El “cementazo” pone límites a la lealtad entre Morales Zapata y el presidente Solís

Un inesperado discurso leído por el diputado amigo del mandatario, lo colocó de nuevo en el foco de cuestionamientos, al asegurar que siempre actuaron coordinados

A mitad de la tarde de este lunes 6 de noviembre, el controversial diputado Víctor Hugo Morales Zapata lanzó una bomba política que casi nadie esperaba, y que detonó directo en la oficina del presidente Luis Guillermo Solís. Su amigo o examigo, ya no se sabe.

Morales, hombre de pocos discursos, pero vehementes y espontáneos, leyó sin vehemencia y sin espontaneidad dos folios escritos cuyo mensaje enviaba casi al mismo tiempo a los periodistas. El diputado más cercano al presidente de la República se sacudió de las culpas que le han caído o le han lanzado por ayudar al empresario Juan Carlos Bolaños en la trama del negocio de importación de cemento chino.

Negó ser “el embajador de Bolaños”, como lo calificó diez días atrás Mariano Figueres, director de Inteligencia y Seguridad (DIS) y miembro del primer círculo de confianza de Solís, junto a Morales Zapata y al exministro de la Presidencia, Melvin Jiménez.

Morales rechazó “las mentiras del señor de la DIS”, pero fue más allá. Aseguró que todas sus gestiones por el ingreso del cemento chino en el mercado costarricense las ha hecho con el acuerdo o la anuencia del presidente Solís. Morales Zapata estaba volviendo a colocar las sospechas en el despacho presidencial y nadie lo vio venir.

26 horas después, martes 7 de noviembre por la noche, el presidente Solís publicó en su cuenta de Facebook un mensaje de cuatro minutos grabado en su casa, en el que insistía en haber impulsado una sana apertura del mercado del cemento y rechazaba haber cometido o inducido actos ilegales con ese objetivo, ni tampoco haber favorecido a Bolaños, ahora en prisión preventiva. “No he ordenado, propiciado, cometido, ni inducido ningún acto contrario a la ley”.

Y Solís agregaría algo parecido a una indirecta. “Pareciera evidente por las informaciones reveladas en las últimas semanas, que sin mi conocimiento y separándose del marco de legalidad ya señalado, algunas personas pudieron haber tomado decisiones contrarias a ese espíritu de respeto a la legalidad.

Los límites de la lealtad

Parecen rotos los canales entre Solís y Morales. Lo creen incluso diputados suspicaces  que sospechaban de alguna estrategia orquestada. El diferendo entre el presidente y su diputado preferido parece ser sincero. Algo muy fuerte se rompió esta semana.

Los indicios son las palabras de Morales en el micrófono del plenario, cuando repitió que se ha sentido atacado por “sectores del Ejecutivo”, que “la lealtad tiene límites”, que Mariano Figueres mintió bajo juramento y que él no es “la Roma a donde llegan todos los caminos” en los cuestionamientos sobre el “cementazo”. Morales Zapata se estaba sacudiendo y contrariando la idea de que estaría dispuesto a recibir los cuestionamientos para mantener libre de sospechas a Solís.

“Siempre actué dentro de mis funciones en estrecha comunicación y coordinación (con el mandatario)”, aseguró el diputado independiente (quien renunció al PAC por este mismo conflicto) sin despegarse del papel escrito, en un mensaje sin margen para errores, olvidos o imprecisiones. Él sabe que ahora sus palabras son de interés para políticos y periodistas, pero también para fiscales del Ministerio Público.

Morales Zapata, el infaltable protagonista político de este cuatrienio, vertió un balde de agua helada, y no solo en el Partido Acción Ciudadana (PAC). O un galón de combustible, no se sabe. Dos meses después de la comparecencia en la que el presidente Solís decía no tener amigos, su amigo confeso lo colocaba ante los focos.

El discurso lo leyó casi a las 4 p.m. Agregaba, eso sí, que todo se ha hecho con la sana intención de abrir el “nefasto duopolio” del cemento y que más bien le extraña por qué la Presidencia ha perdido ímpetu. “La historia lo juzgará (a Solís)”, pronunciaba Morales Zapata sosteniendo el papel con las dos manos, leyéndolo sin cadencia y apresurado, mirando de reojo el reloj para asegurarse de poder acabar a tiempo y dejar el mensaje en actas.

Luis Guillermo Solís, el hombre a quien Morales Zapata ayudó a ganar la candidatura en el PAC en 2013, ni siquiera estaba en su despacho. Está incapacitado por una operación de próstata, pero en Zapote escucharon el mensaje. Quizás tampoco lo veían venir, pero reaccionaron una hora después.

“La Casa Presidencial reitera que el presidente no tiene amigos”, se leía en un comunicado que repetía una de las frases relevantes del mandatario en la comparecencia ante diputados, cuando hizo pública una supuesta petición de renuncia a Morales Zapata que este prefirió no atender.

El comunicado recordaba también palabras muy distintas del diputado dadas ante la comisión legislativa que investiga el “cementazo”. “Sería una infamia de mi parte, y de cualquiera que sea conocedor del tema, involucrar al presidente en un detalle como ese. El presidente nunca estuvo enterado de ello en detalle”, pronunció Morales Zapata dos semanas atrás, y lo recordaba la Presidencia con afán de hacer ver la contradicción.

¿Se acabó la amistad?

¿Qué cambió en el criterio de Morales Zapata? ¿Lo molestó algo? ¿Le sorprendió que Figueres le atribuyera ante juramento de verdad la función de ser “embajador de Bolaños”? ¿Se le pasó la mano? ¿Cuán determinante es la reactivación de las causas judiciales? Son preguntas sin respuesta clara. UNIVERSIDAD le pidió después una entrevista al legislador y él se rehusó. “No voy a dar declaraciones adicionales”, contestó por mensaje de texto.

Morales Zapata es objeto de investigación en el nuevo aire del Ministerio Público, con la jefa interina Emilia Navas, después de que el fiscal suspendido, Jorge Chavarría, hubiera pedido desestimar la acusación y la Sala III lo aceptara sin mucha dilación. Las acciones en el Poder Judicial han recibido el respaldo público del presidente, quien figura también en una denuncia tres ciudadanos, aunque la fiscal Navas ha evitado responder si se investigan actuaciones del mandatario.

A Morales le atribuyen haber aceptado el pago de unas vacaciones de parte de la empresa del importador Bolaños. También se conoce que llamó en su momento al presidente de la Comisión de Emergencias para preguntar por un pago pendiente para Bolaños, que participó en reuniones con el empresario en la Asamblea Legislativa y en el despacho presidencial de Solís.

Además, se conocen mensajes que él envió a Hacienda y Aduanas para preguntar por gestiones a favor de la importación del cemento chino. En uno de esos mensajes dialogaba con el viceministro Fernando Rodríguez, quien primero dijo que Morales hablaba en nombre del presidente y después dijo haber sido engañado por el legislador. Los diputados de la comisión, compañeros de Morales, saben que él a menudo es el mensajero presidencial. O era.

 

 

 

 


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