Suplementos Astor

Cien años del nacimiento de Astor Piazzolla

Nació en Mar del Plata el 11 de marzo de 1921, se crió en Nueva York donde su padre le regaló el primer bandoneón. Viajó por Europa para estudiar armonía, música clásica y contemporánea. Finalmente se lanzó en su carrera tanguera desde que comenzara a hacer arreglos para Aníbal Troilo, hasta renovar el tango, para ser despiadadamente criticado por la vieja guardia y finalmente reconocido por las nuevas generaciones de todo el mundo. Astor Piazzolla es uno de los músicos contemporáneos fundamentales, y también uno de los grandes iconos argentinos.

La siguiente es una entrevista realizada en 1982, por el entonces veinteañero periodista Pablo Feldman, para una radioemiosora de la ciudad de Rosario. Se conocía de la reticencia del maestro a conceder entrevistas.

¿Qué corrientes musicales incidieron en usted para tocar la música que hace ahora?

—En principio todas. Yo soy un estudioso de la música. Estudié muy seriamente la música. Yo digo que la música se estudia como se estudia medicina, ingeniería o arquitectura, profesiones «importantes». Hay mucha gente que cree que la música es una profesión menor, y se equivoca; la música es un proceso de un largo estudio, y después si Dios te dio el don de la creación, o de tocar, ahí es otra cosa, porque sin eso, por más que estudies tal vez no sirva para nada.

Queremos saber su opinión acerca de la censura.

—En mi opinión a esta altura de la vida debería decir que no existe o no debe existir. Es coartar la libertad. Pero lo que tendría que existir es una «censura al mal gusto», eso sí. La grosería, el maltrato al idioma y muchas cosas que se ven por televisión, que es lo que más llega a la gente. Con ver el 80% de la televisión uno piensa que eso es censurable. Los «grandes cómicos» o ciertos programas, la gente que no sabe hablar, los locutores que no saben entrevistar, que son audaces, eso habría que «censurarlo», pero no a la gente que trabaja y hace cosas en serio, que son argentinos que sienten y quieren lo que hacen.

¿Las formas, podríamos decir?

—Cuando una persona hace una cosa en serio no hay que censurarlo, lo que hay que censurar —en el sentido que ya expliqué— es a los que no hacen las cosas en serio, a los improvisadores, como los cómicos… acabo de ver cuando llegué a Rosario a ese Dapiaggio (Quique Da Piaggi) o algo así, y eso es el mal gusto argentino, y no solo eso, es el retroceso, es volver 50 años atrás. Yo creo que el gobierno lo hace deliberadamente, porque quiere que la gente no piense. Porque eso es para gente que no piensa. Entonces cuando yo veo eso, y veo en televisión a Velazco Ferrero o veo algunas cosas desagradables, pienso que esto lo hace el gobierno. Que debe haber algún interventor que está influenciando para que hablen así, y que entre más fácil en la gente, porque creen que es la manera de hacerla más tonta. Pero el pueblo no es tonto, recibe cosas tontas que es diferente. Y el pueblo argentino no es tonto, especialmente la juventud, que es avasalladora, que tiene una fuerza impresionante, y es la que tiene que recibir otro mensaje de la televisión y de la prensa, que sea seriamente elaborado. Nosotros tenemos que dejar de ser un país en broma y un país improvisado, como se nos tiene en imagen en todo el mundo, y tienen razón. Y lo peor de todo es que a veces nos salen las cosas bien.

¿Cuál es su opinión sobre algunos músicos que han marcado la historia? Empezando por Carlos Gardel.

—Vamos a hacerlo en una escala del 1 al 10 y «ping-pong»: Gardel 10 puntos, para mí Gardel siempre fue el máximo.

¿Los Beatles?

—10 puntos, lo máxímo en su estilo y cómo han influido en la juventud del todo el planeta.

¿Los poetas del tango?

—También 10, empezando por Discépolo, Manzi, Contursi, Cadicamo, Catulo Castillo, los hermanos Espósito, Horacio Ferrer y Eladia Blazquez, son gente que le ha hecho mucho bien a la poesía, al tango.

Pasamos a «otro rubro»: ¿el general Perón?

—Cero puntos.

¿Ricardo Balbín?

—Cero puntos.

¿Los dirigentes políticos de la actualidad?

—Cero puntos. Los detesto a todos.

¿La juventud argentina?

—Bueno, ese es el futuro, nuestra obligación, nuestro deber es dirigirnos a ustedes, los jóvenes. Son los únicos que a mí me hacen feliz, porque si mi música no la escuchan los jóvenes no sirve para nada. Uno mira a veces esos «Grandes Valores del Tango» y se da cuenta que son programas necrológicos. Hay algunos jóvenes que los llevarán de los pelos y lo ponen ahí, o algunos cantantes enanos que tienen también. Pero esa no es la juventud del país. Los jóvenes, los que piensan, los que van para adelante, esto que no es el movimiento de Piazzolla, sino también de un grupo de gente muy importante en la música, la pintura, la literatura, que está haciendo cosas importantes y que ustedes son los responsables de seguirlo.

