Suplementos

La gigantesca huella de Mario Devandas Brenes

“No te preocuparon desaires ni groserías que alguna vez te hicieron, como no te preocupó pasar casi cuatro meses de prisión por impedir la privatización del ICE. Para vos había causas superiores de vida:

  1. Promover la participación y organización de los trabajadores y de los ciudadanos en general en la lucha por la defensa y ampliación de sus derechos.
  2. La unidad de las organizaciones sindicales tras un programa unitario para enfrentar la estrategia común de las grandes empresas nacionales y extranjeras radicadas en el país.
  3. La unidad de los sectores progresistas y democráticos para darle nacimiento a un gobierno de corte democrático y popular.
  4. La solidaridad con los más necesitados y la lucha por el bien común.”

Albino Devandas Brenes

Querido Mario: ¡Naciste en Navidad!

Después de casi cinco décadas de una vida fecunda, siempre en la lucha, de manera decidida y consecuente, con coraje y determinación ciertos además de profundos, al lado de los sectores populares en defensa de las instituciones y del Estado Social de Derecho, aportando al pensamiento social su inmensa pasión y rigurosidad analítica, como unas cualidades esenciales que siempre lo caracterizaron, el compañero Mario Devandas Brenes (1946-2020) nos ha dejado en esta madrugada del día de Navidad del año 2020. La noticia corrió como un reguero de pólvora, trayéndonos un alud de recuerdos que sacudieron nuestra mente e hicieron aflorar nuestros más caros sentimientos, una nota de tristeza y de dolor se apoderó de la escena, al menos por un rato, aunque luego vino la reflexión que debe conducirnos a situar en su justa dimensión histórica la memoria de un hombre que “jamás descansó en paz”, contraponiendo su fecunda existencia con ese lugar común al que se aferran los seres humanos ante el avasallador misterio inextricable de eso que llamamos “la muerte”.

Nada que ver con el indomable espíritu de este hombre que conocí en el Partido Socialista de Costa Rica, en el que milité por un breve período a mi llegada de Chile, después de golpe militar de 1973, no sin antes haber recibido la poderosa influencia del ethos del Partido Socialista de Chile, esa que se fue diluyendo en el exilio chileno y en los treinta años de la posdictadura, disfrazada de democracia, que se implantó en ese país, a partir de 1990, con los gobiernos de la des-concertación y de la derecha strictu sensu que sucedieron al pinochetismo. Sobre militancias, ideas y principios Mario representó todo un capítulo de la lucha política que trascendió al Partido Socialista, en el que militó también con audacia y determinación, manteniendo un gran apego a la democracia interior en la vida partidaria, principios que como él manifestó, posteriormente, lo llevaron más tarde a alejarse de ese partido y después de la militancia partidaria. Habiendo llegado a la Asamblea Legislativa como diputado de la Coalición Pueblo Unido, en 1978, su trabajo y su lucha incesante lo llevaron hacia planos más elevados de ella, de tal manera que para los primeros años de la década de los ochenta se había convertido en uno de los dirigentes más importantes de la izquierda costarricense. Sostuvo siempre que él y sus compañeros de entonces ligaron siempre el trabajo parlamentario con la lucha callejera y el contacto directo con la población (ver al respecto una reciente entrevista suya para la Asociación Nacional de Empleados Públicos ANEP).

Mario Devandas Brenes, visto desde la perspectiva de la larga duración histórica, fue un hombre cabal además de un luchador y un combatiente decidido, cuya acción siempre estuvo ligada al pensamiento sistemático y a la reflexión rigurosa y atenta sobre los orígenes y causas más profundas que lo llevaban al terreno de la lucha social, en especial durante aquella década de los setenta del siglo anterior, donde el escenario se prestaba para dar lugar a muchas confusiones. Nos dejó un hombre que representó los valores más altos en la defensa de la institucionalidad costarricense (todavía no alcanzamos a evaluar y a palpar lo que significa tan tremenda pérdida, la que no termina de golpearnos en pleno rostro), los que se expresaron desde el alfa original en su defensa del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), como punto de partida y en el omega con que se cerró su existencia luchando sin descanso, y procurando elaborar una estrategia para defender de una enorme cantidad de asechanzas de todo tipo a la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS), al sistema nacional de salud y al régimen de jubilaciones del IVM, ligados ambos a las finanzas de una institución asediada desde hace varias décadas por los intereses del capital financiero y de la medicina privada que ha venido proliferando en Costa Rica.

