Cultura Vladimir de la Cruz:

Corremos el riesgo de celebrar un bicentenario sin conciencia nacional e histórica

El historiador y profesor jubilado dice que tras la celebración del Bicentenario de la democracia costarricense habrá mayor y mejor discusión, como investigación ha habido, sobre esta historia vinculada al proceso de la Independencia. 

En el marco del bicentenario que el país se apresta a festejar, conviene abrirle espacio a las voces autorizadas para hacer un balance histórico-político de lo que han representado estos 200 años de vida independiente.

El historiador y ensayista Vladimir de la Cruz lleva más de 40 años a cuestas en ese afán de desentrañar los principales procesos históricos desde la investigación, la escritura, la cátedra y la participación política.

En la entrevista se hace un largo recorrido por lo que fue, es y podría ser la patria, sumida hoy en una profunda crisis institucional,  a las puertas de las elecciones de febrero de 2022, y en un clima político en el que se corre el riesgo de desaprovechar el bicentenario para ahondar en las raíces del ser costarricense y en lo que debería representar  la conciencia nacional.

De la Cruz en su biblioteca, en la que ha cultivado su amor por la historia costarricense y universal. (Kattya Alvarado).

En el marco de la situación de crisis que vive el país, ¿qué relevancia tiene la celebración del bicentenario? 

–Es una oportunidad para reflexionar sobre la Historia Nacional, la Historia Patria, sobre ese particular período o coyuntura que llamamos“Independencia”, el cual nos permita valorar lo que Costa Rica ha construido en 200 años.

Hasta ahora, en general, nos hemos concentrado en la discusión de los días de la Independencia en 1821, en la discusión sobre las Actas de Independencia de Guatemala y de Costa Rica particularmente, y en tratar de precisar la exactitud de esa fecha de Declaración de la Independencia de España, como si esto fuera la más importante. No nos hemos detenido a observar cómo se ha construido esta Costa Rica, cuáles han sido sus momentos estelares, cuáles las amenazas a la Independencia política, y en definir qué es la Independencia hoy, y, si somos totalmente independientes. En el proceso histórico nacional hemos vivido distintas crisis y de distintas naturalezas, que hemos superado, lo que tampoco estamos abordando como parte de esta reflexión sobre el bicentenario en el momento actual, que además calza con el proceso electoral que viene y culmina el 8 de mayo, con la instalación del nuevo Gobierno.

 ¿Se refiere a las crisis como rupturas del Pacto Social y del surgimiento de Constituciones políticas? 

–No precisamente las rupturas del Pacto Social  las pienso en función de la elaboración de Constituciones Políticas, que hemos tenido poco más de diez. Se trata también de que en cada proceso electoral se reafirma y renueva el Pacto Social  de convivencia  de los costarricenses cuando se integra, después de cada elección, un nuevo Gobierno, en el que durante la campaña electoral todos los ciudadanos depositan su fe, su esperanza, su anhelo, sus sueños en una Costa Rica mejor con la integración del nuevo Ejecutivo. Las campañas electorales mismas, hasta ahora, han sido así, postergan cualquier sensación de “crisis” que se tenga, o que “se viva en el país”. De manera que en la perspectiva de la celebración del bicentenario, sin impulsar una nueva Constitución, y sin proponer, como nadie lo está haciendo, la construcción de una Tercera República, estamos a las puertas de redefinir de nuevo el Pacto Social. Lo ideal, para mí, hubiera sido que estuviéramos en la gran discusión, aprovechando el bicentenario, de haber abierto la esperanza de una nueva República, y que la campaña electoral hubiera sido el vehículo de esta discusión nacional, donde se hubiese podido replantear la gobernabilidad y la institucionalidad nacional, la estructura política del Estado y haber avanzado en Derechos y Libertades, aprovechando los programas de los distintos partidos políticos que participarán en las elecciones.  Pero, estamos lejos de eso. El inmediatismo de la política y de la politiquería opacan el escenario político nacional.

¿Cómo acercar esa celebración al ciudadano medio, que hoy asiste atónito al desgaste de la institucionalidad?  

