Elecciones municipales en 82 pequeños mundos revelan cuatro grandes respuestas

El PLN ganó perdiendo, los partidos cristianos perdieron ganando, los partidos cantonales compitieron de verdad y mucha gente dejó “en visto” al llamado electoral.

Casi tres horas después del cierre de urnas este domingo en cada uno de los 82 cantones, el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) emitió los primeros datos que configuran el nuevo mapa político de Costa Rica en su escala cantonal y confirman tendencias de los últimos años, pero también descartan elementos que se pensaban probables para este complejo proceso electoral.

Con una participación que apenas aumentó en relación con las elecciones del 2016, los comicios de este domingo sí mostraron el impacto de fuerzas políticas emergentes frente a los partidos nacionales establecidos.

Además, resultó una sorpresiva nula cosecha de partidos confesionales en la consecución de alcaldías, a pesar de su incursión comprobada en el nuevo hábitat partidario, donde el PLN sigue siendo el rey decreciente, como lo muestra la reelección del perpetuo Johnny Araya en San José.

Con la posibilidad de mirarlo con lentes distintos, compararlo con el proceso municipal anterior y las expectativas, así como con la tentación de extraer conclusiones útiles para la política de escala nacional, el proceso electoral finalizó con algunas grandes respuestas que trascienden a las realidades, los personajes y las dinámicas de cada cantón.

La participación aumentó poco y se repartió como siempre

La afluencia de votantes se incrementó un punto porcentual en la totalidad del país, al pasar de 35% a 36%, lo cual mantiene una tendencia creciente desde que se celebran elecciones municipales, pero con el menor crecimiento registrado entre cada proceso desde el 2006.

Poco fue el impacto en la participación a pesar de la oferta electoral (87 partidos en total), una mayor exposición mediática, la expansión de la difusión mediante las redes sociales y una mayor experiencia nacional en el desarrollo de elecciones de escala cantonal.

El porcentaje de participación también parece poco si se compara con el movimiento de los partidos durante la jornada electoral, con signos externos, vehículos y toldos en las afueras de los centro de votación. “Somos más los que estamos trabajando que los que vienen a votar”, lamentaba una joven llamada Johanna, de un partido llamado Nueva Mayoría Griega, en la escuela José Manuel Peralta, en Puente Piedra de Grecia.

Era cierto, fuera de la escuela, a las 11:30 a.m., se contaban ocho toldos, al menos diez vehículos para el acarreo de votantes y decenas de jóvenes cuya tarea era guiar a los votantes; dentro había solo tres mesas y solo un ciudadano esperando su turno. Luego se sabría que en ese cantón alajuelense votó el 40% de los empadronados, dos puntos y medio por encima del porcentaje del 2016.

“Claro que hay gran dato nacional, pero la participación obliga a mirarla cantón por cantón. Lo que sí vemos es que se repite casi calcado el patrón de los procesos anteriores, con un abstencionismo mayor en los cantones urbanos y más poblados, y menos en los municipios rurales”, resumió Ronald Alfaro, politólogo investigador del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la UCR.

El cantón con el mayor abstencionismo este domingo fue San José, con 75%, lo que significa un empeoramiento de un punto porcentual en relación con el 2016. El cantón capitalino ha estado siempre en el grupo de los más abstencionistas, que coinciden con los de más población, lo que empuja hacia abajo el promedio nacional de participación.

De igual manera, el pequeño cantón Turrubares registra el menor abstencionismo de estas elecciones del domingo, pues votaron 68 de cada 100 personas, más que en 2010 y 2016.

En total, hubo 35 cantones donde se redujo la participación, de acuerdo con los datos preliminares del TSE de este domingo. La peor caída se registra en Montes de Oro, que pasó de 65,3% a 54,37%, aunque es este uno de los de más alta participación y ocupa la posición 7 entre los 82 municipios de todo el país.

En pérdida de participación relativa le siguen Tilarán (-10 puntos), San Isidro (-8,4 puntos), Flores (-5,9 puntos), Siquirres (-5,5 puntos) y Limón (-5,2), con la coincidencia de que en casi todos estos cantones el alcalde actual se postulaba para reelegirse y ganó. La excepción es Flores.

El cantón donde mejoró considerablemente la participación es Coto Brus, en la provincia de Puntarenas, donde el PLN logró arrebatar la alcaldía al PUSC. Ahí mejoró 7,2 puntos la afluencia al pasar de 36,3% en 2016 a 43,48% en 2020.

