Resultados de la Encuesta Continua de Empleo

Desempleo es de 63,4% en las mujeres que tienen al menos un hijo

Las mujeres y la juventud con más dificultades para encontrar empleo

El desempleo en el país, que alcanzó la cifra histórica de un 24,4% golpea más fuertemente a las mujeres y a las personas jóvenes (la mitad de las cuales son mujeres).

Así lo indican los resultados del trimestre móvil correspondiente a los meses de mayo, junio y julio del presente año, de la Encuesta Continua de Empleo (ECE), a cargo del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC).

El término “trimestre móvil” significa que se combinan tres meses consecutivos que se van cambiando, lo cual permite obtener información más oportuna, explica la nota técnica de INEC.

María Luz Sanarrusia, coordinadora de la Encuesta Continua de Empleo del INEC, explicó que “la tasa de desempleo es mayor en las mujeres que tienen al menos un hijo (63,4%), lo cual indica que les puede estar siendo más difícil ingresar a un trabajo, en comparación con las mujeres jóvenes que no tienen hijos (56%)”.

La población total desempleada a finales de julio fue de 557 mil personas, con lo cual aumentó en 270 mil personas en comparación con el mismo trimestre del año anterior.

Sin embargo, el desempleo de las mujeres llegó a 30,2%, mientras que el de los hombres registra el 20,7%.

La tasa de desempleo incluye a las personas que buscaron activamente un empleo o bien no lo buscaron porque esperaban un reinicio de operaciones o una respuesta a gestiones realizadas.

Sanarrusia afirmó que los resultados de ese trimestre ya “reflejan el estado de afectación en los indicadores del mercado laboral por las medidas de confinamiento y restricción al movimiento tomadas en el país con el fin de contener la pandemia del COVID-19”.

Para el II trimestre del 2020 hay 154 mil personas jóvenes entre 15 a 24 años en condición de desempleo (48%), de las cuales el 53% son hombres. La población desempleada joven se concentra en la zona urbana (77%).

El porcentaje de subempleo entre las personas jóvenes es de 20,7%, similar al indicador nacional. Sin embargo, “el indicador de tasa de desempleo a largo plazo es mayor en las personas jóvenes (2,2%) mientras que a nivel de toda la población es 0,9%”, explicó.
En cuanto al subempleo, creció en 14,1 puntos porcentuales (pp) con respecto al trimestre de mayo, junio y julio del 2019 y alcanzó el 24,6 %.

La funcionaria dijo que “en la encuesta se recopilan las horas habituales y efectivamente trabajadas de la persona con referencia a la semana anterior a la entrevista. Para el subempleo se utilizan las horas efectivas”.

El porcentaje de ocupación con subempleo se define con base en la población ocupada que trabaja menos de cuarenta horas por semana insuficiencia de horas, quiere trabajar más y está disponible para trabajar más horas de lo que su ocupación actual le permite.

“La principal razón para no encontrar trabajo más horas es el COVID-19”, agregó Sanarrusia.

Si antes de la pandemia 456 mil personas trabajaban efectivamente entre 15 a 39 horas efectivas a la semana y ahora son 535 mil, de ahí el aumento y la razón que indican para no conseguir más horas, aunque las desean”.

Por otro lado, la tasa neta de participación, que relaciona la población de la fuerza de trabajo con la población en edad de trabajar, registró el 57,1%, lo que significa una disminución de 5,9 puntos porcentuales (pp) comparada con el mismo trimestre del año anterior (63,0%).

La tasa de participación laboral de los hombres fue de 69,5% y la de las mujeres fue de 44,6%.

En cuanto a las personas ocupadas con respecto a la población de 15 años o más, el registro es de 43,1 %, lo que indica una reducción significativa de 12,6 pp. en comparación con el mismo periodo del año anterior.

La tasa de ocupación de los hombres se ubicó en 55,1 % y la de las mujeres en 31,1 %.