–Con debates, de todo tipo, y sobre todo con los temas de la Agenda Nacional, que no se están haciendo. En Costa Rica no hay cultura, ni educación, ni vida política intensa de debates de temas nacionales. Los partidos políticos son los que debieran tener estas banderas izadas y las tienen engavetadas. No les interesa esta discusión, ni al Gobierno, ni a la Asamblea legislativa tampoco les interesa promoverlos. Las Universidades poco lo hacen, y menos lo hacen los medios de comunicación,  a los que poco les interesa provocar pensamiento crítico. El bicentenario nos permite auscultar todo el andamiaje político-institucional que hemos construido para ver y discutir cómo lo podemos mejorar, cómo podemos desarrollar una sociedad más democrática, participativa, inclusiva, pero estamos fallando en esto. Podemos pasar el bicentenario como pasan las fechas y las efemérides patrias corrientemente, sin mayor trascendencia ni celebración, y lo peor sin contenido histórico, y sin conciencia nacional alrededor de estas fechas.

 Temprano, en nuestra vida independiente, se proclamó la primera Constitución Política –El Pacto de Concordia—en 1821. ¿Qué nos decía  ese proceder de las figuras políticas del país? 

–A la Independencia sobrevino inmediatamente, a los pocos días, desde el 29 de octubre al 1° de diciembre la aprobación de lo que consideramos la Primera Constitución Política del país, en vida independiente, la del “Pacto Social Fundamental Interino de Costa Rica o Pacto de Concordia”. Quienes redactaron esa Constitución, en la que jugó un papel importante Pablo Alvarado Bonilla, según parece, uno de nuestros próceres, es que eran personas cultas, enteradas no solo del desarrollo de las teorías políticas, que impulsaban los contractualistas clásicos, sino también del enciclopedismo revolucionario del siglo XVIII y de las corrientes constitucionalistas que ya habían surgido como expresión del Pacto Social de la convivencia política. Las personas que asumieron el impulso de la independencia eran cultas y políticamente avanzadas.

La independencia del país ha suscitado un debate que ya lleva muchos años: el 15 de septiembre o el 29 de octubre de 1821. Háblenos de las dos actas y la relevancia que tiene cada una de ellas.  

–Las dos Actas son importantes. La del 15 de septiembre refiere a la decisión de Guatemala de declarar su independencia, en cierta forma presionados, en Guatemala, por los movimientos que realizaba Agustín de Iturbide en México, y los actos de independencia que habían sido declarados en Ciudad Real, Comitán y Tuxtla, que en ese sentido habían roto con Guatemala, de la que formaban parte para unirse a México, provocando la desintegración de la Capitanía General o del antiguo Reino de Guatemala, que para efectos de su administración tenía dos grandes secciones, Guatemala y León de Nicaragua, por lo que a nosotros nos llegaron las Actas de Guatemala y la de Léon del 28 de septiembre, la de los Nublados del día, como se le conoce, y luego la del 11 de octubre de León, donde rectifican su débil pronunciamiento del 28 de septiembre. La decisión de Guatemala se ordenó comunicar al interior de la Capitanía para que cada provincia resolviera lo propio, así lo hizo El Salvador el 21 de setiembre; Nicaragua y Comayagua (Honduras) el 28 de setiembre y Costa Rica el 29 de octubre. El acto destacable en ambas actas, la de Guatemala y la de Costa Rica es la declaración contundente de la independencia de España. Esto es lo relevante, lo más importante, y eso es lo que celebramos, en el Bicentenario, la independencia de España.

 –El Acta de independencia del 29 de octubre llamaba a unirse al Imperio de Iturbide en México.  

–Así lo hicieron Ciudad Real, Tuxtla Comitán, El Salvador y Comayagua (Honduras). En el Acta del 15 de septiembre, declarada la independencia, permanecen a cargo del gobierno en Guatemala las autoridades coloniales existentes, con una Junta Provisional Consultiva. En el caso de Costa Rica, el Acta del 29 de octubre después de Declarar la “Independencia absoluta del gobierno español”, dispone en su artículo segundo “observar la Constitución y Leyes que promulgue el gobierno mexicano” en concordancia con el Plan de Iguala, siguiendo en cierta forma lo actuado por el resto de los territorios de la Capitanía, y por la tradición histórica de la unidad regional existente antes de la independencia, donde todos éramos también parte del viejo Virreinato de México.