Le sigue Acosta, donde el actual alcalde, del Partido Acción Ciudadana (PAC), logró reelegirse en medio de una participación de 47%, 6,5 puntos más alta que la del 2016, un crecimiento similar al que había registrado en esos comicios respecto de los del 2010.

Después viene Nandayure (mejora 6,3 puntos, al subir a 64% la participación), donde el alcalde logró reelegirse por tercera vez con un partido distinto al anterior; en 2016, había quedado empatado y ganó gracias a su edad, mayor al rival.

El siguiente cantón en mejorar su participación es Atenas, que cumple con la característica de haber sido siempre ganado por el PUSC y el mismo alcalde, Wilberth Aguilar. Aquí la participación llegó a 55%, tras crecer 5,9 puntos en relación con el 2016.

Cartago, donde el exdiputado y candidato presidencial Mario Redondo desbancó al PLN en la alcaldía, también registra un crecimiento importante en participación, equivalente a 5,7 puntos, pues fue a votar el 41,56% de los ciudadanos empadronados.

De los cantones de mayor abstencionismo histórico, Tibás es el de mayor crecimiento. Subió 4,5 puntos la participación y alcanzó 28,82% en una jornada que dio el triunfo al actual alcalde, Carlos Cascante, del PLN.

Para la politóloga Eugenia Aguirre, del Observatorio de la Política Nacional en la Universidad de Costa Rica, es valioso el crecimiento de la participación, por leve que sea, pero también se torna necesario un replanteamiento de la manera en que llaman a votar los partidos e instituciones como el TSE, la Unión de Gobierno Locales o el Instituto de Fomento y Asesoría Municipal (IFAM).

Aguirre agregó que queda abierta la discusión sobre la conveniencia de las elecciones municipales separadas de las nacionales, aunque apuntó que volver a juntarlas significaría un retroceso en el proceso de descentralización del poder político en el país.

El partido de Fabricio y Restauración, sin alcaldías y con un pie adentro

A pesar de un alcance casi total en los cantones del país, las candidaturas de Restauración Nacional (PRN) y de Nueva República (PNR) no lograron apoderarse de ninguna alcaldía.

Los dos partidos cristianos con presencia significativa en la Asamblea Legislativa, después del triunfo del predicador Fabricio Alvarado en la primera vuelta de las presidenciales del 2018, deberán conformarse con aparecer ahora en el mapa de la política cantonal o con la posibilidad de algunos pocos puestos como regidores o síndicos.

Tanto el PNR que lidera Fabricio Alvarado (cuyo rostro aparecía en muchas vallas y publicidad sin ser el candidato a nada) como el PRN (liderado por los diputados Carlos Avendaño y Eduardo Cruickshank) podrán cobrar deuda política en numerosos cantones al haber superado el margen mínimo legal.

“Uno podría ceñirse a lo político y decir que les ocurrió algo parecido al Frente Amplio después del 2014 o como al PAC, que después de un buen arrastre en una elección nacional han fracasado en lo local. Esto comprueba que es un error llevar a lo local las discusiones o los mensajes de lo nacional, como intentaron con temas como el aborto terapéutico”, comentó Eugenia Aguirre, después de considerar meritorio el despliegue nacional de las estructuras de los partidos.

El PRN estuvo peleando la alcaldía en Limón, donde la candidata de esta agrupación es la esposa de Eduardo Cruickshank, pero no pudieron superar al actual alcalde Néstor Mattis con su Partido Auténtico Limonense (PAL), que también ha sabido rodearse de fuerzas evangélicas de la zona.

Datos procesados por Aguirre muestran que Nueva República logró colocarse en segundo lugar en Corredores, Sarapiquí y Aserrí; y en tercer lugar en Coto Brus, Upala y Los Chiles. Esto habla de un caudal de votos considerable.

Está por verse cuántos cargos logran en los concejos y en qué cantones, pero los datos oficiales del TSE no estaban aún procesados al cierre de esta edición. Hay municipalidades importantes donde casi con seguridad tendrán al menos un escaño, tal es el caso de las cabeceras de provincia.

“Esto es importante, claro, pero hay que entender que no es la misma visibilidad la que da un regidor que la que da el alcalde. El regidor en minoría es uno más entre otros y su margen de acción dependerá de su capacidad de acuerdos que pueden diluir la influencia de ese regidor; necesita la voluntad del resto”, comentó Ronald Alfaro.

