En Berlín también existe el Sur

El lugar donde nos quedamos de ver estaba cerrado, entonces, comenzamos a hablar de literatura en media calle, bajo la llovizna de San Pedro

El lugar donde nos quedamos de ver estaba cerrado, entonces, comenzamos a hablar de literatura en media calle, bajo la llovizna de San Pedro, hasta que encontramos un café abierto y con más calma que lujo pudimos adentrarnos en sus libros, en sus clases de Berlín, en la literatura centroamericana, en la obra de Horacio Castellanos Moya, en la de Eduardo Halfon y todo mientras se iba deshaciendo, poco a poco, la hora pico de un martes cualquiera.
Alexandra Ortiz Wallner vive desde hace doce años en Alemania, es crítica literaria y profesora de literatura hispánica, escribió el libro El arte de ficcionar. Novela centroamericana contemporánea.1985-2006, que se publicó en el año 2012 y es todo un referente en su campo; también editó, junto a Beatriz Cortez y a Verónica Ríos Quesada, (Per) Versiones de la modernidad. Literaturas, identidades y desplazamientos, que es el tercer tomo del proyecto académico llamado Hacia una historia de las literaturas centroamericanas.
Ha sido profesora en la Universidad Libre de Berlín y, actualmente, trabaja en la Universidad Humboldt de Berlín, temas como los estudios transnacionales en literatura, la memoria y los estudios de género. De vez en cuando es invitada a la televisión alemana a comentar acontecimientos literarios como la entrega de un nuevo premio Nobel o la obra de un gran escritor, tal y como ocurrió cuando la Academia sueca galardonó a la rusa Svetlana Aleksievich, o hace unos meses tras la muerte de Umberto Eco.
En el café, aprovechamos su reciente visita a Costa Rica para conversar sobre sus temas de interés, sobre la vida literaria en Berlín, la novela centroamericana y la crónica como género, que para ella, es una necesidad de la época.

Álvaro Rojas: Usted acaba de publicar otro libro.
Alexandra Ortiz Wallner: Sí, se llama Sur-South. Poetics and Politics of Thinking Latin America-India y es un trabajo que reúne diversos ensayos que piensan, desde los estudios culturales y literarios, las relaciones entre India y Latinoamérica. Yo fui una de las compiladoras, junto a Susanne Klengel, y además escribí un ensayo sobre María Cruz, una escritora y viajera guatemalteca. Mi ensayo se titula “Narrativas de viaje a la India. Escritura del yo y género en el modernismo hispanoamericano” y en él estudio sus Cartas de la India (1912-1914). Ella fue hija de un diplomático y sus escritos permiten la reflexión sobre los viajes y su relación con la literatura, también permiten abordar la mirada de un sujeto femenino transgresor, de una mujer centroamericana, a inicios del siglo XX, con todo lo que eso puede implicar en términos políticos y subjetivos.

AR: Así como María Cruz son muchos los casos que permiten establecer ese puente literario entre India y América Latina.
AO: Claro. Hay escritos de viajeros, de aventureros, de diplomáticos. De escritores, de figuras como Rabindranath Tagore, Victoria Ocampo, Pablo Neruda, Julio Cortázar, Octavio Paz, o momentos como el Modernismo, que también se piensa en este entrelazamiento que hacemos en esta antología de artículos. Estos temas y relaciones Sur-Sur nos permiten cuestionar los lugares desde los que hablamos, los lugares de la enunciación desde espacios geo-culturales determinados.

AR: En su caso, uno de esos lugares es Berlín. ¿Qué tal es la actividad literaria en esa ciudad?
AO: Hay mucha. Hay muchos escritores jóvenes, muchas personas circulan por ahí. Se dan muchas opciones. Berlín es una ciudad abierta, cosmopolita. En este momento hay fenómenos interesantes, por ejemplo, escritores del Este de Europa que escriben en alemán. Ellos salieron de sus países cuando eran niños y han crecido en Alemania. Son alemanes y algo más. Sus familias son de origen ruso, húngaro, polaco, esloveno, búlgaro. Escriben sobre el desarraigo, sobre la memoria, sobre los recuerdos de sus padres, algunos sobre la guerra de los Balcanes. Sus libros abren muchas posibilidades para la reflexión literaria.

AR: ¿Los escritores latinoamericanos también pasan por Berlín?
AO: Sí, pasan argentinos, colombianos, cubanos, brasileños, caribeños. Pero todos ellos escriben en español, no en alemán como los que vienen de Europa del Este.

AR: ¿Cómo se percibe desde Alemania a la literatura centroamericana?
AO: La literatura centroamericana sigue siendo marginal. Lo que pasa es que ya no se restringe al compromiso político como sucedía en décadas anteriores. Autores como Sergio Ramírez o Gioconda Belli se siguen asociando con el momento de la Revolución Sandinista, pero también hay otros que gustan, que se leen y que ya no se asocian con aquel momento. Hablo de Rodrigo Rey Rosa, Horacio Castellanos Moya, Eduardo Halfon, entre los más concidos y traducidos al alemán.

AR: ¿Qué piensa de Castellanos Moya?
AO: Él está haciendo una obra, una obra sólida, que con un gran ejercicio de creatividad recoge sus obsesiones, sus fobias. Todos esos temas como la violencia, la familia, El Salvador, que aparecen en libros como El asco, Insensatez, Donde no estén ustedes. El mundo, y a la vez uno de sus países de origen, están en su literatura.
Su relación con El Salvador es ambigua, el país se percibe como asfixiante, traidor, violento. Es un lugar problemático, lleno de guerra, de autoritarismo, de conservadurismo y sin embargo, Castellanos Moya no puede dejar de escribir sobre él. En su percepción de El Salvador se podría establecer una línea con la visión que de él también tenía Roque Dalton, pero con una apuesta literaria distinta.

