Electores, un poquito más indecisos

Hace cuatro años, el 56% de los ticos esquivaba decir el nombre de alguno de los candidatos cuando se le preguntaba por el favorito,

Hace cuatro años, el 56% de los ticos esquivaba decir el nombre de alguno de los candidatos cuando se le preguntaba por el favorito, faltando seis meses para las elecciones 2014.

Decían que no sabían, que podrían no votar, que votarían nulo o en blanco.

Ahora, cuatro años después y habiendo vivido eventos políticos de importancia (segunda ronda, renuncia de un candidato, apoyo masivo por el rival, gobierno de cambio relativo), esa población llega a un 60% a falta de medio año para los comicios 2018.

Ambas cifras las arrojan sendos estudios de opinión del CIEP-UCR para Semanario UNIVERSIDAD y muestran el alto grado de desconexión del electorado con los partidos políticos, aunque en general se mantiene robusta la disposición a votar.

Es el caso de M, una colaboradora de UNIVERSIDAD y liberacionista de hueso verde fosforescente, con tendencia al figuerismo furibundo, y que ahora expresa alguna simpatía por dar su voto a diputados del Frente Amplio, pero tampoco está muy segura. Ni qué decir de su indecisión para la papeleta presidencial.

M ya repasó los 11 nombres dispuestos, ya revisó su experiencia, honestidad, carácter, ideología y posibilidad de equipo para gobernar. Consume noticias en medios tradicionales, se informa, pero no está ni cerca de abandonar la categoría de “indecisa”, el grupo más grande del electorado.

Ella cumple con dos de los rasgos comunes de la población abstencionista: es mujer y tiene estudios universitarios. Sin embargo, se sale de otras características comunes en este grupo, pues es mayor de 55 años, vive en el Área Metropolitana y se declara satisfecha con los ingresos que tiene.

La indecisión se acentúa entre los jóvenes (menores de 34 años) y los  habitantes de Limón, Puntarenas y Heredia, según la encuesta.

Algunos de estos rasgos del perfil del abstencionista coinciden con el perfil de los menos dispuestos a votar, pero no todos.

Paradójicamente, las mujeres están más indecisas pero suelen acudir a las urnas en mayores proporciones que los varones. También las personas de mayor educación tienen más dudas sobre cuál sería su favorito, pero expresan una mayor voluntad de ir a votar.

Un papel especial podrían tener los electores de entre 18 y 34 años, pues están menos claros en sus preferencias en estos momentos y son más reacios a participar, aunque por su volumen podrían resultar determinantes según cómo actúen. Este grupo etario representa el 40% del padrón.

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