Estudio de opinión CIEP-UCR

¿Cómo un shock religioso alteró la campaña?

El endurecimiento del voto conservador explica el ascenso abrupto del candidato protestante Fabricio Alvarado.

Un escenario de segunda ronda parece seguro y la competencia se mantiene abierta. El poder está ahora en los indecisos.

La campaña electoral en Costa Rica sufrió un “shock religioso” que alteró la competencia entre candidatos y subió en un cohete al diputado protestante Fabricio Alvarado, que se despegó del suelo y queda en la puerta de una inminente segunda ronda a disputar durante el domingo de Resurrección.

La encuesta más reciente del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR) retrata el efecto que tuvo en la campaña la publicación de la Corte Interamericana de Derechos Humanos a favor del matrimonio igualitario, motivo de repudio en la mayoría conservadora influenciada por su religión cristiana católica o protestante.

El rechazo mayoritario a ese fallo de la Corte (dos tercios de la gente) coloca a Fabricio Alvarado en un empate en la cima de preferencia electoral con Juan Diego Castro, que por primera vez desde agosto pierde respaldo (dos puntos). Esto se ve al comparar las encuestas del CIEP de diciembre con la última, realizada entre el 15 y el 17 de enero, dos semanas y media antes de los comicios.

La lotería legislativa

Para la elección de los nuevos 57 diputados el panorama es aún más incierto, porque solo cuatro de cada diez entrevistados manifestaron preferencia por alguno de los partidos políticos. Curiosamente, entre los dos más apoyados no están los partidos de Fabricio Alvarado ni de Juan Diego Castro. Esos espacios son para PLN y PUSC con 10% y 7% de las respuestas, respectivamente.

El aspirante Alvarado aprovechó más que los demás la reacción de personas opuestas al matrimonio igualitario, a pesar de que su discurso conservador compite con el de otros nueve candidatos presidenciales. Entre todos los candidatos que manifiestan esa posición suman un 63% de la intención de voto; pero Fabricio Alvarado sale ganancioso porque lo apoya uno de cada cuatro personas que integran ese grupo.

El candidato del partido confesional Restauración Nacional (único diputado de esa agrupación) y el aspirante de Integración Nacional (PIN, agrupación que lleva 15 años sin tener diputados) están en un empate técnico con 17% y 16% de los decididos a votar, pues el margen de error es de tres puntos hacia arriba o debajo de cada cifra.

Al candidato Antonio Álvarez Desanti (Partido Liberación Nacional, PLN) poco le ha servido girar su discurso para intentar atraer los votos conservadores, porque mantiene su tendencia decreciente y ahora recoge el respaldo de solo el 11% de los decididos a visitar las urnas. El verdiblanco está ahora empatado con Rodolfo Piza (Unidad Social Cristiana, PUSC), que (también) cayó cuatro puntos en el último mes.

La exacerbación religiosa, sin embargo, no movió al grueso del grupo de los indecisos, que siguen siendo el 27% de los electores decididos a votar. Tampoco afectó al 39% que podría abstenerse de participar en las elecciones, a pesar del menú de 13 candidatos presidenciales.

Si se proyectan estos datos al padrón nacional, se puede decir que más de la mitad del padrón nacional carece de intención de voto en el momento de la encuesta, lo que hace que la campaña siga girando con su efecto de “montaña rusa” y mantenga abierta la opción de pasar a segunda vuelta el 1º de abril a varios candidatos.

Los investigadores del CIEP no descartan siquiera a Rodolfo Hernández (Republicano Social Cristiano, PRSC) ni al oficialista Carlos Alvarado (Partido Acción Ciudadana, PAC), ambos con 6% de intención de voto. Esto, por la alta volatilidad que se ha detectado y la tendencia de los ticos a tomar a última hora sus decisiones políticas.

Si consideran los seis candidatos de la primera mitad de la tabla de intención de voto, Carlos Alvarado es el único que no rechaza el matrimonio igualitario. Con él coinciden Edgardo Araya (Frente Amplio) y John Vega (Partido de los Trabajadores), pero ambos aparecen con un respaldo inferior al margen de error.

Los electorados

La encuesta CIEP-UCR detecta la coincidencia entre el endurecimiento del conservadurismo y el crecimiento de Fabricio Alvarado, quien antes de ser diputado y predicador evangélico fue reportero de sucesos en televisión.

Al observar el perfil de sus seguidores, destaca con amplitud el grupo de quienes adversan el fallo de la Corte Interamericana. Aquí los simpatizantes de Alvarado son más que los indecisos que aparecen arriba en casi todos los segmentos.

Este periodista de 43 años también tiene especial empatía con las mujeres (su apoyo en ese grupo duplica al de los varones) y entre jóvenes, aunque se contradiga la idea de que son las personas mayores las más conservadoras.

