Jóvenes con discapacidad asumen estudio universitario sin miedo a barreras sociales

María del Pilar Riveros cumplió el 15 de febrero quince años de haber perdido sus dos piernas en un accidente de metro en Argentina.

María del Pilar Riveros cumplió el 15 de febrero quince años de haber perdido sus dos piernas en un accidente de metro en Argentina. Pese a las dificultades en el camino y lo que significó perder parte de su movilidad, el cursar una carrera y alcanzar la meta de graduarse como profesional fue algo que nunca perdió de vista.

Sentada en la silla de ruedas frente a una sala llena de personas que la escuchaban con admiración, recuerda uno de los primeros días de universidad: “Un día en la mañana venía subiendo una cuesta en la silla de ruedas; ya no daba más, solo deseaba que apareciera alguien  a ayudarme”.

“Escuché una voz que me preguntó sí me podía ayudar, le dije que sí, que me dirigía a Ciencias Sociales de la Universidad Nacional. Él me dejó en la entrada”. Tiempo después, Rivero se daría cuenta que esa persona era un profesor a quien hoy, junto con otros que tuvo durante su vida universitaria, le agradecería por abrirle las puertas de la institución.

El 14 de febrero, este fue uno de los testimonios que resonó en la Sala Rodolfo Cisneros de la UNA, junto con el de otros tres jóvenes. Todos son estudiantes de la Escuela de Administración y también tienen una condición especial.

Este encuentro se organizó como un espacio para compartir experiencias y mostrar que, más a allá de la discapacidad, no existen limitaciones ni personales ni sociales para cursar una carrera universitaria.

Dificultades universitarias 

Junto a María del Pilar Rivero, estuvo Henry Quirós, quien perdió parcialmente la vista por un desprendimiento de retina; Carlos Fonseca, quien nació con parálisis, y Jeferzon Rodríguez, joven de 20 años con parálisis cerebral, quien aún no entra a la universidad, pero desde ya tiene muchas metas académicas por cumplir.

Henry Quirós, de 34 años, está por finalizar la carrera y, cuando ya había iniciado la universidad, perdió la vista. Recuerda que, después de que este hecho ocurrió, uno de los obstáculos fue hallar un método que le permitiera tener un fácil acceso a la lectura teórica, que ya no podía hacer como antes.

“Yo tengo muchos amigos con discapacidad visual, incluso, antes de que me ocurriera. Sabía que tenían programas de lector de pantalla, entonces yo empecé a buscar eso” recordó Quirós.

Así fue como logró aprobar los dos primeros cursos teóricos que matriculó luego de haber perdido la vista. El próximo paso era, según contó, matricular cursos con números.

En su camino, haberse topado con profesores anuentes a buscar otros métodos de enseñanza fue fundamental; sin embargo, los obstáculos con algunos otros no pasaron inadvertidos.

“Los profesores maneja al dedillo lo que nos dan. Repiten la materia y le suman conocimientos cada semestre, pero, cuando llega alguien con una condición diferente, el reto es cómo hacer para que eso sea sencillo y accesible”, indicó Henry Quirós.

“Una vez  un profesor me dijo que tenía que pagarle si quería que hiciera la clase distinta, otro me dijo que no me sentara atrás porque no iba a gritar”, cuenta Quirós.

Este estudiante, al hablar su experiencia, la resumió en una frase particular: “Hay que salir y embarrialarse en la cancha”.

Según recordó María del Pilar Riveros, uno de los problemas que tuvo en varias ocasiones fue la infraestructura.

“Recibía casi siempre clases en el primer piso, pero, cuando eran en otros pisos más arriba, a veces el ascensor no funcionaba y era un problema porque, por ejemplo, en caso de un sismo, no tenía la capacidad para desplazarme rápidamente”, describió.

Aunque han topado con dificultades, las cosas positivas han sido mayores, según dijo Carlos Fonseca, quien acaba de iniciar la práctica profesional de la carrera de Administración.  “Una de las cosas fundamentales en la universidad ha sido el calor humano”, aseveró.

“De los profesores, nunca recibí rechazo, pero, de la demás gente, algunas veces sí. Yo digo que por cada persona mala, hay mil personas buenas. Para mí, el estudio ha sido una experiencia gratificante “, indicó Fonseca.

Por su parte y aunque le faltan algunos años, Jeferzon Rodríguez desde ya sueña con el momento de llegar a la universidad y estudiar lo que siempre ha querido. El joven por su discapacidad no puede hablar, se comunica por medio de una computadora y por señas que le hace a su madre Marjorie Martínez. En especial tiene una meta y es llegar  a estudiar en Harvard algún día. Desde ya saber que la UNA  lo recibirá como le han hecho saber, le llena de emoción.

Abrir las puertas

Actualmente la escuela de Administración cuenta con unos cinco estudiantes que tiene algún tipo de discapacidad, según cuenta, Floribeth Solís, directora de la escuela de Administración.

Durante la actividad estuvieron presentes catedráticos de la escuela de Ciencias Sociales de la Universidad, como la Directora de la escuela de Administración, Floribeth Solís, el académico, Gustavo Vallejo, la directora de la práctica supervisada Kattia Vasconcelos.

“La idea es abrirles el espacio a pesar de las barreras que existen. Iniciamos actividades como esta, una de las motivaciones para generar un espacio de conversación”, indicó la directora.

Además resaltó que el enfoque que tiene la escuela es que los estudiantes con necesidades especiales, logren llegar hasta el final  y  encuentren una posibilidad laboral.

 


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