En Costa Rica la autoridad colonial quedó provisional mientras se sometía a juramento la decisión del 29 de octubre y hasta que se desconoció su autoridad provisional y se integró la Junta de Legados, que a su vez ordenó redactar el Pacto de Concordia. Desintegrado el Virreinato de México, y el Imperio de Iturbide, se mantuvo la idea de la unidad regional que habíamos tenidos hasta el 15 de septiembre, que se materializó en la Constitución de las Provincias Unidas de Centroamérica en 1823 y en la República Federal de Centroamérica a partir de 1824, desarrollando el Estado de Costa Rica como parte de esta otra unidad política. Lo señalado en el Acta del 29 de octubre respecto a observar las leyes y constitución mexicana, lo que no se materializó, porque el Imperio de Iturbide se desdibujó y el mismo Iturbide desapareció políticamente, no demerita la declaración de independencia de España, que fue lo trascendental de esta acta, y es lo que celebraremos entre el 15 de septiembre y el 29 de octubre próximos.

El acta de Guatemala ya daba carta al ciudadano y le otorgaba la posibilidad de voto a los africanos, lo cual para la época era un paso de gran relevancia que más tarde –1824—se iba a concretar en toda regla. ¿A qué atribuye que esa visión fuera posible? 

–El Acta del 15 de septiembre al establecer los mecanismos de elección de diputados al Congreso, que debía conocer en definitiva lo resuelto en torno a la independencia, dispuso que se tomara en cuenta  “sin excluir de la ciudadanía a los originarios de África”.

El Acta, de esta manera, dejó de lado el vasallaje y la servidumbre, en cierta forma proclamó la ciudadanía, y al nuevo ser social y político de la Independencia, al ciudadano, y comprendió en ello a los negros. De hecho abolió la esclavitud, lo que después en 1824 se estableció por la República Federal.

En 1975 el Presidente Daniel Oduber y su Ministra de Cultura, Carmen Naranjo, publicaron el decreto 5303 que establecía como fecha de celebración de la independencia el 29 de octubre. ¿Por qué cree que no se respeta?

–No ha habido una política de Estado, ni de gobiernos, que le dé continuidad, y firmeza a ese Decreto. Cada año los Ministerios de Cultura y  de Educación, y el Poder Ejecutivo y Legislativo, deberían desarrollar actividades nacionales para festejar con toda la pompa esta fecha del 29 de octubre. En cierta forma a la clase política que ha gobernado Costa Rica le molesta que se festejen estas fechas de afirmación de lo nacional, de lo costarricense. Se desdibujan los actores políticos como la España colonial, autoritaria, despótica, opresora, como reconoció, de esa manera, a la autoridad colonial, Juan Manuel de Cañas, en su momento. Del mismo modo se habla de “filibusteros” y no de “filibusteros norteamericanos”, los de William Walker, donde se desdibuja la presencia dominadora y expansionista de los Estados Unidos en ese tiempo y de esa forma. Necesitamos mejorar en este sentido los programas educativos, de manera que en el globalismo existente se afirmen con más fuerza los sentimientos y valores nacionales y de la identidad costarricense.

En el camino de esa independencia se cruzó el federalismo centroamericano. ¿Dicho proyecto, desde un principio, dadas las características de las entonces provincias de Centroamérica, estaba condenado al fracaso?  

