El COVID-19 carga con más desempleo y desigualdad a las mujeres

Los indicadores de desigualdad en materia laboral ya venían mostrando una tendencia creciente, con unas 185.000 desempleadas para el I trimestre de 2020.

Si la falta de trabajo, los bajos salarios y la calidad en el empleo inclinaban la balanza contra las mujeres, tras dos meses de confinamiento –producto del COVID-19– estas desigualdades se profundizan para miles de ellas, que en muchos casos tienen la jefatura de hogar.

La más reciente Encuesta Continua de Empleo (I trimestre de 2020) confirma esta realidad cuando muestra que la tasa de desempleo abierto para ellas es  del 18%, frente a un 8,6% de los hombres.

Aunque esta encuesta no abarcó los efectos de la pandemia, pues medía hasta marzo de este año, ya ponía sobre el tapete el preocupante aumento del desempleo femenino. Para el mismo periodo del 2019, el índice fue 3,7 puntos porcentuales menor.

De acuerdo con Pilar Ramos, coordinadora de Servicios de Información del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), las mujeres están teniendo situaciones adversas en la incorporación al mercado laboral o para lograr más horas trabajadas.

“La tasa de participación general está creciendo y esto se debe a que hay un incremento en la participación laboral de las mujeres, pero eso no significa que estén empleadas. Hay una búsqueda activa de empleo, pero quienes sí estuvieron ocupadas tuvieron dificultades para que todas sus capacidades fueran aprovechadas, producto del subempleo (trabajan menos de 40 horas semanales)”, detalló Ramos.

En términos de subempleo, la tasa de hombres se ubicó en 10,6% para este primer trimestre del año, mientras que el de las mujeres llegó al 15,3%; el incremento del este indicador femenino fue del 3%, con respecto al año anterior.

“Aunque todavía no hemos realizado el análisis del impacto de la pandemia es probable que sí haya aspectos diferenciados, no sólo en la participación laboral, sino en las características. Por ejemplo, cuántas mujeres no estarían incorporándose al mercado laboral porque deben atender obligaciones familiares, afectadas por el desempleo o en condiciones desfavorables que aún no conocemos”, añadió la experta.

Pese a que todavía no hay un análisis estadístico de los efectos del COVID-19 en el empleo de la población, algunos estudios y datos nos muestran una tendencia negativa para las mujeres.

Una enfermedad que ataca la economía

 Karla Corrales (nombre ficticio para guardar confidencialidad) vive con su mamá, quien es adulta mayor, y su hija recién ingresada a la universidad. El 13 de marzo pasado, los dueños de la tienda en la que trabajaba le avisaron que iban a realizar una suspensión del contrato, que les pagarían la mitad del salario y tendrían que ir unos pocos días a realizar algunas labores.

“Mi primera impresión fue de pánico cuando me dijeron que iban a cerrar, pensé cómo hacer para cubrir los principales gastos; con muchas deudas, que tuve que dejar de pagar. Nos hemos podido mantener con la pensión de mi mamá y una beca que le dan a mi hija en la universidad; además, la jefa me ofreció hacerme adelantos del aguinaldo”, contó.

Ante esta situación todo comenzó a escasear, la limitación se hizo presente, las deudas han tenido que esperar hasta nuevo aviso, los recibos se van pagando, unos sí y otros no, y cuando Karla tiene que ir al trabajo, va caminando para ahorrar los pasajes del autobús.

“Yo solicité el bono Proteger antes de Semana Santa y lo recibí el 28 de abril, eso fue una verdadera salvada y algo con lo que estoy muy agradecida. Por otra parte, mi mamá y yo somos hipertensas y en el Ebais nos mandan los medicamentos y a mi mamá le hacen las citas por videollamada”.

Comenzó nuevamente a trabajar el pasado 11 de mayo, luego de que el Gobierno anunciara una flexibilización en las medidas de contención, sin embargo, sus jefes fueron claros en que medirían la situación para ver la posibilidad de continuar.

Así como Karla, muchas personas han recurrido a la solicitud del bono Proteger, creado por el Gobierno para ayudar a quienes han visto afectados sus ingresos producto de la emergencia sanitaria.

En ese sentido, Juan Luis Bermúdez, presidente ejecutivo del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS), detalló que a la fecha un total de 314.349 mujeres han solicitado el bono, 336.116 fueron hombres y 54 intersex.

“Vemos que 37.525 mujeres han solicitado esta ayuda porque han visto su jornada laboral reducida, 25.179 por suspensión de contrato y 71.484 por despido”, evidenció.

