que nos puede salvar ante la arremetida de los organismos internacionales”, indica el exministro.

Por su parte, Macarena Barahona, poeta y profesora en la Universidad de Costa Rica, un análisis constante del texto fundamental de los costarricenses, dejaría entrever una serie de realidades que muchas veces se invisibilizan:

“Antes se estudiaba la Constitución en cívica y estudios sociales. No creo que sea un texto sagrado. Lo sagrado es la vida. Es una especie de manual muy importante para saber los derechos y las obligaciones. Lo que no se debe hacer es estudiarla sin contexto, porque es un texto en el que no se incluyen los perdedores de la guerra del 48. Eso hay que considerarlo”.

Para Barahona, en términos generales y aunque la propia Carta Magna aspire a ello, no todos los ciudadanos son iguales, más allá del espacio ideal, por lo que sí conviene crear una cultura en torno a la Constitución.

“No todos los ciudadanos son iguales, por ejemplo, los indígenas e incluso los mismos afrodescendientes del país. No se les trata de la misma manera que se hace con otros grupos sociales. No todos tienen los mismos derechos económicos, políticos y culturales”, afirmó Barahona.

La prueba básica de que la Constitución merece mayor atención en el imaginario cultural es la reforma al artículo primero planteada por la ley 9305 del 24 de agosto de 2015: “Costa Rica es una República democrática, libre, independiente, multiétnica y pluricultural”, en la cual la adicción de los dos últimos términos planteaba un viraje profundo, pero sin que hasta ahora, cuatro años después, se haya profundizado en los alcances de dicho cambio de prisma.


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