Costa Rica juega a la ruleta rusa con la enseñanza del español

El VII Informe del Estado de la Educación evidencia que las competencias lingüísticas de los escolares son deficientes y que el programa de enseñanza del castellano, tras cinco años de haberse impulsado, todavía encuentra serios obstáculos entre los educadores.

Aunque en el mundo actual predominan los paradigmas de la neurociencias, así como una serie de complejas teorías en los diferentes ámbitos del saber, en el desarrollo de las competencias lingüísticas y comunicativas de los estudiantes, el mejor antídoto para atacar y prevenir todos los males pasa por un camino esencial y que tiene hondas raíces en la cultura grecolatina desde hace al menos 2500 años: la lectura.

No obstante, este es el talón de Aquiles de la enseñanza del español en primaria, de acuerdo con el VII Informe del Estado de la Educación, en el que se constata que la aplicación de los nuevos planes todavía cuentan con un alto porcentaje de reticencia por parte de los educadores.

Para entender qué sucede en las clases que se imparten a diario en el país, basta una frase de la página 101, del citado informe para comprender la magnitud de lo que sucede: “Es claro, entonces, que la lectura no es una actividad cotidiana en las aulas escolares”.

Pese a que el Ministerio de Educación Pública (MEP) impulsó el nuevo programa de enseñanza del español desde el 2014, el cual se hizo de forma paulatina, el 45 por ciento de los maestros y profesores consideran irrelevante el uso del nuevo método, según el detallado informe.

Lo anterior significa que casi el 50 por ciento de los educadores que imparten sus clases a diario, dan por sentado que da igual que se use uno u otro proceder.

Antes de 2014, el sistema que predominó en la enseñanza del castellano fue el denominado “gramatical estructural”, que consistía en ejercicios tradicionales, con poca o nula participación de los estudiantes. El dictado, por ejemplo, era uno de los ejercicios clásicos entonces. La parte fónica y comunicativa jugaba un papel irrelevante en el viejo esquema.

La  propuesta que rige desde hace cinco años busca potenciar las diferentes competencias con base en un enfoque “comunicativo funcional”.

Lo que conlleva a que el leer, escribir, escuchar y hablar parten de un esquema en el que lo fónico tiene prioridad en relación con lo gramatical, que no se relega al pasado, pero que ha dejado de ser el centro de la enseñanza, con el fin de que los educandos tengan una mayor participación y puedan apropiarse de conceptos que a su vez utilicen en las distintas materias que cursan.

Pese a los esfuerzos, los resultados del Estado de la Educación son elocuentes: “únicamente el 6,3 por ciento señala la nueva organización curricular como un aspecto de transcendencia para la enseñanza de lectura y escritura”.

Lo anterior confirma, también, que las iniciativas de capacitación del MEP para los profesores y maestros no han calado lo suficiente, porque no existe un convencimiento de que el nuevo enfoque sea el más indicado.

Según el estudio, los docentes sostienen que la implementación del nuevo programa del español depende en gran medida de su “conocimiento y la actitud”, lo que al tiempo revela una “gran contradicción”, como lo destaca el informe, dado que al menos la mitad estima irrelevante el nuevo enfoque.

Para la doctora Marielos Murillo, docente e investigadora de la Universidad de Costa Rica, la clave, dados los resultados del más reciente Informe del Estado de la Educación, es fomentar la lectura entre los docentes. (Foto tomada del portal de Acción Social de la UCR).

El olvido de Borges

 En su célebre y siempre citable ensayo El libro, Jorge Luis Borges (Buenos Aires, Argentina 24 agosto 1899-14 junio 1986) recalcaba las ventajas y las maravillas que producen la lectura continuada a lo largo de una vida.

El libro, la lectura, como se le concibe en la modernidad, dista mucho del enfoque con que los antiguos valoraban a la palabra escrita, la cual estaba por debajo de la palabra oral. Por eso Borges, con su clásica ironía cita a Bernard Shaw para hacer un juego maravilloso y llevar así al lector a una de las funciones capitales del lenguaje: la capacidad de razonar y de desarrollar un pensamiento crítico, que va más allá de aprender un texto de memoria, como apuntaba el viejo paradigma, basado solo en el enfoque gramatical y estructural.