¿Es por eso que también convoca a músicos jóvenes, como su hijo, o Tomas Gubisch que tenía menos de 20 cuando tocó con usted?

—Sí, claro. A mí no me gusta andar con viejos. Asi me siento joven tambien yo. ¿Saben por qué estoy con los jóvenes ? Porque la gente vieja está cansada, no tiene entusiasmo. Y no hablemos del tango donde parece que están pegados, clavados. Pero los jóvenes estan con los 220 voltios enchufados, y yo soy así.

No siempre es fácil encontrar un lugar para los jóvenes, más allá del ímpetu.

—Para mí es lindo dirigirme a ustedes, que están empezando en esta profesión que es el periodismo. Es algo muy importante. Tomen los ejemplos de lo que No debe hacerse: miren mucha televisión, así saben lo que no deben hacer en el futuro.

¿Alguna vez usted tocó gratis en el Metro de Paris?

—Sí, nos contrató el municipio de París y fuimos muchos músicos y otros artistas que estábamos trabajando allí en ese momento.

¿Eso no se podría hacer en la Argentina?

—Se tendría que hacer, acercar el arte, la música a todo el mundo. Alguna vez se va a hacer. Eso fue por la inauguración de la estación Au Vert, una estación de subte de 4 pisos. Fueron más de 5 mil personas, más los que pasaban por allí, todos escuchando con respeto y amor. Fue una experiencia extraordinaria, recuerdo que esa noche yo debutaba en el Olimpia con George Moustakis, y fuimos de una disparada a Au Vert porque no nos queríamos perder eso. Ojalá se pueda hacer alguna vez en Buenos Aires o cualquier otra ciudad.

¿Qué persona o suceso ha influido en su vida de manera sustancial?

—Sin dudas mi profesora en París, en 1954, Nadia Boulanger. Ella fue prácticamente mi segunda madre. Me hizo girar 180 grados. El Piazzolla que volvió en 1955 a Buenos Aires, revolucionó todo el tango, y ahí se armó «el gran despiole», el gran cambio, que era lo que hacía falta. Y no hay cosa más dificil para un pueblo que le quieran cambiar las cosas, y yo lo cambié, especialmente esa «religión» que se llama Tango.

Por último: su opinión de Astor Piazzolla.

—Bueno…soy una persona sincera, respetuosa. Soy irrespetuoso cuando las cosas no valen y debo serlo. Y yo no tengo pelos en la lengua. Hay mucha gente que es muy «no te metas», tiene miedo, y yo no soy así, no tengo miedo, no soy cobarde. Si algun día me tuviera que ir del país, porque me echa algún General, me iré. Pero la ventaja que le llevo al General es que él va a pasar y mi música va a quedar.

¿Cuántas veces ha votado?

—¿Con B larga o V corta? Miren, soy muy pesimista. Yo quisera que todos trabajemos en serio. Yo trabajo para mí, y para mi país. Lo digo siempre, nosotros salimos a tocar y la gran ventaja que le llevamos a la selección de Fútbol es que nosotros no perdemos. Cuando nos vamos de gira no viene nadie a Ezeiza, tal vez la familia, ningun periodista. No se le da importacia a la música o al arte. Pero cuando se va Maradona, lloran todos, pagan 12 millones de dólares y lógicamente eso nunca va a pasarnos a nosotros. Nosotros tenemos otras maneras de hacer quedar bien al país.

No hace mucho usted dijo que está cansado de los reportajes. Inclusive que iba a hacer un «reportaje tipo» como un formulario de compra-venta de automóviles y se los iba a entregar a los reporteros.

—Es cierto, lo había dicho porque hay muchos periodistas mediocrones que preguntan los que les dije apenas entraron. «¿Es tango, no es tango?». Siempre la misma tontería y la verdad que cansan. Basta de mirar para atrás, hay que mirar para adelante, y lo único que me interesa a mí es mañana, lo que van a hacer ustedes. Me interesa mucho el movimiento del rock nacional, por ejemplo. Sin tener yo una gran admiración por la música que hacen, porque creo que todavía no están en lo que deberían ser, admiro el sentido nacional y la fuerza que tiene todo el grupo de músicos y la gente que los sigue. Creo que este es el hecho más importante que ocurrió en la música en los últimos tiempos. Ahora, el rock nacional tiene que preocuparse por tener un poco más de musicalidad, porque le falta musicalidad, intérpretes, instrumentistas, cantantes. En definitiva, preocuparse un poco más y estudiar.

Tomado de Radar

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