La poesía minera se viste de luto

En la literatura la palabra es vencedora del tiempo y del espacio.
Robert Escarpit

Se fue en el mes de la lluvia la poetisa costarricense Ofelia Gamboa Solórzano.

Nació en las Juntas de Abangares en 1924 y supo, desde muy temprana edad, sentir los avatares de los mineros que laboraban en la extracción del oro, bajo la tutela de las compañías extranjeras estadounidenses, las cuales explotaron sin piedad, desde 1890 a 1940, las ricas tierras abangareñas.

Así, como Carlos Luis Fallas recreó en su novela Mamita Yunai el drama y la tragedia de los trabajadores bananeros, de igual forma, Gamboa encarna en su producción literaria los discursos poéticos y narrativos más dramáticos de la literatura minera costarricense del siglo XX:

“Aquel verano de 1928 era como los anteriores, bajo el cálido sol que abrasaba hasta el último granito de polvo de la tierra minera, cuando un día, al señalar las manecillas del reloj las nueve de la mañana, en forma sorpresiva el grito limpio y familiar de la sirena se escuchó, larga e insistentemente, alarmando a los vecinos de Las Juntas, quienes, dejando a un lado sus diversos quehaceres, se lanzaron corriendo a las calles, gritando: “¡Desgracia! ¡Derrumbe! ¡Derrumbe en los túneles!”.

Esa tragedia acaecida en la mina Tres Hermanos se podría considerar la marca cultural simbólica que desencadenó, años después, su producción literaria.

Así continúa el relato Tragedia:

“Mis escasos cuatro años no me permitían asimilar el significado de aquellas exclamaciones…”

Sin embargo, ese vínculo subterráneo se quedó para siempre:

“…Al día siguiente de la tragedia, un nutrido acompañamiento de vecinos marchó al camposanto del pueblo, para dar sepultura a los que habían muerto de una manera tan cruel, en el túnel de la mina Tres Hermanos.”

En su primera etapa, en el contexto literario y cultural sobresale su amistad con María Leal de Noguera, quien recreó los cuentos de caminos en Cuentos Viejos. Asimismo, Eulogio Porras, conocido bajo el seudónimo literario de Aníbal Reni, publicó en 1936 Sacanjuches, una serie de cuentos guanacastecos. Todos ellos representan una generación que incursionó en los temas regionalistas.

Y, como una excepción, irrumpe en el universo temático minero un espacio humanizado en medio de la fatiga y del dolor: la Fonda.  Estas eran atendidas por mujeres, cuyos nombres se evocan con nostalgia: Ana  María, Clara, entre otras, ellas cobijaban las penas de los mineros:

“…La fonda muy quieta recogía madrugadas de mineros bostezando empeños de piquetas y barrenos, en agobio de sudores y fatigas… En apremios de herrumbrado pan sin savia…”

Los títulos de las poesías nos recrean también al expoliador: Míster Keith, asimismo, los alzamientos colectivos Ecos de una huelga son también parte del discurso poético. También, Los Mazos, una edificación emblemática en el complejo de las minas. Las parteras aparecen recreadas en Comadronas, personajes de las minas: Los Segura, Maldonado y Rocafuerte, Papucho…

La producción literaria de Ofelia Gamboa se enmarca en los géneros de la poesía y la narrativa, donde sobresalen el  relato corto y el cuento.

Algunas de las publicaciones son: Oro y Sol (Ministerio de Cultura Juventud y Deportes, 1990), El expreso de la mina (Ediciones Zúñiga y Cabal, 1994), Matices, (Imprenta Liberia, 2013). Dejó una abundante producción literaria inédita.

