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Paul McCartney letras y recuerdos

Paul McCartney,  muy a su estilo eminentemente musical, acaba de presentar una especie de autobiografía, en colaboración con el poeta irlandés Paul Muldoon, basada en contar momentos de su vida en relación con sus canciones. The Lyrics es el nombre del libro y en dos tomos reúne toda sus canciones con las distintas bandas y en solitario.

Me han propuesto escribir una autobiografía más veces de las que las puedo contar, pero nunca se trató del momento indicado. Usualmente estaba criando una familia o en medio de una gira, lo que no es precisamente una situación ideal para lograr largos períodos de concentración. Pero una cosa que siempre me he ingeniado para hacer, ya sea en casa o en la ruta, es escribir nuevas canciones. Algunas personas, cuando llegan a cierta edad, gustan de recurrir a un diario para recordar el día a día de algunos eventos del pasado, pero no tengo esa clase de cuadernos. Lo que tengo son mis canciones –cientos de ellas– que sirven para lo mismo. Y estas canciones abarcan toda mi vida, porque incluso a los 14 años, cuando compré mi primera guitarra en nuestro pequeño hogar familiar en Liverpool, mi instinto natural fue empezar a escribir canciones. No he parado desde entonces.

Con el tiempo comencé a ver cada canción como una nueva pieza del rompecabezas. Es posible que ilumine algo que fue importante en mi vida durante ese momento, aunque su significado no esté siempre en su superficie de manera obvia. Los fanáticos o lectores, e incluso los críticos, que realmente quieran saber más sobre mi vida deberían leer mis letras, ya que revelan más de lo que cualquier libro sobre los Beatles podría hacer.

Yesterday

La casa de los Asher en la calle Wimpole. Un cuarto muy pequeño en el ático con una ventana. Un desván. Perfecto para un artista. No había demasiado lugar ahí para mis discos: muchos me llegaban por correo desde Estados Unidos antes de que se pudieran conseguir en Gran Bretaña. Tenían que quedarse abajo. Pero de alguna manera tenía un piano ahí dentro, uno pequeño, medio serruchado, que estaba al lado de mi cama. Desde algún lugar de un sueño escuché esta melodía. Cuando me desperté, pensé: “Me encanta esa melodía. ¿Qué es? ¿Fred Astaire? ¿Cole Porter? ¿Qué será?”

Me caí de la cama y el piano estaba justo ahí, al lado. Pensé que no perdía nada si intentaba buscar cómo iba la canción. Me imaginé que podía ser un viejo clásico que podía haber escuchado años atrás y me había olvidado. Solo tenía esta melodía, y ahora tenía algunos acordes. Y para solidificarlo en mi memoria lo apuntalé con unos versos tontos: “Huevos revueltos, oh mi nena, cómo amo tus piernas, huevos revueltos”. Usar letras tontas no es algo que hiciera mucho. Era una rareza.

Así que entonces tenía esta melodía, y creo que la primera persona con la que me crucé esa mañana fuera de la casa fue John. Le pregunté: “¿Qué es esta canción?” Me respondió: “No lo sé. Nunca la escuché”. Recibí la misma respuesta de George Martin y de mi amiga, la cantante Alma Cogan, que tenía un cierto conocimiento integral sobre las canciones populares. Después de un par de semanas me quedó claro que nadie conocía esta canción, y que no existía, salvo en mi cabeza. Así que me la atribuí y me pasé mucho tiempo dándole vueltas, agregándole cosas y perfeccionándola. Era como encontrarse un billete de diez libras en la calle.

No mucho tiempo después de que la canción viniera a mí, ya estábamos trabajando en Help!, la película. Un año antes A Hard Day’s Night había sido tan exitosa, que había cierta presión sobre nosotros para hacer la siguiente, pero los guiones simplemente no estaban bien. Creo que rechazamos tantas versiones que para cuando a una le dijimos que sí, simplemente la hojeamos un poco, en vez de tomárnosla en serio. Para ser honestos, habíamos empezado a crecer por encima de esas caricaturas con pelo largo en la que nos habían encasillado. Una cosa que sí nos permitía la película es que si pedíamos algo como: “¿Podemos ir a algún lugar lindo para filmar esto?”, la respuesta era que sí.