Esta situación que viven las trabajadoras costarricenses es una tendencia a nivel mundial. Así lo confirmó ONU Mujeres en su más reciente informe, pues asegura que la capacidad de las mujeres para conseguir sus medios de vida se ve altamente afectada por el brote, debido a que la reducción de las actividades económicas y de subsistencia afectan sectores generadores de empleo femenino.

La directora ejecutiva adjunta de ONU Mujeres, Anita Bhatia, manifestó que industrias de la economía formal, como viajes, turismo, restaurantes, producción de alimentos, entre otros, con una elevada participación de las mujeres se han visto severamente afectadas por las cuarentenas.

“Las mujeres representan también un gran porcentaje de la economía informal en los mercados y la agricultura en todo el mundo. Tanto en las economías desarrolladas como en aquellas en desarrollo, son la inmensa mayoría en muchos de los trabajos del sector informal –trabajo doméstico y de cuidados–; incluso más, ellas carecen de seguro médico y de redes de seguridad donde poder recurrir”, concluyó Bhatia.


Las dependientes de tiendas y negocios han visto muy afectados sus empleos, en muchas ocasiones han sido despedidas por el cierre de negocios. (Foto con carácter ilustrativo: Miriet Ábrego).

Las penurias que viven muchas mujeres en Costa Rica

Rocío tenía un salón de belleza, el cual instaló en la misma casa donde habitaba, pero recientemente fue desalojada porque no contaba con los recursos suficientes para pagar el alquiler. Ella es jefa de hogar, tiene dos hijas y tuvo que irse a la casa de una amiga, porque no tiene familia.

Su emprendimiento está totalmente paralizado porque durante muchas semanas no tuvo clientes que atender, el COVID-19 se trajo abajo su negocio y no tenía prácticamente nada que comer, por lo que colegas de su gremio recogieron diarios para darle una ayuda.

Ella es parte del grupo de trabajadoras del sector de técnicos en belleza que está conformado por mujeres, hombres y población LGTBIQ, un área laboral que se ha visto sumamente afectada por la pandemia y que pasa por empresas comerciales de productos de belleza, salones, academias, maquillistas, esteticistas, entre otros.

De acuerdo con Yorleny Córdoba, miembro de la Comisión de Técnicos de Belleza, en estos momentos el sector está compuesto (entre empresas formales e informales) por unas 50.000 pymes y de esas unas 30.000 son de mujeres, la mayoría jefas de hogar.

“El sector está sufriendo muchísimo, la gente no puede pagar sus alquileres, los recibos de agua, luz, ni las cargas sociales; muchas han tenido que cerrar sus negocios, suspender contratos de sus colaboradores, algunas ni siquiera tienen leche para darle a sus niños. E|s demasiado doloroso, porque el trabajo independiente depende de los clientes y hasta el momento no hay reactivación de las empresas”, contó Córdoba.

El peso de la crisis

Otro sector que se ha visto gravemente afectado por la crisis ha sido el comercial. Gran cantidad de negocios han tenido que cerrar sus puertas, suspender contratos o reducir jornadas.

Según los datos emitidos por el Ministerio de Trabajo, 2.693 empresas del sector comercial han solicitado la suspensión temporal de contratos y 2.764 la reducción de jornadas.

Natasha Loew tiene una tienda de parrillas y ahí mismo ha desarrollado una academia para enseñar a la gente a hacer parrilladas. En la parte comercial le ha tocado reinventarse, porque no estaba preparada para las ventas en línea o la entrega a domicilio.

“La academia tuvimos que cerrarla y significaba cerca de un 25% de mi negocio, por ende, ese porcentaje se vino abajo de un solo. Aunque la marca del producto que manejo se ha posicionado por muchos años, lo cierto es que sí he tenido una gran baja de ingresos, pues no se trata de un producto de primera necesidad”, contó.

Pese a las dificultades, Natasha apostó por mantener a sus empleados, pero les ha tenido que pedir un mayor esfuerzo, de manera que se encarguen de otras funciones como el Whatsapp de la empresa o el Facebook oficial.

“Sí tuvimos que recortar parte del personal que no era fijo, por ejemplo, quienes nos apoyaban en la academia o el que nos ayudaba con la vigilancia; pero ha sido muy difícil, porque las deudas continúan ahí, cada venta cuesta el doble hacerla y todos los clientes piden descuentos. La parte económica ha sido muy dura, el aporte que yo daba a mi casa se ha visto reducido, porque prefiero mantener la planilla y quedarles bien a los proveedores; pero yo sí he estado sacrificada”, detalló.

Las empresas de servicios de restaurantes también han visto muy afectados sus ingresos y en ese nicho la participación de las mujeres se ha incrementado, hasta alcanzar un 50% de la población trabajadora.

