70 aniversario de la Guerra Civil

Las utopías_fueron_el sostén del pensamiento y corazón de hombres y mujeres que en la década de 1940 impulsaron, en la lucha política y social,

Las utopías fueron el sostén del pensamiento y corazón de hombres y mujeres que en la década de 1940 impulsaron, en la lucha política y social, la búsqueda de una igualdad y horizontalidad que conformara la vida entre los seres humanos en nuestro país.

A través del pensamiento socialista, del reformismo, del comunismo, del socialismo cristiano, de la social democracia y de las luchas políticas en la cámara de diputados, y desde el poder legislativo, en los gobiernos locales municipales y en las organizaciones gremiales y sindicales, forzaron al poder ejecutivo, pactando, por las vías democráticas, en busca de espacios donde la lucha de clases y las ideologías se manifestaron en los diversos  intereses de los grupos económicos.

Manuel Mora, Monseñor Víctor M. Sanabria y Rafael Ángel Calderon, en un desfile de 1943 que sella la alianza social.

El espacio sindical en esta década vivió una igualdad cuantitativa y cualitativa en las oportunidades de las reformas sociales y políticas. Las voces políticas sustrajeron la necesidad popular a las reformas legales. Fueron de tanta importancia que la violencia no se contuvo.

Hoy en día, a tantos años de estos hechos, los costarricenses regulan la vida social y laboral con las mismas leyes que generaciones anteriores impulsaron.

Los grupos sociales se enfrentaron, se odiaron, pactaron y se persiguieron hasta encontrar las reglas de una normalidad para la mayoría de la sociedad costarricense, con el silencio y la tergiversación de los principales acontecimientos, que 70 años después siguen en nuestras reflexiones.

La década de los cuarenta es el ocaso de la época patriarcal, era de liderazgos entre conservadores y liberales, donde la afinidad familiar y económica de la élite del poder se distanció no por cuestiones ideológicas, sino por la cercanía o divergencias de las políticas sociales impulsadas por el Dr. Rafael Calderón Guardia y el Partido Comunista, así como por la Iglesia Católica, bajo el liderazgo Monseñor Víctor Manuel Sanabria, y de las relaciones con los representantes diplomáticos de Estados Unidos y de sus compañías bananeras.

“Alguna vez cuando ya fuimos amigos, y lo fuimos por mucho tiempo, él me dijo: ‘Don Manuel, mientras yo sea jefe de la iglesia costarricense, esta estará al servicio de los pobres y no al servicio de los ricos’. Y luego me explicaba cómo realmente la iglesia en Costa Rica estaba sostenida por los pobres, por las gentes más humildes y no por los poderosos ni por los capitalistas costarricenses. Eso me explicó muchas veces Monseñor, él venía del pueblo, era de origen campesino y nunca perdió su contacto con el pueblo y, por consiguiente, conocía sus sufrimientos, la tragedia de los obreros, de los campesinos, de la clase media de este país y sentía claramente la necesidad de una reforma social. Monseñor decía que si la Iglesia se opone a que la sociedad se transforme, si es aliada a los enemigos del pueblo, de los grandes consorcios, de los grandes monopolios extranjeros, por consiguiente es cómplice de los crímenes que se cometan con las grandes masas populares” (Aguilar Bulgarelli, 1969).

Ocaso de una era, mitad de siglo. Una época álgida en las movilizaciones populares y en sus demandas y conquistas sociales, lideradas y sustentadas, desde inicios del siglo XX, por corrientes ideológicas anarquistas, socialdemócratas, comunistas, reformistas y fascistas, numen ideológico de las guerras mundiales de Europa y del desarrollo del capitalismo industrial y sus luchas anticomunistas y represoras de movimientos sindicales y populares.

En el desarrollo de las nuevas relaciones sociales, la clase media, artesanal, obrera y capacitada del sector público puso políticamente en evidencia lo anquilosado del sistema político, fraguado, en décadas anteriores, en la desidia y el control de la élite política y económica.

