La sorpresiva ruta del Canciller: del podio a la hoguera

La sonora protesta diplomática contra el presidente de Brasil en la ONU, que encabezó el presidente Solís,coloca en apuros a su ministro más popular

Además Brasil reaccionó pidiendo explicaciones al embajador tico en Brasilia, Jairo Valverde.

González secundó al mandatario en el acto de reproche del martes en la sesión inaugural de la Asamblea General de Naciones Unidas, en Nueva York; fue parte del grupo que abandonó la sala cuando se anunció el ingreso de Michel Temer, quien asumió el poder el 31 de agosto después de que el Senado brasileño tomó la controvertida decisión de destituir a la mandataria Dilma Rousseff.

Un “golpe blando”, le llamaron algunos analistas a ese relevo de poder en Brasil sobre el cual el Gobierno de Costa Rica nunca manifestó mayor objeción… hasta ese martes.

Ahí está el video colgado en Youtube y reproducido miles de veces en servicios de noticias de Brasil y América Latina. Se ve la determinación de Solís de levantarse cuando anuncian el ingreso de Temer y su salida con pasos grandes, seguido de la primera dama, Mercedes Peñas, y de tres ministros: el de Ambiente, Édgar Gutiérrez, el de Turismo, Mauricio Ventura, y el de Relaciones Exteriores, Manuel González.

Se lo ve al Canciller salir y decir algo al embajador ante Naciones Unidas, Juan Carlos Mendoza, quien se queda sentado para escuchar el discurso de Temer. Se ve todo planificado.

Pero se ve más en el video. Se ve al canciller de Ecuador, Guillaume Long, dos metros detrás de Solís, levantarse tres segundos después de que lo hizo el mandatario tico. Salió entonces la representación ecuatoriana, como también lo hicieron las delegaciones de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba. Parece como si la protesta la hubieran coordinado los cinco países miembros del ALBA más Costa Rica, aunque desde un principio González afirmó que la decisión era “soberana e individual”.

Así lo comunicó la Cancillería mediante la “Declaración Oficial sobre decisión de no escuchar mensaje de Michel Temer en Naciones Unidas”. Así, Michel Temer, sin decirle “presidente”, como se acostumbraría en un comunicado formal, que en este caso señaló “ciertos actos de violencia ocurridos con posterioridad a la conclusión del proceso de ‘impeachment’ (contra Rousseff)”, sin precisar cuáles fueron esos actos.

En las redes sociales se encendió el debate sobre la conveniencia o no de la protesta tica y sobre la coincidencia con los gobiernos miembros de ALBA. Tanto, que a mitad de la tarde posteó en su perfil de Facebook un intento de aclaraciones y de respuestas a las críticas. Habló de “opinólogos” y de malas intenciones, pero también dio un dato importante:

“El Presidente decidió retirarse, pues no comparte algunos acontecimientos acaecidos en ese país”. Atribuía la decisión al presidente Solís, aunque la defendía como habría de hacerlo ante los diputados este jueves 29 de setiembre.

Las preguntas se activaron desde un inicio y hasta el cierre de esta edición el canciller González no abrió la posibilidad de contestarlas. Las respuestas las asumió el ministro de Comunicación, Mauricio Herrera, por decisión del presidente Solís. El canciller no volvió a postear nada sobre el episodio que marcará su presencia en el actual gobierno, hasta ahora bien valorada.

El último informe del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) para UNIVERSIDAD mostró que casi seis de cada diez ciudadanos dan una calificación favorable al manejo de las relaciones exteriores, como ha sido la norma en el último año y medio.

Nadie esperaba esto. Nadie entre la prensa. Nadie en el gobierno brasileño. Casi nadie entre el cuerpo diplomático de la Cancillería de Costa Rica, salvo el Director de Política Exterior, Christian Guillermet, Mendoza y miembros de la misión en Nueva York.

No fue posible confirmar posibles objeciones de diplomáticos de carrera al plan de desairar así al Brasil de Temer. No se sabe quién redactó la “declaración oficial” ni con qué argumentos se decidió dejar sentado escuchando el discurso al embajador Mendoza.

Porque retirarse durante un discurso no es algo raro en las asambleas generales de la ONU. Costa Rica ya lo ha hecho cuando el entonces presidente de Irán, Mahmuh Admadineyah, negaba la existencia del Holocausto, como ocurrió en 2007. Se levantaba toda la misión y quedaba, si era el caso, el diplomático de menor rango, para que tomara nota. En este caso quedó el que encabeza la misión permanente, como lo subrayó después el mandatario Solís en un intento por relativizar su protesta, haciendo ver que tampoco se trató de un retiro absoluto, pues ahí quedó un funcionario importante.

En esta ocasión, sin embargo, hubo muchas diferencias. La primera fue la coincidencia con otros países, pero Solís lo reduce a eso, a una simple coincidencia con esos cinco gobiernos, cuya ideología de izquierda carburó más la crítica interna.

La segunda, la imprevisibilidad de la protesta, pues Costa Rica hasta ahora había evitado criticar al gobierno de Temer y esperó tres semanas para hacer la protesta en el momento de más notoriedad, justo en el día de la apertura de la Asamblea General. La tercera, en este caso fue el propio mandatario quien encabezó el retiro del salón; el video muestra que fue el único que así lo hizo, pues las otras cinco delegaciones estaban encabezadas en ese momento por jerarcas de menor rango.

Otra diferencia: este es Brasil, precisamente Brasil, un país potente y cercano en el continente, con el cual Luis Guillermo Solís se planteó trabajar de cerca como un objetivo de gobierno frente a la administración del Rousseff. Quizás justo por eso consideró involucrarse ahora que tumbaron a la mandataria mediante una vía tan legal como polémica, por el contexto de inestabilidad política en la confederación brasileña.

Y una diferencia más: una cosa es protestar por un asunto como la negación de la masacre del Holocausto y otra es hacerlo por dudas sobre actitudes en torno a las prácticas democráticas dentro de un país, habiendo otras naciones con problemas graves también, como han señalado los diputados de oposición, sobre todo del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) y Partido Liberación Nacional (PLN), además del libertario Otto Guevara.

Se lo preguntarían también a González en la Asamblea Legislativa en una comparecencia prevista más para el fusilamiento político que para las explicaciones y las contrapreguntas.

Tan concluyentes eran las posiciones desde inicios de semana que ya los legisladores opositores habían enviado una nota de disculpa al embajador de Brasil y gestionaban una moción para enviarla también como Congreso a Brasilia. El oficialista Franklin Corella y otros legisladores del PAC y del Frente Amplio lo objetaron por posibles fricciones con la Constitución Política, que otorga al Ejecutivo la potestad de dirigir las relaciones con otros Estados.

Pero no todo el oficialismo defiende a González. Ottón Solís de nuevo va por su propio carril y en este tema coincide más con la oposición.

“Utilizar nuestro prestigio y nuestra credibilidad en materia de democracia, para unirnos a algunos de esos países, destruye parte del capital político que a nivel mundial hemos atesorado a lo largo de nuestra historia”, señaló el excandidato, quien ya le tenía el ojo puesto a González y desde julio había pedido la destitución del canciller por nombrar en una embajada a la mamá de la jefa de despacho en la Casa Amarilla.

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