Ir saltando de un lugar a otro no debe haber ayudado mucho a la película, pero fue lo más divertido de todo. Podíamos decir cosas como: “Nunca estuve en el Caribe. ¿Podrían agregar eso en el guion?”, y lo hacían. “¿Han esquiado antes?” “¡No!” “Bien, incluyámoslo también en la película”.

Todo esto estaba sucediendo mientras Yesterday se iba incubando, así que cada vez que surgía la oportunidad pedía que hubiese un piano cerca, para trabajar en la canción. Llegó un punto en que el director de la película, Richard Lester, comenzó a hartarse de estar siempre escuchándola. Un día gritó: “¡Si la vuelvo a escuchar otra vez, voy a hacer que saquen de acá ese maldito piano!” Creo que no debe haber ayudado el hecho de que, cuando me preguntaba cómo se llamaba la canción, mi respuesta era: “Huevos revueltos”.

Durante una pausa en el rodaje, con Jane Asher nos fuimos a Portugal en unas pequeñas vacaciones. Íbamos en camino de Albufeira, y yo estaba en el asiento de atrás del auto, sin nada que hacer. Hacía mucho calor y había mucho polvo, y estaba medio dormido. Una de las cosas que me gusta hacer cuando estoy así es tratar de pensar. “Huevos revueltos, bla bla bla… ¿Qué podrá ser?” Comencé a pensar en algunas opciones. Quería conservar la melodía, así que sabía que tenían que encajar las sílabas de las palabras. “Huevos revueltos, da-da-da”. Para “scram-bled-eggs” había opciones como “yes-ter-day” (ayer) y “sud-den-ly” (de pronto). También recuerdo haber pensado: “A la gente le gustan las canciones tristes”. Hasta a mí me gustan, pensé. Para cuando llegamos a Albufeira, había completado la letra.

Cuando volvimos a casa, presenté la canción ante la banda, y Ringo dijo: “No creo que pueda realmente tocar la batería sobre eso”. George agregó: “Bueno, tampoco estoy seguro de poder agregar mucha guitarra”. Y entonces John dijo: “No se me ocurre nada. Creo que deberías grabarla por las tuyas. Es realmente una canción solista”.

Ahora bien, esto era todo un asunto por entonces, porque nunca antes habíamos hecho nada así. Siempre había sido la banda. Después de algunas dudas, decidí intentarlo.

Cuando salió el disco, Dick Lester estaba de vacaciones, así que le mandé una copia con una nota que decía: “¡Espero que te guste ‘Huevos revueltos’!”

Y entonces a la canción le fue fenomenalmente bien. La discográfica quería lanzarla como un simple. No los dejamos hacerlo en Gran Bretaña, porque éramos una banda de rock and roll, pero dejamos que se salieran con la suya en los Estados Unidos, porque no vivíamos ahí. Aún me resulta extraño cuando la gente dice cosas como que Yesterday es la canción pop número uno de todos los tiempos. Aparentemente la revista Rolling Stone la describió como la mejor canción del siglo XX. Todo me parece demasiado majestuoso para algo que se apareció en el mundo tan misteriosamente.

Alguna gente encuentra difícil de creer que tenía 22 años cuando escribí Yesterday. Cada vez que llego al verso “No soy ni la mitad del hombre que solía ser”, recuerdo que ocho años antes había perdido a mi madre. Me han sugerido que es una canción del tipo “perdí a mi madre”, algo que siempre respondí que no me parecía. Pero cuanto más lo pienso –“Por qué se tenía que ir no lo sé/ no me lo dijo”– alcanzo a darme cuenta de que puede haber sido parte de lo que estaba sucediendo por detrás, algo así como el inconsciente de la canción. Era tan extraño que la pérdida de nuestra madre por el cáncer fue algo de lo que simplemente nunca charlamos. Apenas si sabíamos lo que era el cáncer, pero hoy no me sorprende que toda aquella experiencia haya emergido en esta canción donde la dulzura compite con un dolor que casi no podés describir.

Got To get You Into My Life

Lo que teníamos que meter en nuestras vidas, según parecía, era la marihuana. Hasta que nos encontramos con la marihuana, habíamos sido bebedores. Nos la presentaron en los Estados Unidos y voló nuestras pequeñas mentes.

