Panorama laboral ha cambiado en la región producto de la pandemia

Centroamérica podría alcanzar indicadores de desempleo cercanos al 25% 

Estudio desarrollado por Unimer evidenció que el mayor impacto emocional se ha presentado en las mujeres debido sobrecargo de tareas.

Carlos trabaja en una empresa multinacional y hace semanas le informaron que le rebajarían su jornada en un 15%, por ende, también sus ingresos.

A Juan le avisaron en su trabajo, en marzo pasado, que le reducían la jornada a la mitad, además de la reducción salarial. Durante tres meses se mantuvo con ese cambio y haciendo teletrabajo; no obstante, a finales de junio el patrono le dijo que le subiría un tercio de la jornada que había perdido, pero en la práctica labora muchas horas más que las acordadas, sin el reconocimiento salarial, pues hubo varios despidos y tiene sobrecargo de funciones.

Erick trabajaba en artes gráficas, le redujeron la jornada a la mitad (junto con el salario) y bajo el sistema de teletrabajo. Recientemente, en la empresa donde trabaja anunciaron que harían despidos por la crisis causada por la pandemia, entre los despedidos se encontraba él.

Todas estas historias tienen nombres ficticios, pero corresponden a la vida de personas trabajadoras (pidieron guardar confidencialidad). Son parte de la población centroamericana que se ha visto afectada laboralmente por los efectos del COVID-19.

Un estudio desarrollado por la empresa encuestadora Unimer Centroamérica y dada a conocer en conjunto con la agencia de comunicación Zona de Prensa evidenció que el panorama laboral en Centroamérica ha cambiado drásticamente y a la fecha se han suspendido más de 570.000 contratos, con algunas diferencias por país.

“Panamá es el país que presenta una mayor cantidad de personas con contratos laborales suspendidos, un 37% y un 8% vio su jornada laboral reducida. Mientras que Guatemala llegó al 15% de suspensión de contratos y un 14% de jornada suspendida” explicó Cristina Jurado, directora de Proyectos Cualitativos de Unimer Guatemala.

La experta comentó que se estima que varios países de la región alcanzarían entre el 20% y el 25% de desempleo al terminar la pandemia. Para Costa Rica se espera que el desempleo alcance entre un 20% o 25%, al igual que Panamá; en Guatemala la estimación es que llegue al 20% y en El Salvador al 8%. .

Por su parte, Guido Romeo, director de Proyectos de Unimer Panamá acotó que muchas personas han sufrido una reducción total o parcial de sus ingresos, afectando seriamente las condiciones de bienestar de las familias centroamericanas.

Los datos oscilan entre el 50% y más del 80% de personas que han tenido afectaciones en sus ingresos, lo que varía en cada país. Como muestra, en Nicaragua un 82% reportó este cambio, en Panamá la cifra alcanzó el 77% y en Guatemala un 56%; mientras que en El Salvador un 84% aseguró sentir mucha tensión económica, y en Costa Rica el 80% está convencido de que será afectado económicamente, producto de la pandemia.

La otra cara del empleo

Claro que el tema de la afectación de contratos está vinculada a los empleos formales; sin embargo, hay que analizar el porcentaje de la población económicamente activa cuyos trabajos son informales, los cuales oscilan entre 43,6% y 69,7% en el istmo y que varios estudios estiman que aumentará.

Son personas que también han visto seriamente afectados sus trabajos y, por ende, los ingresos que reciben cada día, pues muchos de ellos generan recursos para llevar el alimento a sus hogares diariamente.

El porcentaje de trabajadores informales en Guatemala es uno de los más elevados, con un 69,7%, Honduras alcanza el 58%, Nicaragua el 56,5%, Costa Rica llega al 46%, Panamá suma un 43,6% y El Salvador un 42,49% (sin embargo, otras fuentes lo ubican cercano al 70%).

De acuerdo con Beatriz Zumbado, vicepresidenta Ejecutiva de Unimer los estudios desarrollados muestran cómo la pérdida de ingresos en las familias de los países del istmo es muy elevada, tanto en la economía formal como la informal, producto de las restricciones de movilidad y de trabajo decretadas en cada país; con la excepción de Nicaragua que no tomó estas medidas.

“Entre un 13% y 40% de los entrevistados de la región señaló una pérdida total de la fuente de ingresos; entre un 8% y 14% jornadas laborales reducidas y la suspensión de contratos laborales se dio para entre el 15% y el 37%, según el país”, añadió.

