Obra del pintor Miguel Casafont develada este jueves en el Salón de Expresidentes

Así nos mira Luis Guillermo Solís (el del retrato)

La pintura, obra del artista Miguel Casafont, entra a la galería del Salón de Expresidentes. El acto se realizó tras una semana de cuestionamientos de los detractores de Solís, “que no son pocos”, admitió él.

El expresidente Luis Guillermo Solís levantó finalmente el velo que cubría su retrato y pudo verse a los ojos como quien se mira ante un espejo alterado por la interpretación de un pintor. La pintura del artista Miguel Casafont quedaba al descubierto después de una semana de abundante en pirotecnica política y cuestionamientos al gobierno 2014-2018.

Ahí quedaba ya el Luis Guillermo pintado, listo para ingresar pronto a la colección histórica que incluye a todos los jefes de Estado desde Juan Mora Fernández (1824-1833), buenos o malos, populares o malquistos, de mirada directa o buscando al ciprés.

A Solís le ve con el entrecejo fruncido, su pelo escaso y entrecano, y una papada generosa que llamó la atención de varios presentes. Su físico no es el de aquel candidato que iba corriendo por los barrios, pero el cambio tampoco fue para tanto, dijo un allegado.

El tono de piel es en apariencia más pálido que el modelo y el énfasis está puesto en la mirada que sale desde sus ojos color café con un aire de seriedad y atención. La cabeza tiene una leve inclinación y ese gesto, según los expertos en lenguaje corporal, representa receptividad, interés, conexión.

Parece que ese Luis Guillermo quiere escuchar, al menos el del retrato. Intenta vernos a los ojos. Eso pretendía Casafont, que el retrato persiga con su mirada por el Salón de Expresidentes, incluso cuando son más de 200 almas, como esta noche. Esta parece ser la tendencia de los retratos de mandatarios desde 1986. Luis Alberto Monge es el último que se ve mirando a un costado. Rodrigo Carazo como que observa el horizonte. Con Daniel Oduber queda la duda.

Talvez ese “mirar a los ojos” tenga más sentido después de una semana repleta de cuestionamientos a la gestión de Solís, por sus posibles responsabilidades en el escándalo del “cemento”, por el manejo fiscal o por otras cosas que hizo o dejó de hacer este politólogo e historiador cuya pintura se colgará pronto junto a la de Laura Chinchilla. No se sabe cuántos estaría dispuestos a volverlo a votar, al menos en las condiciones de aquella batalla electoral del 2014 contra Johnny Araya y José María Villalta como rivales directos.

Esta ha sido quizás la develación más controvertida en tiempos recientes. Dos eventos legislativos levantaron polvo antes del acto de esta noche y es difícil creer que haya sido casual, decía el expresidente por la tarde, en una rueda de prensa donde recordó un gesto muy suyo de tensar los labios en señal de molestia. El gesto era menos afable cuando hablaba a periodistas.

Por la noche, a poco de cruzarse las miradas con su retrato, dio un mensaje más protocolario e historicista, menos en defensa suya y más en defensa del valor patriótico que se refleja en los 48 retratos de gobernantes. Agradeció a su familia, claro, y también a los detractores, “que no son pocos”, reconoció antes de escucharse algunas risillas entre el público.

Ahí queda ya el candidato “del cambio”, el que en 2014 interrumpió los mandatos bipartidistas de décadas, el del “margen de error” y el que generó altísimas expectativas que acabaron reventándole en la cara. El primer presidente del Partido Acción Ciudadana (PAC), ese que acabó con baja popularidad pero que esta noche recibió aplausos de pie de sus incondicionales, alguna hurra incluida. Se le vio conmoverse.

En el acto no estaban, sin embargo, figuras cercanas cuestionadas por el “cementazo”. Tampoco fueron diputados de otras fracciones, como anunciaron con platillo y bombos como aparente señal de repudio. La única presente era la socialcristiana María Vita Monge, “como fiel creyente de la sólida continuidad democrática”. También todos los diputados oficialistas, aunque no todos son efusivos con él. El resto eran excolaboradores de su gobierno, miembros del gobierno actual, amigos de la academia y simpatizantes PAC, porque aún queda alguno.

El próximo retrato, allá por el 2023, será el de Carlos Alvarado, que asistió a este acto y se abrazó con el político que lo llevó a puestos de poder bajo la bandera del PAC, aunque el mandatario actual va por caminos propios, con problemas propios y formas distintas. Para empezar, estuvo muy lejos de generar las expectativas de su predecesor y quizás en parte tenga que atribuírselo a él.

Este retrato es una pintura idealizada, explicó Casafont, profesor de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica. Estudió otros retratos y estaba consciente de que es un documento para el acervo cultural. Da igual que Solís lo haya pagado de su bolsillo a un monto que prefirió no revelar. Lo importante, decía, es que formará parte de la historia y por eso el gesto “de autoridad histórico presidencial”, aunque sin la altivez de los gobernantes del siglo XIX, de las patillas largas y los cuellos altos.

La presidenta del Congreso, Carolina Hidalgo, una de las nuevas figuras del PAC, dijo que Solís gobernó con la razón y la probidad, que representa a la clase política ilustrada. La politóloga Argentina Artavia hizo un resumen poco resumido del gobierno de Solís y pidió evitar los comentarios inquisitoriales. “La verdad es hija del tiempo”, dijo como citando a Francis Bacon y respondiendo en modo indirecto a algunas críticas de la semana.

Y ahí quedó Solís, el pintado, tratando de verlo todo. El marco aún no está listo, pero ya el acto quedó hecho. El retrato tenía un mes de estar terminado y ahora es público. Y como tal, queda dispuesto a lecturas y bromas, aplausos, memes y estudios. El exmandatario se retiró sin que nadie brindara; no hubo vino ni bocadillos; el Congreso no dio dinero para ello.

 


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