Emergencia sanitaria profundizó la saturación de carreras universitarias

A pesar de que ciertos campos ya estaban saturados, las universidades continuaron graduando jóvenes profesionales

Aquellas carreras saturadas como periodismo, criminología o derecho, en las que ya sobraban graduandos, ahora tienen otro obstáculo que superar: el impacto de la crisis causada por el COVID-19, que eleva sus índices de desempleo, concluyen especialistas en el campo de la educación.

De acuerdo con el Informe del Estado de la Educación del Programa Estado de la Nación, la demanda del mercado laboral para ciertas carreras dejó de crecer en los últimos años, pero el sistema educativo siguió formando profesionales en esas áreas.

En 2019, el informe alertaba que “el endurecimiento de las condiciones en el mercado de trabajo por el débil comportamiento de la economía presionará a más jóvenes a buscar opciones tempranas de inserción laboral”.

Ahora, con la contracción de los mercados laborales en el marco de la crisis económica causada por la pandemia de COVID-19, la situación se agrava y esta juventud que recién se gradúa carece de alternativas laborales relacionadas con su campo de estudio y se inserta, si puede, en el sector servicios, por ejemplo, en un call center.

La decana de la Facultad de Educación de la UCR, Giselle Garbanzo, opinó que “el futuro es incierto en este momento, desde todo punto de vista, y todo indica que nos tomará todo el 2021 para volver a algún tipo de normalidad”. Eso, comentó, tendrá un impacto enorme en el desempleo y, por ende, en la inserción laboral de la población recién graduada de universidades, públicas y privadas.

De acuerdo con Jacqueline García, doctora en Educación y directora del Instituto de Investigación en Educación (INIE) de la Universidad de Costa Rica (UCR), la pandemia ha golpeado la economía nacional y, en consecuencia, ha evidenciado la disonancia entre la empleabilidad y las carreras a las cuales las personas jóvenes han tenido acceso.

Este problema, dijo García, ya había sido evidenciado por el estudio “Seguimiento de la condición laboral de las personas graduadas 2011-2013” del Observatorio Laboral de Profesionales (OLaP) del Consejo Nacional de Rectores (Conare).

Esta saturación, opinó, “se ha venido dando en la medida en que hay una apertura de universidades privadas y no hubo un control pertinente sobre cómo aprovechar a la educación superior privada, cuando esta inició sus pasos en el país”.

De acuerdo con el documento del OLaP, profesiones como Comunicación, Criminología, Relaciones Públicas, Ciencias Políticas, Estudios de Género, Educación Especial y Religiosa tienen largos períodos de espera para la inserción laboral después de graduarse.

También, un gran número de personas graduadas de  Relaciones Públicas, Periodismo, Psicología, Ciencias Políticas, Antropología, Relaciones Internacionales, Criminología, Estudios de Género, Biología, Terapia Física, Administración en Recursos Humanos, Salud Pública, Educación de Adultos y Terapia Respiratoria trabajan en áreas que no se relacionan a lo que estudiaron.

En la actualidad, en Costa Rica hay 64 universidades: cinco públicas, seis internacionales y 53 privadas, que, en conjunto, ofrecen alrededor de 1.700 oportunidades educativas (carreras en diversos grados, programas y oferentes).

No obstante, de acuerdo con el Informe del Estado de la Educación, el aumento en la cantidad de instituciones educativas no ha resultado en una diversificación de la academia. La mayor parte de la oferta educativa corresponde a carreras de Educación, Ciencias Económicas, Ciencias de la Salud y Ciencias Sociales.

Momento de revisar y reinventar

Según García, el panorama actual revela la necesidad de que el sistema de educación superior, tanto de universidades públicas como privadas, se unan, realicen estudios de viabilidad y reconsideren aquellas carreras sobre las cuales el mercado tiene otro tipo de expectativas a las que se tienen en la academia.

Según la investigadora, es necesario mejorar los procesos de planificación universitaria, echando mano de herramientas como estudios de mercado, para que las personas que ingresan a las universidades tengan oportunidades reales de elegir una profesión en la que después puedan trabajar.

La revisión y actualización constante de los currículos también se vuelve urgente, pues el escenario actual demuestra que deben incorporarse nuevas habilidades, por ejemplo, tecnológicas y aquellas conocidas como “blandas”.

Además, dijo, es momento de “innovar, de ver caras nuevas, y esta es una demanda a las universidades públicas y privadas, no podemos seguir saturando profesionales en carreras tradicionales, sin conciencia de que al final el más afectado será el estudiante”.

Otra posible solución es que el sistema ofrezca otras modalidades de cursos accesibles, para que “la población joven pueda ampliar alternativas y encontrar otras opciones de trabajo”.

Giselle Garbanzo comentó que la llegada del COVID-19 forzó un proceso de transformación tecnológica que estaba empezando y obligó a todos los sectores a acelerar el cambio, algo a lo que los jóvenes profesionales deben adaptarse.

“Esto fue un ‘socollonazo’ y nos obligó a profundizar el giro que llevábamos. Todas las estructuras sociales cambiaron de dirección a la fuerza, esto nos está obligando a repensar todas nuestras estructuras, porque la tecnología había llegado ya al campo de la educación, pero nunca con la agresividad que ahora se tuvo que incluir”, dijo.

Para la educadora, esta época definirá nuevas destrezas que los nuevos graduandos deben desarrollar para poder adaptarse a una nueva realidad y, así, insertarse en el mercado laboral. De esta manera, no solo requerirán de habilidades tecnológicas, sino capacidades de comunicación, gestión del cambio, manejo del tiempo y del estrés, por ejemplo.

García coincidió en que los más de 17.000 nuevos profesionales que se han graduado en el contexto del COVID-19 requerirán gran capacidad de adaptación al cambio para reinventarse.

Ellos y ellas, dijo, “deben no solo apropiarse de su carrera universitaria sino también remozarla, reinventarla y, para eso, debe haber un compromiso mayor de las universidades con la actualización profesional”. Nuevas oportunidades de formación permitirían a esta población acceder a espacios laborales distintos, incluso en profesiones que se consideran saturadas, pero que tienen “gran versatilidad y adaptabilidad”.

Giselle Garbanzo indicó que es ahora cuando hay que echar mano de la esperanza y de saber que “esto va a pasar y viene un mejor contexto”. Después de la crisis, dijo, vamos a necesitar sacar adelante un planeta que está en crisis y que, por ende, requiere que se sigan formando profesionales, pues es esa juventud la que va a tener la responsabilidad de reinventar la sociedad.

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