Clemencia Palomo, directora de la Cámara de Restaurantes, explicó que hay gran cantidad de mujeres desempeñando un rol protagónico como saloneras y en la cocina, y definitivamente han sufrido un fuerte golpe con la pandemia, debido a la reducción de personal.

“En los emprendimientos también hay muchas jefas de hogar que han sacado adelante negocios como sodas, restaurantes, servicios de comida, entre otros, pero el 45% de todo el gremio ha tenido que cerrar sus locales, unos 8.550. Todo esto ha significado la suspensión de contratos o reducciones de jornadas, debido a las disposiciones del Gobierno”, detalló Palomo.

La vocera de la Cámara aseguró que estiman unas 121.000 personas desempleadas, sin tomar en cuenta que aquellas que han logrado mantener el empleo han visto reducidos sus ingresos debido a la falta de comisiones por servicio; muchas mujeres que se ubican en este nicho son jefas de hogar, lo que afecta severamente los ingresos familiares.


“Las mujeres han sufrido estrujamiento de sus ingresos”

UNIVERSIDAD conversó con Juan Luis Bermúdez, presidente ejecutivo del IMAS, quien planteó una serie de análisis sobre la afectación para las mujeres trabajadoras, producto de la crisis sanitaria que vive el país.

Es claro que la situación de las mujeres trabajadoras ya venía en deterioro previo al COVID-19, ¿qué análisis han hecho desde el IMAS?

—Desde mediados del año anterior vemos un mayor ingreso de mujeres a la fuerza laboral, pero al ver crecer el desempleo femenino nos damos cuenta de que no necesariamente se trata de personas que han sido despedidas, sino de aquellas que estaban dentro del hogar realizando actividades de cuido o bien siendo amas de casa y ahora buscan una fuente de ingresos.

¿Qué significa esto?

—Esta situación podría indicarnos que hay un estrujamiento en los ingresos que están enfrentando las familias, no sólo ahora con el COVID-19, sino previamente. Hay más mujeres incorporándose a la fuerza laboral del país, pero no logran encontrar trabajo, según la más reciente encuesta del INEC.

¿Qué ha hecho el IMAS en el marco de la emergencia sanitaria para ayudar a esta población?

 —El bono Proteger, que está dirigido a toda la población laboral que se ha visto afectada por la emergencia sanitaria, se ha entregado de forma prioritaria a las mujeres, pero también estamos haciendo un acompañamiento de las mujeres que no necesariamente tienen una afectación laboral por el COVID-19, pero que sí están viendo incrementadas las necesidades en sus hogares en esta coyuntura.

Hicimos un depósito extraordinario a familias jefeadas por mujeres y en situación de dependencia, que incluye adultos mayores, personas con discapacidad o menores de edad.

Esta es otra dimensión del trabajo femenino no remunerado y que en esta emergencia implica una mayor vulnerabilidad, si tomamos en cuenta que hay unos 33.000 hogares que se encuentran en esta situación. Estas mujeres son el rostro invisible del mercado laboral, quedan por fuera y definitivamente tienen que ser abordadas.

¿Cómo definieron a las familias que se les entregaría este aporte extraordinario?

 —Son hogares que tienen como cabeza de familia a una mujer, en situación de pobreza y pobreza extrema. La mayoría no tienen registro de ingresos formales, es decir, es gente que come lo que día a día logran conseguir a través de actividades informales y precarias.

Puede que estas mujeres logren recursos a través de alguna venta, por pensión alimentaria o por la ayuda del grupo familiar, pero que no son suficientes para cubrir sus necesidades básicas de alimentación (es decir, no tienen suficiente para comer tres veces al día).

Estamos buscando recursos en todas las instituciones del sector social para ver si podemos hacerles un segundo depósito en el mes de mayo, pero aún no está seguro.

¿Estos aportes dirigidos a poblaciones vulnerables evidencian una mayor afectación para las mujeres, producto de la pandemia?

—Si lo vemos en números nominales, es muy homogéneo; pero cuando analizamos los números de forma relativa, podemos observar que sí está recayendo de mayor forma en las mujeres, quienes tienen una alta participación en actividades comerciales, en labores domésticas, donde se ha dado una importante contracción: el trabajo en restaurantes, sodas, tiendas y dependientes, puestos que tienen una altísima representación femenina.

Todas estas mujeres tienen una baja cualificación, por lo tanto, es difícil incorporarlas a otras actividades, pero creo que la próxima encuesta del INEC reflejará con mayor claridad esta realidad.

Es importante entender que hay muchas mujeres que, sin tener la posibilidad de certificar su afectación laboral, hoy son las encargadas de gran parte de las labores domésticas no remuneradas y también están viendo estrechados los ingresos de sus hogares. Repito, son rostros invisibles para el mercado laboral y es una situación muy cruel.




 

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