Estudio CIEP-UCR

Uno de cada cinco costarricenses admite haber compartido noticias falsas en redes sociales

Un tercio de la población reconoce tener poca o ninguna capacidad para detectar noticias falsas en Internet.

Una simple alteración a una foto del presidente Alvarado acompañada de un texto incendiario fueron suficientes para divulgar que el hermano del mandatario trabajaba como asesor en la Casa Presidencial. No era cierto.

En otra ocasión, una portada falseada del diario La República afirmaba que el Ministerio de Educación, encabezado por Edgar Mora, llamaba a celebrar “el día del orgullo gay” en las escuelas y colegios del país. También era falso.

Tiempo después, otra seguidilla de noticias falsas alrededor de la figura de Mora ocasionaron el cierre de centros educativos y bloqueo de carreteras. La posterior salida del jerarca se convirtió en la primera victoria de las noticias falsas en Costa Rica, un fenómeno global que ha ocasionado violencia e inclusive muertes en otras partes del mundo.

La última encuesta del Centro de Investigaciones y Estudios Políticos (CIEP-UCR), elaborada en conjunto con el Centro de Investigación en Comunicación y el Instituto de Investigaciones Psicológicas (IIP), revela que uno de cada cinco costarricenses (casi 20%) admite haber compartido noticias falsas conscientemente; es decir, aún sabiendo que no eran veraces.

De acuerdo con el investigador del CIEP-UCR, Carlos Brenes, para que las informaciones califiquen como “noticias falsas” deben tener tres características: que incluyan algún dato falso, que simulen algún formato periodístico y que tengan la intención de desinformar.

“No está bien visto admitir que uno compartió una noticia que sabía que era falsa. Tenemos a un 20% de personas que dijo hacerlo”, comentó Brenes.

El estudio del CIEP-UCR también encontró a una población con herramientas escasas para detectar si una noticia es falsa o no. Un 33% de los costarricenses afirma ser “algo capaz” para reconocerlas, mientras que un 30% considera que tiene poca o ninguna capacidad.

El estudio también consultó sobre los actores responsables de detener la difusión de noticias falsas. En una escala del 1 al 5, donde el número más alto representa el mayor grado de responsabilidad, los periodistas y los medios de comunicación encabezan este listado, seguido por las empresas de redes sociales y los mismos lectores de medios.

“Mucho de la problemática de las noticias falsas ha sido por la desconfianza a los medios de comunicación. Hay confusión sobre qué es una noticia fáctica. Nos sale información por todo lado, de repente estamos solos, me toca a mí decidir”, explicó el investigador Brenes.

El asesor de la Gestión Política del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), Gustavo Román, coincide en que los medios de comunicación tienen la principal responsabilidad en desmentir falsedades. Román reconoció que el trabajo de los medios de comunicación fue vital en las últimas elecciones.

“En 2018 hubo difusión de noticias falsas sobre el proceso electoral, sobre el TSE y sobre el presidente del TSE, esto provino de anónimos, de personas no anónimas en redes y provino de candidatos. Fue fundamental el papel de la prensa responsable de este país, fue decisivo. Nosotros hacíamos nuestro descargo y presentábamos la información, pero teníamos clara una frontera: cualquier mentira, por más absurda que fuera, de un candidato a otro, nosotros teníamos claro que no teníamos que intervenir. Sería contrario a la democracia liberal que un órgano del Estado se ponga a decir qué es verdad y qué no”, comentó.

Román afirmó que en los últimos meses el TSE ha compartido conocimientos con los órganos electorales de la región en materia de noticias falsas. Inclusive, reconoció haberse reunido con representantes de las redes sociales Facebook y Twitter para trabajar un plan piloto en las próximas elecciones municipales, que incluya una campaña de alfabetización digital.

Esta es la principal solución que vislumbran los costarricenses para combatir las noticias falsas. La población también considera que el Estado debe monitorear y sancionar a quienes producen estos contenidos.

“Hay una tendencia punitivista, como en Francia y Alemania, de crear más normativa y sanciones a quienes comparten noticias falsas. En América Latina, y hablo por el sentir de los magistrados del TSE, esto se percibe como estéril.

La línea por la que se está optando es combatir la desinformación con información, apoyar las iniciativas de fact-checking (chequeo de hechos) y alfabetización digital”, concluyó Román.

La incertidumbre de WhatsApp

WhatsApp es una de las redes donde los costarricenses afirman haber recibido alguna noticia falsa. Esta plataforma de mensajería, a diferencia de los grupos y páginas en Facebook, se ha convertido en un muro para los verificadores de datos.

“El costo de publicar una información falsa en WhatsApp es minúsculo. Su fortaleza es que no se puede rastrear su fuente. Si vos tirás a rodar una mentira por tu página extremista de Facebook, tarde o temprano te vas a quemar como la página que publica noticias falsas. Eso en WhatsApp casi no pasa. Hay muy bajas posibilidades de “quemar” a un divulgador de noticias falsas. No hay posibilidad de búsqueda y rastreo. No existe un espacio público común, que es lo que distingue a las otras redes. Hay mucha sombra en donde agazaparse”, explicó Darío Chinchilla, editor de Doble Check, una iniciativa de verificación de informaciones de la Universidad de Costa Rica.

El periodista contó que para contrarrestar ese muro que impone WhatsApp, el equipo de Doble Check creó un personaje ficticio llamado “La Tía de WhatsApp”, que se encarga de verificar noticias en esta plataforma.

“Con solo esta apertura, que es muy tímida, abrimos la puerta a que nos lleguen otro tipo distinto de informaciones dudosas. En nuestra experiencia de estos pocos meses, la gente tiene mucho menos escrúpulos para compartir informaciones descaradamente falsas en WhatsApp. En unas semanas nos aventuraremos un poco más, y usaremos a La Tía como un canal de distribución para compartir verificaciones. Es un experimento, pero también es una respuesta a lo frustrante que nos resulta que WhatsApp es un poco como el Viejo Oeste”, agregó Chinchilla.

El investigador del CIEP-UCR, Carlos Brenes, agregó que queda pendiente comprender quiénes son las personas que comparten noticias falsas aún sabiendo que no son verdaderas. Para Brenes, el fenómeno de WhatsApp representa un reto sobre “cómo estudiar la transmisión de un virus en contextos donde no necesariamente los podremos ver, a diferencia de los grupos públicos”.

La encuesta del CIEP-UCR se realizó entre el 13 y 17 de mayo. Se entrevistó a 805 adultos a lo largo del país, por medio de llamadas a sus teléfonos celulares.

El estudio tiene un margen de error de 3,45 puntos porcentuales y un 95% de confianza.


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