Por su parte, Shirley Benavides, directora de la Escuela de Economía de la Universidad Nacional (UNA), dijo a UNIVERSIDAD que, si bien la nueva etapa de apertura permitida por las autoridades sanitarias permite prever una recuperación del empleo para los próximos meses, será necesario cambiar aspectos claves del mercado laboral para superar los factores que ya acentuaban el desempleo, el subempleo y la informalidad desde antes de la llegada de la COVID-19 al país (ver la entrevista).

Shirley Benavides, directora de la Escuela de Economía de la UNA

“La pandemia de COVID-19 aceleró los retos del mercado laboral”

Shirley Benavides, directora de la Escuela de Economía de la UNA.

Considerando la cifra de 24,4% de desempleo alcanzada hasta el momento: ¿la perspectiva es un agravamiento mayor o, dada la nueva etapa de apertura, puede esperarse una recuperación del empleo en adelante?

La tasa de desempleo fue de 24,0 %; aumentó 12,1 pp. con respecto al mismo periodo del año anterior, eso ha sido un incremento importante. Lo que se espera por todos los sectores económicos es que, ante la apertura, esta posibilite una disminución del desempleo debido al incremento de la demanda por parte de los consumidores de los diversos productos y servicios que en el mercado se transan.

Qué tan sostenida puede ser esta tendencia, va a depender del comportamiento de los ciudadanos en relación con las medidas de cuidado ante la pandemia. Ya lo anunció el Gobierno, si aumentan los infectados, se volverá a las medidas restrictivas anteriores y eso contraería el consumo y, por ende, los empleos.

¿A qué atribuye que el desempleo sea bastante más pronunciado entre las mujeres?

—Las principales ramas en las que se ha presentado el mayor desempleo de las mujeres son el comercio al por mayor y detalle y las actividades de alojamiento y servicios de comida (18%), que son las dos ramas más afectadas por el desempleo en general en la economía del país y son también las que se componen de empleos asumidos por mujeres, por lo que les afecta de manera directa.

Además, otras actividades que suman al desempleo femenino por estar conformadas por mujeres mayoritariamente, son los hogares como empleadores (22%), la industria manufacturera (10%) y la enseñanza (6%).

También las afecta la incidencia de las medidas de restricción por el COVID-19, que ha sido mayor en hoteles y restaurantes (59,9% de mujeres trabajan en esa rama), comunicación y otros servicios, tales como actividades culturales, recreativas y artísticas (44,2 %) y actividades de comercio (36,3 %).

Todas ellas han sido tradicionalmente desempeñadas en su mayoría por mujeres, no por hombres; esto, por aspectos culturales e históricos en el mercado costarricense, de ahí el impacto en ellas de manera directa.

¿Evalúa usted que los efectos sobre el empleo debidos a la pandemia pueden ser duraderos más allá de esta?

Es importante señalar que Costa Rica ha venido presentando problemas para generar empleos y empleos de calidad, lo que ha acelerado la informalidad de la economía en los últimos años. Esto ha sido profundizado por la pandemia, pero no generado en su totalidad por esta.

El II trimestre de los últimos tres años ha presentado un incremento en el porcentaje de desempleo. Para el 2018 era de 8,7%; en el 2019 subió un 3,2%, pasando a ser 11,9%; y para el 2020 el incremento fue de 12,1%, llegando al 24%.

La pandemia ha venido a cambiar el paradigma con el cual hemos vivido y nuestra “normalidad anterior” difícilmente volverá a ser como era.

Si a esto le sumamos la Revolución 5.0 que se orienta a empleos con mayores niveles tecnológicos en diversas disciplinas, se concluye que se van a requerir transformaciones importantes en los perfiles de quienes pretenden insertarse en el mercado laboral. Para valorar los efectos a futuro sobre el empleo es necesario hacer un análisis de la posibilidad real de reconversión con que cuentan las ramas económicas para hacer frente a todo ello.

¿Cuál es el perfil de las personas más golpeadas por el desempleo?

