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Historia, ciencia: ¿divertimentos?

Divertimentos de Historia de la Ciencia

Luis Guillermo Coronado

Ensayo

Antanaclasis Editores

2017

El profesor Luis Guillermo Coronado Céspedes no solo ha sido reconocido como el mejor y mayor especialista centroamericano en historia de las ciencias, como lo muestran sus múltiples publicaciones —alguna de las cuales he reseñado recientemente— sino también un apasionado maestro; hasta el punto de que ha convertido su hogar, ubicado en la Vieja Metrópoli, con la complicidad de su acogedora familia, en una cátedra donde ha impartido a sus devotos discípulos algunos de sus cursos en la modalidad de tutoría. Todo ello es descrito prolijamente y con no disimulado regocijo por uno de ellos en una nota titulada Agradecimiento, que encabeza el libro Divertimentos de Historia de la Ciencia (Antanaclasis, Editores, S.A. San José, 2017). Sus autores son Guillermo Coronado Céspedes, Javier Fernández Araya, Esaú Herrera Solís y Leonardo Ortiz Acuña y la Presentación es obra de Luis A. Camacho Naranjo.

Con una evocadora portada, sobria en su fondo, pero destacando el rostro de las principales figuras científicas allí estudiadas, esta obra constituye una serie, sólidamente documentada y de una gran actualidad, de investigaciones en torno a algunos tópicos de la historia de la ciencia y sus relaciones con otros saberes y quehaceres, tales como la teología y la política, en diversas épocas de la historia de Occidente. En este caso, se hace específica referencia al debate entre Galileo, el padre del método científico actual y las autoridades vaticanas. Este juicio-debate, que culminó en una condena al sabio toscano por parte del Tribunal de la Inquisición Romana, posee una trascendencia histórica que rebasa, y de lejos, los aspectos epistemológicos o biográficos de los principales protagonistas de este dramático acontecimiento.

Para valorar lo dicho no es necesario referirse a ese monumental y épico drama —obra cumbre de la dramaturgia contemporánea— que debemos al genio de Bertold Brecht; prueba de lo dicho es lo expresado por el Dr. Camacho, cuando afirma que en no poca medida el atraso en el desarrollo científico y tecnológico de los países de cultura católica, como fueron las colonias del Imperio español antes de 1821, hay que achacarlo al desafortunado desenlace de este “juicio”. Razón por la cual, debatir sobre estos temas no es un asunto que deba ser tomado como un “divertimento” entre especialistas y académicos; por el contrario, tiene mucho pero mucho que ver con lo que los latinoamericanos hemos sido en nuestra historia, cuya huella todavía constituye una hipoteca que no hemos terminado de saldar aún en la hora actual. Pienso que la relativamente poca inclinación de las mujeres a seguir carreras científicas y tecnológicas tiene que ver, no solo con el “machismo” tradicionalmente imperante en los pueblos latinos, sino también a causa de los resabios de prejuicios de difícil erradicación, en contra de los saberes científicos y sus aplicaciones tecnológicas. Sería de desear que, en libros, cursos académicos, investigaciones y mediante la divulgación en la prensa, Internet y otros medios se trate de estos temas, de modo que sean objeto de un debate que vaya más allá de las estrechas paredes de un aula universitaria.

Gracias a estas y a otras razones, el libro que comento me ha parecido fascinante; a lo que debemos añadir su alto nivel científico y crítico; por lo que su importancia intrínseca y la actualidad y vigencia de los temas tratados le confieren una dimensión que es mucho más amplia que un saber puramente académico. Por todo eso, considero que el título de “divertimento” no corresponde a su contenido.

Aunque Galileo se convirtió en una especie de terremoto científico-político, hasta tal punto de que no sería exagerado considerarlo como uno de los orígenes de la época moderna, los autores de estos eruditos ensayos van más allá de detenerse en el análisis de su personalidad al enfatizar en su trascendencia histórica, como lo confirma la huella dejada en genios de la talla de Campanella, Descartes y Newton, a los que nuestros autores hacen referencia. En su parte final, la obra se ocupa de abordar temas actuales de la filosofía de la ciencia, pero sin ir más allá de los límites epistemológicos y metodológicos propios de la historia de la ciencia; todo lo cual constituye un enriquecimiento del libro.

En concreto, hay estudios dedicados a la teoría de la relatividad, con la intención, supongo, por parte de sus autores, de hacer patente un cierto paralelismo entre la importancia para el pensamiento científico y su vigoroso desarrollo, que lo aportes de Galileo tuvieron en su tiempo con los que Einstein tiene en nuestros días.

Demás está decir que esta obra constituye una invaluable contribución al estudio de la historia y la filosofía de ciencia en nuestro medio académico; por lo que sería de desear que su ejemplo se multiplique, pero que haya obras que traten de temas, tales como la evolución de las especies y el pensamiento de Darwin, los aportes de Mendel, su incidencia en la bioética y las implicaciones en la vida humana, incluso en el campo de la  economía y la política. Otro tanto debe hacerse con la física cuántica, cuya importancia no es menor que la de la teoría de la relatividad. En fin, este libro debe abrir amplios horizontes al desarrollo de múltiples otros temas, cuya elucidación es tan acuciante como los aquí tratados.

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