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Con la apertura comercial siembran menos arroz y frijol, y más piña

Un informe de dependencia del MAG señala que las tendencias productivas, consecuencia del aperturismo comercial, inciden en una menor seguridad alimentaria.

Si algo han dejado claro los tratados de comercio y las políticas de apertura comercial es que ahora se siembra mucho menos el arroz, los frijoles y otros granos básicos de la dieta costarricense y, por el contrario, el cultivo de piña y banano se dispararon con mucho más fuerza.

No se trata de una denuncia gremial, se trata de una conclusión que queda explicada en el informe El Sector Agropecuario en la economía costarricense 2003-2019, elaborado por la Secretaría Ejecutiva de Planificación Sectorial Agropecuaria (Sepsa) del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) y divulgado en setiembre pasado.

El criterio utilizado por el equipo de especialistas de Sepsa para cuantificar esa realidad es el del valor agregado agropecuario (VAA).

¿Cómo se explica ese análisis? El economista y exviceministro de Ingresos del Ministerio de Hacienda, Fernando Rodríguez, recordó que de lo que se trata el concepto de valor agregado es de “tratar de convertir un producto con características básicas, en algo que haya llevado algún proceso de industrialización posterior”. Eso implica que la medición del VAA refleja cuánto se ha decidido invertir en la producción de los bienes agrícolas y su peso en el mercado.

Así, el informe de Sepsa señala que en el mencionado periodo “la apertura comercial provocó cambios en el aporte al VAA, especialmente en las actividades agrícolas, en las cuales se evidencian crecimientos significativos en cultivos como la piña y el banano”. Todo lo contrario sucede con el frijol, melón, arroz, maíz y café que presentaron decrecimientos.

Es por eso que, en el caso de granos básicos (arroz, frijol, maíz), “aumentó el déficit en la producción y se convierte en una preocupación en cuanto al tema de seguridad alimentaria”.

“Con acuerdos bilaterales o multilaterales, tratados de libre comercio y demás, se ha reforzado esa política pública de cultivos de agroexportación”, Mariana Porras.

Pero el cultivo de banano pasó de contabilizar por concepto de VAA ₡237 mil millones en el 2003, a más de ₡265 mil millones para el 2019. La sorpresa mayor la da el café, que en 2003 se ubicó en el segundo lugar con ₡163 mil millones, para que el año pasado apenas registrara ₡78 mil millones.

Los granos básicos mantuvieron una tendencia en picada y, dentro de ellos, la mayor reducción se observó en el cultivo de frijol, con un descenso de poco menos de la mitad de lo que contabilizaba en 2003, para quedar con más de ₡4.400 millones en 2019.

La tendencia queda expuesta cuando se analiza el área dedicada en el país a cada cultivo. Según los boletines estadísticos anuales que emite la misma Sepsa se aprecia el incremento en los monocultivos para la exportación frente a la disminución registrada en la última década de los granos básicos. (Ver gráfico).

El economista Rodríguez dijo que la explicación está en “ la rentabilidad de los productos”, pues “no es lo mismo producir en pequeña escala un producto para consumo interno, que producir a gran escala un producto para exportación”.

Una realidad que “ha venido estrujando” a los agricultores, que pierden su capacidad de mantenerse en el negocio y “eso hacía muy fácil que tuvieran que ceder sus tierras y eventualmente salir” de la actividad.

“Soberanía alimentaria”

Mariana Porras, de la Asociación Comunidades Ecológicas la Ceiba – Amigos de la Tierra (Coecoceiba-AT Costa Rica), destacó que la realidad descrita en el informe de Sepsa ya ha sido advertida en estudios como el Censo Agropecuario o el Informe del Estado de la Nación de 2018, el cual apuntó que el 70% del territorio nacional está sembrado con cinco productos dedicados a la exportación: café, banano, palma aceitera, caña de azúcar y la piña.

“Con acuerdos bilaterales o multilaterales, tratados de libre comercio y demás, se ha reforzado esa política pública de cultivos de agroexportación”, subrayó la activista, al tiempo que llamó la atención del riesgo que ello implica en escenarios como el actual de la pandemia y enfatizó que el propio informe de Sepsa apunta que cambios económicos, comerciales y climáticos representan una mayor vulnerabilidad para el sector agropecuario.

Porras explicó que por todo ello es que desde hace tiempo el movimiento ecologista en alianza con los  movimientos campesino e indígena han advertido sobre “el impacto que puede tener en lo que llamamos la soberanía alimentaria”.

El punto, dice, está en el concepto que tienen los gobiernos sobre la seguridad alimentaria que se limita a que el país genere “los réditos económicos para comprar los alimentos que la población diariamente consume”.

Por el contrario, el concepto de soberanía alimentaria se refiere “al derecho de cada nación a desarrollar su propia capacidad de producción de los alimentos básicos, además de que respeta la diversidad productiva y cultural», explicó.

Lo que el informe revela es para ella “bastante grave, porque no tenemos el alimento asegurado en contextos de pandemia u otras condiciones. Además, el modelo de agronegocio como lo dice el informe no aporta a una mejor condición de vida de las personas que viven alrededor de esos cultivos o de la población en general, más bien habla de desigualdad social”.


“El país buscó reactivar el agro”

Vinicio Chacón

Para Abel Chaves, presidente de la Cámara Nacional de Productores y Exportadores de Piña (Canapep), no se trata de que la piña “vino a sustituir” a los cultivos de granos básicos, sino que “cuando se dieron las aperturas comerciales, el país estuvo buscando nuevas opciones para reactivar el agro”, al tiempo que otras naciones “empezaron a ser mucho más eficientes en la siembra” de esos productos.

Recordó que, a principios de siglo, como una forma de combatir la “exportación de productos ilícitos” de Colombia, para los cuales Centroamérica era un “corredor”, la Unión Europea ofreció incentivos arancelarios, por lo que en ese país creció el banano, café, y plantas ornamentales.

Dijo que entonces el país se acogió a esos beneficios arancelarios, que se extendieron a productos no tradicionales y “ahí Costa Rica metió la piña, el melón, el mango, la sandía, las nueces y plantas ornamentales”.

Añadió que en este país la producción agrícola sale “cara”, entonces quienes se dedicaban a “esas otras actividades donde la rentabilidad era muy poca” empezaron a dejar de sembrar café, frijoles, arroz, banano, raíces, tubérculos y en algunos casos ganado. “Toda esta gente empezó a migrar a la piña”.

Así, dijo que el cultivo de piña “lo que hizo fue darle una apertura de posibilidades a esa gente. Se dio un crecimiento muy grande hasta convertirse Costa Rica en el primer país mundial en exportación de piña fresca”.


 

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