Resultado electoral: dos rondas y dos realidades

El país irá de nuevo a las urnas el 1°de abril con pocas certezas: un nuevo mapa político, la escalada religiosa y el contraste centro-periferia

Fabricio Alvarado y Carlos Alvarado compiten desde ya por ganar la Presidencia de Costa Rica en la segunda ronda electoral, tras las disputadas las elecciones de este domingo, que sirvieron para evidenciar un cambio profundo en el mapa político de Costa Rica y la respuesta popular en las zonas marginadas del país.

Juan Diego Castro salió en moto de la escuela República de Chile, donde votó en la jornada que puso punto
final a su aventura electoral con el quinto puesto (9,5% de los votos). Su campaña reflejó el descontento de un sector con los partidos y la inconstancia de los electores en su apoyo a los candidatos.

La jornada electoral ratificó el enorme impacto del factor religioso que, por primera vez en la historia nacional, favorece con medio millón de votos (24,9%) a un representante del creciente y dinámico sector evangélico, con el apoyo indispensable de un sector de fuerzas conservadoras del catolicismo tradicional que es mayoría en Costa Rica.

El experiodista, predicador y diputado Fabricio Alvarado simboliza ahora mucho más que su pequeño partido Restauración Nacional fundado por el pastor Carlos Avendaño después de desencuentros políticos con el exdiputado Justo Orozco. Representa también a las iglesias evangélicas que trabajan de manera incansable entre oraciones y obras sociales y a la agenda política “provida y profamilia” que la Iglesia Católica ha impulsado cada vez con menos disimulo.

Ese hombre de 43 años, que nunca ambicionó la política ni se preparó para ejercer el poder, evidencia además las consecuencias de la pérdida de importancia de los partidos tradicionales ante la población.

Las elecciones recolocan a los partidos sin discriminar ideologías; Frente Amplio pasa de nueve diputados a uno y al Movimiento Libertario de Otto Guevara se le acabaron 20 años de presencia parlamentaria. Al histórico Partido Liberación Nacional (PLN) le arrebatan ahora el dominio de los territorios periféricos en donde se afincó con el cambio de siglo, después de que el centro del país virara hacia el Partido Acción Ciudadana (PAC), que ya deja de ser una fuerza alternativa y opta por repetir en el poder.

Las zonas céntricas volvieron a inclinarse este domingo por el PAC, con Carlos Alvarado (21,6%). Se ve en el mapa nacional, con un triunfo en las provincias San José, Heredia y Cartago, pero Restauración Nacional ganó las cuatro provincias con costa o frontera: Alajuela, Guanacaste, Limón y Puntarenas. En estas dos últimas los votos de Fabricio Alvarado incluso superan el 40%.

Este contraste centro/periferia también se deja ver a escala menor; en muchos cantones el PAC obtuvo mejores resultados en los distritos centrales y a Restauración Nacional le fue aún mejor en los distritos periféricos, donde en términos generales hay inferiores condiciones de vida.

Un ejemplo de ello se ve en el voto por papeletas presidenciales en el cantón central de Alajuela, donde el PAC triunfó solo en un distrito, el central, con 25%; mientras los restantes ocho distritos quedaron en manos del partido de Fabricio Alvarado y ninguno favoreció al PLN.

El cantón capitalino también lo expresa. PAC ganó los distritos más céntricos o prósperos (Carmen, Merced, Catedral, Zapote, San Francisco de Dos Ríos) y Restauración Nacional se dejó Hospital, La Uruca, Pavas, Hatillo y San Sebastián.

Hubo distritos como Katira en Guatuso o Bijagua en Upala donde Restauración Nacional logró más del 50% de los votos.

La abstención en este caso, pese a algunos temores, se mantuvo en niveles normales de este siglo, con 34,34%, lo que confirma el mantenimiento de confianza popular en las elecciones como forma de acción política.

No obstante, se repite lo de otras ocasiones, en general son las regiones más marginadas del país las que menos votan, como se puede ver en Talamanca. En este cantón limonense costero, fronterizo e indígena votó solo la mitad de las personas.

En el distrito Colorado del cantón Pococí, colindante con Nicaragua en la zona de isla Calero, la abstención fue mayor: 58%. El distrito central de Golfito, a pesar de ser considerado un centro urbano (municipalidad, universidad, hospital…), registra también una abstención elevada: 44,9%.

