Deconstruir la historia oficial

Un conocido adagio dice que “El periodismo es el primer borrador de la historia”.

Guayabo: Historia de un latifundio

Juan Ramón Rojas

Memoria

Atabal

2019

Un conocido adagio dice que “El periodismo es el primer borrador de la historia”. Albert Camus, por su parte, se refirió al periodista como el “Historiador del instante”. La reflexión de un posible solapamiento entre la labor del historiador y del periodista, viene a colación en el caso de libros como Guayabo: Historia de un latifundio (Atabal, 2019), del escritor Juan Ramón Rojas, pues en este se da la simbiosis de ambos oficios, legando un documento de lectura estimulante e importante valor histórico.

Guayabo: Historia de un latifundio va más allá  de la recuperación de la memoria de Guayabo de Bagaces. El autor articula el proceso de asentamiento de este pueblo con eventos y personajes determinantes de la historia nacional, sobrepasando el carácter anecdótico y bucólico con que suele rescatarse la historia de la “periferia” del país.

Guayabo de Bagaces se ubica en lo que fue la Hacienda Miravalles, un latifundio de más de veinticinco mil hectáreas situado en las faldas del volcán homónimo y entre cuyos propietarios se cuentan importantes personalidades políticas y de la economía del siglo XIX: Pacífica Fernández (cuyo esposo era José María Castro Madriz), los expresidentes Tomás Guardia y Bernardo Soto, y Crisanto Medina, controvertido empresario argentino, socio de Juan Rafael Mora Porras en la fundación del efímero Banco Nacional Costarricense. El libro ofrece, entre líneas, una invitación a la deconstrucción de la historia oficial, a partir de la desacralización de los próceres del estado benefactor costarricense, pertenecientes a una burguesía con gran habilidad para acumular poder y capital. La manera en que se llevaron a cabo algunas de las transacciones que posibilitaron el paso del terreno donde hoy se asienta Guayabo, de mano a mano entre aquellas figuras, sugiere un manejo corrupto. El autor registra los acontecimientos con visión crítica y provocativa; el epígrafe que ha elegido para su obra es de Octavio Paz: “Una sociedad se define no solo por su actitud ante el futuro, sino frente al pasado: sus recuerdos no son menos reveladores que sus proyectos”.

En 1947, un grupo de agricultores ocupa los terrenos de la Hacienda Miravalles y un par de años después, durante la primera administración de José Figueres Ferrer, empiezan a recibir títulos de propiedad. La expropiación se extendería hasta 1965, llegando el fin del latifundio.

Juan Ramón Rojas, periodista, ha escrito ficción, ensayos literarios y crónica; en este libro hace acopio de todas estas facetas. En la primera parte del libro el autor ofrece un marco histórico y semblanzas de su propia infancia, que sirven como referencia para la segunda parte, una serie de entrevistas en las cuales un grupo de forjadores ofrece el relato de sus íntimas vicisitudes durante la fundación de Guayabo. Las narraciones de aquellos protagonistas terminan de dar forma a la historia. En esto podría estribar la diferencia entre el historiador y el periodista, el primero suele valerse de ese tipo de testimonios para elaborar un discurso que denominará “historia”, el periodista, en cambio, entiende a aquellos actores como la “historia per se. “Es una tarea más ardua honrar la memoria de los seres anónimos que la de las personas célebres. La construcción histórica se consagra a la memoria de los que no tienen nombre”, apuntaba Walter Benjamin.

Resiliencia y emprendimiento, términos hoy en boga, acuñados por los profetas de la productividad, se quedan lejos para describir la lucha de aquellos primeros colonos, pues el quebranto de la ley que supone aquel primer paso, la invasión del latifundio Hacienda Miravalles, denota algo más cercano al instinto de supervivencia, a revolución, incorrección política.

El abordaje periodístico en Guayabo: Historia de un latifundio arroja luz sobre la manera en que se han gestionado los recursos en el país. El testimonio de sus forjadores permite entrever que, en muchos casos, la voluntad o colaboración de algunos políticos dependía de la militancia con uno u otro partido en el poder (PUSC o PLN). Queda en evidencia, también, la cultura “valle-centralista” del país, que relega a un segundo plano las necesidades de su periferia, las zonas rurales y las costas, desatención que hoy mismo acrecienta un sentimiento de ingobernabilidad, que genera pobreza y delincuencia, y el surgimiento de fuerzas políticas de dudosa intención, como los partidos cristianos.

En el apartado de datos biográficos del libro, se señala que uno de los rasgos de este autor es “el conflicto del ser humano con su destino”. La historia del hogar no estaría completa sin el rudo recuerdo que entraña el levantar los cimientos de la casa; eso fue lo que hizo aquel grupo campesinos, a mediados del siglo pasado. No usurparon un terreno, empezaron a escribir un libro, cumplían aquel aforismo de Saramago: “Siempre acabamos llegando al lugar donde nos esperan”.

Bernabé Berrocal


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