Opinión

¿Una imagen dice más que mil palabras?

La imagen circula ya en todas las redes y medios de prensa: policías israelíes agreden de manera flagrante a un grupo de manifestantes palestinos que cargan el féretro de la periodista Shirin Abu Aqla, asesinada en un fuego cruzado cerca del campamento de refugiados de Jenin. En principio, nadie puede cuestionar que, lo que ahí se ve es una infame y cruel agresión por parte de las autoridades de seguridad de Israel, y como era de esperar, la condena de cientos de miles de personas ante tal atropello. En esta ocasión pareciera que efectivamente que “una imagen dice más que mil palabras”. Pero, ¿qué dicen las mil palabras que preceden la imagen? Churchill dijo alguna vez que “en la guerra, la verdad es tan preciosa que siempre hay que protegerla con un cortejo de mentiras”. Otra frase célebre, pero esta vez de un ferviente nazi fue “Una mentira repetida mil veces se termina convirtiendo en una verdad”, recuerdo además haber leído una vez que “la primera víctima en una guerra no son las personas, sino la verdad”. En esta ocasión, se ha echado mano de una imagen que a todas luces es cruel e infame para sostener una mentira en medio de una disputa interminable.

Una reconstrucción de los hechos acontecidos hasta hoy y de los que tenemos certeza, empezando por las mentiras, pueden arrojar luz de la verdad oculta, el diablo está en los detalles, veamos los siguientes puntos:

  1. El ejército israelí llegó a detener a un grupo de terroristas que estaban planeando atentados contra civiles, lo que desató el caos en Janin, en medio del fuego cruzado habían periodistas cubriendo los hechos, entre ellos una corresponsal de Al Jazeera, Shirin Abu Aqla, a quien una bala perdida alcanzó. Fue fulminante, murió en el acto. La bala pudo venir de cualquiera de los dos bandos, y sin duda pudo haber sido israelí, pero para determinar el responsable se necesita investigar, y ahí es donde viene el problema, automáticamente se acusa a Israel sin que medie un procedimiento serio para determinar de dónde salió el disparo. La Autoridad Palestina se niega a realizar una investigación conjunta, se negaron incluso a practicar una autopsia conjunta. Y por si fuera poco, se niegan a entregar la bala que acabó con la vida de la periodista. A partir de aquí lo que la narrativa construye es lo que las autoridades palestinas quieren, seguido de teorías especulativas que como la lógica indica irán dirigidas contra Israel.
  2. Israel inicialmente sugirió que el fuego palestino podría haber sido el culpable, pero los funcionarios han dicho desde entonces que no podían descartar que fueran los disparos israelíes los que la mataron. El Consejo de Seguridad de la ONU condenó enérgicamente el asesinato y pidió una «investigación inmediata, exhaustiva, transparente, justa e imparcial».
  3. Esto me lleva al tercer punto: gente influyente en redes sociales y algunos medios de prensa condenaron inmediatamente a Israel, a partir de ahí se crea un efecto de bola de nieve, ya la especulación circula y fluye: se consolida por todo el ciberespacio.
  4. Pero volviendo a la polémica foto: resulta que durante el funeral de la periodista, un grupo de manifestantes palestinos secuestró el cuerpo, la policía de Israel informó el sábado que había tratado de «facilitar un funeral tranquilo y digno… y había coordinado los arreglos funerarios con su familia”. Desafortunadamente, cientos de manifestantes intentaron sabotear la ceremonia. Literalmente abrieron la carroza fúnebre y en contra de los deseos del hermano de la fallecida el cuerpo fue tomado para conducirlo entre la multitud y convertirla en Shahid, algo imposible de lograr puesto que la periodista era cristiana. El objetivo entonces era precisamente lograr desestabilizar la seguridad de la zona, alterar el orden y provocar lo que vemos ahora en la imagen. El hermano pide recuperar el cuerpo, pero los manifestantes se niegan a entregarlo. De ahí la trifulca y esta cruda imagen.
  5. Y por último no han faltado las acusaciones antisemitas de turno, y las falsas acusaciones de impunidad y demás yerbas que siempre relucen cuando las tensiones constantes estallan en situaciones de crisis como esta última. Esto último me recuerda aquel famoso chiste que circuló a partir de 1918 en la posguerra: Cuando un antisemita afirma que la culpa de la Primera Guerra Mundial es de los judíos, su interlocutor añade: “Sí, de los judíos y de los ciclistas”. Entonces el primero pregunta: “¿Por qué los ciclistas?”. Y el segundo: “¿Por qué los judíos?”.

 

 

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