Opinión

Rodrigo Facio: El educador

Otro campo en el que Rodrigo Facio destacó fue en el de la educación. Su trabajo tiene al menos cinco campos dignos de destacar:

Otro campo en el que Rodrigo Facio destacó fue en el de la educación. Su trabajo tiene al menos cinco campos dignos de destacar: a) la de constructor de la nueva Universidad de Costa Rica en San Pedro de Montes de Oca; b) la de profesor; c) la de Secretario General de la Universidad (1945); d) la de decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (1947-1952); y e) la de rector (1952-1961).
Para analizar sus aportes en cada uno de estos campos, se requeriría de una extensa monografía lo cual no es posible aquí, por la naturaleza de este corto ensayo. Así las cosas, me concentraré en trazar, mediante líneas muy generales, los temas que más le preocupaban como profesor, decano y rector.
En sus clases, escritos y discursos, de formas y estilos muy variados, siempre exalta a la persona, al ser único, insustituible, irrepetible, inalienable y digno en el más alto sentido de lo humano. Desde esta visión define lo que es la cultura, el fin de la educación y de la Universidad.
El tema de la cultura siempre está presente en su pensamiento y en su acción. En tal sentido, alejado de cualquier versión elitista o materialista de la cultura, establece que el hombre culto “…es el que está al servicio de su país y de sus ciudadanos.” Sorprendente versión de la cultura: no es el que va al teatro, lee mucho o le sirve al dinero, sino el que desde una concepción puramente humanista vive por y se da a los demás.
A partir de esta revolucionaria y humanista concepción de la cultura, luego Facio indica que el propósito de la educación, no solo es la formación profesional, sino también el de personas con un claro y fuerte espíritu de responsabilidad social y nacional, “de modo que ese espíritu redunde en beneficios concretos y permanentes para la sociedad”. Solo una minoría puede adquirir una profesión, “un privilegio que debe justificarse ejerciéndola con criterio de servicio a la comunidad”.
Con estos antecedentes, resulta fácil trazar la ruta que Facio asigna desde la rectoría a la Pequeña República, como solía llamar a la Universidad de Costa Rica. Esta casa de estudios solo es un medio, “para garantizar al individuo, a cada individuo, a todos los individuos, al hombre de carne y hueso –que es la única realidad sustantiva—sus derechos fundamentales e inalienables.” Por lo que todo en el campus, “muros y planes de estudio, piedras y métodos de investigación, están inspirados por las urgencias del espíritu y puestos al servicio de la juventud costarricense”.
Luego, haciendo gala de esa enorme sensibilidad hacia los asuntos de interés social y su preocupación por los sectores menos privilegiados del desarrollo económico, Facio advierte que “la Universidad debe estar abierta a todos los costarricenses, sin otro límite que el de su capacidad y vocación”. Y que “ningún joven talentoso y esforzado” puede quedar fuera del claustro universitario por razón de falta de recursos económicos. Me pregunto si esta meta de orden superior continúa siendo la estrella polar que guía la vida universitaria. Si no fuese así, se tendría que corregir el rumbo.
Entiende que para alcanzar tan altas y nobles metas se debe garantizar a la Universidad autonomía administrativa y financiera. De ahí no extraña, que entre sus principales batallas como Constituyente destaca la de dotar a la Universidad de fuentes de financiamiento permanente. Advierte que la educación, lejos de ser un lujo o un gasto corriente de consumo, es una de las formas más eficaces y reproductivas de inversión o capitalización.
Finalmente, defiende que sin un adecuado financiamiento y la dotación de un patrimonio propio, la autonomía y la independencia de la Universidad carecerían de sentido y se verían sometidas a los vaivenes de las fuerzas políticas del momento: “El día en que la Universidad estuviera al servicio de un poder político, o de una confesión religiosa, o de una tendencia antirreligiosa mutiladora de la integridad de la vida interior, o de un sectarismo, o de una discriminación racial, o de un privilegio económico, o de una distinción social, ese día sería … el día de la liquidación de la vida espiritual creadora en la Universidad”.

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