“A Bernard Shaw le preguntaron una vez si creía que el Espíritu Santo había escrito la Biblia. Y contestó: Todo libro que vale la pena de ser releído ha sido escrito por el Espíritu. Es decir, un libro tiene que ir más allá de la intención de su autor. La intención del autor es una pobre cosa humana, falible, pero en el libro tiene que haber más. El Quijote, por ejemplo, es más que una sátira de los libros de caballería. Es un texto absoluto en el cual no interviene, absolutamente para nada, el azar”.

Para Borges, como el libro es una extensión de la memoria, de la imaginación y del pensamiento, es un objeto único, que se diferencia de todos los concebidos hasta ahora por el hombre.

Por eso en un sistema, por más planes curriculares que haya, si los actores decisivos para que aquel se impulse y se lleve a la práctica no están del todo convencidos del valor del nuevo enfoque, resulta casi imposible su éxito.

En el Estado de la Educación, un 74 por ciento de los educadores de primaria consultados, tenían una visión negativa de la lectura. “Lo anterior se agrava al constatar que el 74 por ciento de los docentes de primaria ve la lectura como un ejercicio obligatorio, ajeno al gusto y al placer propio de esa experiencia”, precisa el informe.

El ensayo El libro de Jorge Luis Borges es una maravillosa invitación a la lectura, una de las falencias mayores del sistema educativo costarricense.

La lectura, esa que tanto echa de menos el sistema educativo costarricense, reflejado en primaria y secundaria, pero que también acusa deficiencias en el ámbito universitario, debe ser un ejercicio del gozo, hasta que un día un buen lector se topará con algo tan indefinible como la erudición, que es un estadio mayor del espíritu.

“Recuerdo que hace muchos años se realizó una encuesta sobre qué es la pintura. Le preguntaron a mi hermana Norah y contestó que la pintura es el arte de dar alegría con formas y colores. Yo diría que la literatura es también una forma de la alegría. Si leemos algo con dificultad, el autor ha fracasado. Por eso considero que un escritor como Joyce ha fracasado esencialmente, porque su obra requiere un esfuerzo”, escribió Borges.

Si el actual Informe del Estado de la Educación, como otros anteriores, confirma que la lectura, la escritura, la comprensión y la expresión son puntos en los que los estudiantes, de primaria en este caso, tienen grandes vacíos, confirma que la aplicación del método para acercarse al texto literario y al texto en general ha fallado. Quizá porque otra de las verdades esbozadas por Borges también se ha olvidado.

“Un libro no debe requerir un esfuerzo, la felicidad no debe requerir un esfuerzo. Pienso que Montaigne tiene razón. Luego enumera los autores que le gustan. Cita a Virgilio, dice preferir las Geórgicas a la Eneida; yo prefiero la Eneida, pero eso no tiene nada que ver. Montaigne habla de los libros con pasión, pero dice que aunque los libros son una felicidad, son, sin embargo, un placer lánguido”, sostuvo el autor de El Aleph.

En esto, como casi en todo, hay puntos de vista, y Borges no resiste a la tentación de citar a Emerson, ese espíritu que elevó tantas conciencias a partir de un pensamiento singular y extraordinario.

“Emerson lo contradice -es el otro gran trabajo sobre los libros que existe-. En esa conferencia, Emerson dice que una biblioteca es una especie de gabinete mágico. En ese gabinete están encantados los mejores espíritus de la humanidad, pero esperan nuestra palabra para salir de su mudez. Tenemos que abrir el libro, entonces ellos despiertan. Dice que podemos contar con la compañía de los mejores hombres que la humanidad ha producido, pero que no los buscamos y preferimos leer comentarios, críticas y no vamos a lo que ellos dicen”.

Aunque ya han pasado cinco años desde que se impulsó el nuevo enfoque de la enseñanza del español, que busca apelar a la creatividad, al diálogo, a la participación, al desafío y de esa forma abarcar las cuatro competencias lingüísticas principales: leer, escribir, escuchar y hablar, todavía falta el amor a la lectura como la concibe Borges.

