Solís repasa el 2016 (huracán incluido) y dibuja su 2017

Pobreza, economía, obra pública y relato propio del huracán Otto. Texto preliminar de la entrevista con el Presidente de la República en nuestra edición impresa

“A las 10 p.m ya teníamos los primeros informes… Era de noche y se fue la luz en la zona norte y empezaron a llegar las llamadas, los audios “se nos murió”, “se nos fue la casa”. Estábamos con el 911 y había reportes y mandaban fotos de un muerto pegado en una rama y la gente contaba los mismos muertos varias veces. Entonces empezaron a llegar muertos aquí, muertos allá. No teníamos información. Yo tuve la angustia sabiendo de una familia que estaba en el techo de la casa en medio río y que se podía ir en cualquier momento la casa; eran ocho personas en un techo y se nos podían morir todas de una sola vez. Esa noche fue terrible, fue espantosa”.

Esto lo cuenta el presidente Solís como uno de los hitos del 2016. En dos momentos se le enchilan los ojos con el recuerdo y carraspea.

El presidente de Costa Rica se tomó la atención de la emergencia del huracán Otto -el primero en cruzar suelo tico- como un desafío personal. Tanto así anhelaba dejar en cero la cifra de fallecidos. Tanto así que se precipitó ese jueves a decirlo antes de saber que la zona norte del país iba a resultar tan golpeada y que el costo en vidas iba a ser de diez. Diez personas.

Ahora la atención de la emergencia surge como un episodio ineludible en el repaso del 2016, pero también como un hecho relevante de comienzos del 2017, porque en términos generales lo hizo bien y sabe que la gente se lo reconoció. Fue un tanque de oxígeno político en el momento justo.

Fue un buen ejercicio de autoridad y paternalismo, de coordinación de gabinete y ejecutividad.

Todavía se le recuerda en una de varias conferencias de prensa, abrigado con una chaqueta térmica de aviador que le regalaron en Vigilancia Aérea y que le ayudó para la puesta en escena. Cara de bravo a veces, de preocupado otras o de compungido. Y todo era real. Se le ve ahora que recuerda el episodio y se le medio quiebra la voz.

Fue el peor momento del año. “Terrible”, dice. “Nosotros sabíamos que venía, pero no sabíamos que iba a llegar tan rápido. El huracán estuvo moviéndose entre cuatro a seis kilómetros por hora. Cuando entró a la parte continental, a la tierra se movió mucho más rápido. Pasó de seis kilómetros a catorce kilómetros por hora y entonces lo que nosotros pensábamos era una fase de manejo de crisis, que íbamos a tener toda la madrugada,  pero a las 10 de la noche ya teníamos los primeros informes…”

Ahora lo ve con distancia y cree que la tragedia pudo ser peor, concluye que Costa Rica tiene buenos recursos para emergencias y por eso lo incluye entre los momentos felices.

“Fue un momento de alegría ha sido no tanto el constatar esto que llaman el repunte del Gobierno, sino el poder decir que sí, que se nos murieron diez personas, pero que se salvaron cientos, porque pudo haber sido terrible”.

“El país tiene un protocolo para atención de emergencias que es muy bueno. El proceso de formación de las personas que representan a las instituciones en la Comisión Nacional de Emergencias (CNE), los técnicos que existen en el país, en bomberos, en Cruz Roja, en la Fuerza Pública, los policías de frontera; son valientes, esta gente sabe lo que está haciendo. Saben cómo se rescata, saben cómo entrar, saben por dónde, porque han tenido tantas emergencias que tenemos un cuerpo de conocimientos muy buenos”

La estrategia política también juega, aunque aquí el Presidente se sacude las manos y asegura que todo fue natural, que hizo lo que se necesitaba conforme iba ocurriendo todo.

“Es que no hubo tiempo. Uno no se prepara para eso. Cuando yo llegué a la CNE, el domingo, lo que teníamos era el huracán ubicado a 300 kilómetros de la costa Caribe de Centroamérica, con una trayectoria claramente hacia el continente, con una probabilidad mayor del 60% que entraría a Costa Rica; teníamos el mejor clima del mundo en San José y estuvimos en esa reunión de las 6 a.m.

“Teníamos que tomar la decisión de si aprovechábamos esos dos días de clima bueno para mover a la gente o no; esa es una decisión que me tocaba a mí. Había gente que decía “vamos”, como los Bomberos y había gente que decía todavía que no, porque si usted da la orden de evacuación ya y no pega, la pérdida de credibilidad que vamos a tener como comisión va a ser catastrófico. Además llegó en un punto bajón de apoyos sociales.

“La decisión fue obviamente evacuar, porque yo prefería evacuar y que el huracán se fuera para el otro lado, como pasó en Limón con el huracán Juana, que no hacerlo y que el huracán llegara y nos agarrara con la gente adentro; y habían solo 36 horas para hacer eso, porque ya el miércoles entraban las comisiones de nubosidad que iban a impedir que se movieran los aviones, los helicópteros, iba a aumentar el viento, iba a ser difícil de tratar. ¿Quién me preparó? Nadie.”

Y salió bien librado. Y lo sabe. Así acabó su año, sonriendo por la reducción de la pobreza y la estabilidad económica (“una alineación de estrellas que van desde un crecimiento del 4,2%, la inflación en cero; la inversión creciendo al  14%, la industria turística aumentando en dos dígitos; la política monetaria estable, una devaluación muy pequeña y muy controlada; la tasa básica pasiva bajó dos puntos; materias primas bajas; petróleo bajo…”).

Sonriendo también por la inauguración de escuelas nuevas y colegios y por el retorno de la estatua de Don Pepe a la Plaza de la Democracia. Sonriendo, sí, pero inquieto por el desempleo estructural (9,2%), el déficit fiscal y la lentitud en obra pública. Parte de sus tareas de 2017.


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