Explorador de National Geographic

Ricardo Azarcoya: “Es la mejor época para ser fotógrafo”

Lo suyo es lo documental y, a sus 41 años, aún se siente como aquel niño de 9 años que levantaba una cámara por primera vez.

Desde el corazón de la selva en Chiapas hasta la jungla de concreto de Nueva York, una cámara dispara sigilosa pero firme. Su misión es capturar la esencia del momento, congelar la historia y narrar lo que la ha llevado hasta allí.

Detrás del lente, curioso, se encuentra Ricardo Azarcoya, un fotógrafo mexicano que se dedica a explorar el mundo para National Geographic. Al hombro lleva su cámara; en el bolsillo del pantalón, porta una imagen de la Virgen de Guadalupe que le regaló su madre a los 20 años cuando empezó a sus estudios en fotografía –a la que él le colocó una estampilla de la revista como brújula–; y, en su pupila, viste las conversaciones sostenidas con quienes hasta días después empieza a retratar.

Al otro lado, se observa la selva donde habita la tribu lacandona de Chiapas, guacamayas volando en el Sótano de Barro en Querétaro, el amanecer en Machu Picchu o cualquier contexto que llame su atención.

En su paso por Costa Rica, durante la charla El poder de la fotografía y la magia de una historia, llevada a cabo en el Centro Cultural Costarricense Norteamericano (CCCN) el pasado jueves 9 de agosto, UNIVERSIDAD conversó con “Rikky” Azarcoya sobre el poder de la imagen en los tiempos actuales.

Embajador para Canon desde 2009, explorador para National Geographic desde 2016 y fotógrafo desde hace 20 años, ve en la fotografía la ventana para inspirar.

Estamos viviendo un mundo convulso. ¿Cómo se hace fotografía documental en tiempos tan cambiantes como estos?

–Yo creo que ahorita es una etapa del mundo muy interesante por todo lo que está pasando. Siempre han pasado cosas, pero hoy en día nos enteramos más rápido porque lo que mueve al mundo es la inmediatez.

Con todas estas herramientas que hay, estamos en un gran momento para contar historias. No es nada más para registrar y publicar alguna imagen muy gráfica; es contar por qué y llevarlos atrás en el contexto de la historia. Creo que ahorita es la mejor época para ser fotógrafo, para hacer narrativa.

Por otro lado, creo que estamos reescribiendo nuestro contrato con el planeta tierra. Estamos viendo cómo nos reorganizamos porque ya le hicimos daño, y ahorita es momento de empezar a actuar. Todo lo que está pasando viene de esto.

Creo que es un gran momento para contar todas estas historias, inspirar a la gente para que se involucre, y que hagamos el cambio.

Su trabajo se centra en una narrativa meramente humana. ¿Qué similitudes ha encontrado entre los distintos grupos a los que ha fotografiado? ¿O somos realmente tan diferentes entre nosotros como se piensa?

–La similitud existe y ni siquiera nos tenemos que ir a los pueblos indígenas. Existe entre tú y yo. Yo vengo de México y tú eres de Costa Rica, y ahorita conocí a un nicaragüense y a un peruano, y nada más por el idioma ya nos conectamos. Yo aquí me siento como en México, te soy sincero, y en Latinoamérica me pasa siempre lo mismo; creo que estamos muy conectados.

Hablando de las culturas indígenas que he logrado conocer, y que me gusta leer, veo que sigue pasando lo mismo: van en desvanecimiento y también es porque estamos expandiéndonos como seres humanos. La migración es necesaria y es un tema hoy; entonces, a mí no me asusta pensar que hay pueblos que van a desaparecer, creo que simplemente son los mismos pueblos en una generación distinta.

Por ejemplo, los lacandones: que no vistan la túnica, que se corten el cabello, que sean licenciados y sean empresarios es otra cosa, pero son lacandones, es una nueva generación. No es desaparición, es simple evolución. Tú y yo hemos evolucionado, y tenemos nuevas aspiraciones.

A mí lo que me apasiona, y mi responsabilidad como fotógrafo y narrador de historias, es aprender de ellos, y lo que más me gusta es su sabiduría, esa conexión con la naturaleza y las estrellas y que nadie la conoce. Más allá de si viven en la selva, esa sabiduría es la que a mí, Ricardo, me ha enseñado a reconectarme conmigo mismo y a entender que todos estamos conectados.

Cuando usted llega a un lugar nuevo para un fotoreportaje, ¿cuál es el primer paso que se da? ¿Qué se necesita para hacer un buen fotoreportaje?

–Son varias cosas. Lo primero es que tienes que ser muy sincero. Los proyectos que yo hago me mueven. Lo de los lacandones sale porque tenía años interesado por esa cultura, y empezaba a leer y estaba enamorado de ellos. Cuando estoy ahí, no levanto la cámara el primer día. Tengo primero que platicar con ellos, pero no llego como “hola, soy explorador de National Geographic”, no, llego como cualquier persona.

Intento ser muy abierto, muy respetuoso de una cultura maya, muy cuidadoso e ir a su ritmo. Lo que yo hago es dejar que ellos me lleven por los temas que ellos quieran, y de repente son muy sencillos como el fútbol o la música, y poco a poco vas generando esa confianza hasta que ya puedo levantar la cámara.

A veces estoy dos días antes con la cámara colgada al hombro para que vean que llevo cámara, para que se vayan preparando mentalmente de que en algún momento la voy a levantar. Después lo que hago es que en vez de levantarla sin permiso entablo una conversación, y lo que hago es: “¿Me permite tomarle una foto esta mañana? La luz está increíble”, y ahí ya rompí el hielo, pero todavía no estoy fotografiando su esencia.

Es un trabajo de varias semanas y lo que intento hacer es que lo mismo que yo les pregunto debe ser lo mismo que estoy dispuesto a responder de mi vida. Esa es mi forma de medirlo. Conforme más tiempo conviva con ellos, más amplio es ese límite, al punto de que son a veces ellos quienes me empiezan a contar.

¿En qué está trabajando actualmente?

–Estoy terminando un trabajo sobre el vuelo de las guacamayas con mis editores en Argentina, porque se va a publicar en digital y luego en la revista. Ahorita estoy concentrado en eso.

Estoy empezando a escribir mi próximo proyecto con National Geographic sobre migración, porque me llama la atención qué es lo que mueve al hombre para estarse moviendo, porque desde el hombre de la caverna hemos estado en movimiento, pero hoy en día la migración parece ser un problema.

Me gustaría hacer un proyecto que empiece desde la migración indígena, porque ahí podría estar todo. ¿Por qué los indígenas salen de sus pueblos, luego van a un poblado más grande y luego a la frontera? Quiero contar una historia pero desde la parte indígena, hasta llegar a la frontera con Estados Unidos y a la separación de padres e hijos.

 

 

 

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