Pasaportes de inmunidad carecen de respaldo científico

Lo que se sabe es que el cuerpo sí desarrolla una respuesta inmune frente al nuevo coronavirus. Sin embargo, no se sabe cuánto tiempo perdura esa inmunidad y tampoco se conoce si esta previene de una segunda infección.

Con el objetivo de “volver a la normalidad” lo más pronto posible, algunos países están proponiendo utilizar “pasaportes de inmunidad”. Estos se otorgarían a aquellas personas a las que se les detecte anticuerpos en la sangre contra el virus SARS-CoV-2 para que vuelvan a trabajar o viajar; esto asumiendo que ya son inmunes a COVID-19.

Lo cierto es que, a la fecha, científicamente no hay garantía de inmunidad. Al ser un virus tan nuevo, tampoco se tiene evidencia robusta que permita descartar una segunda infección por SARS-CoV-2 en personas que ya padecieron COVID-19. 

“Esperamos que las personas infectadas por COVID-19 desarrollen una respuesta con un cierto grado de protección, pero no sabemos qué tan fuerte es esa protección, si es igual para todos los enfermos y cuánto tiempo protege o se mantiene”, dijo Maria Van KerKhove, jefa de la Unidad de Enfermedades Emergentes y Zoonosis de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en declaraciones al medio N+1.

En primera instancia, el cuerpo va a reaccionar a la defensiva ante una infección viral. Activará las células de su sistema inmunitario para ralentizar el progreso del virus e incluso evitar algunos síntomas.

En una segunda etapa, el cuerpo tendrá una respuesta adaptativa en la que se producen anticuerpos (proteínas conocidas como inmunoglobulinas) y células T, que son capaces de reconocer y eliminar a otras células infectadas por el virus. 

“Esta respuesta adaptativa combinada puede eliminar el virus del cuerpo y, si la respuesta es lo suficientemente fuerte, puede evitar el avance a una enfermedad grave o la reinfección por el mismo virus. Este proceso a menudo se mide por la presencia de anticuerpos en la sangre”, explicó la OMS en su brief científico.

Si bien las personas que padecieron COVID-19 generaron una respuesta inmune, aún se requieren estudios para determinar si esos anticuerpos son capaces de prevenir una nueva infección. 

Un estudio, citado por la OMS pero que aún no está revisado por pares y sus resultados no pueden tomarse como concluyentes, examinó el plasma presente en la sangre de 175 pacientes recuperados de COVID-19 que mostraron síntomas leves. Los investigadores hallaron que el 70% de ellos desarrolló fuertes respuestas inmunes a partir de anticuerpos, pero cerca del 25% tuvo una respuesta baja y cerca del 5% no desarrolló ninguna respuesta detectable. 

En otras palabras, el estudio sugiere que no siempre el haber padecido la enfermedad de manera leve conlleva necesariamente una protección. Puede ser que sí, pero también puede ser que no. Para saberlo con certeza, aún se requiere más evidencia científica. Asimismo, tampoco se conoce cuál es la respuesta inmune de las personas asintomáticas.

“No solo no sabemos si la respuesta inmune previene de una nueva infección, sino que tampoco sabemos cuánto dura. No lo sabemos porque precisamente estamos en un pico pandémico y no ha habido tiempo de hacer seguimiento. Además, diferentes virus tienen respuestas diferentes”, manifestó Jorge Luis Acosta, médico y docente de la Universidad del Norte en Colombia, durante un seminario web con periodistas.

Acosta puso un ejemplo: el virus de la influenza muta constantemente y, por tanto, la respuesta inmune para determinada cepa protege solo un año. Caso contrario es el virus causante del dengue, cuya inmunidad protege de por vida. Si la persona fue infectada con el DEN1, entonces la respuesta inmune le protegerá de volverse a infectar con ese serotipo.

“Con el nuevo coronavirus aún no lo sabemos”, subrayó Acosta.

Para mitigar la posibilidad de que resurja la infección por SARS-CoV-2, pueden requerirse períodos intermitentes de distanciamiento social hasta el 2022.

Distanciamiento social hasta 2022

Hasta no contar con una vacuna que favorezca la inmunidad, el distanciamiento social sigue siendo la medida más efectiva para contener la pandemia. 

De hecho, investigadores de la Universidad de Harvard a través de un estudio publicado en la revista Science alertaron sobre el riesgo de levantar abruptamente las medidas, lo cual puede incrementar los casos con el consecuente colapso de los servicios de salud.

Asimismo, los expertos proyectaron brotes recurrentes de SARS-CoV-2 después de la ola pandémica inicial, los cuales también podrían exceder las capacidades de los hospitales, y, por tanto, “puede ser necesario un distanciamiento social prolongado o intermitente hasta 2022”.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores utilizaron datos sobre la estacionalidad de coronavirus humanos ya conocidos como el HKU1. Suponiendo una inmunidad cruzada entre el SARS-CoV-2 y estos otros coronavirus, los científicos construyeron un modelo de interacciones plurianuales y, con ello, pretendían conocer por cuánto tiempo las medidas de distanciamiento social debían permanecer. Hicieron sus proyecciones hasta el año 2025.

¿Qué observaron a partir de los escenarios simulados?

Efectivamente, la inmunidad es el factor clave para disminuir la incidencia del virus en los años venideros, pero esta depende de que exista una vacuna y, aunque la ciencia se apure para conseguirla, esta podría estar lista en 12 meses como mínimo.

Lo segundo que observaron es que las nuevas terapias podrían ayudar a prescindir de un distanciamiento social riguroso, pero la investigación aunque avanza tan rápido como puede aún no ha ideado antivirales contra SARS-CoV-2.

“La aplicación temprana de un fuerte distanciamiento social es esencial para controlar la propagación del SARS-CoV-2 y, en ausencia del desarrollo de nuevas terapias o medidas preventivas, como la detección agresiva de casos y la cuarentena, las medidas de distanciamiento intermitente pueden ser la única forma de evitar que se sobrecargue la capacidad de cuidados intensivos al tiempo que se fomenta la inmunidad de la población”, se lee en el artículo científico.

¿Por qué nos cuesta tanto mantener la distancia?

Al ser una especie altamente social, el ser humano evolucionó para enfrentar el miedo en comunidad, acercándose los unos a los otros. De hecho, las situaciones amenazantes lo vuelven más cooperativo y más propenso a la solidaridad.

“La afiliación y la búsqueda de contacto físico son respuestas básicas al peligro”, destacaron los investigadores Guillaume Dezecache, Chris D. Frith y Ophelia Deroy en un ensayo publicado en Current Biology.

En otras palabras, el impulso natural es a agruparse y las medidas sanitarias de distanciamiento social para afrontar la pandemia por COVID-19 precisamente pide a las personas todo lo contrario, con el fin de reducir el riesgo de contagio. 

“La búsqueda de contacto puede ser un impulso natural que está incrustado en nuestra fisiología. El contacto social contribuye a la regulación fisiológica de las respuestas del cuerpo a los estresantes y otros desafíos a corto plazo. El apoyo social cercano no es un extra para obtener recompensas adicionales, constituye nuestra base. Nuestros cerebros no responden positivamente a su presencia, sino negativamente a su pérdida”, señalaron los investigadores.

Para Dezecache, Frith y Deroy, esa necesidad de contacto social implica que, en este contexto de la pandemia, “el acceso a Internet y a la comunicación sea una prioridad, especialmente cuando los más vulnerables coinciden con los menos conectados tecnológicamente”.

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