¿Los tiempos de Dios?

Es la primera vez que el histórico PLN queda en tercer lugar en unos comicios (18,6%) y, más allá de su profunda crisis propia, dimensiona con más claridad el derrumbe de las simpatías políticas que marcaron la disputa por el poder en la Costa Rica de los últimos 70 años.

“Vemos el fin de un momento histórico. Las identidades y tradiciones políticas quedaron fuera”, explica el investigador Ronald Alfaro, director del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica.

“Las periferias eran el salvavidas del PLN, pero vemos que ya no”, añade Alfaro, coordinador de la serie de estudios de opinión del CIEP que permitieron tomarle el pulso a esta campaña y entender ahora el resultado. Debilitadas las fronteras partidarias e ideológicas políticas, la población es más susceptible a comportarse en masa en favor o en contra de temas concretos que suelen causar polarización, como ocurrió en 2006 con el TLC o en este caso con la religión.

El pronunciamiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el 9 de enero, queda confirmado como el elemento decisivo de estas elecciones. Como nadie imaginó jamás, el fallo en favor del matrimonio igualitario cayó en el momento cumbre de la campaña. “No lo vi venir”, reconoció el candidato del PLN Antonio Álvarez Desanti en su discurso de derrota.

El impacto del tema religioso fue tal que nubló las posibilidades de Juan Diego Castro (9,5% de los votos) y de su discurso de “antipolítica y anticorrupción”. Sus mensajes de mano dura no calaron suficiente o carecieron de una base organizada, más aún desde el débil Partido Integración Nacional (PIN), que en mayo regresará a la Asamblea Legislativa después de 16 años.

Nada fue tan fuerte como el “shock religioso”. En las últimas dos semanas se reordenaron las simpatías electorales de por sí cambiantes, al detonarse la discusión entre quienes sienten amenazados los valores cristianos y quienes ven necesario avanzar en derechos de las minorías sexuales. Las menciones al aborto y a la educación sexual laica elevaron las emociones y ponen en entredicho la eficacia del llamado del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) por un voto racional.

Fabricio Alvarado logró concretar en las urnas el ascenso abrupto de mitad de enero con la exacerbación religiosa. Por inédito que sea, tampoco es sorpresivo y menos aún para quienes han estudiado la evolución de la religión en los últimos 30 años, décadas que coinciden con el aumento de la desigualdad social en el país, como certifican numerosos organismos internacionales.

A Laura Fuentes, experta en Sociología de la Religión e investigadora de la Universidad Nacional, no le sorprendió ver a Fabricio Alvarado celebrando este domingo.

“Las élites costarricenses hemos excluido a una parte de la población y ahora vemos que da frutos el trabajo de las iglesias evangélicas por más de 30 años con comunidades olvidadas, con precariedad educativa, laboral o situaciones de violencia. Ahí la población ha encontrado un apoyo en las iglesias, que han cumplido un papel no solo en asuntos del más allá, sino del más acá, atendiendo necesidades de cuido, vivienda, preparación de líderes o esparcimiento”. El terreno estaba trabajado.

Se calcula que la población evangélica practicante ronda el 20% en el país y, aunque es imposible afirmar que toda votó por Fabricio Alvarado, sí representa un músculo indispensable que se complementa con otros grupos conservadores. Esta comunión es la que se ha visto en años recientes entre autoridades católicas y cristianas, y que se reflejó en la multitudinaria marcha del 3 de diciembre en San José.

“Ese día fue importante. Se pudo ver de manera muy clara el tamaño de la alianza y el potencial movilizador de masas que tiene esa causa de defensa de la familia tradicional, de la vida desde la concepción o el rechazo a la ‘ideología de género’, como llaman”, señaló el analista político Gustavo Araya.

Sin embargo, la base dura y quienes se acercaron a celebrar en el hotel San José Palacio el triunfo de Fabricio Alvarado vienen de los grupos evangélicos. “Nuestra burbuja nos impide entender el crecimiento tan fuerte en zonas donde los actores políticos tradicionales llegan solo esporádicamente. Las iglesias no, las iglesias están ahí presentes con gente de ahí y hacen un trabajo constante, casa a casa, a menudo conectadas a una red internacional que, además, tiene recursos económicos”, añade Laura Fuentes. Las iglesias no llegan ahí; ahí viven.

