MEP: “Violencia que está afuera se va a reproducir en el centro educativo”

En el 2016, el Ministerio de Educación Pública atendió 41.730 casos de violencia en centros educativos.

El bullying es un mal, a veces silencioso, que cargan muchos niños y jóvenes sobre sus espaldas. La muerte de un estudiante del Liceo de Costa Rica que presuntamente se lanzó al tren el pasado 28 de febrero y una serie de rumores sobre las causas que suscitaron el terrible hecho, trajeron la atención sobre este fenómeno del que muchos sufren pero pocos denuncian.

De acuerdo con la directora de Vida Estudiantil del Ministerio de Educación Pública (MEP), Kattia Grosser, el bullying tiene su raíz en la violencia que impera en la sociedad costarricense  y que se reproduce también en los centros educativos, pues los agresores la generan sobre quienes están en desventaja .

En el pasado, el fenómeno se naturalizó pues se creía que era algo “normal”, propio de los niños; sin embargo, en los últimos años se ha tomado consciencia de los daños que puede provocar esta violencia constante en los jóvenes.

Para Grosser, ante la presencia de casos de violencia, las víctimas y los testigos no deben mantener el silencio, pues eso hace que se propague más el bullying; al contrario, se debe optar por denunciar y así activar los protocolos.

Asimismo, indicó que los programas de afectividad y sexualidad del MEP son importantes pues funcionan como una herramienta para respetar la diversidad de los otros y poder tomar decisiones con responsabilidad.

Enseguida un extracto de la conversación que sostuvo la funcionaria de Educación con UNIVERSIDAD.

¿Qué es el bullying?

-Es una forma de violencia, discriminación y sobretodo negación de los derechos de una persona. ¿Cuáles son las características que diferencian un acto cualquiera de violencia a un bullying? El bullying es una situación que se presenta entre pares, entre estudiantes y dentro del marco del centro educativo. Además es intencional, quien ejerce el bullying intencionalmente quiere hacer sentir mal a otra persona. Sabe que esa acción o esas palabras, o eso que eso está señalando en la persona lo está haciendo sufrir y le está produciendo dolor. Otra característica es que hay una relación desigual pues aunque es entre pares, la persona que sufre el bullying no se siente en igualdad de condiciones con el que le está ejerciendo la violencia; es decir, hay un desequilibrio de poder. Puede ser que ese poder sea imaginario o real. Y la otra característica es que tiene algo de sistemático, repetitivo o reiterado. No es un acto ocasional de un día, es algo que se sostiene. Y finalmente hay tres actores importantes que señalar como quien sufre el bullying, quien o quienes lo ejercen y los espectadores que algunas veces son pasivos y que también pueden ser cómplices si hacen del hecho algo visible.

¿Se da en todos los niveles educativos?

-Sí. Es parte de la convivencia estudiantil. A veces se habla de bullying en la oficina y así pero no. Nosotros para ser precisos técnicamente con el concepto, decimos que es un fenómeno estudiantil entre pares pero que se encuentran en situación de desigualdad o de desequilibrio de poder.

¿Quiénes son más propensos a recibir bullying?

-Quienes pertenecen a minorías, tienen un rasgo que sobresale del resto de la comunidad, no son parte de lo más común por su condición étnica, religiosa, física, etc. Cualquier rasgo que la persona no puede evitar de sí mismo y que lo vulnerabiliza al colocarlo dentro de una minoría.

¿Cuáles indicios hacen sospechar que existe acoso escolar?

-A mí me parece que la persona empieza a manifestar de alguna manera aislamiento, tristeza, apatía, puede incluso haber deseos de no ir al centro educativo, excusas, baja en el rendimiento académico, poco acompañamiento de otros y una sensación de tristeza o de dolor que se nota.

¿Por qué una persona ejerce el bullying?

-En general tiene que ver con quién ejerce la violencia. Y uno podría decir que la persona que es violenta o que tiene una forma violenta para relacionarse con nosotros, por lo general, está inmerso en un círculo de violencia, muchas veces ha recibido violencia y entonces la reproduce con quién puede. No con la persona que le generó violencia sino con quien está en posición de desventaja con él. También tiene que ver con la cotidianidad. Puede ser que las cosas que le digan en la familia orienten a normalizar acciones violentas y maltrato.