Hoy más que nunca esa memoria de lucha, expresada en la vida de Mario Devandas, se encuentra amenazada por las clases dominantes y sus corifeos de todo tipo que siguen venciendo, como decía Walter Benjamin en sus Tesis Sobre La Historia de 1940. “Encender en el pasado la chispa de la esperanza es un don que solo se encuentra en aquel historiador que está compenetrado con esto: tampoco los muertos están a salvo del enemigo, si este vence. Y este enemigo no ha cesado de vencer” (op.cit p.22), sobre todo ahora que Mario pasa a ser parte del pasado, pero también del eterno presente de nuestras luchas y esperanzas, cuando desde cierto progresismo y desde una izquierda boba tratan de confundirnos también, por eso Mario vivirá siempre en la memoria de las más auténticas luchas populares.

La pandemia del COVID-19 como un fenómeno social, clínico, económico y político total vino a ser la gota que derramó el vaso, hasta el final Mario estuvo analizando ese fenómeno tan complejo y único e intentando dar salida a situaciones y fuerzas macro que excedían con mucho a las suyas, dentro de este fatídico año de 2020. Esa tarea la llevó a cabo hacia el interior de la junta directiva de la CCSS, como representante de los trabajadores en la institución e intentando hacer conciencia hacia el conjunto de la población acerca de la gravedad y la importancia del tema, como una especie de leiv motiv que caracterizó su larga lucha de décadas sin pendejeras ni miserias de poca monta, dentro de la que fue una fructífera existencia al servicio de nuestro pueblo. Esa vida que le fue arrebatada por una cruel enfermedad que afrontó con una dosis de estoicismo y optimismo, según nos lo han dicho sus seres queridos más cercanos.

La vieja socialdemocracia costarricense del PLN, ni siquiera en sus mejores momentos, cuando todavía la oleada neoliberal no había alcanzado nuestras playas y todavía mantenía algunos arrestos keynesianos, dejó de tener vacilaciones y se fue deslizando en derivas como aquella de la “desnacionalización del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE)”, la que Mario no solo detectó sino que combatió con gran determinación durante aquel gobierno de Daniel Oduber Quirós (1974-1978), que se había empezado a embarcar por ese camino regresivo, su visión y diagnóstico fueron estratégicos y marcaron un parteaguas que habría de caracterizar a las luchas que vendrían. Enfrentándose a la legislación represiva contenida con el Código Penal que castigaba el ejercicio de la protesta social con penas de cárcel, se lanzó a la lucha social desde el sindicalismo con la heroica huelga de mediados de 1976, de los trabajadores del ICE, interponiéndose en el camino de su privatización, a la cabeza de Asdeice junto con el ingeniero Luis Fernando Alfaro. Protesta que fue ferozmente reprimida y les acarreó a ambos dirigentes casi cuatro meses de cárcel y toda clase de insultos y vejaciones. De ese tamaño, era ya el Mario Devandas que empezaba su larga lucha en medio de aquella coyuntura tan difícil para defender una de las instituciones más importantes para los costarricenses.

Mario nos dejó en medio de la más grande ofensiva del totalitarismo de una derecha insaciable, sanguinaria y defensora de los intereses del capital financiero, cuando sus corifeos y portavoces se preparan para asaltar lo poco que queda del Estado Social de Derecho, en medio de una atmósfera donde el odio se expresa todos los días hasta por los poros e intersticios más increíbles de la vida social. Solo nos queda retomar su banderas en lo que es para mí una especie de Requiem para Mario Devandas, ese ícono de la resistencia (social y popular), como bien lo caracterizó el también luchador y periodista Nelson Piedra Chinchilla o quizás una especie de Redoble por rancas, parafraseando o retomando el título de una de esas novelas épicas del recordado escritor peruano Manuel Scorza (1928-1983), fallecido en el exilio, en un accidente en el Aeropuerto de Barajas hace casi cuarenta años, donde el autor recupera la memoria de las luchas campesinas en los Andes Centrales del Perú de los años cincuenta y sesenta del siglo anterior, en homenaje a las de Mario que son las nuestras. Hasta la victoria siempre, compañero Mario Devandas Brenes, nos queda retomar con inteligencia y valor tus luchas y salir de los lugares comunes contra viento y marea, esos que no nos llevarán nunca a buen puerto.

Ir al contenido