El principal desafío que plantea esta situación, indicó Zumbado, es entender la pandemia de forma integral, en donde no solamente intervienen los temas de salud, sino los económicos y laborales, la necesidad de cuidar las fuentes de empleo, el control de gastos públicos y la transparencia en la gestión pública.

“También, comprender que la pandemia afecta en forma diferente a hombres y mujeres, a niveles socioeconómicos bajos y altos, a residentes de zonas urbanas y rurales, a países con mejor o peor estructura de salud, agua, electricidad y hasta de comunicación entre otros”.

Estos cambios han incidido en el recorte de gastos de los centroamericanos, quienes han reducido el consumo entre un 64% y un 94%, según cada país.

Aunque los datos evidencian una seria problemática en materia laboral, lo cierto es que muchas personas de la región han incursionado en el desarrollo de emprendimientos, tanto en áreas innovadoras como tradicionales, con el fin de llevar ingresos a sus hogares.

Ante la crisis, los centroamericanos comenzaron a buscar oportunidades. Por ejemplo, una gran cantidad de personas emprendieron la venta de comidas a domicilio; clases de música o inglés virtuales; manualidades y servicios de entrega; alquiler de equipos para gimnasios o rutinas virtuales; entre muchas otras.

Mujeres experimentan mayor impacto por confinamiento

Parte de los resultados del estudio desarrollado por Unimer Centroamérica mostró cómo el impacto de las medidas de confinamiento y restricciones dictadas por los gobiernos de los distintos países de la región ha incidido con mayor fuerza en las mujeres.

Y es que el impacto que experimenta la población femenina es multidimensional, basado en diversos factores, como las jefaturas de hogar, que no solamente deben ver a sus hijos, sino en muchas ocasiones a padres y hermanos.

“Las mujeres realizan muchos roles, y en este período se ha sumado atender la escolaridad de sus hijos, convirtiéndose en maestras de sus niños más pequeños; además si tienen la suerte de mantener su empleo, en muchos casos deben realizar teletrabajo, no solo deben hacerlo en forma eficiente, sino también velar por sus otras ocupaciones en las mismas jornadas laborales”, detalló Beatriz Zumbado, Vicepresidenta Ejecutiva de Unimer.

Muchas contaban con el apoyo de las abuelas, vecinas o guarderías mientras trabajaban, pero durante la pandemia esto ha sido imposible y una gran cantidad se desempeñan en el sector informal, por lo que ha sido aún más difícil obtener los recursos para alimentar a sus familias.

En el caso de las mujeres que trabajan en el servicio doméstico, la situación tiende a complicarse aún más, pues la mayoría no cuenta con seguridad social, les han suspendido sus contratos y salarios, sin ningún tipo de indemnización.

Así lo confirmó un grupo de mujeres del sector de trabajadoras domésticas de Puerto de San José, en Guatemala, quienes han vivido de una manera muy fuerte la pandemia.

“Muchas recibimos un bajo sueldo, que no llega ni siquiera a la mitad del sueldo mínimo. En esta pandemia algunas se han quedado sin trabajo, a otras solamente les han pagado la mitad de sus salarios o las enviaron a casa a descansar sin paga. Necesitamos más derechos para defendernos y exigirle a los patronos, porque no hemos recibido ningún apoyo, ni del Gobierno, ni de la municipalidad”, comentó una de las trabajadoras, quien pidió guardar su nombre en el anonimato.

Otro sector de mujeres trabajadoras relacionadas con el sector de salud, como personal médico, de enfermería, aseo y otras que atienden en centros hospitalarios, han experimentado una sobrecarga, no solo de trabajo, sino también emocional al estar más expuestas al virus.

Todos estos impactos se ven reflejados en el impacto emocional de las mujeres, quienes aseguraron sentirse más tristes, con miedo y con cambios en sus hábitos del sueño y alimentación. Pero en términos emocionales, una gran porción de entrevistados aseguró verse impactada.

“Entre los diferentes factores analizados el cambio en los hábitos de sueño, ya sea dormir en horarios cambiantes o dormir menos, es uno de los más fuertes en la calidad de vida de los entrevistados. Igualmente, la modificación de los hábitos de consumo de alimentos ya sea que comían más o menos de lo acostumbrado”, detalló la experta.

Cada país pasó por diferentes niveles de confinamiento, por lo que la población se ha visto afectada de forma distinta; sin embargo, el miedo y los temores estuvieron presentes en sus respuestas, de hecho, entre el 21% y el 31% de las personas indicaron experimentar esas emociones.