El Partido Comunista se constituye en vanguardia del movimiento social y sindical. Para 1934 es la principal fuerza de la organización que agrupa a los trabajadores bananeros de la United Fruit Company, que superó los 10.000 trabajadores en huelga, dirigidos por el líder sindical del Partido Comunista, Carlos Luis Fallas Sibaja.

Visualizan su oportunidad histórica de acceder al poder y a la política nacional a través de las instituciones del sistema democrático costarricense, como las municipalidades y el sistema legislativo. Se dirige a trabajar en lo que Manuel Mora Valverde llama “una revolución social”, con la presión organizada de sindicatos y organizaciones comunales, y de sus diputados y representantes en los gobiernos locales: política de presión popular y de alianzas. El sindicalismo alcanzó su auge algunos años previos a la guerra civil; entre 1934 y 1944, el número de sindicatos pasó de 85 a 200 organizaciones agraria (Díaz, 2010), fundamentalmente en tierras de la compañía bananera “el núcleo duro de la producción capitalista de ese entonces”.

Los diputados comunistas pasan de dos en 1942 a cuatro en 1944; en 1946, a seis y en 1948, a 12. La vida política costarricense abre espacios hasta la fecha desconocidos para la lucha ideológica y de clase, los patriarcas liberales viven su ocaso de líderes en el poder político y en la esfera ideológica. Con Calderón Guardia y sus decisiones políticas, se abre un  nuevo escenario ideológico.

En los primeros dos años de gobierno, Calderón Guardia introdujo las leyes de seguridad social y de la Caja Costarricense del Seguro Social para administrarlas. La seguridad social sería financiada en parte por las ganancias del patrono y en parte por los aportes del trabajador. La clase capitalista mantuvo una fuerte oposición, pues entendía la legislación social como un avance del comunismo. Un fervor anticomunista llena desde ese momento la historia y la vida política de Costa Rica hasta el presente.

“Nosotros llamamos al programa máximo, el que se desprende de nuestra ideología y el programa mínimo, aquel programa hecho de acuerdo con las condiciones del país, el programa electoral. El programa de la Alianza para la victoria en que se excluyó lo del impuesto sobre la renta, el impuesto a las tierras incultas y lo del voto femenino. Este programa lo discutimos con Picado antes de llevarlo a Monseñor Sanabria. Era el programa nuestro con una serie de modificaciones, un programa electoral no ya para nosotros sino para una alianza electoral con un partido de la burguesía” (entrevista Manuel Mora en Barahona, 1994).

En 1942 se introduce la legislación social adicional conocida como Garantías Sociales, donde se integra el salario mínimo, la jornada de ocho horas, a trabajo igual, igual salario, el reconocimiento legal de los sindicatos, el derecho de los trabajadores a una vivienda decente, condiciones mínimas de higiene en el lugar de trabajo, la obligación del estado de suministrar la educación al trabajador y la prioridad del trabajador nacional sobre el extranjero.

La oposición de los sectores capitalistas aliados al presidente y base social del Partido Republicano inicia el desprendimiento del poder político. Después de cerrar el monopolio de la gasolina y la electricidad para acercar a grupos elites y de la intervención contra las actividades (especialmente fincas de café, azúcar y negocios bancarios), haciendas y personas alemanas, italianas y españolas, en la línea del gobierno de Estados Unidos al declarar la guerra a Alemania por parte de todos los estados americanos, la ruptura con Calderón Guardia es inevitable. Del discurso compilado en el libro Conozca el pueblo los entretelones de la guerra civil de 1948 de Manuel Mora Valverde y publicado en el periódico Libertad del 4 de setiembre de 1965, transcribo:

“Nadie ignora en Costa Rica, aunque hay quienes quieren fingirlo, que el Dr. Calderón Guardia no es ni ha sido nunca comunista. Pero tampoco ignora nadie que el Dr. Calderón Guardia fue nuestro aliado; que la alianza del Dr. Calderón Guardia con nosotros tuvo una razón única y fundamental: las leyes sociales; que nosotros hicimos alianza con el doctor cuando este se encontraba prácticamente caído, porque el capital le había zafado el hombro y porque su popularidad había venido muy a menos; que nosotros fuimos leales a nuestro pacto y acompañamos al Dr. Calderón Guardia en todas las vicisitudes de la lucha que siguió, sin exigirle nunca ningún pago ni pedirle nada para nuestro Partido ni para sus dirigentes” (Ídem).

La oposición política es asumida bajo el fuerte liderazgo del expresidente León Cortés –reconocido simpatizante del Partido Nacional Socialista de Alemania-, y antiguo amigo del Dr. Calderón Guardia-.

“… El impacto del código fue tan fuerte que a partir de su promulgación, 125 sindicatos más entraron a formar parte de la CTCR en los dos años siguientes. La movilización de los trabajadores y el apoyo al Partido Comunista alcanzaron su apogeo histórico en estos años” (Shifterr, 1988).

El apoyo del Partido Comunista al Gobierno fue sustentado en la defensa de la Legislación Social aprobada por el Congreso Nacional de la República y, para impedir contradicciones con la Iglesia Católica, el partido cambió el nombre a Partido Vanguardia Popular, con el beneplácito de Monseñor Sanabria.

Para Manuel Mora esta legislación fue hija de una conjunción de factores muy importantes que resumo de la siguiente manera:

  1. Una evolución democrática del pueblo de Costa Rica muy importante y de larga trayectoria.
  2. El desarrollo del derecho obrero en escala mundial, sobre base de grandes luchas de la clase trabajadora.
  3. La existencia y el arraigo de Costa Rica a un Partido que fue capaz de movilizar grandes masas sin economizar ningún sacrificio.
  4. La ocupación de la Presidencia de la Republica en nuestro país de un hombre consciente y valiente que fue capaz de arriesgar su alto cargo, antes de sacrificar el impulso revolucionario de su pueblo.
  5. La presencia en la vida nacional de un Arzobispo ilustre que tuvo la capacidad de colocar por encima de toda clase de prejuicios y amenazas los interés de su pueblo” (Barahona, 2009).

Costa Rica vivió la crisis de la hegemonía de la clase oligárquica, traducida en bandos que se enfrentaron en una cruenta lucha civil. Los muertos, como siempre, hijos del pueblo defendieron las conquistas sociales que a principios de los años cuarenta reivindicaron en las calles, en las apoteósicas jornadas civiles y sindicales, y apoyaron a los diputados comunistas y calderonistas que en el Parlamento esgrimían estas fundamentales reformas. La agitación social teñida de anticomunismo y luchas de clases conduce a la violencia, justificando los amplios apoyos militares desde México y Guatemala.

El anticomunismo, la represión sindical y del movimiento popular que no fuera controlado por el estado figuerista y posteriormente liberacionista (Partido Liberación Nacional, 1953) fue por décadas prohibido y perseguido. La democracia formal que continuó siempre ha ocultado la estrategia represora y antidemocrática del grupo oligarca y sus adherencias de clase, sector de la clase media que resultó vencedor de la guerra civil.

“Figueres apoyó a la oligarquía para derrotar el frente progresista y luego, con la victoria, hizo suyo el programa social de la izquierda para enfrentar a la oligarquía” (Torres, 2008).

José Figueres invadió de manera violenta el país, rompió con la institucionalidad democrática y mantuvo el control de la sociedad y de las instituciones del Estado militarmente durante 19 meses.

La Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano y la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica conmemoran estos acontecimientos con una exposición de noticias de periódicos de Colombia, Panamá, Chile, México, Guatemala y Costa Rica de 1948 y otras importantes actividades.

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