Lo que sucedió es que estábamos en una habitación de hotel, tal vez en Nueva York hacia el verano de 1964, y Bob Dylan apareció con su roadie. Acababa de editar Another Side of Bob Dylan. Nosotros estábamos bebiendo, como siempre, teniendo nuestra pequeña fiesta. Habíamos ordenado bebidas al servicio de habitación –scotch con Coca y vino francés eran lo nuestro en esa época– y Bob desapareció en un cuarto del fondo. Pensamos que tal vez había ido al baño, pero entonces Ringo salió de ese cuarto, luciendo algo extraño. Dijo: “Acabo de estar con Bob, y tiene algo de porro”. Le preguntamos: “¿Ah, y cómo es?”, y nos respondió: “Bueno, el cielo está moviéndose, es como si estuviese cayéndose”. Eso fue suficiente.

Después de que Ringo nos dijo eso, fuimos todos al cuarto donde estaba Dylan, que nos dio una pitada de su porro. ¿Viste que mucha gente fuma y piensa que no está funcionando? Esperábamos algo instantáneo, así que seguimos pitando y diciendo: “No pasa nada, ¿no es cierto?” Y de pronto sucedió. Y enseguida nos estábamos riendo tontamente, el uno del otro. Recuerdo a George tratando de escapar, y yo como corriendo detrás de él. Algo hilarante, como una persecución de dibujo animado. “Guau, esta cosa es algo impresionante”, pensamos. Así que a partir de entonces pasó a ser parte de nuestro repertorio. ¿Cómo conseguíamos nuestro porro? Para decirte la verdad, simplemente aparecía. Había cierta gente a través de la que lo podías conseguir. Solo tenías que saber quién tenía”.

Dear Friend

A menudo suelo pensar en John, y en lo lamentable que fue que a veces hayamos discutido con tanta crueldad y tan públicamente. Al momento de escribir esta canción, a comienzos de 1971, él había dicho que mi disco McCartney era una “basura” en la revista Rolling Stone. Fue un momento difícil, realmente. Me sentí triste por la ruptura de nuestra amistad, y la canción simplemente fluyó: “Querido amigo, ¿qué hora es? ¿Es este realmente el límite? ¿Nos estamos separando? ¿Es esto ‘vos seguirás tu camino y yo iré por el mío’?”

Hacia fines de 1969, John nos había dicho bastante animadamente que todo había terminado. Ese día no estábamos todos en la sala de reuniones de Apple. Creo que George estaba visitando a su familia, pero Ringo y yo estábamos ahí, y John respondía que no a todas las sugerencias. Yo pensaba que teníamos que volver a tocar en conciertos más pequeños, pero la respuesta llegó: “No”. Finalmente, John dijo: «Oh, quería decirles esto, voy a dejar a The Beatles«. Nos quedamos impactados. Las relaciones habían sido tensas, pero nos quedamos sentados diciendo: “¿Qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?»

Fue como un divorcio, y él acababa de divorciarse de Cynthia el año anterior. Lo recuerdo diciendo: «Oh, esto es muy emocionante». Eso era algo muy John, y había admirado en él este tipo de comportamiento contradictorio desde que éramos niños, desde la primera vez que lo conocí. Realmente estaba un poco loco, de la mejor manera posible. Pero, aunque todos podíamos darnos cuenta lo que quería decir, no era tan emocionante la cosa para los que habíamos sido dejados de lado.

Me había mantenido bastante callado sobre la separación de John y los Beatles en la prensa. Realmente no tenía muchas acusaciones que lanzar pero, tratándose de John, él estaba lanzando bastantes en sus entrevistas. Me había acusado de anunciar la ruptura de The Beatles para promocionar mi álbum solista, pero yo solo estaba respondiendo honestamente a las preguntas de la prensa de Apple. No quería hacer entrevistas para promocionarlo, y Peter Brown de Apple me había armado un cuestionario con preguntas como: “¿Están planeando un nuevo disco o simple con The Beatles?”. Mi respuesta fue “No”. No le veía ningún sentido a mentir.

John decía cosas como: “Fue una tontería. The Beatles eran una mierda”. También: “No creo en The Beatles, no creo en Jesús, no creo en Dios”.