En los centroamericanos existe un sentimiento de duelo por pérdida, que no necesariamente pasa por la muerte de una persona, sino a la pérdida de libertad como rutina, a participar de cumpleaños, graduaciones, viajes o desafíos que tienen que enfrentar. Muchos quedaron lejos de sus madres o hermanos y algo que afecta.

Sin embargo, la pandemia ha traído aspectos positivos, según indicaron las personas encuestadas, como compartir con las personas del hogar, conversar con familiares y amigos, lo que les ha permitido fortalecer sus relaciones personales, en ocasiones, ahogadas en el día a día o en la distancia física.

La encuesta de Unimer Centroamérica se realizó entre abril y junio de 2020 y estuvo dirigida a 2.757 personas de Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Panamá y Nicaragua de forma digital, por lo que aún falta llegar a sectores más vulnerables de las poblaciones, que no cuentan con recursos tecnológicos.

Honduras ha perdido el miedo

Exempleados de restaurantes hondureños cerrados por COVID-19 piden bono de auxilio ante la grave situación económica que viven. (Foto: AFP).

Aunque la encuesta de Unimer no se realizó en Honduras, UNIVERSIDAD conversó con el sociólogo y catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), quien explicó que actualmente la sociedad hondureña parece haber perdido el temor al contagio del virus.

Desde su perspectiva, el confinamiento es simbólico, pues, aunque oficialmente siguen las medidas que establecen que cada persona puede salir cada diez días, lo cierto es que la gente se moviliza con bastante libertad; además, la economía informal busca reactivarse y la formal pasa por un proceso de reactivación.

“Pero sí hay una recesión económica, las proyecciones señalan que para final de año el desempleo abierto podría ubicarse en el 13%, cuando en otros momentos hemos alcanzado el 5% o 6%. No se puede desconocer que Honduras es uno de los países más pobres de la región, con más del 60% en situación de pobreza y se piensa que podríamos llegar al 75% a diciembre”, señaló Sosa.

Precisamente, muchos de los rostros de la mendicidad y extrema pobreza son palpables en Tegucigalpa y San Pedro Sula, donde el tema de la exclusión urbana es muy fuerte; sumado a que varias empresas han cerrado, dejando a gran cantidad de personas sin trabajo. “Es previsible que unas 250.000 personas o más pierdan sus empleos”.

Según el experto, el país está llegando a los 65.000 casos positivos por COVID-19 y sobrepasan los 2.000 fallecidos. No obstante, hay una serie de cuestionamientos por la forma en que se llevan a cabo las pruebas y se estima que los casos en realidad se duplican y las muertes podrían ubicarse en las 5.000.

“En realidad la situación de Honduras es de una crisis compleja, que no apareció con la pandemia, ya estaba ahí, pero se ha profundizado. Habrá que ver lo que sucede cuando se abran las fronteras, posiblemente tendremos un proceso de olas migratorias más fuertes”, añadió Sosa.

Empleo informal

El sector informal en Centroamérica ocupa una gran porción de la población, en algunos países es más significativo que otros, pero en todos suma a miles de familias que dependen de salir cada día a buscar el sustento. Muchas de ellas han enfrentado serias repercusiones por las medidas restrictivas impuestas como contención del COVID-19.

 

PAIS % trabajadores informales de población económicamente activa de cada país
Guatemala 69,70%
El Salvador 42,49%
Honduras 58,00%
Nicaragua 56,50%
Costa Rica 46,00%
Panamá 43,60%

 

Fuente: Unimer Centroamérica.

Cuadro 2

Impacto laboral

La expectativa es que una buena parte de los países del istmo alcancen niveles de desempleo que oscilen entre el 20% y 25%.

 

PAÍS PERSONAS CON CONTRATOS SUSPENDIDOS TASA DE DESEMPLEO ANTES DEL COVID-19 AL TERMINAR EL 2020 SE ESTIMA UNA TASA DE DESEMPLEO
Guatemala 100.887 2,18% 20%
El Salvador  130.000 6,30% 8%
Panamá 273.000 7,10% 20%-25%
Costa Rica 67.048 12,40% 20%-25%
TOTAL 570.935

 

Fuente: Unimer Centroamérica.

Emociones encontradas

En Costa Rica, los datos de la encuesta evidenciaron que la población se divide entre optimismo y pesimismo. Esas emociones están marcadas por el contexto de cada uno, las personas con las que viven, si tuvieron suspensión de contrato, se han visto afectadas económicamente o si perdieron a un familiar.

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