O sea, un agresor se hace…

-Difícil decir que se nace. Tiene que ver con la cultura, los vínculos, cómo se ha construido y socializado.

Siempre se ha dado la violencia en los centros educativos pero antes la gente no hacía nada. ¿Ahora hay más bullying? ¿Qué fue lo que cambió?

-Yo creo que tiene que ver más con la consciencia y la capacidad de denuncia, de señalarlo y percibirlo. En el pasado era bastante naturalizado y se presentaba como parte de la interacción entre pares: “así son los jóvenes”, “así son los niños”, “son crueles”, etc. Y cada uno se defendía como pudiera. Eso vulnerabilizaba a más a las víctimas y lo naturalizaba que es la forma más fácil de reproducir la violencia. También nosotros vivimos en una sociedad violenta en la que los chicos viven en ambientes violentos donde de alguna manera ante situaciones de diferencias, los adultos externan su violencia hacia los otros. Basta con ver las redes sociales para darse cuenta donde los adultos señalan de una forma muy violenta la diferencia que no toleren. Entonces los chicos están inmersos en comunidades y en familias que tienen patrones violentos de actuar y obviamente esa violencia que está afuera se va a reproducir en el centro educativo.

¿A quién debe acudir un niño o adolescente que reciba bullying?

-No hay que dejarle toda la responsabilidad a quien reciba el bullying. Es muy importante que los chicos no guarden silencio y se lo puedan comunicar a la familia que es el centro fundamental de protección y que ellos lo comuniquen de inmediato al centro educativo. Es muy importante que en la casa se dé la posibilidad de que los chicos hablen y digan qué les está pasando, que sientan la confianza de hacerlo. La idea es crear ese clima donde yo me pueda sentir seguro. Es muy importante que los compañeros que son espectadores empiecen a decir “creo que a fulanito le están haciendo bullying”. Ya con ese creo es suficiente para activar el protocolo.

¿El protocolo lo puede activar cualquier miembro de la institución?

-Sí y fuera de la institución también. Los padres de familia pueden decir “me parece que a un chiquito que pasa por mi casa cuando va para la escuela, le están haciendo bullying”. Esa persona puede ir y hacerle el señalamiento al docente que considere de mayor confianza. No tiene que ser directamente con el director o el personal de orientación. Incluso la persona que trabaja en la soda y vio un acto que le pareció bullying, también puede activar el protocolo. La activación de protocolo pasa por comunicar de inmediato al director para que este abra un proceso de investigación.

¿Cuál debe ser el acompañamiento que deben brindar los padres?

-Esta medida de prudencia de cuánto es suficiente, cuánto es mucho y cuánto es menos, es muy importante con adolescentes. Yo creo que con los niños es más claro pues los padres no dudan en proteger. Pero a los jóvenes como que los sueltan muy rápido y sienten que ellos deben garantizarse solos la seguridad. Me parece que es cierto que hay una responsabilidad progresiva que el adolescente va adquiriendo pero no deja de ser una población tutelar. Sigue siendo responsabilidad de los adultos, tanto de la familia como del centro educativo. Lo más importante es que el padre de familia hable con el chico pues conoce a su hijo y se da cuenta si este está triste, desganado, no lo ve igual, está deprimido. Entonces el padre de familia, con todo respeto, debe de decirle que va a ir al centro educativo de la manera más discreta para no exponerlo pero sí quiero que su profesor guía u orientador lo sepa porque yo no lo veo bien. Todo esto sin pasarle por encima al chico.

¿Qué decirle a un niño que asiste a un colegio de hombres y que quiere encajar dentro de una masculinidad?¿O a una mujer que va a un colegio de mujeres y quiere ser aceptada por sus compañeras?

-Eso se da independientemente de si son colegios de hombres o mujeres solamente. Esos colegios se mantienen así no por características pedagógicas sino por tradición. Nosotros en el MEP venimos trabajando bastante en la necesidad de replantear y cuestionar los patrones que reproducen socialmente los estereotipos de género. La masculinidad se promociona desde pequeños. Se les dice que ellos tienen que demostrarle a los otros su fuerza, fortaleza, energía, virilidad, a partir de actos violentos. Además se estimula a competir. Eso genera situaciones que violentan tanto a los hombres como a las mujeres. Es muy importante insistir en la necesidad de revisar esos patrones porque como son culturales también pueden ser cambiados.

