Karl Ove Knausgård

“La ficción contemporánea está sobrevalorada”

Karl Ove Knausgård es el autor noruego de Mi lucha, una aclamada serie autobiográfica que incluye los tomos La muerte del padre

Karl Ove Knausgård es el autor noruego de Mi lucha, una aclamada serie autobiográfica que incluye los tomos La muerte del padre, Un hombre enamorado, El otro lado de la cara, La isla de la infancia, Bailando en la oscuridad y Tiene que llover. También es autor de El cuarteto de las estaciones, que tendrá una futura traducción al castellano. Las dos primeras partes, Otoño e Invierno, fueron enciclopedias del mundo material, escritas para su hija, entonces por nacer. La tercera, Primavera, relata un día de abril en los primeros años de vida de la niña.

–Hace unos tres años, usted dijo que se había aburrido de su estilo de escritura. ¿El cuarteto de las estaciones es un alejamiento de ese estilo?

–Quería hacer algo distinto de Mi lucha, ser mucho más objetivo, no introspectivo. Quería que estos libros fueran sobre el mundo exterior. Casi no hay psicología ni agitación interior. Quería que fueran más alegres, alejarme de todo lo que asocio con Mi lucha.

–Contienen descripciones impresionantes y bellos pasajes pero usted dice no estar interesado en escribir buenas oraciones. ¿Qué quiere decir con eso?

–Quiero tocar las emociones, instaurar una presencia en el libro con la cual el lector se pueda relacionar. Para esto, la belleza de una oración puede ser perturbadora. No estoy en contra de una buena oración pero no es lo que estoy tratando de lograr.

 –En Primavera, describe las presiones que sufrió su matrimonio por la depresión de su esposa Linda y su enojo porque ella no se hacía responsable de sí misma. Muchos escritores tendrían miedo de que los consideraran insensibles. ¿Eso le preocupaba?

–Quería describir cómo algo así, una depresión profunda, afecta el entorno, el pensamiento, los sentimientos, todo. Usted tiene que saber que estos no son pensamientos correctos, pero eso es lo que surge cuando uno se enfrenta a una situación como esa. Es importante ser abierto respecto de esas cosas, no avergonzarse. Ella, por supuesto, lo leyó y dijo que estaba bien, pero ya había hecho un documental para radio sobre la bipolaridad, que es brillante.

–Sus personajes son personas reales. ¿Cómo mantiene en pie el cartel de “Prohibida la entrada” cuando ha invitado a los lectores a su mundo?

–Creo que los lectores deben respetar mi intimidad pero no me enojo cuando me hacen preguntas personales porque entiendo el porqué. Para mí, estas son novelas y la vida es otra cosa. Hay mucho más que lo que escribí en los libros. Pero mostré algo personal y debo aceptar las consecuencias.

–Philip Roth solía citar a Czesław Miłosz: “Cuando nace un escritor en el seno de una familia, la familia se termina”. ¿Cree que hay algo de verdad en eso?

 –Sí, estoy de acuerdo. Eso vale para todos los tipos de escritura, no solo la autobiográfica. Tener un escritor en la familia es una maldición… para la familia. Me siento más o menos culpable cuando escribo. Esto tiene mucho que ver con mis hijos y tengo la responsabilidad de protegerlos, que es mucho mayor ahora que son grandes que cuando estaban en Mi lucha. Lo último que quiero hacer es explotarlos. Pero este libro también es un regalo para mi hija. Quizá lo valore cuando tenga 40 años. Yo no entendí a mis padres hasta que no cumplí 40.

–Un tema recurrente en su escritura es la cuestión de ser una buena persona. ¿Esto se ve acentuado, y complicado, al escribir sobre su propia vida?

–Desde que era chico, es una cuestión importante para mí. Siempre pensé que yo era bueno. Lo impactante es descubrir, a partir de las versiones de otras personas, que soy despiadado o descuidado o alguien que carece de empatía. Pero estoy tratando de ser lo más bueno que puedo. No es un chiste. Y la escritura es una huida de todo, un lugar donde soy libre. Tiene que haber algo despiadado, destructivo en ella. Cuando era más joven, me preguntaba si era posible ser buena persona y escritor. Y ahora, si es posible ser buen escritor y buen padre. Es más importante para mí en este momento ser un buen padre.

–Usted escribe que el autoengaño es la más humana de las características, un mecanismo de supervivencia. ¿Escribe como un intento de combatir el autoengaño o el escribir es otra forma de practicarlo?

 –De acuerdo con mi experiencia, cuando uno escribe, quiere la verdad y no quiere disculparse de ninguna manera. Pero hay algo en la escritura, su complejidad, que opera contra ese deseo. De modo que es ambas cosas al mismo tiempo. Hace poco alguien escribió sobre mí y no pude aceptarlo. Todavía no se ha publicado… quizá se publique. No pude aceptar esa versión pero es verdadera para esa persona. Fue muy duro darme cuenta de que esa era una forma posible de mirarme. Aprendí mucho más sobre mí al leer eso que al escribir desde adentro. Fue muy incómodo.

–¿Dónde vive ahora?

 –Vivo la mitad del tiempo en Londres y la mitad en Suecia. La semana que tengo a mis hijos vivo en Suecia y la semana que no los tengo estoy en Londres con el amor de mi vida. Es la combinación perfecta.

–¿Cuál es el último libro muy bueno que ha leído?

 –Estoy leyendo El hombre sin atributos de Robert Musil por primera vez. Lo empecé como veinte veces. No avancé mucho pero es una obra maestra. Disfruto de cada oración. Ese tipo de escritura ya no pasa.

–¿Qué novelistas y escritores de no ficción que trabajen hoy más admira?

–En no ficción, Svetlana Alexievich, que ganó el premio Nobel. Leí el libro sobre Chernobyl hace muchos años… absolutamente fantástico. Orlando Figes: su libro La Revolución Rusa, 1891-1924: la tragedia de un pueblo fue un libro de historia verdaderamente sobresaliente. Me gusta mucho Peter Handke. Tengo que mencionar a Salman Rushdie. A mí me educaron con una prosa minimalista y escueta y después vino él con esa explosión del lenguaje… fue muy importante para mí a los veintipico. Me gusta mucho Los versos satánicos. También Ian McEwan. Todavía lo leo con gran placer. Niños en el tiempo fue darme cuenta de todo cuando lo leí. De los escritores más recientes me gusta mucho Maggie Nelson, Los argonautas. Es muy hardcore.

–¿Qué libro le daría a una persona joven?

–Me gusta regalar Los libros de Terramar de Ursula K. Le Guin, en especial el primero. Mi madre me lo regaló cuando cumplí diez u once. Ese libro fue un punto de inflexión. Lo he leído muchas veces.

¿Qué libros cree que están más sobrevaluados?

–Creo que la ficción contemporánea está sumamente sobrevalorada, pero no puedo empezar a dar nombres porque también soy parte del bombo publicitario. Creo que hay uno o dos libros excelentes cada diez años. Nunca confío en las críticas.

–¿Qué planea leer a continuación?

El don apacible de Mijaíl Sholokhov. Me da mucha curiosidad Un caballo entra a un bar de David Grossman. Y después El Reino de Emmanuel Carrère. Leí 40 páginas. Me parece brillante.

Tomado de Ñ

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