Melania Guerra: cómo mantener a las niñas interesadas en ciencia

¿Cómo podemos mantener a las niñas ticas interesadas en temas de ciencia? La oceanógrafa Melania Guerra tiene algunas ideas.

Melania Guerra se topó de frente con las brechas de género en ciencia desde que ingresó a la Universidad de Costa Rica en 1997. “Llegué a Ingeniería Mecánica y me di cuenta que éramos cuatro mujeres y 360 hombres”, dice la oceanógrafa.

Hasta entonces, su familia y su colegio le habían hecho sentir que podía hacer cualquier cosa, fuera mujer o no, pero en la universidad encontró que esa era una experiencia atípica. Pocas mujeres aplicaban a carreras dominadas por hombres y una estudiante de ingeniería, como ella, era la excepción.

“Ahí me di cuenta que los estereotipos sociales impactan de una manera que yo hasta entonces había logrado evadir”, recuerda Guerra, quien se graduó como ingeniera mecánica y luego cursó una maestría y un doctorado en Oceanografía. Actualmente, trabaja desde el campo de la diplomacia científica, empleando la ciencia como un lubricante para atender las tensiones geopolíticas del mundo.

Este enero, Guerra fue una de las 80 mujeres que participaron en la tercera edición de Homeward Bound, un proyecto que trabaja con científicas para potenciar su crecimiento como líderes y abrir camino para solucionar problemas nacionales y globales, como el cambio climático, la transición energética y la contaminación por plástico.

Guerra fue una de once latinoamericanas que participó en la tercera edición de Homeward Bound.

Para llegar ahí, la oceanógrafa debió pasar por años de estudio, una pasantía en la NASA con Frankling Chang en 2002 y la tutoría cercana de mentores, hombres y mujeres, que le abrieron las puertas. Sin embargo, hay muchas mujeres que son apartadas en el camino.

Los filtros sociales que alejan a las mujeres de la ciencia comienzan mucho antes que el primer año de la universidad. Guerra explica que muchas niñas tienen un interés en la ciencia cuando entran a edad colegial, cerca de los once años, pero que las presiones sociales luego las apartan de este tipo de profesiones. Por ejemplo, un encuesta europea con 11.500 niñas entre 11 y 30 años determinó que a la edad de 15 años las niñas se alejan de la ciencia.

“Es un tema que va unido al amor propio y a esa voz interna que tiene uno, hay que reforzar (el amor propio) para que ese interés se mantenga fuerte y supere a esos esterotipos y esas voces que desde afuera las juzgan”, explica Guerra.

En su blog, la científica escribe que a pesar de que las mujeres representan un 45% de la fuerza laboral mundial, únicamente representan el 35% de los grados universitarios en campos STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas) y todavía son todavía menos (28%) las que nos desempeñamos como investigadoras.

En las universidades públicas de Costa Rica también hay una minoría de mujeres en carreras de Ciencias Básicas o Ingeniería, tal como comprobó Guerra hace poco más de dos décadas.

En el 2017, las universidades públicas tuvieron 19.803 hombres matriculados en Ciencias Básicas o Ingeniería y 9.197 mujeres.

Como parte de la tercera edición de Homeward Bound, ella y otras 79 mujeres navegaron hacia Antártida desde finales de diciembre hasta mediados de enero, y ahí trabajaron para elevar su potencial como líderes. Un trabajo parecido hace en Costa Rica el colectivo 500 Científicas, que busca empoderar a las mujeres para que logren todo su potencial en la ciencia.

Justo este tipo de liderazgo es una de las soluciones que la tica plantea para mantener motivadas a niñas y mujeres en ciencia. Entre más mujeres líderes puedan ver las niñas, incluyendo en ciencia, más fácilmente se imaginarán en estos puestos.

Pero va más allá de solo contar con rostros de mujeres, sino que también hay que considerar la diversidad dentro de la visibilidad, señala la científica.

“Si es una niña indígena que ve a una mujer indígena haciendo ciencia o una niña negra ve a una mujer negra hacer ciencia, entonces ella también puede verse ahí”, dice Guerra.

Ella, por ejemplo, recuerda que de niña admiraba el trabajo que hacían con gorilas científicas como Jade Goodall y Dian Fossey. Más adelante, encontró referentes ticas como la ingeniera Sandra Cauffman, que trabaja para la NASA, y la diplomática Christiana Figueres.

Cuando decidió virar su carrera de la investigación a la diplomacia científica, en 2015, el trabajo que en ese entonces hacia Figueres a cargo de la Convención Climática la hizo sentirse cómoda.

“Saber que había una mujer tica liderando ese proceso me hizo investigar más sobre la diplomacia científica”, señala.

Para eso hay que romper estructuras actuales. La Academia Nacional de Ciencias de Costa Rica, por ejemplo, tiene actualmente a 66 personas como miembros y solo diez son mujeres.

Hay algunos indicios de cambio, si bien insuficientes. La proporción de mujeres en carreras de Ciencias Básicas e Ingeniería de las universidades ticas está aumentado, por ejemplo, y programas como Homeward Bound crean espacios para mujeres líderes en ciencia.

La titulación de mujeres en áreas científicas y tecnológicas reportaba en 2017 una tasa de crecimiento promedio anual de 11,8 %, mientras que la de los hombres era de 7,9 %, según la plataforma Hipatia, del Estado de la Nación.

De esas cuatro mujeres que entraron con Guerra a la universidad, dos ahora son docentes en Ingeniería Mecánica. “Yo en ingenería no tuve profesoras, todos eran hombres. Ahora de esa generación salió gente que está educando de una forma diferente, con una perspectiva más fresca y más nueva”, dice.


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