Según la ECE, al segundo trimestre del 2020, entre las principales características de los afectados por el desempleo como consecuencia del COVID-19, el 68,5% cuentan con un nivel educativo de secundaria incompleta o menos y mayoritariamente se desempeñaban en empleos de tipo informal el (72,5 %).

Este perfil no posibilita a estas personas oportunidades de inserción laboral en los nuevos escenarios de los mercados, especialmente para empleos de calidad que respeten los derechos laborales.

Estos desempleados procedían de las siguientes actividades económicas: comercio y reparación (20,1 %), hoteles y restaurantes (18,6 %), construcción (12,0 %), entre otras actividades de servicios. Del total de personas ocupadas afectadas, 69,8 % son hombres y 30,2 % son mujeres.

No todas las ramas poseen la misma capacidad para reconvertirse ante los escenarios actuales. La actividad turística, tan importante para nuestra economía por su naturaleza y dependencia de los mercados internacionales, no podrán llegar al nivel que estaba antes de la pandemia tan rápidamente como se quisiera.

Por su parte, el comercio ya ha presentado cambios en sus mecanismos de venta y distribución de sus productos y servicios, de manera más ágil, utilizando una serie de plataformas virtuales, situación que les posibilita la generación de mayores empleos más rápidamente. Pero aun así hay que tomar en cuenta que es necesaria su formalización para que asuman sus cargas sociales como procede y que en unos años quienes se desempeñan ahí no se tornen un costo para la institucionalidad pública costarricense, en su atención médica y en el sistema de pensiones no contributivas.

¿Cuáles son algunos de los retos en el terreno del mercado de trabajo del país que se verán acelerados por la pandemia?

Como indica la Cepal, el mercado de trabajo es la manifestación más evidente de la calidad del proceso de desarrollo económico y social, pues potencializa la movilidad social en el marco de los derechos laborales con una mejor distribución del empleo y los ingresos. De ahí la importancia de contar con una estrategia-país que posibilite dichas condiciones y que se haga un esfuerzo por mejorar este mercado aún en momentos de pandemia, ya que garantiza continuar por la ruta de bienestar a la que ha aspirado la sociedad costarricense.

Por lo tanto, los principales retos que Costa Rica presenta y que han sido acelerados por la pandemia se relacionan con los problemas estructurales que había venido presentando el país en la generación de empleos de calidad y en la disminución de la informalidad de las actividades económicas.

Ante ello, se debe enfocar en fortalecer de manera coordinada y concatenada varios aspectos.

La educación, en todos sus niveles, ha venido presentando resultados negativos en relación con la formación de perfiles con las capacidades y habilidades que requiere el mercado laboral. Especialmente con la llegada de la pandemia, se ha acelerado la revolución de la industria 5.0, con un mayor desenvolvimiento de los temas digitales, la inteligencia artificial, el manejo de la Big Data, impulsando una nueva tecnología, capaz de ofrecer a las empresas y al gobierno un mayor y más exacto conocimiento para la toma de decisiones.

Aunque se busque el equilibrio entre la participación de la máquina y el ser humano, el perfil de este último está exigiendo un giro relevante para poder insertarse en este nuevo escenario laboral. Ya no basta con hablar más de un idioma, ahora se requiere de conocimientos de programación, manejo e interpretación de datos, versatilidad, trabajo interdisciplinario, creativo, con gran conciencia ambiental, entre otros aspectos. Este es uno de los grandes retos de la educación costarricense, que debe dar una respuesta positiva en tiempo y forma.

Se deben priorizar, de acuerdo con las ventajas competitivas de las regiones del país, las actividades económicas que pueden dinamizarlas.

También se deben disminuir la normativa, los requerimientos y los trámites que impiden la formalización tanto de las personas físicas como de las jurídicas, que garanticen, además, los derechos laborales, posibilitando su aporte a la seguridad social y, por lo tanto, al sistema de pensiones, entre otras.

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