AR: ¿Cómo ve la obra de Sergio Ramírez?
AO: Prefiero su obra como cuentista. De sus novelas me quedo con Castigo divino, es de las más complejas. En mi caso, la novela histórica no me apasiona tanto como otras narrativas.

AR: ¿Y los guatemaltecos? Rodrigo Rey Rosa, Eduardo Halfon.
AO: La obra de Rodrigo Rey Rosa es más cosmopolita, él ha llevado su literatura a otros escenarios, Tánger, India, la selva guatemalteca que aparece en Lo que soñó Sebastián, por ejemplo. Bolaño escribió que en Rey Rosa hay una voluntad de estilo. En su obra hay una gran conciencia del lenguaje. Es primordial la economía en el uso de las palabras, el crear imágenes muy poderosas con lo mínimo.
Construye muy bien los espacios, los paisajes. Los viajes, los desplazamientos son grandes temas de su literatura. En otro registro, El material humano es uno de sus mejores libros.
Eduardo Halfon es el más joven. Pertenece a otra generación, tiene una biblioteca diferente, en la que están Ricardo Piglia, la literatura norteamericana, el mundo judío, su abuelo, que es un sobreviviente de Auschwitz, y representa un mundo lleno de silencios y de misterios. Halfon creció entre Guatemala y los Estados Unidos, es tal vez mucho más anglosajón desde sus lecturas. En su obra, lo centroamericano aparece en el mundo de la burguesía, en lugares que pueden ser Guatemala o cualqueir país latinoamericano. Sus ficciones giran en torno a su propia vida y ese narrador siente una enorme ambigüedad frente a ese mundo en el que vivió, que es sobreprotector, a ratos autoritario, falseado. Sin embargo, en sus textos no hay crítica política explícita, su interés es más que todo estético. Es un obsesivo con la escritura, se interesa por el ritmo, el sonido, la tensión narrativa. Esto se puede ver en Monasterio, Mañana nunca hablamos, El boxeador polaco, escrituras breves que oscilan entre el cuento y la novela corta.

AR: ¿Y la literatura costarricense?
AO: La literatura costarricense ha generado menos fascinación en los lectores alemanes. Tal vez por desconocimiento, no lo sé pues tiene autores muy poderosos, como Carlos Luis Fallas, Yolanda Oreamuno, Eunice Odio cuya actualidad sorprendería. Pienso que debemos intervenir el canon, leer la literatura costarricense desde nuestra actualidad, romper las fronteras a la hora de acercarnos a ella, vincularla con el mundo.
En la obra de Eunice Odio, por ejemplo, se puede leer desde otro lugar la Guerra Fría; en la de Fallas todo el tema de las bananeras, la desigualdad, la falta de derechos de los trabajadores, que no es solo un asunto costarricense.
Por otro lado, Eugenio Fernández Granell, surrealista y exiliado de la Guerra civil española que vivió en Guatemala a finales de los años 40, escribió un libro sobre artistas e intelectuales en Guatemala durante sus años en ese país. Entre ellos figuran Yolanda Oreamuno y Eunice Odio. Ellas eran todo un referente del momento y siendo mujeres, en aquel entonces, eran figuras doblemente transgresoras. Con ellas se pueden hacer lecturas muy interesantes sobre el exilio, la lucha contra el autoritarismo, el lugar de la cultura en aquella época. Hay mucho para pensar.

AR: ¿Le sigue la pista a lo que se escribe actualmente en Costa Rica?
AO: Sí. Me gusta mucho Luis Chaves. Es un poeta que pasa a la narrativa sin que en ella desaparezca lo poético. Chaves tiene un mundo propio muy ligado a la vida cotidiana, a sus amigos, a su familia. Es muy interesante, uno lee Salvapantallas y quiere saber más de ese mundo.

AR: Finalmente. ¿Qué piensa de la crónica como género literario?
AO: El regreso de la crónica parece ser una necesidad de la época. Puede ser, por ejemplo, una forma de acercarse al pasado desde aquellas personas que no tuvieron una voz que las visibilizara. Eso hace Svetlana Aleksiévich, la reciente Premio Nobel, en sus trabajos. Ella presenta los testimonios de personas que estuvieron en el lugar de los hechos, testigos en este caso del mundo soviético en momentos de catástrofe, y desde ahí nos vuelve a contar sus historias. De alguna manera re-escribe formas del testimonio.
Si la novela ha encontrado formas de romper la negación con la que se oculta un pasado violento y traumático, la crónica lo puede potenciar más, por el pacto de lectura que se establece en ella entre el autor y el lector. La crónica supone una aspiración a una verdad, proceso distinto a los juegos y tensiones de la novela con la ficción y la no ficción. Cierto tipo de crónica podría verse como un arma que complementa las búsquedas de la literatura para romper tal negación.

SUSCRÍBASE A LA EDICIÓN SEMANAL EN FORMATO DIGITAL.Precio: ₡12.000 / añoPRECIO ESPECIAL

0 comments

Otros Artículos

El psiquiatra, revolucionario y escritor Frantz Fanon, nacido en 1925 en la isla Martinica, entonces colonia francesa

La escritora brasileña Nélida Piñón recuerda a su colega y amigo argentino Manuel Puig, uno de los autores latinoamericanos más destacados del “post boom”