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Guillermo Coronado y sus perspectivas

Mis perspectivas

Luis Guillermo Coronado

Ensayo

Antanaclasis, Editores

San José

2015

El filósofo, profesor y director de la Escuela de Filosofía en múltiples ocasiones, actualmente pensionado y declarado catedrático emérito por la Universidad de Costa Rica, el cartaginés Luis Guillermo Coronado Céspedes, licenciado en filosofía, considerado el mejor, por no decir, el único especialista en historia de la ciencia en la región centroamericana, ha escrito un libro titulado Mis perspectivas (Antanaclasis, Editores S.A., San José, 2015). Consta de una serie de 25 ensayos cortos que versan, excepto los últimos, sobre su especialidad. En cuanto a estos últimos, el autor se ocupa de analizar temas de actualidad, en torno a los cuales toma posición en su condición de filósofo humanista, preocupado por problemas que se debaten en la opinión pública y no solo entre especialistas.

Al escribir estos ensayos, su intención no es mostrar el resultado de sus investigaciones a un círculo de expertos, sino divulgar en forma didáctica, casi coloquial, algunas de sus pesquisas en tanto puedan interesar a un público no especializado, pero sí interesado, dada la importancia que esos temas han suscitado más allá de las aulas universitarias. Se trata en buena medida de temas controvertidos porque versan sobre asuntos que rozan campos no exclusivamente filosóficos sino políticos o teológicos, o a personajes ampliamente conocidos gracias a los medios de comunicación; de ahí la importancia de referirse a esos temas que han interesado por siglos a un público muy vasto.

Lo anterior explica el porqué del título y el recurso de una prosa clara y castiza; todo vertido en forma de artículos cortos, como corresponde al estilo del ensayo periodístico. El autor va al grano, mostrando siempre el oficio que solo se logra gracias a una larga y fructífera experiencia didáctica.

En cuanto al autor, merece destacarse que el profesor Coronado Céspedes frisa ya los 75 años; por lo que estamos aquí ante una obra de madurez; más aún, se podría considerar que su autor intenta, consciente o inconscientemente, reflejar la trayectoria de una paciente y disciplinada vida dedicada a la investigación y a la docencia en el ámbito de la educación universitaria y a la divulgación, ya que Luis Guillermo fue fundador de la revista Comunicación del Instituto Tecnológico de Costa Rica, donde ejerció igualmente la docencia; el profesor Coronado Céspedes fue también miembro fundador del Círculo de Cartago, cuyo inspirador fue el recordado filósofo Roberto Murillo Zamora, cartaginés por adopción. Gracias a ello, la labor docente de Luis Guillermo va más allá de las aulas, prolongada ahora con esta obra. El Círculo de Cartago congrega a filósofos de diversas especialidades, pero su enfoque mayor es hacia la filosofía de la ciencia, dada la cercanía de sus miembros con el Instituto Tecnológico sito en esa ciudad. Editan una revista titulada Coris, en la que el Profesor Coronado Céspedes es asiduo colaborador.

El título del libro, con portada de colores austeros, muestra la intención que motivó a su autor a escribirla, pues insinúa la posición personal a manera de una herencia o legado; el término perspectivas hace patente que el autor desea externar opiniones sólidamente  fundadas, pero que, como en los diálogos de Platón, invitan al debate; por lo que no deben verse como un banquete, como proponía el filósofo ateniense, sino como el menú que busca provocar el apetito, a fin de que el lector busque por iniciativa propia degustar el manjar. Como avezado en las lides filosóficas, Guillermo Coronado da muestras de una intachable integridad profesional, unida a una lucidez y hondura filosóficas, al dejar claro desde la introducción misma, lo que él entiende por “filosofía”, por “ciencia”, por “historia”, con lo que previene al lector sobre lo que va a encontrar en esas páginas y no lo que eventualmente le hubiera gustado que el autor dijera. Estamos ante una invitación al diálogo, incluso al debate, pues nuestro autor externa sus puntos de vista sin ánimo dogmatizante.

Para concluir esta breve reseña, quisiera destacar el contraste, tanto de contenido como de estilo, entre la mayoría de los ensayos y los últimos. En los primeros, el profesor Coronado Céspedes se ocupa de su especialidad, a saber, la historia de la ciencia, tanto universal como costarricense, pues habla del aporte de Anastasio Alfaro como pionero en la investigación de nuestra flora. Esta posición parte de la convicción de que la “verdad científica” es el resultado, siempre verificable y perfectible, de la aplicación estricta del método científico, basado en la formulación de hipótesis matemáticas y su verificación experimental; cuyo origen remonta a los maestros franciscanos de la recién fundada Universidad de Oxford a inicios del siglo XIII, como el propio Coronado señala, pero que logra su plena expresión en los albores mismos de la Modernidad con Francis Bacon, a quien debemos la formulación de las reglas del método inductivo. Aunque, con no menos intensidad, Coronado insiste en los alcances utilitarios de los resultados de la ciencia y de la tecnología que de ella se deriva, asumidos como criterio epistemológico del método científico; lo que caracteriza a la corriente filosófica más original surgida en Norteamérica, como es el pragmatismo, para el cual la verdad científica se comprueba, no tanto en la rigurosidad formal del método “more geométrico” (racionalismo cartesiano), sino en sus resultados utilitarios; de ahí la aplicación tecnológica de los alcances teóricos de la ciencia. La influencia en Coronado de Mason, conocido historiador de la ciencia de origen norteamericano, en este enfoque epistemológico, es patente. Pero cuando el filósofo Luis Guillermo Coronado se inmiscuye en asuntos que tocan a su intimidad —y no por casualidad hace una dedicatoria a su venerado progenitor— su enfoque epistemológico e, incluso, su estilo literario, cambian radicalmente, como lo denota su actitud (mood) existencial. El contraste con el tono y contenido de los ensayos que llenan las páginas anteriores es evidente; basta recordar que el criterio último, por no decir único, de la verdad científica, sobre todo cuando de la historia de la ciencia se trata, es la objetivad; la autenticidad subjetiva, si bien racionalmente fundada, por el contrario, es lo que hace creíble el enfoque cuando estamos en el ambiguo terreno de la ética, porque aquí no se trata de cantidad, sino de calidad de vida.
De más está decir que el tono y el contenido de los ensayos finales denota, ante todo, una preocupación existencial  que va más allá de lo que caracteriza a la indagación de un especialista. Los artículos finales nos muestran a un Luis Guillermo Coronado Céspedes humano, hombre de carne y hueso como diría el nada cientista Miguel de Unamuno.

Gracias Luis Guillermo, por abrirnos sin tapujos tu trasparencia de hombre de bien. Pues el filósofo auténtico busca no solo la verdad en la ciencia, sino, y con no menor tenacidad, el bien en la virtud.

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