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Helena Téllez: Nadie que trabaje jornadas extenuantes está en condiciones de cuidar apropiadamente a niños o niñas

La cuidadora experta y madre, afirma que es importante que las mujeres - que generalmente asumen el cuido de las personas menores de edad - tengan jornadas decentes, cargas laborales apropiadas y compensaciones salariales acorde a sus esfuerzos, de modo que puedan equilibrar la vida laboral y personal.

La ciudadora experta con más de veinte años de experiencia en albergues del Patronato Nacional de la Infancia (PANI) y con nueve hijos propios que dan cuenta de sus cuidados, Helena Téllez, asegura que ninguna persona que trabaje en jornadas de doce o más horas está en condiciones de atender apropiadamente a niñas, niños o adolescentes.

Por eso, dice, es que es importante que las mujeres – que generalmente asumen el cuido de los menores de edad – tengan jornadas decentes, cargas laborales apropiadas y compensaciones salariales acorde a sus esfuerzos, de modo que puedan equilibrar la vida laboral y personal.

Téllez fue «tía sustituta» en los albergues del Patronato Nacional de la Infancia desde 1994 y en 2003, presentó una denuncia pues ella y sus colegas laboraban jornadas de 24 horas por hasta once días seguidos y se les encargaba el cuido de más de diez personas menores de edad, cantidad límite que establece el Programa de Albergues.

En febrero pasado la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) resolvió la denuncia interpuesta por Téllez y encontró que se violentó su derecho a la igualdad, así como el principio de no discriminación al emplear estereotipos de género para justificar una jornada laboral incompatible con estándares internacionales; el derecho a la integridad personal, el derecho a la salud, el derecho al trabajo y el derecho a la protección judicial.

Diecinueve años después de emprendida la demanda, el pasado martes, el Estado realizó un acto de disculpa con la mujer, que ya está pensionada y tiene casi 79 años.

Tras el evento, «Adelita» – como le dicen sus allegados- conversó con UNIVERSIDAD sobre su experiencia en los albergues, su lucha por el reconocimiento de sus derechos y las expectativas del impacto de la resolución no solamente para ella, sino para otras mujeres que siguen trabajando como cuidadoras en los albergues y para los niños, niñas y adolescentes que cuidan, que según ella serán los más beneficiados.

¿Cómo llegó usted a ese trabajo y cómo pasó a tener jornadas tan largas?

— Yo tenía una amiga aquí en San Rafael Abajo de Desamparados, Doris. Ella me dijo que fuera a preguntar que si se necesitaba personal. Yo fui y la jefa me recibió bien y me dijo que sí, que me quedara en jornada de ocho horas. Comencé en el albergue de barrio La California.

Luego estuve poco en esa jornada y pasé a la otra, la de veinticuatro por once días, porque pagaba un poquito más.Así estuve casi veinte años, luego cuando mi hija estaba en segundo grado pedí que por favor me dejaran volver a ocho horas pero me dijeron que no se podía. Entonces había que buscar una salida y eventualmente me pensioné.

¿Cómo calificaría usted las condiciones de trabajo y la rutina en los albergues del Pani?

— Ingratas, esa es la palabra. Quien no está ahí no sabe lo que se vive.

Sobre la rutina, pues cuando es de ocho es mucho más cómodo porque le dicen lo que tiene que hacer pero en el otro horario ya es diferente porque una está a cargo, son 11 días en el albergue y tres fuera, que la verdad a veces no se sale los tres porque una compañera tiene algún problema o algo, entonces uno tiene que que apoyar en ese caso.

Pasa uno día y noche con ellos y viene a su casa uno pasadas casi dos semanas y tiene que hacer de todo.

¿Cómo hacía usted en ese período con sus hijos, su familia?

— Bueno, por teléfono, tratando de estar lo más presente. Tenía una señora de Nicaragua que me ayudaba para poder salir adelante, porque era solo yo. Ella tenía dos niños. Esa familia y los míos, yo tenía que sustentarla, que alimentarla. Por eso tomé ese horario, porque me dijeron que pagaba una disponibilidad, el 25% y claro, yo necesitaba ganar un poquito más.

Entonces, ¿le pagaban, el salario normal más el 25% y las extras, sólo el 25% extra o cómo?