El segmento de edad de 18-35 años respalda con mayor fuerza a Fabricio Alvarado  (18%) y en segundo lugar los de 38 respaldan a Carlos Alvarado (12%), a pesar de que entre esta población juvenil gana “el partido” más grande: los indecisos (XXX%).

El otro acento de los seguidores de Fabricio Alvarado está en quienes solo tienen educación primaria o secundaria, pues entre personas con estudios universitarios el líder es Carlos Alvarado.

El candidato del PAC solo aparece en punta en este último grupo y entre quienes apoyan el fallo de la Corte por los derechos de las parejas del mismo sexo.

Parece claro que los dos periodistas de apellido Alvarado representan los extremos de la polarización electoral en torno a este último tema, pero si se mira solo este criterio es fácil entender por qué está arriba el representante de Restauración Nacional. Dos tercios de la población rechazan el matrimonio igualitario y el aborto en casos de embarazos provocados por violación, lo que confirma el predominio conservador en Costa Rica.

La defensa de los “valores tradicionales” proviene sobre todo de mujeres, personas de más de 55 años y con baja escolaridad. Lo mismo se muestra al desglosar la posición mayoritaria en contra del aborto cuando la mujer ha sido violada.

Encuestas anteriores del CIEP ya habían mostrado el rechazo popular al matrimonio del mismo sexo y al aborto en casos de violación, pero este estudio señala un aumento de ese repudio. En diciembre de 2016 rondaba el 60% y ahora, el 68%.

La agenda “pro vida, pro familia y contra la ideología de género”, como la llaman los grupos conservadores, gana terreno promovida con mayor energía por autoridades católicas y evangélicas en conjunto, como se vio en la marcha multitudinaria de diciembre en San José.

Esta discusión entre conservadores y progresistas se exacerbó por el fallo de la Corte Interamericana el 9 de enero, cuyo efecto de “shock” en la campaña podría alcanzar para incidir en el resultado del 4 de febrero o disiparse antes, considerando que las preferencias de los votantes siguen una lógica similar a la de una “montaña rusa”, señalan los investigadores del CIEP.

El matrimonio igualitario y, de rebote, el resto de posiciones sensibles para el dogma cristiano, se convirtieron en un elemento central en las últimas dos semanas, después del protagonismo de Juan Diego Castro y las amenazas que representa para el sistema político tradicional. Antes, el “cementazo” había puesto el foco en el problema de la corrupción y pudo haber condicionado las preferencias electorales.

En todo este proceso, sin embargo, Fabricio Alvarado aparecía con una alta valoración de los pocos encuestados que decían conocerlo. Al conocerse el fallo de la Corte y asumir Alvarado posiciones radicales (como decir que retiraría a Costa Rica de este tribunal continental), mejoró mucho su visibilidad y se hizo más conocido.

Ahora, al predicador cristiano lo conocen seis de cada diez entrevistados, solo superado por Otto Guevara, Álvarez y Castro; con la diferencia del candidato de Restauración Nacional, a todos supera en calificación (5,8 en la escala de 1 a 10). Una nota alta y un mayor nivel de conocimiento explican en buena medida el incremento en el respaldo.

El segundo candidato mejor calificado es Rodolfo Hernández, seguido de Piza y Carlos Alvarado. En quinto puesto aparece Juan Diego Castro quien experimentó un descenso en la aprobación durante el último mes. En diciembre tenía un 6,2 y en enero, un 4,8, lo que podría explicar el frenazo en la tendencia ascendente en intención de voto y la leve caída de dos puntos, aunque sigue colocado cerca de una segunda ronda.

El perfil de seguidores de Juan Diego Castro es algo distinto al de Fabricio Alvarado. A Castro lo siguen en especial los hombres y las personas de más de 55 años, aunque en ambos es relevante la presencia de electores con baja escolaridad, secundaria o menor.

Álvarez Desanti, por su parte, también atrae sobre todo a personas de más de 55 años, pero en esta encuesta logra mejorar el respaldo de personas con estudios de secundaria y universitarios, a diferencia de estudios de opinión anteriores. En varios segmentos de la muestra aparece muy cerca de Piza, lo que refuerza el señalamiento de que intentan pescar en las mismas aguas electorales a pocos días de las elecciones.

El respaldo de Hernández viene sobre todo de la población de mayor edad y menor educación, y se mantiene equilibrado entre quienes apoyan el fallo de la Corte Interamericana y quienes lo rechazan.


Ficha de la encuesta

  • 1 013 entrevistas.
  • Realizada entre el 15 y 17 de enero.
  • Margen de error de +- 3,1 puntos porcentuales.
  • Muestreo aleatorio.
  • Llamadas a teléfonos celulares.
  • Coordinadores de investigación y trabajo de campo: Ronald Alfaro y Jesús Guzmán.
  • Director del CIEP: Felipe Alpízar.


 


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