Esas eran púas bastante hirientes para lanzar, y yo era la persona a la que estaban siendo dirigidas, y me dolían. Así que tengo que leer todo eso, y por un lado estoy pensando: “Andá a cagar, maldito idiota”. Pero por el otro me pregunto: “¿Por qué dirías eso? ¿Estás molesto conmigo, estás celoso, o qué?” Recordándolo hoy, cincuenta años después, todavía me pregunto cómo se debe haber sentido. Había pasado por muchas cosas. Su padre desapareció, después perdió a su tío George –que era una figura paterna–, su madre, Stuart Sutcliffe, Brian Epstein –otra figura paterna–, y ahora perdía su banda. Pero John tenía todas esas emociones envueltas en una bola de Lennon. Así era él. Ésa era la fascinación.

¿Pensamos nosotros tres –George, Ringo y yo– en seguir adelante sin John? No, no lo creo. No. Éramos tremenda unidad, un tremendo cuarteto. Bromeamos sobre armar un grupo llamado Los Tritles, pero no lo consideramos seriamente. Nunca fue más que una broma.

Hicimos algunas cositas juntos aquí y allá antes de que nos fuésemos por caminos separados. John y yo, y Yoko, hicimos La balada de John y Yoko. Me reclutó para eso porque sabía que era una excelente manera de grabar un tema. “Vamos a Abbey Road. ¿Quién vive cerca? Paul. ¿Quién puede tocar la batería en este disco? Paul. ¿Quién puede tocar el bajo? Paul. ¿Y quién lo hará si se lo pido amablemente? Paul”. No sintió ninguna vergüenza en preguntar. Probablemente dijo algo como, “Oh, tengo esta canción que quiero grabar. ¿Te darías una vuelta?” Y probablemente yo respondí: “Sí, ¿por qué no?”

Todavía quedaban muchos cabos sueltos que atar. Todavía teníamos que superar todos los aspectos comerciales. Tenés que recordar, lo demandé judicialmente. Demandé ante la justicia a mis amigos de Liverpool, mis amigos de toda la vida. Pero, a fin de cuentas, creo que el haber participado de esa sesión de grabación con él y Yoko ayudó a que pudiésemos tener bastantes reuniones amistosas y conversaciones más tarde.

Creo que esta canción, Dear Friend, contribuyó también. Me imagino que la escuchó. Creo que escuchó mis discos cuando salieron, aunque nunca me haya respondido directamente. No era su forma de hacer las cosas. Me alegré mucho de cómo nos llevábamos en los últimos años, de haber pasado muy buenos momentos con él antes de que lo asesinaran. Sin lugar a dudas, habría sido lo peor del mundo para mí si lo hubieran matado cuando todavía teníamos una mala relación. Podría haberme quedado pensando: “Debería haberlo hecho, debería haberlo hecho, debería haberlo hecho…”

Me hubiese sentido muy culpable. Pero afortunadamente nuestro último encuentro fue muy amistoso. Hablamos sobre cómo hornear pan.

Get Back

El asunto con The Beatles es que como pequeña banda éramos buenísimos. Los cuatro sabíamos cómo apoyarnos musicalmente entre nosotros y tocar, y esa era nuestra verdadera fortaleza. Fue lo que hizo aún más triste el hecho de pensar que nuestra separación era inevitable. Así que hay un aspecto melancólico en Get Back. La idea de que tenés que volver a tus raíces, de que The Beatles debían volver a ser cómo eran en Liverpool. Y las raíces están encarnadas en el estilo de la canción, que es un rock and roll cuadrado. Porque eso era lo que realmente estaba pensando que teníamos que hacer justo cuando nos separamos: que debíamos “regresar a donde alguna vez pertenecimos”, y volver a ser otra vez esa pequeña banda. Simplemente teníamos que tocar, y hacer algún ocasional pequeño recital. Los demás se rieron de esa idea –algo bastante comprensible– porque para entonces no era realmente una solución práctica. John acababa de conocer a Yoko, y claramente necesitaba escapar hacia un nuevo lugar, mientras que lo que yo estaba diciendo era que teníamos que escaparnos al lugar de siempre. Revivir a los viejos Beatles ya no formaba parte del juego. Era demasiado tarde para andar recomendando que no nos olvidemos de lo que éramos y de dónde alguna vez fuimos. Si mi sueño en esa época era el de regresar a donde alguna vez pertenecimos, el de John era ir más allá de eso, dirigirse hacia algún lugar al que aún no perteneciera.

Tomado de Radar

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