El escritor, que en una especie de confesión íntima a sus lectores, agrega: “Emerson coincide con Montaigne en el hecho de que debemos leer únicamente lo que nos agrada, que un libro tiene que ser una forma de felicidad. Le debemos tanto a las letras. Yo he tratado más de releer que de leer, creo que releer es más importante que leer, salvo que para releer se necesita haber leído. Yo tengo ese culto del libro. Puedo decirlo de un modo que puede parecer patético y no quiero que sea patético; quiero que sea como una confidencia que les realizó a cada uno de ustedes; no a todos, pero sí a cada uno, porque todos es una abstracción y cada uno es verdadero. Yo sigo jugando a no ser ciego, yo sigo comprando libros, yo sigo llenando mi casa de libros”.

Quien lea con cuidado las dos últimas líneas de la cita, se dará cuenta de que Borges está haciendo algo más que una confesión: está ironizando su propia condición de invidente para dejar claro que su gozo por la literatura no tiene límites.

La interpretación y la comprensión son, justamente, otros de los apartados en los que los educandos tienen severas dificultades.

La clave está en la lectura

Mariellos Murillo, profesora e investigadora de la escuela de Formación Docente de la Universidad de Costa Rica (UCR) y quien aportó estudios en el VII Informe del Estado de la Educación, expresó que el MEP tiene que priorizar si quiere verdaderamente atacar el problema detectado en la enseñanza del español. Para hacerlo debería darle una mayor relevancia al fomento de la lectura entre los maestros.

El porcentaje de maestros que reconoció que no leen como hábito adquirido y que dicha práctica les parece obligatoria indica el camino a seguir, de acuerdo con la experiencia en el campo de la investigación que ha desarrollado Murillo.

Para ella, aunque las capacitaciones para que se implemente en el nuevo programa del español hayan sido adecuadas y oportunas, si los maestros no tienen la cultura de la lectura, todo el engranaje quedará supeditado a dicha situación.

Lo que le sucede al gremio de los maestros encuentra eco en el resto de la vida nacional. De esta forma, la Encuesta de Cultura de 2016 se determinó que el 54,6 por ciento de los costarricenses consultados en esa oportunidad aceptaron que no leían ni un libro al año.

“No somos una sociedad lectora. Y en la lectura son muy importantes los modelos”, explicó Murillo, para quien este es el elemento capital en que debe de trabajar el país.

Para la investigadora, tras el Informe del Estado de la Educación, el MEP debería establecer prioridades para que los resultados a futuro mejoren en todo lo que tiene relación con el impulso del nuevo programa del español.

“Las capacitaciones son muy importantes, pero para los docentes, como se refleja en el informe,  no son tan relevantes, porque ellos no han asumido la trascendencia de la lectura”.

Buscar la manera para que los maestros se conviertan en lectores, a partir de descubrir cuáles son sus intereses en este campo, es una de las grandes áreas que le queda pendiente al sistema educativo costarricense.  “Hay que partir de los intereses. Si un tema le interesa al docente se informará todo lo relacionado con él y tratará de leer mucho”, expresó.

El punto de partida del interés funciona también para los niños. Por eso es que el nuevo esquema pretende desarrollar las cuatro competencias: leer, escribir, hablar y escuchar.

Y la participación en la escogencia de las lecturas ha de ser también un punto destacado, sostuvo.

Al haber todavía un gran apego al viejo paradigma,  no se apela lo suficiente a la creatividad, a la participación y al diálogo y se impone entonces la visión de los docentes de que esa no es una actividad trascendental para la formación de sus alumnos.

De acuerdo con Murillo, el crear los hábitos de lectura desde preescolar, primaria y secundaria es crucial para que luego aspectos como la comprensión lectora, la capacidad de análisis y la riqueza del vocabulario, entre otros aspectos, empiecen a aflorar entre los estudiantes.

Los malos resultados en este ámbito no solo se perciben en el Estado de la Educación, sino también en las pruebas del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA).

Así por ejemplo, en el campo del español en la prueba correspondiente a 2015, Costa Rica obtuvo 427 puntos, por debajo de la media de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Ante este gris panorama sobre la enseñanza del español en primaria, pero que en otros momentos y estudios se ha determinado en secundaria, el camino que observa Murillo, tras muchos años de experiencia, es volver al meollo del asunto: la lectura.

De manera tal que herramientas como el Programa Nacional de Fomento de la Lectura o actividades en apariencia tan simples como el intercambio de libros en las escuelas, podrían ser dos herramientas a utilizar para llevar a los niños a crear ese hábito que hará que obtengan, incluso, mejores resultados en otros ámbitos y materias.

