Aislamiento permitiría controlar segunda ola en corto plazo

Centros de aislamiento y permanencia en viviendas es fundamental para reducir los contagios y mitigar el impacto de una nueva ola que recién comienza.

“Es evidente que estamos en una segunda ola pandémica”, anunció el ministro de Salud, Daniel Salas, el pasado 8 de junio. Desde entonces, los casos diarios –que habían llegado a dos o tres en abril y mayo– sobrepasan la cincuentena.

Especialistas en estadística y epidemiología coinciden en que el tamaño y la duración de esta segunda fase de la pandemia por COVID-19 depende de la detección de los casos y el posterior cumplimiento de las medidas de aislamiento, tanto en casas de habitación como en centros de aislamiento temporal.

Las proyecciones que realizan los investigadores cambian a diario, pues se basan en los datos que provee el Ministerio de Salud a diario.

El análisis de los datos sobre el comportamiento del virus en las últimas semanas evidencia que estamos frente a una segunda ola que supera en intensidad a la primera y que, dependiendo de las medidas que se tomen, podría intensificarse aún más.

Juan José Romero, coordinador académico de la maestría en Epidemiología de la Universidad Nacional (UNA), confirmó que la primera fase es difícil de catalogar como una “ola”, pues fue “como esas olas de Papagayo o Sámara, donde uno se para en la orilla y apenas se moja los dedos”, pues el número máximo de casos diarios fue muy bajo (37).

Explicó que ahora enfrentamos un escenario más riesgoso que requiere de la colaboración de toda la población para controlar el contagio del virus, que ya ha cobrado más de 440 mil vidas alrededor del mundo. En medio de este panorama, cobran todavía más importancia las medidas sanitarias de higiene y distanciamiento. Estas medidas, indicó Romero, han prevenido entre 600 y 700 millones de personas enfermas alrededor del globo.

El epidemiólogo explicó que las restricciones aplicadas en el país durante la primera fase cumplieron su cometido: ganar tiempo. Así, el sistema de salud ha podido manejar los casos y abastecerse, tanto que se compraron 400 respiradores y en la actualidad solo se están usando dos.

La reapertura de actividades comerciales y el levantamiento de restricciones a principios de mayo, que se profundizó por presiones ciudadanas y de sectores económicos, provocaron lo previsible: que el virus volviera a circular y aumentara el número de personas contagiadas, dijo. Los casos comenzaron a subir hasta llegar a 86, el pasado 10 de junio.

Romero afirmó que es esperable que en próximos días los números se mantengan entre 50 y 100 casos diarios, y que luego, dependiendo del comportamiento de la ciudadanía y el sector empresarial, vuelva a bajar.

Segunda ola se extendería por semanas

Tal y como lo aseguró el epidemiólogo, las proyecciones de expertos en estadística y matemática indican que en las próximas semanas se seguirán detectando decenas de casos diarios.

Guaner Rojas, de la Escuela de Estadística, y Agustín Gómez, del Observatorio del Desarrollo (ambos de la UCR), conforman el equipo que analiza el comportamiento del COVID-19 en el país y que publica la información en el sitio oddapp2.shinyapps.io/CoronavirusCostaRica.

De acuerdo con los datos al 16 de junio y considerando un escenario optimista en que las medidas se acatan, el máximo de casos diarios de esta segunda ola sería de 78 y se alcanzaría en una semana. Así, esta segunda fase se extendería hasta principios de agosto pero de manera estable, de manera que llegaríamos a noviembre con cerca de 4300 casos acumulados.

No obstante, el escenario pesimista proyecta hasta 200 casos diarios en 10 días y hasta 10.000 casos acumulados a mediados de setiembre. Este escenario podría darse si la población ignora las medidas de higiene y distanciamiento, o si se impide la instalación de centros de aislamiento en zonas donde hay focos de infección. Rojas explicó que, por la naturaleza del virus, el acatamiento de medidas es fundamental para evitar este escenario de contagio comunitario masivo.

El modelo contempla supuestos como que las personas contagiadas y no contagiadas tienen contacto entre ellas, pero quienes hayan estado en contacto con una persona contagiada se identifiquen rápidamente y las medidas sanitarias permitan el control del contagio, obteniendo un máximo de contagios menor que la población susceptible.

Mario Villalobos, del Centro de Investigaciones en Matemática Pura y Aplicada, también ha estado estudiando los datos del avance del COVID-19 en el país; según sus proyecciones, si el crecimiento de los casos refleja el comportamiento de la semana pasada, podríamos llegar a 10.000 casos en esta segunda fase, que se extendería hasta setiembre.

El matemático explicó que su modelo contempla el comportamiento del virus durante la primera ola y los datos de comportamiento reciente también. Previamente, Villalobos pronosticó que la primera ola llegaría a 800 casos acumulados y resultó que el número fue de 765 al 7 de mayo. De acuerdo con esta proyección el país se enfrentaría a un aumento de casos hasta llegar a los 100 diarios, a mediados de julio.

Juan José Romero aseveró que no le asusta el aumento en los casos mientras se mantenga baja la tasa de hospitalización y la mayor parte de los casos “sigan siendo gente joven y saludable”, pero que el país necesita vigilar el tamaño y comportamiento de esta segunda ola.

Así, dijo, el sector productivo tiene que asumir responsabilidad para cuidar a su personal y la ciudadanía también. “Si los casos pertenecen a un clúster o foco infeccioso, es de esperar que estén aislados y sus contactos tengan orden sanitaria”, indicó. “Si la gente cumple con el proceso de aislamiento sea en casa o en un centro de aislamiento, es posible que en catorce días estos casos ya no se reproduzcan”.

Sobre los centros de aislamiento, el presidente de la Comisión Nacional de Emergencias, Alexander Solís, explicó este 16 de junio en conferencia de prensa que esta estrategia ha ayudado a contener la transmisión del virus. Las personas que se remiten a estos centros son personas sin arraigo (especialmente migrantes y transportistas), aquellas cuya vivienda no tenga condiciones óptimas para el aislamiento y aquellas personas cuya seguridad o la de su familia esté en riesgo.

“Es muchísimo más seguro para la comunidad tener los casos en un sitio de contención primaria que la posibilidad de que personas diagnosticadas como positivas deambulen”, declaró y recalcó que es un mito que estos centros representen un riesgo para las comunidades.

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