— No, pagaban el salario normal más 25% que es la disponibilidad, extras todavía nos deben a muchas.

Ese es el horario en que viven algunas tías, por eso algunas han salido enfermas graves y todo.

Pensando lo más pesado, ¿cuántos niños tenían a cargo?

— Uy, tuvimos a cargo 20 al mismo tiempo una vez, nadie me cree eso pero es verdad. A veces eso se llena, porque a veces son hermanos y los hermanos no se pueden separar, entonces si son cinco hermanos pues ahí van.

Y aunque sean los diez que dice el programa es difícil porque son niños que llegan maltratados por sus papás, que los castigaban por nada, que fueron víctimas de unas negligencias terribles. Es tremendo pero las tías pues hacen lo que se tiene que hacer.

Es una responsabilidad muy grande, porque se suma el cansancio, el agotamiento, el estrés de tanta cosa, pero si hace un mal una cosita, ahí le va el procedimiento disciplinario sin contemplaciones. A más de una tía la han echado por una falta sin nunca contemplar que quizá lo que pasó no era tanto culpa de ella, como de las circunstancias en que trabajaba.

Su hija contaba en el evento que usted comenzó a enfermarse por exceso de trabajo, cuénteme.

— Muchas veces me enfermé, había un compañero de la microbús que siempre me llevaba grave con una gastritis a la clínica de Desamparados. Otras veces las jaquecas, la presión alta. Es que a veces no da tiempo ni de comer y a eso súmele el estrés y el cansancio.

A veces le daban a una las dos en la calle porque toca llevar los niños a la escuela y si tienen una cita médica, y esto y lo otro, usted sabe.

Y aún así uno los quiere y hacía todo para ellos con mucho amor, por ejemplo a mí casi siempre me tocaba Navidad y entonces, como yo vivo cerca, pedía permiso para traerme a las chiquillas y mis hijos encantados, como una familia. Pero vea, hasta eso, por un lado le dicen a una que no se encariñe y por el otro, tiene que estar como una mamá, ser una mamá que está pendiente 24/7. Así no se puede.

¿Después de que se pensionó, porqué siguió con su lucha?

— Bueno, es que eso ya estaba en la Comisión y la gente del Sepi (Sindicato de Empleados del PANI) y del Cejil (Centro por la Justicia y el Derecho Internacional), ya estaba en eso y no lo dejaron botado. Ellos me dijeron: Aunque usted se pensione esto continúa. Me mantuvieron informada y así pero honestamente, yo ya no lo esperaba porque ya en el 2007, la Comisión había dado algunas respuestas.

Ellos me decían que eso seguía pero yo no sabía bien, luego me dijeron que el expediente se había actualizado y que el caso iba a continuar, que me iban a avisar cuando ya estuviera todo. Luego un día me llamaron, que para dedicarme una asamblea del sindicato y ahí fue cuando Carlos (Cabezas, del Sepi), me dijo: Helena, hemos ganado. Y aquí estamos.

¿De las acciones o medidas que han tomado o anunciado, cuales le son más importantes?

— A mí, personalmente, lo de salud, tengo pendientes unas citas, pero ya he ido a algunas y me van a hacer exámenes de todo, para ver todas las cosas que me quedaron a mí. Por otro lado estoy contenta de que la señora (se refiere a Gloriana López, ministra de Niñez y Adolescencia) dijo que van a cambiar las jornadas y los contratos de las tías.

Dios primero le de sabiduría y haga lo correcto. Ellos dicen que es difícil, yo entiendo que por el plan fiscal y el presupuesto, y uno sabe que esas cosas toman tiempo pero doña Gloriana dijo que en eso están. Y la verdad es que sí se puede, se tiene que poder porque eso es para los niños que necesitan de ese cuido del Estado.

¿Será que no ven que nadie puede cuidar bien a un niño con ese nivel de agotamiento? Cuidar a esos niños es mucho, es complejo, tiene que ser un trabajo de ocho horas, un horario más estable, las tías tienen que rotar para que no estén cansadas y que les remuneren en su salario, para que valga la pena el esfuerzo y para poder pagar lo demás. Así debería ser siempre, tanto con las tías del PANI como con las mamás, que estén bien y descansadas, para que los niños estén bien cuidados, eso es lo más importante.

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