De acuerdo con el más reciente estudio mundial sobre el homicidio de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), publicado en 2014, cerca de 95% de los homicidas a nivel global son hombres. ¿A qué factor se debe que sean tan violentos?

-Es cómo se construye la masculinidad y cómo la violencia es parte de esa construcción. Es un patrón cultural que genera que desde niños los chicos tienen que autoafirmarse en relación con el otro, compitiendo con el otro y con demostraciones de fuerza que generan una masculinidad muy violenta.

¿El caso del niño que fue atropellado por el tren fue el detonante para que el MEP se despertara?

-No es a raíz de este tema que nosotros empezamos a hablar sobre la lucha contra el bullying. De hecho venimos planteándolo desde el año 2016 que fue declarado año de lucha contra el bullying. Todas las acciones del MEP durante ese año fueron dedicadas a promocionar la prevención del bullying y el desarrollo de una cultura de paz y una convivencia armónica con la resolución alterna de los conflictos en caso de que estos se den para que no lleguen a actos de violencia. Los protocolos de actuación se lanzaron desde el 2012 y nosotros en el 2014 y 2015 nos dimos a la tarea de indagar por qué no se usan con la cotidianidad que nosotros consideramos que deben usarse. Descubrimos que los centros educativos no están usando esos protocolos. Preguntamos qué estaba ocurriendo y no es que no estaban haciendo nada sino que cada centro tenía su forma de reaccionar ante los diferentes eventos. Ahí descubrimos que había algo en el protocolo de poco fácil manejo, parecía muy retórico y era muy grande. Entonces nos dimos a la tarea de replantearlos, mejorarlos, hacerlos en coordinación con otras instituciones y mediarlos pedagógicamente. O sea que fueran sencillos para utilizarlos. Desde que esta administración llegó, uno de sus ejes ha sido la lucha contra la violencia en los centros educativos, garantizar el respeto por los derechos humanos y que el centro educativo sea protector.

¿Han encontrado deficiencias en estos protocolos?

-No. Se implementaron en el 2016, para hacer una evaluación de ellos tendremos que esperar por lo menos 4 o 5 años para que se estén aplicando. Probablemente le podremos hacer mejoras. En este momento, cada uno de los protocolos -son cuatro- tienen una mediación pedagógica, video y un infográfico en los centros educativo.

En el 2016 ustedes atendieron 41.730 casos de violencia en los centros educativos. Sin duda, ese no fue el total de casos de violencia que se dieron. ¿Por qué la gente no denuncia?

-Una de las promociones del bullying es no mantener el silencio. En todo acto de violencia es importante la denuncia. La denuncia se va a hacer si nosotros garantizamos que hay un sistema que responde, ampara y con el que la persona no queda expuesta. En ese sentido, hemos insistido muchísimo en la necesidad del uso del protocolo porque eso brinda seguridad al resto de la población. Si un acto de violencia es bien atendido, eso me asegura que si yo sufro de un acto de violencia también voy a ser bien atendida. Eso ayuda mucho a la prevención. Es verdad que en el MEP no tenemos las estadísticas diferenciadas. Los centros educativos mandan el conjunto de acciones que fueron atendidas a nivel de violencia. A partir del 2018, nosotros estamos viendo si podemos desagregar eso para poder controlar cuánto se están usando los protocolos. Algunos de esos casos son bullying y otros violencia.

¿Son importantes los programas de afectividad y sexualidad integral para atender el bullying?

-En realidad a mi me parece que todos los programas curriculares son importantes. Nosotros hemos hecho mucho énfasis en que el eje o la sombrilla fundamental de los programas de afectividad y sexualidad integral es la promoción de los derechos humanos y los valores asociados a eso. Y un aspecto muy importante es el respeto por el otro y la diversidad. Otro de los aspectos que están ahí es la responsabilidad y corresponsabilidad en la toma de decisiones. Evidentemente eso va a estar presente como una forma de prevención.

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