Y, aunque sobresale la temática minera en sus relatos y poesías, también son recreados algunos personajes emblemáticos y contestatarios; entre ellos el doctor Vargas, quien proponía en su ideario político, la dignificación del guanacasteco. De ahí nace el poema: “El grito de Vargas”:

“…Ranchos perdidos en la lejanía/cobijando miseria y orfandades/amparando de tarde, noche y día/ tristeza, desazón y enfermedades…”

De gran importancia en su quehacer como escritora, fue su participación en el Círculo Literario de Guanacaste. En diversas ocasiones viajó a Liberia, sede del Círculo Literario, en compañía de Víctor Quirós, otro emblemático escritor que incursionó también en la temática minera.

Marco Tulio Gardela, Miguel Fajardo y Ligia Zúñiga, del Círculo Literario de Guanacaste, fueron  poetas cercanos a la escritora y difundieron su producción literaria en revistas y periódicos de la región guanacasteca.

Ofelia Gamboa, como toda una institución, fue también maestra y una activa promotora del Ecomuseo Minero de Abangares, el cual es una ventana abierta para conocer el pasado y el presente minero. El Ecomuseo Minero fue reinaugurado en junio del 2018. La Universidad de Costa Rica, participó activamente en el proyecto denominado: Relanzamiento  del Ecomuseo Minero Abangares.

La biblioteca de las Juntas de Abangares lleva su nombre; sin embargo, la vieja casa donde funcionaba fue destruida. Solo quedó una solitaria placa con su nombre. Actualmente, los abangareños están a la espera de una nueva edificación y, por consiguiente, su reapertura.

El Taller Literario de Abangares, que funciona desde el 2008, en su publicación Molinete, destacó el quehacer de la escritora, y publicó el poema “Pregón”, del libro de relatos y poemas El expreso de la mina.

Asimismo, en el 2010, los miembros del Taller realizaron una entrevista en su casa de habitación en Las Juntas de Abangares. Allí, en compañía de su hija, la historiadora Elieth Montoya Gamboa, entre tazas de café, compartió sus experiencias de vida y sus diversas etapas como escritora. Cuando se le preguntó acerca de sus inicios en el campo de la literatura, respondió:

“Escribo desde la escuela, porque en la escuela estimulaban mucho la escritura, en ese tiempo se llamaba composición. La maestra nos decía: ‘hagan una composición sobre la carreta, sobre el agua, la lluvia, o sobre lo que ustedes quieran’. Entonces, los alumnos hacíamos una redacción. Yo siempre me sacaba un diez…”

Y, prosigue en otra parte de la entrevista:

“Después comencé a escribir sobre los mineros, porque era lo que yo estaba viviendo…”

Con su muerte, pierde Costa Rica una mujer ícono de la literatura y la cultura guanacastecas. Su legado literario es una herida abierta en una región donde aún persisten grandes desigualdades:

“…La mina sin tiempo corta las malditas/ sombras del olvido que huye por los rieles/ mientras juega el viento a las escondidas/ con la vieja fonda sin lumbre y sin gente.”

“Orbe Mina”

(Tomado de: El expreso de la mina)

La mina sin tiempo corta los olvidos

desnudando sombras de quietos taladros,

retorciendo viejos rieles herrumbrados

cubiertos de toses e insólitos ruidos.

Acentos tenaces maldiciendo “machos”…

¿Son los Bertarioni o Tuno tal vez?

¿Serán los Segura, siempre renegando

por los densos gases del túnel aquel?

Entraña que encierra voz de violoncelo

en la amarga queja con sabor de sangre,

que pulsa en la cuerda del grávido invierno

o el arduo verano del sol agobiante.

-“Macho” ¡hijo de perra! …Eco de penumbra

rasgando en la noche los tules del miedo,

trayendo en las horas voces de ultratumba

de vanas protestas en muertos pretéritos.

¿Es Tuno, Librado o los Bertarioni?

¿O son los Segura escupiendo rabia

con sabor a herrumbre por la silicosis

que oprime inclemente sus carnes sin savia?

La mina sin tiempo corta las malditas

sombras del olvido que huyen por los rieles

mientras juega el viento a las escondidas

con la vieja fonda sin lumbre y sin gente.


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