Este investigador insistió en que la competencia electoral en los barrios y los pueblos se desarrolla de una manera ajena a la que ocurre en la Asamblea Legislativa, por ejemplo. “Se confirma que son escalas distintas y que es un error hablar de lo mismo o exhibir a un líder nacional, por más fiel que puedan ser los seguidores de ese partido”, agregó Alfaro.

El diputado Jonathan Prendas, uno de los rostros del partido de Fabricio Alvarado, comentó en el plenario legislativo que su partido tuvo triunfos en las elecciones municipales, al punto de haber colocado regidores en cantones de las siete provincias y de haber alcanzado “deuda política” en 49 de los 76 cantones donde compitieron.

Así reaccionan ahora después de las elecciones, tras una campaña en la que ambas agrupaciones se presentaron como las defensoras de los valores cristianos y defensoras de la familia tradicional, cartas de alto valor en las elecciones nacionales, pero no tanto en lo local.

Dos vecinos de Moravia fueron a votar a las 7:30 a. m. en su cantón, uno de los 50 donde el alcalde se reeligió y uno de los cinco donde lo hizo con una divisa distinta a la que lo llevó a ese puesto en el 2016. (Foto: A. Murillo)

Más colores en el rompecabezas político

Las fuerzas políticas de escala cantonal casi triplicaron la cantidad de alcaldías en su haber, en relación con las elecciones municipales del 2016. El formato de “partido cantonal”, aunque con gran variedad en su origen o dinámicas, ganó espacio frente al poder de los partidos de escala nacional; no obstante, las agrupaciones tradicionales PLN y PUSC siguen siendo las líderes.

Un total de 17 fuerzas políticas se repartieron las alcaldías, con especial predominio del PLN, que se dejó la mitad, y del PUSC, que pasó de 14 en 2016 a 16 en este 2020. Ambas agrupaciones, por cierto, habían quedado fuera de la segunda ronda electoral en las presidenciales del 2018.

Mientras, los partidos cristianos y el PAC –que sí disputaron la Presidencia en 2018 en ese balotaje– se quedaron sin una sola alcaldía y con 4, respectivamente, aunque se debería sumar la coalición que ganó en Montes de Oca con un rostro propio del PAC.

El salto fuerte lo dan los cantonales, que arrebatan la alcaldía a partidos tradicionales, como ocurre en Nicoya, Santa Cruz, Santo Domingo o Palmares, que se suman a fuerzas consolidadas como Curridabat Siglo XXI, que ganó por quinta vez la alcaldía propia.

Especial atención recibe Sarchí, cantón gobernado por un candidato del PUSC que en el próximo cuatrienio pasa a manos de un partido local debutante. Se trata de Alianza por Sarchí, que obtuvo una ajustada ventaja de solo 37 votos sobre otro partido local debutante, Somos Sarchí, ya contado el 100% de las mesas.

Cerca suyo, en Palmares, otra agrupación debutante logró hacerse con la alcaldía, esta vez con una mujer. Se trata de Palmares Primero, que gobernará en un cantón donde ya la alcaldía ha estado en manos del PLN, del PUSC y del PAC.

Estos resultados se corresponden con la multiplicación de partidos, al punto de que ahora competían cuatro cantonales por cada nacional. A ello hay que sumar la irrupción de nuevas fuerzas del alcance nacional, como Nueva República, Unidos Podemos y Alianza Demócrata Cristiana. Estas dos últimas lograron apoderarse de una alcaldía cada una, ambas en la provincia de Cartago y en detrimento del PLN.

El cuadro se completa con un solo partido provincial en la repartición de alcaldía, pues el actual alcalde de Turrubares se reeligió ahora con el Partido Comunal Unido, inscrito a escala provincial en San José.

Además, figura el Partido Nueva Generación, conocido por ser una plataforma útil para figuras políticas o comunales de arraigo propio, sin espacio en otros partidos. Así fue como esta bandera apareció en la titularidad de tres alcaldías de las 82 posibles: Escazú, Mora y Alajuelita.

La bandera del Republicano Socialcristiano sigue ondeando en Coronado, pero ahora lo hará también en Barva, donde Frente Amplio perdió la única alcaldía en su haber, lo cual comprueba su debilidad en la escala municipal.