De ahí que el viejo principio de la lectura, invocado con maestría por Borges en su ensayo El libro y materializado, por ejemplo, en la colección Los clásicos de los años setenta, hoy está más vigente que nunca.

En el “Propósito” de esa colección, coordinada por los próceres de las letras Alfonso Reyes, Francisco Romero, Federico de Onís, Ricardo Baeza y Germán Arciniegas, se lee: “Un gran pensador inglés dijo que “la verdadera Universidad hoy día son los libros”, y esta verdad, a pesar del desarrollo que modernamente han tenido las instituciones docentes, es en la actualidad más cierta que nunca.  Nada aprende mejor el hombre que lo que aprende por sí mismo, lo que le exige un esfuerzo personal de búsqueda y de asimilación; y si los maestros sirven de guías y orientadores, las fuentes perennes del conocimiento están en los libros”.

Para que el país deje de seguir jugando a la ruleta rusa en la enseñanza del español, el sendero trazado debería partir de los docentes, a quienes se debe llevar a la metamorfosis para convertirlos en verdaderos y entusiastas lectores.


Elegir mejor a los docentes y capacitarlos en comprensión lectora

La coordinadora de investigación del Estado de la Educación puntaliza dos aspectos claves para que el país revierta los bajos niveles en comprensión lectora al finalizar el sexto grado. 

Isabel Román, Coordinadora de Investigación del Estado de la Educación, considera que para empezar a revertir el hecho de que el 50 por ciento de los niños que llegan a sexto grado tienen una baja comprensión lectora, que los ubica en los niveles I y II, de acuerdo con el Tercer Estudio Comparativo Regional (Terce) de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), es conveniente tomar dos medidas: elegir mejor a los docentes de los primeros niveles y fomentar una capacitación concreta para los educadores en el ámbito de la lectoescritura.

“En el sexto informe, cuando hicimos un análisis de las pruebas Terce, era donde salían los bajos resultados de nuestros estudiantes en todo lo relacionado con la comprensión lectora. En esas pruebas se analizan tres tipos de lectura: la literal, la inferencial y la crítica. A partir de eso, en el séptimo informe nos preguntamos qué podía estar pasando”, puntualizó Román.

La investigadora destacó que, aunque hasta tercero los resultados no eran tan deficientes, cuando los estudiantes llegaban a sexto grado en vez de disminuir las dificultades en relación con la comprensión lectora, las aumentaban.

Eso les dio pistas para darse cuenta de que en los primeros niveles de estudio, primero, segundo y tercero, los directores de las escuelas deben elegir a los maestros con mayor experiencia y más capacitados.

“Lo que el actual informe documenta es que hay que ponerle cuidado a lo que está pasando en cuarto y quinto. Se supone que en estos niveles se hacen lecturas más avanzadas. ¿Qué podemos hacer? Debemos resolver el tema de primero y segundo grado, desarrollar bien la lectoescritura inicial”.

Para Román se debe revisar, entonces, cómo los docentes están entendiendo el programa del español, impulsado a partir de 2014, en el que se le da énfasis a lo comunicativo funcional por encima del gramatical estructural, como se hacía hasta la fecha citada.

En relación con el hecho de que el 74 por ciento de los educadores consultados aceptó que no leen con regularidad y que esa práctica les parece una obligación, Román expresó que el Ministerio de Educación Pública (MEP) debe incentivar las capacitaciones específicas en vez de las generalistas.

Es decir, debe capacitar a los docentes en cómo fomentar la lectoescritura en el aula, de forma tal que se convierta en una actividad útil, creativa y cotidiana.

Como un ejemplo a seguir citó los cursos de capacitación que en lectoescritura imparte la Asociación Amigos del Aprendizaje (ADA) en coordinación con la Universidad Estatal a Distancia (UNED).

“Los docentes que han asistido a los cursos de ADA muestran un comportamiento totalmente distinto a los del resto. Según hemos podido comprobar, son docentes extraordinarios y ellos recibieron una capacitación específica y súper especializada y tienen unas prácticas de aula buenísimas. Lo que ello demuestra es que sí es posible hacer ese tipo de capacitación, mientras que las capacitaciones del MEP han sido muy generales”, consideró.


 


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