A ello se suma el impulso a la “teología de la prosperidad”, que exalta el éxito como forma de ser buen cristiano, sea en lo económico o en lo profesional. Un ejemplo se ve en el papel de más y más futbolistas como rostros populares de ese éxito. Es también lo que resaltaba un video de campaña en el que la esposa del candidato evangélico, Laura Moscoa, contaba penurias de su niñez en contraste con su bienestar actual.

Por eso sería un error limitar el fenómeno a zonas marginadas, advierte Randall Blanco, director del Posgrado en Sociología de la UCR. “Hay mucha clase media y sectores poderosos que también se mueven por lo que consideran es defender el principio fundante de la vida colectiva: la familia”. Aquí el movimiento conecta también con  grupos de católicos que claman por conservar los valores tradicionales de Costa Rica que desde siempre han dictado sacerdotes y obispos.

Otro video de Fabricio Alvarado fue relevante, el último antes de la veda. Ante los cuestionamientos por la falta de un equipo para gobernar, el candidato hizo públicos los nombres de varias personas que le han ayudado en la campaña.

Entre ellos el de la abogada Alexandra Loría Beeche (activista antiaborto y sustituta del candidato en la curul que él dejaría para afrontar la campaña de segunda vuelta) y Alejandro Leal, un médico experto en bioética que abogó contra la Fertilización in vitro (FIV). Y ambos son católicos connotados.

Los que antes se trataban como “hermanos separados” ahora están reunidos en una sola familia donde el origen político o ideológico ahora importa poco. “Defender la familia y la vida” es el estribillo en el discurso de Fabricio Alvarado, que se escuchó en la noche electoral. Es el mensaje que ha repetido desde que debutó como político en su escaño de diputado al que llegó casi por casualidad en 2014, después de que renunciara la persona que iba de candidato y vieran en él atributos de buen comunicador.

El desafío del PAC

Aunque que tampoco se respalde con números, el “shock religioso” también pudo haber aportado una parte de los votos que permitieron a Carlos Alvarado pasar a segunda ronda.

El resultado final le favoreció con una diferencia de casi 62.000 votos sobre Álvarez Desanti, a pesar de un primer reporte del TSE que puso arriba al liberacionista y llenó de nervios a los simpatizantes del PAC, que se multiplicaron en las últimas dos semanas.

El exministro de Desarrollo Humano y de Trabajo logró, en ese momento, superar los cuestionamientos del gobierno de Luis Guillermo Solís y los señalamientos contra el PAC por corrupción con el “cementazo”, el caso de tráfico de influencias que marcó el inicio de la campaña en octubre.

Con el apoyo clave del fundador del partido y diputado crítico de este Gobierno, Ottón Solís, Carlos Alvarado logró escalar posiciones con un discurso inclusivo en lo social, geográfico y, cómo no, en los derechos de las minorías sexuales.

Por eso el temor de algunos analistas de que la campaña hacia la segunda ronda se polarice más en torno a asuntos en apariencia religiosos y siga dejando en el margen temas “terrenales”. Entre estos destaca la crisis fiscal del Gobierno y numerosas decisiones pendientes relacionadas con la sostenibilidad económica y social del país.

El PAC, que ya deja su etiqueta de partido alternativo, enfrenta el reto de rendir cuentas sobre el gobierno actual “con sus errores y sus aciertos, pero mejor que los del pasado y con visión de futuro”, como insiste Alvarado.

Frente a ese discurso, su adversario se aferra al lema de “las manos limpias” y “hagámoslo juntos”, como parecen escuchar sectores políticos y económicos que, ante la falta de cuadros consolidados para gobernar, ven oportunidades en Restauración Nacional.

Como una selección clasificada para un mundial de fútbol y con miles de seguidores comprometidos, pero necesitada de jugadores, al partido de Fabricio Alvarado le salen ofrecimientos por doquier.

El juego de las alianzas para una segunda ronda ya ha comenzado con gestos y rumores, pero faltan dos meses, que resultan una eternidad para las dinámicas políticas actuales. “Dos meses es una locura”, decía este lunes el experto Daniel Zovatto, director de IDEA Internacional, convencido de haber observado unas elecciones reveladoras de grandes cambios en un país. O dos.

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