En Paraíso de Cartago aún está por definirse el nuevo alcalde, pues a falta del 20% de las mesas por contar, el candidato del Partido Accesibilidad sin Exclusión (PASE) tenía una ventaja de solo 30 votos sobre el PLN.

Las provincias más mixtas son justamente Cartago, donde hay cinco partidos en las alcaldías de ocho cantones y Guanacaste (seis partidos entre 11 cantones), aunque Limón se repartió sus seis alcaldías entre cuatro agrupaciones, y San José, nueve banderas a lo largo de sus 20 cantones.

En cambio, Alajuela es una provincia con 16 cantones y solo cuatro banderas en cargos de alcaldías. En Puntarenas, hay tres divisas que alcanzaron la alcaldía en alguno de los 11 cantones.

En total hay siete partidos que se estrenan en puestos de alcaldías, cinco de escala local y dos nacionales. Lo hacen en detrimento de las fuerzas tradicionales, con especial gravedad del PAC y de partidos casi desaparecidos en este ámbito, como el Movimiento Libertario, PASE o Frente Amplio.

“Además de reafirmar la tendencia de una mayor fragmentación del poder político, como se ha visto también en la Asamblea Legislativa, podemos prever que habrá concejos muy repartidos; muy pocos alcaldes podrán consolidar una mayoría”, comentó Ronald Alfaro.

“Los partidos cantonales no solo se han multiplicado, se han fortalecido y ahora retan a sus adversarios. Son opciones viables, pero hay que ver la historia de cada uno. Hay que estudiarlos uno por uno, aunque es claro que están llenando un vacío”, agregó.

Eugenia Aguirre entiende como un buen paso del PUSC el logro de 16 alcaldías, algunas de ellas en cantones relevantes como Grecia y Pérez Zeledón.

“Insisto en que hay que revisar con cuidado los casos por separado, ver quiénes son y de dónde vienen, o quiénes son solo los liderazgos que se aprovechan del triunfo”, advierte la politóloga.

Por debajo de la capa partidaria, sin embargo, cobran valor los liderazgos personales. Una muestra de ello fue el triunfo de cinco alcaldes reelectos (de un total de 50) con divisas distintas a las que los llevaron al poder originalmente, como ocurre en Escazú, Turrubares, Nandayure y Moravia.

El PLN se quedó con (solo) la mitad de las alcaldías

El Partido Liberación Nacional ganó la mitad de las alcaldías del país y eso puede ser bueno o malo. Es bueno para esta agrupación porque sigue ostentando el rol hegemónico en el mapa político nacional, casi siete décadas después de fundado. Pero es malo para los liberacionistas si recuerdan que hace una década habían ganado 59 alcaldías y ahora esa cifra bajó a 41 o 42, según como cierre el escrutinio final del TSE.

La mitad de las alcaldías era, en cualquier caso, la meta que tenía el secretario general del PLN, Gustavo Viales, según dijo a este semanario antes de las elecciones municipales del domingo; es decir, objetivo se logró pese a los cuestionamientos que tienen numerosos alcaldes aspirantes a la reelección y al empuje que tienen otras fuerzas políticas.

El PLN logró reelegir a veteranos de sus cantones, como Johnny Araya, en San José; Alfredo Córdoba, en San Carlos; o José Manuel Ulate, en Heredia, pero también colocó a figuras jóvenes en varios cantones como Puriscal, Flores o Coto Brus, en un esfuerzo por renovar sus liderazgos a toda escala.

Un golpe fuerte recibió el PLN en Cartago, donde Rolando Rodríguez perdió ante Mario Redondo, de Alianza Demócrata Cristiana, después de un proceso que exhibió serias diferencias internas en el liberacionismo y donde parte de este apoyó a Redondo.

Para Alfaro, era de esperarse que el PLN mantuviera el control al considerar que muchos de sus alcaldes iban por la reelección y eso les dio ventaja frente a los rivales. “Tienen más visibilidad, una base armada, una maquinaria fogueada y alianzas construidas; es una ventaja que no deban renunciar durante la campaña. No es raro ver inversión en aceras y calles en los últimos meses”.

La politóloga Aguirre también defendió que algunos de los candidatos del PLN sufrieron ya un desgaste por el tiempo en el poder o por cuestionamientos, por lo cual era de esperar una reducción, aunque también lograron recuperar alcaldías como Puntarenas y Coto Brus. “Es claro que hay una hegemonía real, pero ahora está bajo cuestionamiento” y sería un error ignorarlo, señaló.

 

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