–En cierta forma sí. Desde la existencia de la Capitanía General o del Reino de Guatemala, las unidades políticas que lo constituían eran débiles entre sí. En ocasiones, y no pocas, las relaciones se hacían directamente con España, y no con Guatemala ni con México. Al finalizar la colonia, después de las reformas borbónicas, con la ocupación francesa de España, con la Constitución de Cádiz y su suspensión hasta 1820, esas estructuras se debilitaron al interior centroamericano, lo que quizá también influyó para sentirse atraídos hacia el Imperio de Iturbide por parte de sectores centroamericanos, y que también se evidenció en el mismo proceso unionista de las Provincias Unidas o de la República Federal, que terminó fracasando, como fue más contundente su fracaso en la época en que el Presidente Barrios de Guatemala lo intentó de nuevos en la segunda mitad del siglo XIX. 

¿La celebración de este bicentenario es una oportunidad inmejorable para que desde la academia, el gobierno y las instituciones de educación media y primaria se impulse un mayor acercamiento a nuestra historia en todas sus vertientes?

–Totalmente de acuerdo. Estoy seguro de que a partir de esta celebración habrá mayor y mejor discusión, como investigación ha habido, sobre esta historia vinculada al proceso de la Independencia, y del mismo modo provocará más entusiasmo por la Historia Nacional, en todas sus expresiones.

Doscientos años después de la independencia, ¿qué tan sólida o frágil es la democracia costarricense?  

–Es sólida en Costa Rica y es un referente mundial por su ejemplo. Tan solo señalo que desde 1882 el proceso electoral ha sido bastante estable, y solo se ha alterado por los sucesos  de noviembre de 1889, del Golpe de Estado de Federico Tinoco contra Alfredo González Flores, en 1917, y por los eventos de la Guerra Civil, que culminaron con el Golpe de Estado de José Figueres contra Otilio Ulate, el 1° de mayo de 1948, a quien no le entregó el Gobierno hasta 1949.  Por el sistema y régimen de partidos políticos que se ha desarrollado, por los Derechos Sociales, Políticos y Humanos que se han impulsado, por la abolición del Ejército, por la igualdad jurídica y política que se ha alcanzado en el país para todas las personas y por garantizar su efectividad para la mujeres, por los niveles de vida, educación y de salud alcanzados.

Hay, sin embargo, todavía debilidades en la democracia costarricense como: pobreza, pobreza extrema,  la situación laboral de la mujer, el trabajo informal, bajos salarios e ingresos de las personas, encarecimiento de la vida, acumulación de riqueza y brecha social cada vez más amplia, entre riqueza y pobreza, mala distribución de la riqueza, desarrollo de la corrupción como prácticas de comportamientos de funcionarios públicos y del sector privado, exclusión y deserción escolar, y exclusión y marginación de las comunidades indígenas. Todos esos males los  arrastramos como cadenas dentro de nuestra independencia y democracia y en el contexto del bicentenario.

 En ese camino forjado a lo largo de estos 200 años de vida independiente, ¿cuáles son para usted las principales figuras de nuestro sistema político?  

–En el orden político, porque les ha tocado estar a cargo del ejercicio del Gobierno, destaco por obras que en sus gobiernos se hicieron o por su relevancia a: Juan Mora Fernández; Braulio Carrillo; José María Castro Madriz; Juan Rafael Mora Porras; Jesús Jiménez Zamora; Tomás Guardia Gutiérrez; Bernardo Soto; Próspero Fernández; Carlos Durán; Ricardo Jiménez Oreamuno; Cleto González Víquez; Rafael Ángel Calderón Guardia; Teodoro Picado Michalski; José Figueres Ferrer; Daniel Oduber Quirós; Óscar Arias Sánchez, y Miguel Angel Rodríguez.

De la nación impulsada por los liberales, pasando por las aspiraciones de la Segunda República de Figueres, ¿qué ha quedado de aquellos grandes anhelos de unos y otros?  

–La Costa Rica que tenemos hoy, el Estado de Derecho, el Estado Social y Democrático de Derecho, una Costa Rica de Derechos Humanos en evolución y afirmación constante, un país sin Ejército, un país que descansa su representación política en un sistema de partidos políticos bastante sólido, y un país de ejercicio de libertades.

Desde la óptica histórica, ¿a qué recursos debería apelar el país para salir de la profunda crisis institucional que padece al celebrarse el bicentenario?  

–A la fuerza moral del pueblo costarricense.

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